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TÚ TAMBÍEN. TÚ MÁS….ARGUMENTO TU QUOQUE

Perpetrado por Oskarele

“Oskarele dice que el capitalismo es un crimen y una vergüenza. Sin embargo, él mismo se beneficia del capitalismo, por lo tanto se deduce que su afirmación es errónea y el capitalismo debe estar bien”.

Otra falacia. Otro argumento erróneo desde el punto de vista lógico. Y este mucho más común de lo que parece a simple vista. 

¿Por qué es erróneo?, pues por una sencilla razón: el que Oskarele afirme algo que en la práctica no hace, no quiere decir que ese algo no sea verdad, sino que esa Oskarele es una hipócrita (puestos a buscar un calificativo). Lo que se demuestra es la incongruencia entre lo que Oskarele afirma y lo que hace. Pero la idea que afirma no queda rebatida por esto. 

Con este tipo de argumento falaz se pretende romper el debate y no analizar la premisa, rechazándola de primeras, apelando a la inconsistencia de quien la propone. 

Seguiría esta forma lógica:

A critica P.
A es también culpable de P.
Por tanto, la crítica a P es rechazada.

Se trata de una falacia porque la conclusión (rechazo de la crítica a P) no se sigue de las premisas.

Pues bien, este argumento se suele llamar entre los fieras de la materia “Tu quoque” (“tú también” en latín) y es una variante de la falacia ad hominem, mediante la cual se procura demostrar que una crítica o una objeción se aplica igualmente a la persona que la realiza, rechazándola sin entrar a analizarla, y de la que ya hablaremos.

Algunos ejemplos igualan pueden ayudarles a comprender el significado de esta falacia: 

“El medico me dice que fumar es malo, pero él también fuma, así que fumar no debe ser malo” (el que el médico diga una cosa y haga otra distinta no quiere decir que lo que afirma no sea cierto, solo que se está jugando la vida, como todos los que fumamos)

“Cayetano de Alba dice que los andaluces somos vagos, pero él también es un vago, así que los andaluces no somos vagos” (el criterio para demostrar que los andaluces no somos vagos no es que este señor que lo afirma también lo sea)

O este clásico: “Thomas Jefferson decía que la esclavitud estaba mal. Sin embargo, él mismo tenía esclavos. Por lo tanto se deduce que su afirmación es errónea y la esclavitud debe estar bien” (esto solo demuestra que era un hipócrita Jefferson. Pero no que la esclavitud sea buena)

El caso es que, como decíamos al principio, esta falacia está mucho más extendida de lo que pensamos. Todos en algún tipo de discusión o debate hemos dicho el típico “y tú también” o “tú más” como respuesta a una afirmación sobre nosotros (por ejemplo: “Eres un porrero”, “y tú también”)

Es cierto que no siempre tiene por qué tener un uso falaz este tipo de argumento. Hay veces en el que es lícito emplearlo cuando se utiliza para atacar a alguien con supuesta autoridad moral. Por definición alguien con autoridad moral es consecuente con lo que aconseja u ordena, por la tanto si no es consecuente, sus consejos ya no tienen valor. 

Por ejemplo: Mariano Rajoy aconseja que nos apretemos el cinturón todos los españoles, que nos sacrifiquemos, pero él no está dispuesto a hacerlo, como todos sus compañeros de profesión, por lo que podría ser desacreditado mediante este recurso. 

El límite entre un uso falaz y un uso lícito es difuso en muchos casos.

El propio nazareno crucificado, un tal Jesús, dijo en una ocasión según uno de sus biógrafos: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” (Mateo 7:1-5).

(El que alguien cometa el mismo pecado, delito o daño que tú, no quiere decir que tú no lo hagas o que no tenga la misma consideración. Pero por otro lado, sirve para relativizar la autoridad moral del que ataca)

O aquello de “el que esté libre de pecado…”

A modo de curiosidad, mencionar que el nombre (Tu quoque), procede de la famosa exclamación del “pobre” Julio Cesar antes de ser asesinado (un 15 de marzo del 44 a. C.), cuando vio que entre los conspiradores estaba Bruto, su protegido. Exactamente dijo: “tu quoque, fili mi!” (Tú también, hijo mío!) o “et tu quoque Brute fili mi!” (‘¡Bruto, hijo mío, también tú!’).

