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LEMURIA. PARTE 7. EL MONTE SHASTA, LA CIUDAD SUBTERRANEA, LOS HOPI Y LOS ROSACRUCES… 2/2
Perpetrado por Oskarele
En 1894 un residente del condado Siskiyou, California, llamado Frederick Spencer Oliver, publicó una obra titulada “A Dweller on Two Plants, or, the Dividing of the Way” en la que describía una ciudad secreta que se encontraba dentro del Monte Shasta, aquel lugar sagrado para algunas tribus autóctonas norteamericanas, como, por ejemplo, el pueblo Hopi, de la que hablamos en el artículo anterior.
Pues bien, en aquella obra, Spencer, planteaba que aquella ciudad fue construida por supervivientes de la hundida Lemuria (o más bien por supervivientes de la Atlántida, que a su vez fue habitado por lémures).
Aparentemente Spencer Oliver fue invitado a esta morada subterránea, ya que en libro se encarga de describirla al detalle. Según esta obra, en aquella montaña vivía una hermandad mística en una ciudad-cueva en la que “las paredes, pulidas como si fuesen joyas, fueron excavadas por gigantes; los suelos tenían largas alfombras que parecían hechos de lana blanca, pero que en realidad eran de un productor mineral”. Además todo estaba decorado con metales preciosos. Además afirmaba que aquellos supervivientes poseían vehículos aéreos con alas alimentados con combustible fósil, pero que con el tiempo fueron sustituidos por naves impulsadas por fuerzas electromagnéticas.
Lo curioso es que, parece ser (según la información proporcionada por un tal Michael Zanger en su libro “Mt. Shasta: History, Legend and Lore”, de 1992), que el tal Spencer escribió el libro gracias a la inspiración o comunicación astral que recibió de un tal Phylos, un maestro tibetano. Sea o no cierto esto, lo que sí es verdad es que aquel libro se convirtió en la fuente esencial de las leyendas esotéricas del Monte Shasta (junto con las antiguas historias de los Hopi, de las que luego hablaremos).
En 1904, un geólogo inglés llamado J.C. Brown, analizando la zona, halló un túnel que se adentraba en el volcán. Narraría lo siguiente: “a tres millas de la entrada del túnel, me encontré con un cruce, mostrando mineral con contenido de oro y más adelante, me encontré con otro cruce en donde una raza antigua aparentemente habían trabajado cobre”. Según cuenta, atravesó amplias galerías, vio estatuas de oro y se encontró con un extraño disco de dolor dorado. Además, dice que encontró muchos cuartos cubiertos con planchas escritas con unos símbolos similares a los egipcios, junto a una veintena de esqueletos de hasta tres metros… y un par de momias.
Misteriosamente, durante los treinta años siguientes, no se supo nada de él, pues parece ser que se dedicó a darle vueltas al tema Lemuria y a las razas prehistóricas. Así, cuando salió a la superficie, treinta años después, propuso que en aquella montaña se encontraban los restos de los supervivientes de aquellos continentes, y decidió compartirlo con el mundo… y con 79 años reunió a un grupo de adeptos (ocho dicen unos, ochenta dicen otros), incluyendo al editor de un diario, un guardián de un museo, un impresor retirado, varios científicos y otros ciudadanos sólidos.
Pasaron semanas estudiando los relatos de Brown acerca de continentes perdidos, jeroglíficos y un tesoro cojonudo que les esperaba allí dentro…
Sin embargo, el día en el que iban a partir (un 19 de junio de 1934), en un yate que les había conseguido, no apareció. Brown nunca más fue visto.
Lamentablemente, J.C. Brown nunca reveló la ubicación exacta del túnel secreto.
En 1913, unos años después de la publicación de aquel enigmático libro de Spencer Oliver, pero antes de la reaparición supuesta de Brown, Edgar Lucian Larkin, un escritor y astrónomo americano (fue director del Observatorio del Monte Lowe) se hizo eco de aquella curiosa historia, planteando que era posible la existencia de aquella mítica ciudad. En 1925, un autor que escribió con el seudónimo Selvius, publicó un breve articulo de dos páginas llamado “Decendants of Lemuria", en el que, entre otras cosas, asegura que el citado profesor Larkin divisó la ciudad con un telescopio (exactametne dice que distinguió en lo alto del monte, una cúpula resplandeciente rodeada de construcciones...) (aquí tenéis el texto integro, en inglés: http://www.siskiyous.edu/shasta/fol/lem/selvius.htm)
Una obra clave de esta movida es la que publicó en 1931 un tío llamado Wishar Spenle Cerve, titulada “Lemuria: The Lost Continent of the Pacific” que hizo enormemente popular el tema. En ella habla de los lémures, describiéndolos como altos, fuertes y agiles, y habla de que, en aquella ciudad bajo el monte Shasta, disponían de una tecnología mucho más avanzada que la nuestra, que les permitía tener muchas de las comodidades de las que disponemos nosotros.
Curiosamente, las similitudes entre esta novela y el articulillo de Selvius da que pensar la posibilidad de que en realidad fuesen la misma persona. Pero es que, en realidad, ese nombre ya era un seudónimo, pues el autor en realidad se llamaba Harvey Spencer Lewis…
Pues bien, resulta que este señor fue el fundador de la orden rosacruz AMORC (Ancient Mystical Order Rosae Crucis) en Estados Unidos y en 1915, seis años después que Max Heindel fundara la Fraternidad Rosacruz. Parece ser que también estuvo relacionado con la OTO (Ordo Templi Orientis) y con el polémico ocultista Aleister Crowley. También sabemos que este tipo se entrevisto personalmente con Benito Mussolini, al que reveló que era la reencarnación de Julio Cesar, en 1931. En su segunda visita a la Italia fascista (1937), Mussolini pronunció un discurso prometiendo un futuro radiante para AMORC en Europa.
