Todo lo que Nunca Hiciste por mí


Camaradas, hoy os quiero comentar un libro de mis paisanos almerienses Rafael Avendaño y Juan Gallardo: “Todo lo que Nunca Hiciste por mí”

Con el trasfondo de las redes sociales detrás de una elaborada trama de misterio, el libro nos sumerge en una aventura en la que los peligros que se esconden en la red se hacen palpables. Con personajes de carne y hueso, como la informática en paro Carla Barceló, el libro te atrapa desde las primeras páginas. Carla esconde un misterio muy personal, lo que la hace muy vulnerable cuando se ve atrapada, casi sin quererlo, en la investigación para detener aun ciber asesino en serie. El libro se desarrolla en buena parte en Almería (Conmovedora la descripcin. ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ro) publicacier el segundo, de pr pr probablemente, a lo alrgo del mundo. Y digo probablemente, proque ve atrapada, caón de nuestro paseo marítimo)  pero se trata de una historia que se extiende, probablemente, a lo largo del mundo. Y digo probablemente, porque el libro es la primera parte de una trilogía, no veas las ganas que te deja de leer el segundo, de inminente (espero) publicación.

Me ha sorprendido la intensidad de la prosa, escenas que se ven como si estuvieras en una sala de cine más que con un libro delante, historias que aunque parecen improbables están narradas con un realismo estremecedor.  Cuando te vas a dar cuenta, te has cargado las más de 500 páginas.Deseando que salga el segundo, lo recomiendo sin reservas.


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¿Estar rayado o "estar rallado"?


Esta expresión, cuyo significado en España es darle demasiadas vueltas en la cabeza a algo, estar obsesionado con algo, no avanzar en un pensamiento que se convierte en obsesivo, se usa muy a menudo, en especial en los hablantes más jóvenes, pero produce mucha confusión a la hora de escribir: ¿es con ll (elle) o con y (i griega)?

Para salir de dudas, lo primero que hemos hecho es acudir a los diccionarios… Y nos hemos liado un poco más. Por ello, vamos a aclararlo primero, y luego pasamos a los detalles: rayarse o estar rayado, con el sentido de darle demasiadas vueltas a algo, se escribe con i griega. Y como nunca viene mal una regla mnemotécnica para fijar estas cosas, digamos que cuando uno se raya le ocurre algo parecido a cuando un disco de vinilo tiene una raya, se raya, y no puede avanzar, quedándose en bucle repitiendo un sonido… Se raya, como nuestra cabeza.

Y ahora, miremos los diccionarios. Nos cuentan esto… Según el diccionario de la RAE:

Rallar:

1. tr. Desmenuzar algo restregándolo con el rallador.

2. tr. coloq. Molestar, fastidiar con importunidad y pesadez.

3. tr. rur. Ast. Raer, rebañar los restos de comida que quedan en una olla o caldera.

4. intr. Sal. Hablar descaradamente.

Veamos qué nos dice sobre rayar…

Rayar:

1. tr. Hacer o tirar rayas.

2. tr. Tachar lo manuscrito o impreso, con una o varias rayas.

3. tr. subrayar.

4. tr. Estropear o deteriorar una superficie lisa o pulida con rayas o incisiones.

5. tr. C. Rica. Dicho de un vehículo: Adelantar o rebasar a otro.

6. intr. Dicho de una cosa: Confinar con otra.

7. intr. Amanecer, alborear. Rayar el alba, el día, la luz, el Sol.

8. intr. Sobresalir o distinguirse entre otros en prendas o acciones.

9. intr. Dicho de una cosa: Asemejarse a otra, acercarse a igualarla. Rayar EN lo ridículo.

10. prnl. coloq. Arg., Chile y Ur. enloquecer (‖ volverse loco).

La confusión podría venir por la segunda acepción de rallar, que tiene un sentido peyorativo del término (“Molestar, fastidiar con importunidad y pesadez”), pero no es ese el sentido exacto de la expresión a la que nosotros nos referimos, que se acerca más al “rayarse” coloquial de varios países de América. Así lo explica el Diccionario Panhispánico de Dudas:

Rayar(se)

4. En el habla coloquial de varios países de América, especialmente en el Cono Sur, y en el habla juvenil de España, se usa, como intransitivo pronominal (rayarse), con sentidos que van desde ‘trastornarse o volverse loco’ a ‘enojarse o hartarse’.