Con este sentido original, la expresión todavía se usa para indicar la ingratitud.


LA FUERZA COMO RAZONAMIENTO (ARGUMENTO AD BACULUM)

Perpetrado por Oskarele

Imaginen este argumento: “Irak tiene armas de destrucción masiva. Si no piensas esto, apoyas a Irak y te las verás con nosotros”… ejemplo igual pasado de moda, pero perfectamente válido para la falacia de la que os voy a hablar hoy. Se trata de apelar a la fuerza, en vez de dar razones, para hacer valido un argumento, de ahí el nombre, argumentum ad baculum (significa "argumento que apela al bastón"), o para inducir una conducta.

Su empleo exige dos requisitos: carecer de argumentos demostrables y disfrutar de algún poder lo suficientemente fuerte como para producir coerción. Representa pues, junto con el insulto, la expresión extrema de la renuncia al uso de cualquier razonamiento

Siguiendo con el ejemplo propuesto, se podría haber dicho “Irak tiene armas de destrucción masiva, si no quieres que te ataquen, tienes que unirte a nosotros”… y de nuevo estaríamos cayendo en la falacia.

Me explico. La falacia toma esta forma:
“Si A no es B, te vas a enterar
Luego más te vale aceptar que A es B”

El sujeto se ve obligado a admitir la validez de la falacia para evitar las consecuencias negativas de no hacerlo.

Esta falacia se usa más de lo que pensamos y es fácilmente identificable, aunque no siempre se presenta de una forma clara y precisa, si no que en muchas ocasiones es algo implícito en un discurso.

Es decir, lo explicito sería algo así: “Si no crees en Dios, arderás en esta hoguera”. La versión light, mucho más extendida, sería “Yo creo en Dios y tengo capacidad para ejercer la fuerza y quemarte en una hoguera. ¿En qué crees tú?” (jajajaj)

En definitiva, esta falacia apela al miedo, al terror, de ahí que se llame también “argumentum ad terrorem”, adquiriendo muchas formas.

Un par de ejemplos igual os ayudan a entenderlo:

“Si Irán sostiene su derecho a usar energía atómica con fines civiles deberá enfrentarse a las decisiones que tome la comunidad internacional. Luego Irán no tiene derecho a usar energía atómica con fines civiles.” (No se argumenta porque no puede usar este país esta fuente de energía, sino que la argumentación gira en las consecuencias que tendría para ese país su uso)

“Si no te pones el cinturón de seguridad la policía te multará” (se apela al miedo de que te multe la policía, pero no a las más importantes razones de seguridad)

En muchas ocasiones la amenaza se insinúa tan sutilmente que, llegado el caso, se puede negar, apelando a que uno ha sido malinterpretado o que no se trataba de una amenaza sino de información útil. Un ejemplo:

“No tienes porque dejar de publicar esta noticia sobre las acciones ilegales de nuestra empresa, pero has de saber que nuestra empresa es una de las principales anunciantes en su periódico y estoy seguro de que no querrás perjudicarnos publicando eso…”

La Whiskypedia propone un ejemplo que me ha parecido bastante simpático, así que lo copio-pego:

En la película “Star Wars Episodio IV: Una Nueva Esperanza” se produce un ejemplo de este uso no-lógico de la falacia ad baculum cuando R2-D2 está ganando una partida de ajedrez holográfico a Chewbacca:
C3PO: Él ha hecho un movimiento correcto, gritar no te servirá.
Han Solo: (interrumpiendo) Déjalo. No es inteligente irritar a un Wookiee.
C3PO: Pero señor, nadie se preocupa por irritar a un androide.
Han Solo: Será porque los androides no les sacan los brazos de sus articulaciones a sus contrincantes cuando pierden. Se sabe que los Wookiee hacen eso.
C3PO: Comprendo su punto de vista, señor. Te sugiero una nueva estrategia, R2. Deja ganar al Wookiee.