También mantuvo correspondencia con Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi, a quien envió sus libros “La vida mística de Jesús” y “Las doctrinas secretas de Jesús”, en los que Spencer Lewis llama a Jesús el ario gentil, negando su origen judío.
Y una última historia de esta montaña magina, íntimamente relacionada con las leyendas sobre Lemuria: Guy Warren Ballard (1878–1939) fue un ingeniero de minas que, junto con su esposa, Edna Anne Wheeler Ballard, fundó una sociedad o movimiento llamada “ I am”. Ambos estaban relacionados con círculos ocultistas y teosóficos. Parece ser, según él mismo contó, que en 1930 visita el Monte Shasta, del que estamos hablando en estos artículos, y allí, adivinen, se encontró con un ser que se identificó a sí mismo como Saint Germain (el famoso conde). Desde entonces tuvo varios encuentros más con el “inmortal” de los que salieron una serie de libros, como “Unveiled Mysteries” o “The Magic Presence”, escritos bajo el seudónimo "Godfré Ray King."
Tanto el tal Ballard, como su esposa Edna, y posteriormente su hijo Donald, influidos supuestamente por Saint Germain, crearon un corpus conocido como “Las enseñanzas de los maestros ascendidos”, y ello tuvo mucho que ver con la creación de los grupos “I Am”, en los que se leía públicamente lecturas sobre aquellos encuentros, y que crecieron como la espuma. Se trataba de una organización apolítica, espiritual y educativa, autofinanciada por las donaciones de los miembros.
Mas info aquí: sobre Brown: http://www.unifaweb.com.ar/modules/news/article.php?storyid=1387 , sobre el Monte Shasta: http://www.siskiyous.edu/shasta/fol/intr.htm, sobre H. S. Lewis: http://es.wikipedia.org/wiki/Harvey_Spencer_Lewis, sobre Ballard y el movimiento “I Am”: http://en.wikipedia.org/wiki/Guy_Ballard, http://www.scribd.com/doc/3937571/Saint-Germain-Guy-Ballard-YO-SOY-la-magica-presencia, http://www.saintgermainfoundation.org/.
LEMURIA. PARTE 6. EL MONTE SHASTA, LA CIUDAD SUBTERRANEA, LOS HOPI Y LOS ROSACRUCES… 1/2
Perpetrado por Oskarele
Nuestro repaso a la leyenda de Lemuria nos lleva ahora hasta Norteamérica, a una misteriosa montaña, sagrada desde tiempos ancestrales para los pueblos nativos de su zona, y también sagrada, ya en el siglo XX, para muchos iluminados y seguidores de doctrinas new age, que vieron en ella un centro de poder, a su vez, íntimamente relacionado con el continente perdido.
Se trata del monte Shasta (también conocido como “White Mountain”), un volcán supuestamente inactivo (aunque la última erupción fue hace doscientos años) que se encuentra en el condado de Siskiyou, en el estado yanqui de California y que tiene 4.322 metros de altitud.
Pertenece al macizo montañoso llamado “Sierra Nevada”. Los alrededores del monte muestran signos de ocupación humana desde aproximadamente el 5.000 a. C.
Cuando los europeo-americanos llegaron a la zona, hacia 1820, atraídos por la fiebre del oro, vivían allí diversas tribus americanas, como los Shasta, Okwanuchu, Modoc, Achomawi, Atsugewi, Karuk, Klamath, Wintu, y los Yana. La primera ascensión que se conoce es de poco tiempo después, exactamente de 1854, cuando un tal Elías Pearce subió a to lo alto… además, allí se descubrió el primer glaciar de EEUU, en 1870.
A partir de finales del siglo XIX comenzó a desarrollarse un curioso interés por este Montaña desde determinados círculos relacionados con el ocultismo (especialmente por teósofos y rosacruces), de los que hablaremos en la segunda parte de este articulo, que unido a la tradicional importancia mística religiosa que le daban los nativos de la zona, han convertido este lugar en un autentico punto sagrado.
Para estos pueblos nativos el Monte Shasta era el centro de la creación: consideraban que el Gran Espíritu primero creó la montaña, echando hielo y nieve desde el cielo para poder bajar a la Tierra. Después creo todo lo demás: arboles, ríos, pájaros… y al final se quedó a vivir allí. Pero un día su hija se perdió y fue secuestrada por un clan de osos grizzli… y acabó casándose con uno de ellos, y de la descendencia que tuvieron surgieron los primeros humanos. Como castigo, el gran espíritu condenó a los osos a andar sobre cuatro patas.
Hasta aquí, nada que ver con Lemuria.
Pero existe un pueblo nativo americano, que si bien no son de esa zona, si ponen en relación el monte Shasta con un antiguo continente desaparecido: se trata del pueblo Hopi, un grupo que vivía más al este, en la meseta central, y que en la actualidad están reducidos a una reserva en Arizona.
Pues bien, esta gente posee una leyenda según la cual una civilización desconocida construyó una serie de túneles subterráneos en el subsuelo norteamericano, en los que viven todavía. Ellos mismos provienen, según las leyendas hopi, de un continente desaparecido, ubicado en el océano pacifico, llamado “Kasskara”, y llegaron a América gracias a unos seres de apariencia humana que poseían avanzados conocimientos científicos y tecnológicos que le permitían volar y construir enormes estructuras subterráneas.