Por esta vez, el Panhispánico de dudas nos parece que no hila muy fino… En el habla juvenil de España, rayarse no se entiende como volverse loco, sino más bien como obsesionarse con algo, darle demasiadas vueltas a algo. O, para entendernos en el mismo registro, “no pasar de pantalla”…

En resumen: rayarse o estar rayado, con el sentido de darle demasiadas vueltas a algo, se escribe con y griega. ¡No te rayes!

Tomado de aquí:
http://www.estandarte.com/noticias/idioma-espanol/estar-rayado-o-estar-rallado-rayarse-o-rallarse_1994.html

ALEGRÍA


"Hazles comprender que no tienen en el mundo otro deber que la alegría."

Paul Claudel (1868-1955) Escritor y diplomático francés.

¡VIVA EL LIBERTINAJE!

Perpetrado por Oskarele

“Confunden la libertad con el libertinaje”. Cada vez que leo o escucho esta manida y muy española frase, sin que sepa muy bien por qué, visualizo para mis adentros al gran y desaparecido actor español José Sazatornil, “Saza” (el inolvidable protagonista de, entre otras muchas, “La Escopeta Nacional”, de Berlanga) pronunciándola. Me traslada a otros tiempos, a aquellos tiempos en los que, una vez rota la estaca, el pueblo, cansado y harto de tanta contención, estalló, tan lleno de rabia acumulada como de alegría desenfrenada.

Llámenme raro, vale, pero me imagino a Saza, y a su bigote, diciéndome eso. “Confundes la libertad con el libertinaje, muchacho”.

Pero resulta que, por desgracia, aun se sigue usando esta frase. Y más de lo que en un primer momento podríamos pensar, oiga. Y por más personas de las que un servidor, amante de la libertad y del libertinaje, había imaginado. Y, lo que es peor, la he escuchado y leído recientemente en boca y teclas de varias personas supuestamente liberales y progresistas. Luego os hablaré de esto. Ahora, como dijo el de Airbag, vayamos al concepto.

Dicen los de la RAE, que de palabras saben mucho, que la libertad es, entre otras cosas, esto:

1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
2. f. Estado o condición de quien no es esclavo.
3. f. Estado de quien no está preso.
4. f. Falta de sujeción y subordinación. “A los jóvenes los pierde la libertad”.
5. f. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.
6. f. Prerrogativa, privilegio, licencia. U. m. en pl.
7. f. Condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes.
8. f. Contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres.
(http://lema.rae.es/drae/srv/search?id=BCYeXUXxUDXX2qTTXaNd)

¿Y que sería el libertinaje? Pues esto, atentos:

1. m. Desenfreno en las obras o en las palabras.
2. m. Falta de respeto a la religión.
(http://buscon.rae.es/drae/srv/search?val=libertinajes)

¿Qué podemos deducir de estos conceptos?

Pues que los primeros que confunden libertad y libertinaje son los de RAE. Basta con ver la acepción número 8 del concepto de libertad y la primera del concepto de libertinaje. Por lo tanto, no andan tan lejos uno del otro.

Así pues, “Desenfreno en las obras o en las palabras” sería el libertinaje. Esto nos lleva, ineludiblemente, a una reflexión: la persona libertina sería la que no se frena, la que no se limita y no limita sus obras y sus palabras, dejándose llevar por su libertad, que, entendida al modo de estos listos de la RAE, sería una “contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres”.

O sea, el libertino sería alguien que, cual loco demonio de Tasmania, sin freno ni paracaídas, se lanza a vacio de la libertad, pasándose por ahí las leyes y las buenas costumbres y haciendo y diciendo lo que le de la real gana.

Pero, surge necesariamente una reflexión. ¿Cuáles son esas leyes? No se refiere la RAE a las leyes leyes, a la legalidad, sino a las leyes morales, a la moralidad, a la ética. A las “buenas costumbres”. ¿A las buenas costumbres? ¿Qué narices son las buenas costumbres? ¿Quién define lo que son las buenas costumbres? ¿Y en qué se fundamentan esas leyes morales que los libertinos, malísimos que son, no paran de contravenir desenfrenadamente?