No hay que confundir este tipo de argumentación falaz con un argumento de este tipo: “Si no dejas de fumar, acabarás teniendo problemas respiratorios”. En este caso el médico no te amenaza, sino que te informa de las consecuencias de un acto, aunque apele al miedo y a la autoridad que le da su cargo. Su intención no es falaz, sino que muestra consecuencias naturales, previsibles, demostrables y, sobre todo, que no va a provocar el propio medico.

LA PRUEBA DIABÓLICA. ARGUMENTUM AD IGNORANTIAM


Perpetrado por Oskarele

Imaginen esta conversación:
Sujeto A: los extraterrestres existen.
Sujeto B: los extraterrestres no existen.
Sujeto A: Demuéstrame que no existen.

Este argumento es una falacia lógica que consiste en exigir al rival dialectico una prueba imposible de obtener y, al no poder aportarse pruebas, se da por valido el argumento inicial.

¿Me explico?... en este caso concreto, es posible demostrar que existen los extraterrestres, siempre y cuando existan, claro. Pero es prácticamente imposible demostrar que no existen, pues para ello deberíamos eliminar todas las posibilidades, comprobando cado uno de los sistemas solares existentes, con sus planetas, satélites y asteroides. Algo, de hecho, imposible en una sola vida… o en miles de vidas.

Por eso el argumento es tramposo. Es una falacia.

Pero aun así, es uno de los argumentos dialecticos más empleados en la cotidianeidad (especialmente por religiosos o amantes de lo paranormal): sustituyan la palabra “extraterrestres” en la ecuación inicial por “dios”, “dioses”, “illuminatis”, “fantasmas” o “reptilianos venidos de la tercera dimensión inferior” y verán cómo, curiosamente, cuanto más descabellada sea la propuesta inicial, mas difícil de aportar una prueba en contra.

Por este motivo esta argumentación es muy usada por todos aquellos defensores de ideas irracionales, no demostrables científicamente o que pertenecen puramente al campo de la ciencia ficción.

Por ejemplo:
Sujeto A: Mi tele todas las noches se convierte en un elefante de color rosa que fuma marihuana.
Sujeto B: Eso es imposible.
Sujeto A: Demuéstramelo.

Esto, en Lógica, se llama “argumentum ad ignorantiam”. Y consiste precisamente en eso: la verdad o falsedad de una proposición se intenta demostrar por la ignorancia existente sobre ella. Así, puede ser negativa (“no se puede demostrar que Dios exista, por lo tanto no existe”) o afirmativa (“no se puede refutar que Dios exista, por lo tanto existe”).

El caso es que la falacia consiste precisamente en desviar la carga de la prueba.

El que tiene que demostrar algo es el que lo propone. No el que lo niega.

De hecho así sucede en los procesos judiciales, donde la fiscalía o los acusadores han de demostrar (la carga de la prueba), si el acusado es o no culpable. Mientras tanto, por la lógica regla de la presunción de inocencia, el acusado es inocente mientras no se demuestre lo contrario.

Pero esto no siempre ha sido así. Durante el Medievo o incluso en la Edad Moderna, los procesos judiciales, especialmente los de la Inquisición, no solo no respetaban la presunción de inocencia, si no que solían caer en este tipo de falacias. Se trata pues de la famosa “Prueba Diabólica (en latín, probatio diabolica) o prueba inquisitorial, en el que el acusado ha de demostrar que algo no ha sucedido, que algo no existe o que no ha hecho algo. Y cuando decimos “algo”, queremos decir “algo relacionado con el diablo”. Así tenían que demostrar que no adoraban al Diablo o, lo que es peor, que no lo habían adorado.

Se partía de la culpabilidad y había que demostrar la inocencia.

En definitiva consistía en desplazar la carga de la prueba del acusador al acusado. Algo totalmente perverso y falaz que llevaba a terribles consecuencias y crueles despropósitos legales.

Pues la misma validez (ninguna), tiene este argumento cuando se usa para intentar demostrar algo que se afirma.

Es decir no vale como criterio racional de verdad.