Estos serian los dioses Kachinas, procedentes, según ellos de las Pléyades) y los llevaron a bordo de “escudos volantes” y “pájaros de fuego”, siendo uno de los puntos de aterrizaje, precisamente, el Monte Shasta…
Así que, los Hopi también tienen al Monta Shasta como un lugar sagrado: sus misteriosas leyendas narran que en su interior se halla una inmensa ciudad que sirve de refugio a una raza de hombres blancos, dotados de poderes superiores a los nuestros, y que son sobrevivientes de una cultura muy antigua que ya está desaparecida hoy día, depositando allí los registros históricos de su civilización.
Pero no son los únicos: los indios sioux y apaches también tienen leyendas que se suman a la convicción de los hopi y de los indígenas de la región del monte Shasta, de que en el subsuelo del continente americano mora una raza de seres de tez blanca, superviviente de una tierra hundida en el océano. Pero también mucho más al norte, en Alaska y en zonas más norteñas aún, esquimales e indios hablan una y otra vez de la raza de hombres blancos que habita en el subsuelo de sus territorios.
Una última curiosidad: El nombre “Shasta” no procede del inglés, ni de ninguno de los idiomas ni dialectos autóctonos norteamericanos. En cambio, curiosamente, ese vocablo existe en sánscrito, y significa "sabio", "venerable" y "juez"…
Mas info y fuentes aquí: http://www.sacred-destinations.com/usa/mount-shasta, aquí: http://www.grupoelron.org/temasextraterrestres/monteshasta.htm, aquí: http://www.indioshopi.com/2007/11/similitudes-entre-los-hopi-y-los.html y aquí: http://www.indioshopi.com/2008/12/el-monte-shasta-sucesos-inexplicabes.html
LEMURIA. PARTE 5. KUMARI KANDAM
Perpetrado por Oskarele
Existe otra interesante leyenda en la India acerca de una gran isla o continente sumergido bajo las aguas del Océano Indico, al sur de Kanyakumari, el extremo meridional de la India. Se trata de la mítica isla de Kumari Kandam o Kumarikhandam.
Esta leyenda tiene su origen en la literatura del pueblo Tamil, un grupo étnico nativo del estado de Tamil de la India y del norte de Sri Lanka que hablan la lengua homónima y cuya historia se remonta a mas de dos mil años. La mayoría profesan el hinduismo aunque hay minorías jainista, musulmana, budista y cristiana.
Este pueblo Tamil pertenece a lo que se conoce como Pueblos dravídicos, que es como se conoce a los habitantes del extremo meridional de la India, al sur de los ríos Narmada y Mahanadi, y que contiene aprox. un 21% de la población del país.
Pues bien, no está mu claro de donde proceden estas gentes, más que nada por los extraño de las lenguas que hablan, que no están relacionadas con otra familia lingüística conocida, aunque algunos las relacionan con los antiguos elamitas del suroeste de Irán y que formaban parte de la antigua cultura del Valle del Indo. Pero no está mu claro, hasta el punto que se han hecho varios intentos de relacionar estas lenguas con el japonés, el vasco, el sumerio y las lenguas aborígenes australianas… sin lograrse nada.
Pero, si hacemos casos a las antiguas leyendas de los Tamil, la explicación puede ser clara: según ellos, los drávidas provenían originalmente de esa isla sumergida denominada Kumari Kandam al sur de la India, y que, lógicamente, ha de tener relación con el tema que estamos tratando, el continente mítico de Lemuria.
En las epopeyas tamiles encontramos numerosas referencias a esta mítica historia: el Kalittokai, un libro poético redactado en el siglo VII a. C., habla de cómo el mar destrozó la tierra de los reyes Pandiyan, que tuvieron que buscar nuevas tierras para vivir en el sur del subcontinente. También encontramos referencias a dos ríos, el Pagliyaru y el Kumari que fluían en aquellas tierras hundidas.
En una obra posterior, el Shilappadikaram, del siglo V, también se menciona esta misma historia y estos mismos ríos, así como Adiyarkkunallar, un escritor tamil que en el siglo XII comentó esta historia, explicando que a unos 10.000 kilómetros al sur se encontraba una gran isla, dividida por dos ríos y por una cordillera montañosa, pero también estructurada administrativamente en 49 territorios, con numerosas ciudades y una gran población.
Dos de esos territorios quedaron tras la catástrofe y serian los actuales estados de Kollam y Kanyakumari.
Lo que sí es cierto es que ninguno de esos textos llaman "Kumari Kandam" a la isla hundida. La primera vez que se menciona es en un texto del siglo XII llamado "Kantapuranam", en el que se dice que era uno de los nueve continentes y una de las nueve divisiones de la India, la única que no fue conquistada por “extranjeros”.
En las postrimerías del siglo XIX y los principios del XX, los nacionalistas Tamiles identificaron Kumari Kandam con el tan de moda continente perdido de Lemuria, tanto por los naturalistas como por los místicos ocultistas. El concepto cambio, y Kumari Kandam pasa a ser la cuna de la civilización, algo que se adjudicaba a Lemuria (por ejemplo, el propio Ernst Haeckel), pero también el origen de todas las lenguas, incluida, por supuesto, la tamil.
Un tal R. Mathivanan, Editor jefe del Diccionario Etimológico Tamil, en 1991 dijo haber descifrado unos misteriosos escritos en Tamil antiguo en los que se proporcionaba una línea histórica que el resumió en una curiosa cronología:
Entre el 200.000 y el 50.000 a. C. se produce la evolución de los Tamiles en Kumari Kandam
Sobre el 50.000 a. C. surge la lengua Tamil y la civilización de Kumari Kandam
Sobre el 20.000 a. C. surge un cultura Tamil perdida en las isla este (planteaba que estaba compuesto por dos islas), también bastante avanzada.