Toc, toc. ¿Señores de la RAE, una ayudica por lo que valga? Defínanme “costumbre”:

1. f. Hábito, modo habitual de obrar o proceder establecido por tradición o por la repetición de los mismos actos y que puede llegar a adquirir fuerza de precepto.
2. f. Aquello que por carácter o propensión se hace más comúnmente.
3. f. p. us. Menstruo o regla de las mujeres.
4. f. pl. Conjunto de cualidades o inclinaciones y usos que forman el carácter distintivo de una nación o persona.

Pasemos de la tercera acepción (que no deja de ser curiosa, eso sí). Las buenas costumbres serían, siempre según estos doctos señores y señoras, los buenos hábitos, las buenas maneras de proceder establecidas por la tradición. Es decir, y volviendo al temita, el libertino es el atrevido y desenfrenado humano que tiene la poca vergüenza de osar no limitar su libertad, su obra y sus palabras, atentando gravemente, no contra las leyes legales, sino contra una serie de hábitos y maneras que, sin fundamento alguno más que la tradición y el uso, se han convertido en preceptos.

Buenas costumbres. Concepto difícil de definir en realidad, por lo altamente relativo y subjetivo de su contenido. Por ejemplo: para un gitano, una buena costumbre es hacer la prueba del pañuelo a una doncella gitana antes de casarse, para comprobar fehacientemente que mantiene intacta su flor (perdonen el uso de arcaísmos lingüísticos, la culpa es de Saza). O, otro ejemplo, para un talibán, una buena costumbre es que la piel de sus mujeres no vea la luz del Sol. En estos casos, el libertino sería el que, repito, desenfrenadamente, pasase de esto, y en nombre de la libertad, no quisiese someterse ni al bárbaro rito del pañuelo ni, al muchísimo más bárbaro, inhumano y cruel tema del burka.

Así que esto de las “buenas costumbres” no me vale. Las costumbres, como la moral, la ética o las leyes, son relativas y cambiables.

Os comentaba antes de dos ejemplos recientes de uso de esta singular coletilla. Uno de ellos, bastante reciente, se dio cuando un conocido empleó esta frase para referirse a un amigo que tiene una vida sexual abierta y liberal y que no se corta para nada en decirlo. Al tipo se ve que le molestaba que el otro ejerciera su libertad sexual, sin hacer daño a nadie, y que lo proclamase orgulloso. El otro ejemplo me tuvo a mí como protagonista: un ex sacerdote, que dejó el oficio por amor (lo que le honra), molesto ante mis opiniones exegéticas hacia sus libros sagrados, usó esta frase contra mí, queriendo decir con ello que no se puede usar la libertad para hablar de Dios. Y menos con él.

Se podría argumentar, para terminar, que el libertinaje se da cuando se sobrepasa este cliché tan extendido: “tu libertad termina donde empieza la mía”.

Volvemos a lo mismo. Si mi libertad, para que no se convierte en libertinaje, debe estar circunscrita, no solo a la tuya, sino a la de todos mis congéneres, no existe la libertad. Por supuesto que es un valor válido a modo aproximativo. Lo acepto. Pero no vale como fundamento último de la libertad.

Ni de coña.

En fin, que sean libres y libertinos, que según la RAE viene a ser lo mismo.

Que son dos días y uno lo pasamos durmiendo.

SUPLICIO


"El recuerdo de mi suplicio hará más por nuestra causa que todas las banderas del mundo"
Mariana Pineda (1804-1831).

Frase pronunciada al conocer su sentencia de muerte, por defender su libertad de pensamiento. Y la nuestra...

CULPA

"A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo no tenga la culpa".
Michel de Montaigne

Discurso pronunciado con ocasión de la entrega del Premio Nobel de Literatura (1971)


Mi discurso será una larga travesía, un viaje mío por regiones, lejanas y antípodas, no por eso menos semejantes al paisaje y a las soledades del norte. Hablo del extremo sur de mi país. Tanto y tanto nos alejamos los chilenos hasta tocar con nuestros limites el Polo Sur, que nos parecemos a la geografía de Suecia, que roza con su cabeza el norte nevado del planeta.

