EL GENIAL CINE MUDO NORDICO: EL CINE SUECO, PARTE 2/3. VICTOR SJÖSTRÖM, EL POETA DEL CINE SUECO.

ByOskarele

Se puede decir que Mauritz Stiller, el genial director del que hablamos en el artículo anterior, era el “pintor” del cine sueco, por su calidad estética. Del autor que nos ocupa ahora, Victor Sjöström, podemos decir que era el “poeta”. Vamos a ver por qué.

Victor David Sjöström nació en 1879 en Silbodal, Värmland, Suecia, aunque con solo un añico de edad su familia emigró a Nueva York. Solo estuvo allí unos seis años, pues, cuando su madre fallece, la familia retornó a Suecia, asentándose en Estocolmo. Ya de adolescente comenzó a mostrar nuestro protagonista interés por el teatro y por la actuación, comenzando a hacer chapucillas en espectáculos itinerantes.

Llegará a ser actor en el Teatro Real de Estocolmo, con el nombre de Gerhard Hartman, debutando como actor de cine en 1912 en un film de Stiller, “De svarta maskerna” (La máscara negra), con el que volvería a trabajar en numerosas ocasiones delante de la cámara.

Pronto comienza también a dirigir él mismo: en 1912 rueda dos películas, seis en 1913 y otras seis en los primeros meses de 1914, frenándose su carrera algo con el estallido de la Primera Guerra Mundial. En 1917 rueda su primera película importante llamada “Berg ejvind och Hans Hustru” (conocida en España como “Los Proscritos”), que cuenta las desventuras de una pareja que por cuestiones sociales tienen que huir y refugiarse en las montañas de Islandia. El medio físico hostil provoca la tragedia de la película y desencadena el fin trágico de los protagonistas. Se trata de una autentica obra maestra, no solo por la composición estética, sirviéndose del contraste entre luz y oscuridad como elemento clave del drama, si no por la increíble forma de mantener el ritmo, sin prisa, pero sin pausa, con un montaje arrebatador.

Después acomete la obra maestra de la citada en el anterior capitulo Selma Lagerlöf, “Jerusalén en Dalecarlia” de que realiza dos películas: “Ingmarssönerna” (La voz de los antepasados), de 1919, y “Karin ingsmarsdotter” (La voz de los antepasados), de 1920, entre las que intercala “Klostret Sendomir” (El monasterio de Sendomir), una historia de infidelidades basada en la obra del austriaco Franz Grillparzer.

De nuevo recurre a su amiga y musa Selma Lagerlöf, dirigiendo una película basada en una obra suya titulada “Körkarlen” (El carretero de la muerte), de 1921, una de sus obras maestras y una de las mejores películas de la historia del cine mudo. Se trata de todo un clásico del cine fantástico en la misma medida que la “Metrópolis” de Fritz Lang, el “Nosferatu” de Murnau o “El doctor Caligari” de Wiene.

El argumento de “El carretero de la muerte” es de los más sencillos, siendo más importante la forma que el contenido. Se trata de la historia de una joven, miembro del ejército de salvación, que está a punto de morir. Pide que se le lleve a un descarriado que ella intentó salvar tiempo atrás, un tal David Holt (interpretado por el propio Sjöström), que esta de juerga en el momento en el que van a buscarlo porque es Nochevieja. Este se niega a ir a verla, y le cuenta a sus compañeros de correrías una antigua leyenda según la cual el hombre que muere en la noche de San Silvestre, cuando suena la última campanada del año, está condenado durante todo el año siguiente a conducir la carreta que recoge a los muertos. Este tipo, poco precavido, se mete en una pelea de borrachos que termina, fatalmente, con su muerte, apareciendo la dichosa carreta…

El protagonista es un ser malo, misógino, violento, bebedor… vamos lo tiene todo. Sjöström aprovecha este tono fantástico de la leyenda de la carreta, para contraponerlo a una realidad sórdida, asquerosa, jodida en la que viven inmersos todos los personajes de la historia. Pero, como hemos dicho, la película destaca por su forma, más que por su fondo, usando una técnica impecable e innovadora, con numerosas sobreimpresiones empleadas para desarrollar el elemento fantástico, y con un montaje absolutamente moderno, desordenado, anacrónico, lleno de flashbacks, pero que contribuye a crear el clímax onírico de la historia.

Una obra maestra, vamos.

Sjöström se trasladará a Hollywood en 1924, después de realizar alguna película más, sin demasiada importancia, en su país. Al igual que Stiller fue llamado por Louis B. Mayer, el magnate, dirigiendo bajo el nombre de Victor Seastrom su primera película en 1924 “Name the Man” (Nombre al culpable) para la Goldwin Pictures Corporation. Justo después rueda “He who gets slapped” (El que recibe el bofetón), la primera peli de la recién creada Metro Goldwin Mayer, donde cuenta con las estrellas Lon Chaney, Norma Shearer y John Gilbert.

Una obra algo mas importante será “The scarlett letter” (La mujer marcada), primera adaptación cinematográfica de “La letra escarlata”, la genial obra de Nathaniel Hawthorne, interpretada por una sensacional Lillian Gish, que casi llega a superar sus mejores actuaciones con Griffith… pero lo mejor de esta colaboración estaba por llegar.

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