Hacia el 16.000 a. C. se hunde el continente.
Hacia el 6087 a. C. el segundo Rey Tamil superviviente se convierte en un rey Pandya (sic)
En el siglo VII a. C. se escribe el Kalittokai, el testimonio más antiguo en gramática Tamil
Mathivanan propone que la invasión de los arios del norte fue la que terminó con los restos de aquella civilización que se habían asentado en el sur de la India y en Sri Lanka.
Sobra decir que las teorías del Mathivanan este no son aceptadas por los historiadores ortodoxos.
Mas info y fuentes aquí: Whiskypedia en castellano sobre los Tamil: http://es.wikipedia.org/wiki/Tamil_%28pueblo%29, en inglés sobre KK, http://en.wikipedia.org/wiki/Kumari_Kandam; aquí, también en inglés: http://www.tamilnet.com/art.html?catid=79&artid=13862, y aquí: http://koenraadelst.bharatvani.org/reviews/atlantis.html, como no, en inglés.
LEMURIA. PARTE 4. W. SCOTT ELLIOT
Perpetrado por Oskarele
Blavatsky, como ya dijimos, palmó en 1891. Uno de sus discípulos más destacados, William Scott Elliot (del que, curiosamente, se sabe que murió en 1930, pero no cuando nació, y del que ya hemos hablado en artículos anteriores de esta sección), delegado de la Sociedad Teosófica en Gran Bretaña, escribió una monografía en siete tomos titulada “The story of Atlantis and the lost Lemuria”, que, supuestamente, se basa en las mismas fuentes que “La doctrina secreta”, es decir, que le fue dictado telepáticamente por los Mahatmas tibetanos… incluso afirmaba tener unos mapas de los antiguos continentes (que teneis en el blog de PLQHQ)
La obra, editada en 1925, en realidad era una versión ampliada de dos obras anteriores suyas: “The Story of Atlantis” de 1896 y “The Lost Lemuria” de 1904, y es, como la de su maestra, es de un espesor brutal, cargada de datos, citas y palabras complejísimas.
Pa muestra, un botón:
“De cuatro a cinco millones de años, en guarismo redondo, duró la vida geológica de la Atlántida, porque este tiempo hace poco más o menos que en parte del continente lemúrico, todavía firme a la sazón, aparecieron los remoahles, primera subraza de la cuarta raza raíz que iba a poblar la Atlántida. Si recordamos que en el proceso de la evolución, el guarismo 4 representa invariablemente no sólo el nadir del ciclo respectivo, sino el período más breve, tanto en un manvántara como en una raza, podremos presumir que Lemuria existió durante un número de millones de años muy superior al asignado al continente atlante o de la cuarta raza. Pero respecto a Lemuria no tenemos fechas, ni siquiera aproximadas, por lo que sólo cabe apoyarnos en las épocas geológicas, tal como las conoce la ciencia moderna.”
Básicamente, en este texto, lo que plantea es que Lemuria existió durante muchos millones de años, muchos más de lo que existió la Atlántida, que, además, queda claro que fue habitada por descendientes de lémures.
Lemuria, según Scott Elliot, surge como un trozo desgajado del antiguo continente nórdico de la Hiperbórea.
Los “Manus”, extraños supervisores invisibles del mundo, eligieron esta tierra como el lugar donde evolucionaría la tercera raza matriz, de la que acabaría saliendo el ser humano.
De la etérea segunda raza (invisible para nuestros órganos visuales) procedió la tercera, la de los lémures, “cuyos cuerpos estaban ya constituidos de gases, líquidos y sólidos, es decir, de las tres más densas subdivisiones del plano físico”, aunque en un principio su esqueleto era cartilaginoso, no alcanzando el status óseo hasta una evolución posterior. “Así es que la evolución de la raza lemúrica es uno de los más oscuros al par que interesantes puntos de la línea evolutiva del hombre; porque durante este período, no sólo alcanzó la verdadera humanidad, sino que su cuerpo experimentó profundas alteraciones físicas y hubo dos mudanzas en el procedimiento funcionario de la reproducción”
En un primer lugar destaca el aparato visual de los lémures (aquella visión psíquica de la que hablaba la Blavatsky): en un primer momento tenían solo dos ojos frontales, “hasta que después nació en medio de la frente un tercer ojo cuya reminiscencia es la glándula pineal, hoy centro único de visión astral, y órgano entonces no sólo de la vista astral, sino también de la física…”
Conforme empezó a solidificarse poco a poco el gigantesco cuerpo gelatinoso comenzaron a mantenerse erguidos. “Es en extremo curioso que cuando la primera raza pudo mantenerse en pie y andar en posición vertical, con igual facilidad caminaba hacia atrás que hacia adelante, no sólo a causa de la capacidad visual del tercer ojo, sino también por la singular configuración de los talones, a que luego nos referiremos…”
Según Scott-Elliot, los lémures medían entre los 5 y los 6,40 metros de estatura. Tenían la cara plana, exceptuando un hocico saliente, muy parecido al de los cerdos, y carecían de frente. Su piel era de color marrón verdoso y su ojo posterior giraba 90 grados, como el de los camaleones, lo cual les permitía ver a derecha e izquierda. Sus talones sobresalían tanto que les permitían andar hacia atrás tan fácilmente que como hacia adelante, utilizando su inmensa cola reptiliana para mantener mejor el equilibrio…
“El aspecto del hombre de esta raza, según queda descrito, causaba cierta repugnancia, pero no era del todo inculto, y representaba el vulgar término medio de las gentes de su tiempo”… aunque, en la actualidad, sería más bien algo terrible.