Por allí, por aquellas extensiones de mi patria adonde me condujeron acontecimientos ya olvidados en sí mismos, hay que atravesar, tuve que atravesar los Andes buscando la frontera de mi país con Argentina. Grandes bosques cubren como un túnel las regiones inaccesibles y como nuestro camino era oculto y vedado, aceptábamos tan sólo los signos más débiles de la orientación. No había huellas, no existían senderos y con mis cuatro compañeros a caballo buscábamos en ondulante cabalgata -eliminando los obstáculos de poderosos árboles, imposibles ríos, roqueríos inmensos, desoladas nieves, adivinando mas bien el derrotero de mi propia libertad. Los que me acompañaban conocían la orientación, la posibilidad entre los grandes follajes, pero para saberse más seguros montados en sus caballos marcaban de un machetazo aquí y allá las cortezas de los grandes árboles dejando huellas que los guiarían en el regreso, cuando me dejaran solo con mi destino. Cada uno avanzaba embargado en aquella soledad sin márgenes, en aquel silencio verde y blanco, los árboles, las grandes enredaderas, el humus depositado por centenares de años, los troncos semi-derribados que de pronto eran una barrera más en nuestra marcha. Todo era a la vez una naturaleza deslumbradora y secreta y a la vez una creciente amenaza de frío, nieve, persecución. Todo se mezclaba: la soledad, el peligro, el silencio y la urgencia de mi misión. A veces seguíamos una huella delgadísima, dejada quizás por contrabandistas o delincuentes comunes fugitivos, e ignorábamos si muchos de ellos habían perecido, sorprendidos de repente por las glaciales manos del invierno, por las tormentas tremendas de nieve que, cuando en los Andes se descargan, envuelven al viajero, lo hunden bajo siete pisos de blancura.

A cada lado de la huella contemplé, en aquella salvaje desolación, algo como una construcción humana. Eran trozos de ramas acumulados que habían soportado muchos inviernos, vegetal ofrenda de centenares de viajeros, altos cúmulos de madera para recordar a los caídos, para hacer pensar en los que no pudieron seguir y quedaron allí para siempre debajo de las nieves. También mis compañeros cortaron con sus machetes las ramas que nos tocaban las cabezas y que descendían sobre nosotros desde la altura de las coníferas inmensas, desde los robles cuyo último follaje palpitaba antes de las tempestades del invierno. Y también yo fui dejando en cada túmulo un recuerdo, una tarjeta de madera, una rama cortada del bosque para adornar las tumbas de uno y otro de los viajeros desconocidos.

Teníamos que cruzar un río. Esas pequeñas vertientes nacidas en las cumbres de los Andes se precipitan, descargan su fuerza vertiginosa y atropelladora, se tornan en cascadas, rompen tierras y rocas con la energía y la velocidad que trajeron de las alturas insignes: pero esa vez encontramos un remanso, un gran espejo de agua, un vado. Los caballos entraron, perdieron pie y nadaron hacia la otra ribera. Pronto mi caballo fue sobrepasado casi totalmente por las aguas, yo comencé a mecerme sin sostén, mis pies se afanaban al garete mientras la bestia pugnaba por mantener la cabeza al aire libre. Así cruzamos. Y apenas llegados a la otra orilla, los baqueanos, los campesinos que me acompañaban me preguntaron con cierta sonrisa:

¿Tuvo mucho miedo?

Mucho. Creí que había llegado mi última hora, dije.

Íbamos detrás de usted con el lazo en la mano me respondieron. -Ahí mismo –agregó uno de ellos– cayó mi padre y lo arrastró la corriente. No iba a pasar lo mismo con usted. Seguimos hasta entrar en un túnel natural que tal vez abrió en las rocas imponentes un caudaloso río perdido, o un estremecimiento del planeta que dispuso en las alturas aquella obra, aquel canal rupestre de piedra socavada, de granito, en el cual penetramos. A los pocos pasos las cabalgaduras resbalaban, trataban de afincarse en los desniveles de piedra, se doblegaban sus patas, estallaban chispas en las herraduras: más de una vez me vi arrojado del caballo y tendido sobre las rocas. La cabalgadura sangraba de narices y patas, pero proseguimos empecinados el vasto, el espléndido, el difícil camino.