¿La Imagen? Estampa nº 53 de los Caprichos de Goya, robada del álbum de nuestra compañera Celia en la Pagina Una pizca de cine….: http://www.facebook.com/media/set/?set=a.329840130361850.89953.281230495222814&type=1&ref=notif&notif_t=photo_album_reply... ¿Por qué esta imagen?... pues no sabría decirlo…

Mas info y fuentes: http://es.wikipedia.org/wiki/Ad_ignorantiam, aquí:http://es.wikipedia.org/wiki/Onus_probandi, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Prueba_diab%C3%B3lica y aquí: http://perso.wanadoo.es/usoderazonweb/html/conten/arca/dicci/dicci2.htm

FALACIA POR CONCLUSIÓN DESMESURADA



Perpetrado por Oskarele

Imaginen este razonamiento (que conste que soy andalú):
Jesús es andaluz y vago.
Oskarele es andaluz y vago.
Raquel es andaluza y vaga.
Luego, todos los andaluces son vagos.

Sustituyan “andaluz” y “vago” por “catalán” y “agarrao” o por “político” y “coherente”….

Se trata pues de un error inductivo que se comete cuando a partir de ciertos datos ciertos, las proposiciones 1, 2 y 3, se extrae una conclusión, 4, totalmente errónea al ser una generalización precipitada. Por eso es una falacia del tipo de Olvido de Alternativas: no se tiene en cuenta que no hay un nexo necesario y preciso entre ser, siguiendo el ejemplo, andaluz y ser vago. Existen alternativas que expliquen por qué los tres sujetos son vagos sin apelar a su origen andaluz. Por lo tanto este argumento no se puede emplear para asegurar que todos los andaluces son vagos, o todos los políticos coherentes.

Esto viene a ser como la antigua historia aquella de un sabio que diciendo “salta” conseguía que las pulgas de su colección se metieran en un bote. Un día decide arrancarle las patas traseras a una, y al dar la orden de saltar, no lo hizo. Lo mismo ocurrió cuando dejó a todas sin patas traseras. Esto le llevó a la conclusión (desmesurada y precipitada), de que cuando se le quitan las patas traseras a una pulga deja de oír…

El caso es que este tipo de falacia se suele dar mucho en los análisis que siguen un razonamiento inductivo (obtener conclusiones generales a partir de premisas que contienen datos particulares). Y es que precisamente este tipo de razonamiento tiene a esta falacia como su mayor problema.

Es el famoso “Problema de la Inducción”.

Por ejemplo: yo puedo extraer la conclusión “todas las esmeraldas son verdes” (un ejemplo muy típico, ya, pero valido) a partir de la experiencia vivida y comprobada de que todas las esmeraldas encontradas hasta ahora son verdes.

Pero es una generalización (como todo lo que extraemos de los razonamientos inductivos), y puede ser errónea. ¿Y si mañana encontramos una esmeralda azul?

Esta clara que la excepción confirma la regla y que la ciencia en muchos casos funciona a base de generalizaciones, pero ahí está precisamente el problema, en saber cuando estos razonamientos están justificados y en qué medida: por ejemplo, “todo lo que sube tiene que caer” (sobre la gravedad). Aunque sabemos que no siempre es así, ya que, siguiendo con el ejemplo, un cohete o una cometa rompen con esta ley, aunque sea momentáneamente.

¿Me explico?

Esto sucede, más que nada, porque los razonamientos inductivos son ampliativos, lo cual quiere decir que nos dan información que va más allá de la información contenida de las premisas.

Pero claro, esto nos lleva a otro problema, rechazar una proposición del tipo “todos los cuervos son negros”(también muy típica, ya) por la posible eventualidad de encontrar uno blanco (en la foto de arriba tenéis, precisamente, uno), caemos en otro tipo de falacia, que consiste en aplicar una regla apelando a excepciones infundadas, la falacia del Embudo, como la llaman.

Mas info y fuentes por aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Generalizaci%C3%B3n_indebida, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Problema_de_la_inducci%C3%B3n, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Razonamiento_inductivo, aquí: http://www.usoderazon.com/ y aquí: http://eltamiz.com/falacias/