Si esto os resulta chocante, agarraos, que vienen curvas… Después de la descripción de estas gentes, pasa a describir como era su reproducción: al principio los lémures eran hermafroditas que ponían huevos. Ya Blavatsky planteaba esta evolución sexual, planteando que los lémures no dejaron de ser hermafroditas hasta su quinta subraza: “A últimos de la cuarta subraza, la criatura perdió la facultad de andar apenas salida del huevo, ya fines de la quinta los seres humanos nacieron ya en las mismas condiciones y según el mismo procedimiento de nuestras históricas generaciones. Por supuesto que la mudanza requirió millones de años”
Sin embargo, durante su desarrollo sexual cometieron el error de cruzarse con animales (sic), dando lugar a los monos que hoy pueblan nuestro planeta… “Al ver esto los Lhas (seres cósmicos de los que también hablaba Blavatsky, que tenían como misión ayudar a los lémures en su evolución), que no habían formado hombres, lloraron diciendo: «Los amentes han mancillado nuestras futuras moradas. Esto es Karma. Moremos en otras.” Así que los Lhas fueron sustituidos por unos seres procedentes de Venus (los venusianos, ya mencionados por Blavatsky a los que llamó "Señores de la Llama", habían creado una civilización muy avanzada en su propio planeta, que aun existiría), y son los que les enseñaron a alcanzar la inmortalidad mediante la reencarnación personal (también trajeron varios presentes a nuestro planeta, como las abejas y los plátanos, que tendrían pues un origen extraterrestre…)
“Durante la séptima subraza ya últimos de la sexta, aprendieron los lemurianos a edificar ciudades populosas, de ciclópea arquitectura, adecuada a los gigantescos cuerpos de la raza. Edificaron las primeras ciudades en la vasta región montañosa del continente que, según aparece en el primer mapa, comprendía la actual isla de Madagascar”.
Blavatsky ya afirmaba en “La Doctrina Secreta” de una ciudad construida solo con tempanos de lava, a unas treinta millas al occidente de la actual Isla de Pascua, que fue destruida por los volcanes. Precisamente la Isla de Pascua fue uno de los pocos restos que quedaron de ese continente mítico, y sus gigantescas estatuas, los Moais, representan, según Blavatsky y Scott, “no sólo las facciones, sino también la estatura de quienes las esculpieron, o tal vez de sus antecesores, pues dichas estatuas datan, según toda conjetura, de la época de transición entre las razas lemúrica y atlante.”
En diferentes puntos del continente florecieron interesantes y complejas civilizaciones con regímenes urbanos y políticos, aunque muchas tribus, parcialmente civilizadas, siguieron llevando una vida nómada.
Fue también esa séptima subraza las que recibieron de los venusianos (sic) la idea de un Ser Supremo, simbolizado en el sol, con el que comienza la historia de las religiones.
A diferencia del futuro destino de la Atlántida, que pereció anegada por aguas diluviales, Lemuria fue destruida por convulsiones sísmicas, y asolada por las ardientes cenizas y el ígneo polvillo de innumerables volcanes.
Los lemurianos hallaron la muerte asfixiados por el humo o abrasados por el fuego.
No obstante sobrevivió una parte de Lemuria: una península que se extendía hacia el Atlántico Norte y que más tarde sería conocida como la Atlántida, donde nació y floreció la cuarta raza matriz de la Blavotsky, hace unos 800.000 años: los atlantes, que durante siglos pelearon con los restos de sus antepasados lémures (que vivían en lo que ahora es Australia)
Aquí tenéis el libro completo “The story of Atlantis and the lost Lemuria”: http://www.erbzine.com/mag11/1122.html.
LEMURIA. PARTE 2. LOUIS JACOLLIOT Y LA LEMURIA DEL PACIFICO (MU)
Perpetrado por Oskarele
En 1874 (diez años después de que Sclater y Haeckel propusiesen la existencia del continente mítico al que llamaron Lemuria, de lo que hablamos en el artículo anterior), un abogado francés, Louis Jacolliot (1837-1890) que trabajó como juez en la India, aunque también fue escritor y conferenciante, publicó un extraño libro llamado “Histoire des vierges, les peuples et les continents disparus” (Historia de las vírgenes, personas y continentes desaparecidos), que posteriormente sería citado por nuestra siguiente protagonista, Helena Blavatsky, en su libro “La doctrina secreta”, como una de las fuentes de estudio sobre el tema de Lemuria.
Entre otras cosas, afirmaba que había unas “tablillas sánscritas” que contaban la historia de un continente (llamado “Rutas”) hundido en el océano Índico, aunque Jacolliot lo resitúa en el océano Pacifico y lo relaciona con el mito de Atlantis.
Planteaba, pues, que aquellas antiguas leyendas de la India decían que hace varios cientos de miles de años existía un continente inmenso que se hundió por convulsiones geológicas y “cuyos fragmentos pueden encontrarse en Madagascar, Ceilán, Sumatra, Java, Borneo y las islas principales de la Polinesia.”
“Las altas mesetas del Indostán y Asia, según esta hipótesis, sólo habrían sido, en aquellas lejanas épocas, grandes islas contiguas al continente central…”.
Este continente habría alcanzado un alto grado de civilización, que fue heredada por los habitantes de la península India. Los pueblos de aquel mítico lugar eran llamados “Rutas” y de su lenguaje surgió, según Jacolliot, el sanscrito.
Ahora bien ¿Tendrá que ver esto algo con la antigua leyenda de la Atlántida que recoge Platón en sus diálogos y de las que hablamos anteriormente?