Algo nos esperaba en medio de aquella selva salvaje. Súbitamente, como singular visión, llegamos a una pequeña y esmerada pradera acurrucada en el regazo de las montañas: agua clara, prado verde, flores silvestres, rumor de ríos y el cielo azul arriba, generosa luz ininterrumpida por ningún follaje.

Allí nos detuvimos como dentro de un círculo mágico, como huéspedes de un recinto sagrado: y mayor condición de sagrada tuvo aun la ceremonia en la que participé. Los vaqueros bajaron de sus cabalgaduras. En el centro del recinto estaba colocada, como en un rito, una calavera de buey. Mis compañeros se acercaron silenciosamente, uno por uno, para dejar unas monedas y algunos alimentos en los agujeros de hueso. Me uní a ellos en aquella ofrenda destinada a toscos Ulises extraviados, a fugitivos de todas las raleas que encontrarían pan y auxilio en las órbitas del toro muerto. Pero no se detuvo en este punto la inolvidable ceremonia. Mis rústicos amigos se despojaron de sus sombreros e iniciaron una extraña danza, saltando sobre un solo pie alrededor de la calavera abandonada, repasando la huella circular dejada por tantos bailes de otros que por allí cruzaron antes. Comprendí entonces de una manera imprecisa, al lado de mis impenetrables compañeros, que existía una comunicación de desconocido a desconocido, que había una solicitud, una petición y una respuesta aún en las más lejanas y apartadas soledades de este mundo.

Más lejos, ya a punto de cruzar las fronteras que me alejarían por muchos años de mi patria, llegamos de noche a las últimas gargantas de las montañas. Vimos de pronto una luz encendida que era indicio cierto de habitación humana y, al acercarnos, hallamos unas desvencijadas construcciones, unos destartalados galpones al parecer vacíos. Entramos a uno de ellos y vimos, al calor de la lumbre, grandes troncos encendidos en el centro de la habitación, cuerpos de árboles gigantes que allí ardían de día y de noche y que dejaban escapar por las hendiduras del techo ml humo que vagaba en medio de las tinieblas como un profundo velo azul. Vimos montones de quesos acumulados por quienes los cuajaron a aquellas alturas. Cerca del fuego, agrupados como sacos, yacían algunos hombres. Distinguimos en el silencio las cuerdas de una guitarra y las palabras de una canción que, naciendo de las brasas y la oscuridad, nos traía la primera voz humana que habíamos topado en el camino. Era una canción de amor y de distancia, un lamento de amor y de nostalgia dirigido hacia la primavera lejana, hacia las ciudades de donde veníamos, hacia la infinita extensión de la vida.

Ellos ignoraban quienes éramos, ellos nada sabían del fugitivo, ellos no conocían mi poesía ni mi nombre. O lo conocían, nos conocían? El hecho real fue que junto a aquel fuego cantamos y comimos, y luego caminamos dentro de la oscuridad hacia unos cuartos elementales. A través de ellos pasaba una corriente termal, agua volcánica donde nos sumergimos, calor que se desprendía de las cordilleras y nos acogió en su seno.

Chapoteamos gozosos, cavándonos, limpiándonos el peso de la inmensa cabalgata. Nos sentimos frescos, renacidos, bautizados, cuando al amanecer emprendimos los últimos kilómetros de jornadas que me separarían de aquel eclipse de mi patria. Nos alejamos cantando sobre nuestras cabalgaduras, plenos de un aire nuevo, de un aliento que nos empujaba al gran camino del mundo que me estaba esperando. Cuando quisimos dar (lo recuerdo vivamente) a los montañeses algunas monedas de recompensa por las canciones, por los alimentos, por las aguas termales, por el techo y los lechos, vale decir, por el inesperado amparo que nos salió al encuentro, ellos rechazaron nuestro ofrecimiento sin un ademán. Nos habían servido y nada más. Y en ese "nada más" en ese silencioso nada más había muchas cosas subentendidas, tal vez el reconocimiento, tal vez los mismos sueños.

