EL CINE MUDO ALEMÁN. PARTE 4. EL EXPRESIONISMO. FRITZ LANG, 1ª PARTE


ByOskarele

El expresionismo llega a su cenit triunfal y al máximo grado de calidad y depuración con la obra de un genial vienés llamado Friedrich Christian Anton Lang (1890-1976), Fritz Lang para los amigos, uno de los genios más grandes de la historia del cine, autor de obras impresionantes como “Metrópolis”, “M, el vampiro de Dusseldorf” o “Encubridora”.

Era hijo de Anton Lang,  un arquitecto de la ciudad de Viena, y de Paula Schlesinger, de ascendencia judía. Con 18 añicos comienza sus estudios de arquitectura en la Escuela Técnica de Viena, aunque los deja para cambiarse a la Escuela de Artes Graficas de la misma ciudad, para luego trasladarse a la de Múnich. Pero tampoco acaba de encontrar su sitio, así que en 1910 deja los estudios y comienza una época bohemia, estableciéndose primero en Bruselas y algo más tarde en París, donde ejerció de dibujante durante un tiempo y donde entró en contacto con la escena vanguardista.

Al estallar la Primera Guerra Mundial es detenido, pero consigue escabullirse y regresar a Austria, donde se enrolará en el ejército. En batalla es herido y pierde el ojo derecho y fue precisamente durante su estancia en el hospital militar donde descubre el cine, escribiendo sus primeros relatos y guiones al entrar en contacto con el director alemán Joe May, que dirigirá un guion suyo, “Die Hochzelt in Exzentrik klub”, de 1917, actualmente desaparecida. Esta obra desilusionó a Lang que decidió que a partir de entonces el rodaría sus guiones.

Así Lang dirige su primera película ya en 1919, “Halbblut”, producida por la Decla-Bioscop de Erich Pommer, que sería el posterior jefazo de la UFA, y que permanece perdida. Ese  mismo año dirige otra obra menor, “Der herr der liebe”, antes de realizar su primera obra conocida, “Die Spinnen” (Las arañas), de 1920, en la que ya podemos descubrir su desarrollado sentido para la composición de imágenes en perspectiva y volúmenes y su genial talento para crear atmosferas y drama.

La intención de Lang con “Las Arañas” era rodar un serial, muy del gusto de la época, con aventuras exóticas y peligrosos malvados que quieren fastidiar a bellas jóvenes en apuros, así que situó su película en Perú, México y las Malvinas y creó una genial intriga de acción protagonizada por una especie de Indiana Jones, dividida en dos partes: “Der goldene see” (El lago de oro) y “Das Brillantenschiff” (El barco de los brillantes). Se trata de dos películas diferentes aunque en la misma línea estética y argumental, con excelentes decorados (supervisados por el propio Lang), una genial fotografía (gracias al bueno de Karl Freund, autentico brazo derecho de Lang). Lang tenía proyectado el rodaje de otras dos secuelas de la serie de aventuras de Kay Hoog, su particular aventurero. La tercera y cuarta parte de la serie se llamarían Das geheimnis der sphinx (El secreto de la Esfinge) y  Um asiens kaiserkrone (Para la corona imperial asiática), que fueron escritas por Lang pero nunca llegó a rodarlas.

Erich Pommer, que había sido productor de “Die Spinnen”, ofrece a Lang, al terminar el primer episodio de esta serie, un nuevo proyecto para que éste lo dirija: “El gabinete del Doctor Caligari”. Pero, Lang lo rechaza por ser demasiado truculento y porque quería rodar la segunda entrega del serial. Es una pena porque hubiese estado bien ver lo habría hecho Lang con aquella genial película, de la que hablamos en el artículo anterior, y que supuso el arranque del cine expresionista alemán.

El serial de Las arañas supuso un gran éxito para la compañía alemana Decla, y la apreciamos con cierta nostalgia por la pérdida de sus dos primeras obras. Además supuso el arranque de una genial carrera, que, en un principio, iba a seguir el camino marcado por el expresionismo alemán, aunque a su manera.

Y de qué manera: tras rodar un par de películas desaparecidas en parte en la actualidad (“Das Wandernde Bild”, de 1920, y “Vier um die frau”, de 1921), realiza una obra maestra de la historia del cine, “Der müde tod” (Las tres luces), de 1921, posiblemente una de sus mejores obras, aunque no demasiado famosa. Se trata de una especia de cuento de hadas, aunque sombrío y triste, con una clara inspiración germánica.

“Las tres luces” fue escrita por Lang basándose en un argumento de una popular novelista de la época llamada Thea Von Harbou, que se convertiría en su mujer y en su guionista hasta que se separan en los años treinta por culpa de las ideas políticas de esta… pero eso es otra historia. La peli que nos trata cuenta la historia de una chica que ha obtenido de la muerte tres luces que no deben apagarse para que pueda traer de nuevo a la vida a su novio, pero, al no lograrlo, se suicida para encontrarse en el mas allá con su amado. El amor será definitivamente más fuerte que la muerte.
La peli consta de tres historias que se unen a este tema central, situadas en tres lugares diferentes, Venecia, Bagdad y China, y en tres épocas distintas, lo que le permite emplear decorados muy diferentes, aunque todos en la línea expresionista de moda. En todas, el tema principal es el destino y la lucha contra la muerte.

Los efectos especiales y la escenografía de esta peli fueron tan buenos que Douglas Fairbanks, famoso actor que formaría con Griffith, Mary Pickford y Chaplin la productora United Artist en 1919, compró los derechos para su distribución en Estados Unidos y en 1924 produciría “The thief of Bagdad” (El ladrón de Bagdad), dirigida por Raoul Walsh, inspirada en la parte de Arabia.

Existe una curiosa anécdota al respecto de esta película: Luis Buñuel, el genial realizador español, llegó en la mitad de los años veinte a Paris, y allí presenció esta película, que le causó una profunda impresión, tanto que le hizo descubrir al cine como un magnifico modo de expresión. Diría al respecto “Algo que había en aquella película me conmovió profundamente, iluminando mi vida”.

Cuánta razón tenía Buñuel, pues se trata de una película absolutamente maravillosa e inolvidable para todo buen cinéfilo. Si no la habéis visto, haced todo lo posible para conseguirla, pues, os aseguro, serán dos horas enormemente bien empleadas…


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