Según Jacolliot, la cultura griega procede también de aquellas mentes preclaras que fueron a la India tras el hundimiento del continente. Sin desechar la idea de que hubiese también una gran masa de tierra hundida en el océano atlántico (“cuyos vestigios pueden encontrarse en las islas volcánicas y la superficie montañosa de las Azores, las Canarias y las islas de Cabo Verde”), propone que es posible que la leyenda de la Atlántida sea un eco lejano de aquellas leyendas indias.
Jacolliot propone una ancestral creencia religiosa, común a los habitantes de la Polinesia y a los de la zona del Indo, que afirma que “todas estas islas formaron una vez dos países inmensos, habitados por hombres amarillos y negros, que siempre estaban en guerra; y que los dioses, cansados de sus querellas, encargaron al Océano que los pacificara, y éste se tragó los dos continentes, y desde entonces ha sido imposible conseguir que devuelva a sus cautivos. Sólo las crestas de las montañas y las mesetas elevadas escaparon a la inundación, por el poder de los dioses, que percibieron demasiado tarde el error que habían cometido”.
Con esta base, Jacolliot llega a la siguiente conclusión: “Sea lo que sea que pueda haber en esas tradiciones, y sea cual sea el lugar donde una civilización más antigua que la Roma, Grecia o Egipto e India se desarrollaran, es seguro que esta civilización existió, y es de gran importancia para la ciencia recuperar sus restos, por débiles y fugitivos que puedan ser.”
La conclusión final del autor, que visitó personalmente todas las islas de la Polinesia, que dedicó años al estudio de la religión, lenguaje y tradiciones de casi todos los pueblos, es la siguiente: “En cuanto al continente polinesio que desapareció en el tiempo de los últimos cataclismos geológicos, su existencia se funda en tales pruebas, ante las que, para ser lógicos, no podemos seguir dudando… Las tres cimas de este continente, las islas Sandwich, Nueva Zelanda y la Isla de Pascua, distan unas de otras de mil quinientas a mil ochocientas leguas, y los grupos de islas intermedias, Viti (Fidji), Samoa, Tonga, Futuna, Ouvea, las Marquesas, Tahití, Pomotu, las Gambier, se hallan distantes de estos puntos extremos de setecientas u ochocientas a mil leguas…
…Todos los navegantes están de acuerdo en decir que los grupos extremo y central no han podido jamás comunicarse, en vista de su posición geográfica actual, con los medios insuficientes de que disponían. Es físicamente imposible cruzar semejantes distancias en una piragua… sin una brújula, y viajar meses sin provisiones…
…Por otra parte, los aborígenes de las islas Sandwich, de Viti, de Nueva Zelanda, de los grupos centrales, de Samoa, Tahití, etc., jamás se habían conocido; nunca habían oído hablar unos de otros, antes de la llegada de los europeos. Y sin embargo, cada pueblo de éstos sostenía que su isla había formado parte en un tiempo de una inmensa extensión de tierra, que se extendía al Occidente hacia el lado de Asia. Y todos ellos se vio que hablaban la misma lengua, que tenían los mismos usos y costumbres, la misma creencia religiosa. Y todos a la pregunta: “¿Dónde está la cuna de vuestra raza?”, por toda respuesta, extendían su mano hacia el sol poniente…”
Posteriormente, Jacolliot derivó sus investigaciones hacia otro tema que algún día trataremos, la existencia de una civilización oculta en el interior de la Tierra (la famosa leyenda de Agartha o la Tierra Hueca), tema que plantea en su obra de 1884 "La ciencia oculta de India", donde revela detalles acerca de un reino subterráneo heredero de la sabiduría de esa civilización olvidada, y cita algunos relatos específicos de la antigua India, como el "Agrouchada Pariskshai" que habla de un paraíso subterráneo que existe desde “tiempos anteriores a nuestra era”.
Mas info y fuentes por aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Louis_Jacolliot, aquí: http://www.pastichesdumas.com/pages/Auteurs/Jacolliot.html, aquí: http://www.sacred-texts.com/eso/osi/index.htm. Citas extraidas de “La Doctrina Secreta” de Mme. Blavatsky
LEMURIA. PARTE 1. SEGÚN LOS CIENTÍFICOS…
Perpetrado por Oskarele
Por un lado: Los Lémures son unos mamíferos, del orden de los primates, y de la familia Lemuridae, que viven en los arboles, tienen los ojos enormes, un gran hocico, el cuerpo alargado y una larga cola… en la actualidad solo quedan en Madagascar, pero en la antigüedad los hubo también en África y en la India, así como parientes cercanos suyos. (Más info aquí: http://magma.nationalgeographic.com/ngexplorer/0510/articles/spmainarticle.html)
Por otro lado: William Thomas Blanford (1832-1905) fue un geólogo y naturalista hijo de la Gran Bretaña que trabajó durante años en el Servicio Geológico de la India. Fue miembro de la Royal Society y obtuvo mucho prestigio tanto por sus estudios geológicos como por los zoológicos. En 1860, haciendo unos estudios en la zona de Abisinia (Etiopía), encontró ciertas similitudes entre los tipos de rocas presentes en esa zona y en el Sur de la India. Las rocas en cuestión eran del periodo Pérmico y eran prácticamente idénticas en ambos continentes alejados por más de de 5.000 km. Esto le llevó a plantear la existencia de un desaparecido puente de Tierra que uniera ambos continentes. (Más info aquí: http://en.wikipedia.org/wiki/William_Thomas_Blanford)
Estas ideas de Blanford fueron sumamente valiosas para el trabajo que estaba realizando un biólogo alemán llamado Ernst Heinrich Haeckel (1834-1919) que estaba bastante intrigado por culpa del misterio de los lémures, es decir, la extraña presencia de estos animalicos tanto en Madagascar como en Asia.