Señoras y Señores:

Yo no aprendí en los libros ninguna receta para la composición de un poema: y no dejaré impreso a mi vez ni siquiera un consejo, modo o estilo para que los nuevos poetas reciban de mí alguna gota de supuesta sabiduría. Si he narrado en este discurso ciertos sucesos del pasado, si he revivido un nunca olvidado relato en esta ocasión y en este sitio tan diferentes a lo acontecido, es porque en el curso de mi vida he encontrado siempre en alguna parte la aseveración necesaria, la fórmula que me aguardaba, no para endurecerse en mis palabras sino para explicarme a mí mismo.

En aquella larga jornada encontré las dosis necesarias a la formación del poema. Allí me fueron dadas las aportaciones de la tierra y del alma. Y pienso que la poesía es una acción pasajera o solemne en que entran por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acción, la intimidad de uno mismo, la intimidad del hombre y la secreta revelación de la naturaleza. Y pienso con no menor fe que todo esta sostenido -el hombre y su sombra, el hombre y su actitud, el hombre y su poesia en una comunidad cada vez más extensa, en un ejercicio que integrará para siempre en nosotros la realidad y los sueños, porque de tal manera los une y los confunde. Y digo de igual modo que no sé, después de tantos años, si aquellas lecciones que recibí al cruzar un vertiginoso río, al bailar alrededor del cráneo de una vaca, al bañar mi piel en el agua purificadora de las más altas regiones, digo que no sé si aquello salía de mí mismo para comunicarse después con muchos otros seres, o era el mensaje que los demás hombres me enviaban como exigencia o emplazamiento. No sé si aquello lo viví o lo escribí, no sé si fueron verdad o poesía, transición o eternidad los versos que experimenté en aquel momento, las experiencias que canté más tarde.

De todo ello, amigos, surge una enseñanza que el poeta debe aprender de los demás hombres. No hay soledad inexpugnable. Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos. Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía; mas en esa danza o en esa canción están consumados los más antiguos ritos de la conciencia: de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común.

Lectura completa:
http://www.mundolatino.org/cultura/neruda/neruda_3.htm

DIEU SAUVE LE ROI (DIOS SALVE AL REY)… LAS CONSECUENCIAS DE UNA FISTULA


ByOskarele

¿Sabíais que el rey francés Luis XIV sufría fistulas anales? ¿Sabéis lo que son las fistulas anales? No voy a entrar a explicar en qué consiste esta molesta afección anal (aquí podéis consultarlo, si os apetece), lo que si voy a hacer es explicar las curiosas consecuencias que se desencadenaron por el problemilla que tenía el Monarca con su recto.

Parece ser que sufría esta incomoda dolencia, por lo que fue operado con éxito hacia 1686 por el cirujano real, Charles Félix de Tassy (que antes de operar al monarca operó a unos cuantos con problemas parecidos, para ensayar tan arriesgada operación)

Como era costumbre en la época, se oficiaron y cantaron cientos de “Te deum” en las iglesias de Francia para agradecer a Dios la curación del culo del monarca.

Pero hubo uno de singular importancia: el que un compositor llamado Jean-Baptiste Lully (wiki aquí) organizó y dirigió en una iglesia de Paris. Este músico compuso un himno con el título “Dieu sauve le Roi” (Dios salve al rey).

Pues resulta que el himno se hizo popular en toda Europa, llegando a oídos de Georg Friedrich Haendel, músico de la cámara de la corte inglesa de la época, que se lo adaptó y se lo ofreció como composición propia al rey ingles, para acabar convirtiéndose, tras una serie de vicisitudes, en el “God save the queen”, himno oficial de la corona británica, adaptado a “God save the King” cuando es un rey.

La traducción latina Domine, salvum fac regem, se convirtió en himno real francés hasta 1792.

Y todo gracias a las fistulas anales del rey…


Mas info aquí y aquí

BUNBURY, de la canción "Los inmortales".

"Los inmortales están
bajo tierra
y sus cenizas se perderán,
como todo lo demás,
sin dejar huella"

BUNBURY, de la canción "Los inmortales".

LA TIERRA VISTA DESDE MARTE


Perpetrado por Oskarele

Esto que veis aquí arriba es la Tierra, este pequeño planeta que nos estamos cargando poco a poco, tercero viniendo desde el Sol, desde la órbita de Marte, el cuarto planeta. Es la primera imagen de nuestro pequeño globo desde otro planeta y fue tomada el 8 de mayo del 2003 por la “Mars Global Surveyor” mientras daba vueltecicas alrededor del planeta Rojo.