La existencia de aquel puente de tierra explicaría el misterio.
Por aquella misma época otro zoólogo, el inglés Philip Lutley Sclater (1829-1913), en su intento por estructurar las diferentes zonas zoológicas del planeta, en 1864, se planteó la posibilidad de que hubiese existido un continente desaparecido entre África y la India, haciéndose eco de las teorías de Blanford y del tema de los lémures, y decidió ponerle nombre: Lemuria… una vastísima extensión de tierra que comprendería Sudáfrica, Madagascar, Ceilán, Sumatra, el océano Índico, Australia, y Nueva Zelanda.
Haeckel, fascinado con la idea de ese mítico continente, le sacó aun mas partido. En aquella época (segunda mitad del siglo XIX), aun no se había encontrado ningún resto de antepasados homínidos del ser humano. Haeckel, darwinista de pro, estaba convencido de que la evidencia de aquellos antiguos humanos se podía encontrar en lo que en aquel entonces se conocía como las “Indias Orientales Holandesas”… lo que es Indonesia, más o menos.
Planteaba que debía de haber habido una especie intermedia entre los monos y nosotros, a la que dio el nombre de “hombre simio” o Pithecanthropus, la cual, aunque humana en muchos aspectos, no poseía la que consideraba verdadera característica del hombre, el lenguaje, por lo que la denominó “Pithecantrhopus alalus”.
Claro, si partimos de la idea de que consideraba que el hombre había surgido en aquellas islas que forman la actual Indonesia, no es extraño aceptar que Haeckel plantease que el lugar de la aparición del ser humano fue Lemuria, desde donde se habrían extendido por todas partes.
Fascinado por su propia teoría encargó a sus estudiantes encontrar el eslabón perdido. Uno de ellos, Eugène Dubois, lo hizo al encontrar el conocido como “Hombre de Java”, al que dio el nombre de “Pithecanthropus” aunque más tarde sería reclasificado como Homo erectus.
Pero todo esto cambió a principios del siglo XX: en primer lugar, cuando un geólogo aficionado yanqui llamado Frank Bursley Taylor, sorprendido la similitud de formas entre los litorales opuestos de África y Suramérica, dedujo que los continentes habían estado en movimiento en otros tiempos.
Luego vino Alfred Wegener, que desarrolló esta idea, y propuso en 1912 que, en algún momento de la antigüedad, los continentes habían formado una sola masa terrestre, que denomino Pangea, donde flora y fauna existieron, antes de dispersarse y acabar llegando a los emplazamientos actuales.
Pero la teoría de Wegener y su Pangea no fueron aceptadas inmediatamente: los escépticos plantearon soluciones del tipo “puentes de tierra”, para explicar la similar distribución de los fósiles a ambos lados de las cuencas oceánicas… y seria Arthur Holmes, geólogo inglés, quien aportaría una sugerencia interesante: comprendió que el calentamiento radiactivo podía producir corrientes de convección en el interior del planeta, y que estas podrían ser lo suficientemente fuertes como para provocar el desplazamiento de los continentes de un lado a otro.
Así Holmes, en su popular “Principios de la geología física” de 1944, expuso por primera vez la teoría de la deriva continental, que, en sus ideas fundamentales, prevalece hoy en día, aunque en su momento fue enormemente criticada y tachada de radical y ridícula.
La expresión “Deriva continental” se desechó rápidamente al constatarse que estaba en movimiento toda la corteza terrestre y no solo los continentes, pero llevo tiempo ponerse de acuerdo en la denominación para los segmentos individuales: al principio se les llamo “bloques de corteza”, hasta que en 1968 se les comenzó a llamar “placas” y a la nueva ciencia “tectónica de placas”.
Pero ¿pensaban que la idea de la existencia de este continente desaparecido iba a desaparecer, valga la redundancia, con estas nuevas teorías?
Pues lo cierto es que Lemuria, junto con la Atlántida y Mu, pasó a formar parte de las elucubraciones, descabelladas pero fascinantes, de ocultistas y amantes del misterio (como Madame Blavatsky, Louis Jacolliot, Thomas Lake Haris y Annie Bessant) mucho tiempo antes, en la segunda mitad del siglo XIX.
Y, de alguna forma, sus rocambolescas teorías desataron la imaginación de muchos estudiosos fascinados con la posibilidad de la existencia de civilizaciones desaparecidas, razas humanas antiguas, libros sagrados que cuentan la autentica historia de este planeta…
La paleontología y la geología las han desmentido, pero no por eso dejan de inspirarnos con su misterio y encanto.
A Lemuria dedicaremos unos cuantos articulillos…
LA ATLÁNTIDA. PARTE 16. LOS TEOSOFISTAS: MADAME BLAVATSKY. UNA NECESARIA BIOGRAFÍA
Perpetrado por Oskarele
La tremenda acogida popular de la obra de Donnelly, generó tal fascinación entre las masas, así como entre determinado grupos de intelectuales heterodoxos, que propició que el enigma de la Atlántida, aderezado cada vez con más elementos fantásticos, entrara de forma total en el terreno de lo esotérico y que a partir de un determinado momento el fenómeno empezara a ser leído en clave sobrenatural. Al frente de esta novedosa circunstancia se alza sobre todos los otros el nombre de Madame Blavatsky. Vamos a ver quién era:
En 1888, una señora rusa, avanzada en edad, obesa, fumadora de puros y algo excéntrica, publicó una extensísima obra llamada “La doctrina secreta”.