Un año después, el 3 de marzo de 2004, el robot de exploración Spirit tomó otra imagen de la Tierra, esta vez desde la superficie marciana (la primera vez que se hizo desde el suelo murciano), en la que si podemos apreciar la distancia real.



En el afelio (punto de la órbita más alejado del Sol) Marte se encuentra a 249,1 millones de km del Sol. En el perihelio (punto de la órbita más próximo al Sol) Marte se encuentra a 206,7 millones de km del Sol.

Así que desde doscientos y pico millones de kilómetros, los marcianos nos ven así. Un ligero punto en el firmamento.

Mas info y fuentes por aquí: http://www.fogonazos.es/2007/06/visiones-de-la-tierra.html, aquí: http://sse.jpl.nasa.gov/multimedia/display.cfm?IM_ID=1483, aquí:http://en.wikipedia.org/wiki/Astronomy_on_Mars#Earth_and_Moon,


ROSA PARKS, LUTHER KING Y EL BOICOT DE LOS AUTOBUSES MONTGOMERY


Perpetrado por Oskarele

“Hágalo”, le dijo en una ocasión esta señora a un conductor de autobús que le ordenó levantarse para ceder el puesto a un blanco con la amenaza de llamar a la policía…. el otro día hablábamos del increíble gesto de valentía de los Cuatro de Greensboro, uno de tantos actos reivindicativos que desde mediados de los cincuenta protagonizaron los negros en Estados Unidos, hartos ya de la dichosa segregación racial. Un caso bastante conocido es el que nos ocupa hoy, el “Montgomery Bus Boycott”, o Boicot de los Autobuses de Montgomery. Vamos a ver qué pasó…

Todo comenzó un uno de diciembre de 1955, cuando una costurera afroamericana de 43 años, llamada Rosa Parks, que iba sentada tranquilamente en un autobús de la compañía Montgomery, se negó a ceder su asiento a un señor blanco que estaba sin sitio…

Por entonces, los vehículos estaban señalizados con una línea: los blancos se sentaban delante y los negros (que eran el 75% de los usuarios de estos buses) detrás, al fondo. No solamente eran humillados por tener que sentarse en sitios distintos, sino que para poder montarse al bus tenían que pagar al conductor, bajarse y volver a entrar por la puerta trasera al lugar reservado para los negros.

Rosa se sentó en los asientos del medio, que podían ser usados por los negros si no había blancos que lo “necesitasen”. Cuando se llenó esa parte, el conductor, James F. Blake, le ordenó,  junto a otros tres negros, que dejasen sus lugares a un blanco que acaba de subir, a pesar que había aun sitios disponibles. "Éste ni siquiera había pedido el asiento", dijo después Parks en una entrevista a la BBC. Los otros se levantaron, pero ella permaneció inmóvil.

"Hágalo"... y efectivamente lo hizo.

El conductor llamó a la policía, que acabo deteniendo a Rosa, acusada de haber perturbado el orden público. Pasó la noche en prisión y quince días después fue condenada a pagar una multa de 15 dólares.

El caso es que Rosa no era solo una costurera anónima, como ha pasado a la leyenda, sino que antes de este incidente ya estaba plenamente involucrada en el Movimiento por los Derechos Civiles de los negros estadounidenses: desde 1949 era asesora de una asociación para promover el bienestar de los negros, la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP), algo que no quita importancia a su tremendo y simbólico acto.


Sea como sea, desde la noche misma de su detención se inició una campaña de boicot contra la empresa de autobuses. Esa misma noche, la jefa del Consejo Político de la Mujer, Jo Ann Robinson, profesora en Alabama, imprimió y distribuyó un folleto a toda la comunidad negra de Montgomery que decía lo siguiente:

“Otra mujer fue arrestada y encarcelada por no querer levantarse del asiento que ocupaba en el autobús, para cederle el lugar a una persona de tez blanca. Es la segunda vez desde el caso de Claudette Colvin que una mujer de color es arrestada por tal motivo. Esto tiene que dejar de suceder. La gente de color también tiene derechos, y si dejasen de usar el sistema de autobuses, tal sistema no podría seguir operando. Tres cuartas partes de los pasajeros de autobús son negros, y de todas formas somos arrestados, o tenemos que viajar parados así haya asientos vacíos enfrente nuestro. De no hacer nada en pos de detener estos arrestos, van a continuar sucediendo. La próxima vez podrías ser tú, o tu hija, o tu madre. El juicio de esta mujer será el lunes. De tal forma, pedimos a cada negro que se rehúse a viajar en autobús este lunes en protesta a este arresto y juicio. No tomes autobuses al trabajo, ni a la ciudad, ni a la escuela, ni a ningún lugar el lunes. Puedes faltar al colegio un día si no tienes otra forma de ir que no sea el autobús. También puedes permanecer fuera de la ciudad, sólo por un día. En caso de que trabajes, toma un taxi o bien, camina. Pero por favor, niños y adultos, no usen el autobús el lunes”.

Así el Consejo Político de la Mujer fue el primer órgano en proponer el boicot. La comunidad negra, inmediatamente, lo secundó también. Y se organizaron de una forma maravillosa: la mayor parte se desplazaron andando, pero también usaron un sistema de coches compartidos, con dueños de coches voluntarios o con ellos mismos conduciendo a los demás a los diferentes destinos. Los taxistas negros cobraron solo diez centavos, lo que costaba un ticket de bus, a los clientes negros (cuando las autoridades locales se enteraron de esto, se ordenó multar a cualquier taxista que cobrara menos de 45 centavos…)
Además de utilizar bicicletas o, incluso, montar mulas.

Por todo el país las iglesias negras comenzaron a recaudar pasta para financiar el boicot, recolectando, asimismo, calzado nuevo para reemplazar los viejos y gastados zapatos de los ciudadanos negros de Montgomery, muchos de los cuales preferían caminar a cualquier lado en vez de tomar los buses.

Pues bien, aquí entró en acción un señor que tendrá una enorme importancia en estos acontecimientos y en el desarrollo posterior del movimiento por las libertades: Martin Luther King, que un año antes, en 1954, se había convertido en pastor de una iglesia bautista en Montgomery, cuando aun tenía 25 años.

Pues bien, Luther King se convirtió en uno de los líderes de este boicot contra los autobuses, creando lo que se llamó “Montgomery Improvement Association”, que se encargó de gestionar la movida.



Llegó incluso a ser detenido, junto a otros 156 manifestantes, por "obstaculizar" un autobús. Se le ordenó pagar una multa de 500 pavos o 386 días de cárcel. Terminó pasando dos semanas en la cárcel. King comentó sobre el arresto al decir: "... Yo estaba orgulloso de mi crimen, fue el crimen de experimentar con mi gente una protesta no violenta contra la injusticia".

El movimiento, que duró 382 días, se fue poniendo cada vez más tenso y violento, hasta el punto de que la casa de King fue incendiada el 30 de enero del 56, así como las de otros líderes y algunas iglesias negras.

El boicot terminó gracias a una decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos del 13 de noviembre de 1956 que declaró ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos. El 20 de diciembre una ordenanza municipal  permitía por fin a los pasajeros negros sentarse donde quisieran.

Parks, que falleció en 2005 a los 92 años, continuó luchando durante el resto de su vida por los derechos civiles de los afroamericanos. En 1999, recibió la Medalla de Oro del Congreso de los EEUU.

Luther King, por otro lado, se convirtió en el principal líder de la causa afroamericana, hasta su asesinato, el 4 de abril de 1968.



Mas info y fuentes por aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Boicot_de_autobuses_de_Montgomery, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Rosa_Parks, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Martin_Luther_King, aquí: http://en.wikipedia.org/wiki/Rosa_Parks, aquí: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/parks.htm, aquí: http://www.publico.es/culturas/26201/rosa-parks-la-mujer-negra-que-desafio-a-la-america-blanca.

Frase de "Frankenstein o el moderno Prometeo", de Mary Shelley (1918)



"¡Despiadado creador! Me has dado sentimientos y pasiones, pero me has abandonado al desprecio y al asco de la humanidad."
Frase de "Frankenstein o el moderno Prometeo", de Mary Shelley (1918)