Se trataba, según ella, de una obra basada en un antiguo documento titulado “El libro de Dzian”, redactado en la Atlántida y custodiado en su época en algún rincón secreto del Tíbet. La señora decía que la información la recibió telepáticamente de la Hermandad de los Mahatmas, unos maestros que gobiernan el mundo desde el Tíbet…
En aquella obra, aparte de ofrecer una descripción detallada de la Atlántida, habla también de otro continente perdido. Lemuria.
Esta señora fue Helena Petrovna Blavatskaya, aunque su nombre de soltera era Helena Von Hahn, y nació en 1831 en el sur de Rusia (en Dnipropetrovsk, actual Ucrania), palmando sesenta años después en Londres.
Cogió el apellido Blavatsky, tras casarse cuando contaba 17 primaveras con Nikifor Vasílievich Blavatsky, y el de “Petrovna” identifica al padre (que se llamaba Peter von Hahn).
Su madre, Helena de Fadéyev pertenecía a una aristócrata familia rusa. Así, tras fallecer esta prematuramente en 1842, nuestra protagonista se quedó bajo la tutela de sus abuelas en Sarátov, donde su abuelo materno era gobernador.
Se dice que ya en esta época, cuando contaba poco más de doce años, comenzó a manifestar ciertos poderes psíquicos, así como un acentuado interés por el esoterismo, a lo que, parece ser, ayudó la genial biblioteca heredada de su bisabuelo masón.
Con diecisiete años, en 1848, se casó con el señor Nicéforo Blavatsky, vicegobernador de la provincia de Ereván, en Armenia, que tenía cuarenta años. Según ella misma diría, no consumó la relación y se casó solo para obtener la independencia. Por eso, tres meses después, se escapó (su marido decía que fue porque no soportaba su hábito de fumar grandes cigarros). Ella diría que su marido murió poco después, pero es una de tantas mentiras que soltó la señora, pues falleció quince años después.
A partir de entonces, y según sus propios testimonios, comenzó a viajar, yendo a países como Egipto, Turquía y Grecia. A veces le acompañaba Albert Rawson, naturalista y explorador yanqui, aficionado también al esoterismo y masón. También le acompañaba su amiga la Condesa Kisselev. En 1851, con veinte años, estaba en Londres y, como no contaba con muchos posibles, tuvo que sobrevivir dando clases de piano. Ese año tuvo el primer encuentro con su futuro maestro (al que había visto a lo largo de los años en sus sueños…), un iniciado oriental de Rajput, Mahatma Morya que, siempre según ella, le desveló su misión.
Ese mismo año se marchó a Canadá y Estados Unidos. Y desde allí a Sudamérica y a la India, con la intención de llegar al Tíbet. Pero parece ser que no pudo llegar, y regresó a Inglaterra. Pero cinco años después, en 1855, regresó a la India y si pudo, por fin, llegar al Tíbet, a través de de Cachemira y Ladakh. En el Tíbet pasaría por un período de entrenamiento bajo la dirección de su maestro (al que había conocido en Londres). Algunos autores, como Rene Guenon, plantean que ese supuesto viaje al Tíbet es falso (este autor menciona que no estuvo en la India antes de 1878)
A su regreso se muda de nuevo a Rusia, donde vivió entre 1858 y 1863, pasando, siempre según su testimonio, por una serie de experiencias sobrenaturales que le posibilitaron adquirir un completo dominio de las energías psíquicas. Allí se reconcilia temporalmente con su padre, hasta que este le acusó de estafarle y sustraerle una importante cantidad de dinero, y de nuevo se marcha, esta vez al Cáucaso, donde se encontró con su marido (aquel que decía que había muerto…)
En 1865 cogió la maleta y continuó con su afán viajero: viajó extensamente por los Balcanes, Grecia, Egipto, Siria e Italia (se dice que aquí conoció a Garibaldi, con el que incluso luchó en el campo de batalla), entre otros lugares. En 1868 volvió a la India, vía Tíbet, encontrándose con el maestro K.H. (o maestro Koot Hoomi), que le alojó en su casa. En 1870 volvió a Chipre y Grecia y desde allí de nuevo a Egipto.
Curiosamente, el barco que la llevaba al país de las pirámides naufragó cerca de la isla de Spetsai el 4 de julio de 1871, pero nuestra protagonista se salvó y se dirigió a El Cairo, donde fundó la “Sociedad Espírita”, junto a unos hosteleros franceses, el matrimonio Coulomb (que luego tendrán importancia en la historia), con la intención de fomentar y estudiar el espiritismo y los médiums. Parece ser que quedó decepcionada con los participantes de aquel grupo, pues algunos simulaban sus capacidades psíquicas, pero por otro lado, parece que tuvo algún problema con la justicia...
Fue un fracaso, en definitiva.
Después de varios viajes a través de Oriente Medio, volvió por un corto período a Odesa, en Ucrania, en julio de 1872. Según Helena, en la primavera de 1873, su maestro le dio instrucciones de proseguir hacia París y más adelante a Nueva York, donde, en 1874 conoció al coronel Henry Steele Olcott, masón y coronel estadounidense, miembro fundador de la Comunidad Mundial de Budistas, así como investigador de temas de parapsicología, espiritismo y ocultismo, y a William Quan Judge, un joven abogado irlandés.
Ambos serán, junto a la Blavatsky, los fundadores de la Sociedad Teosófica , en 1875, formada por 13 teósofos mas. La declaración de principios de la primera Sociedad Teosófica comenzaba así: “El título de la Sociedad Teosófica explica los objetivos y deseos de sus fundadores: buscan obtener el conocimiento de la naturaleza y de los atributos del Poder supremo y de los espíritus más elevados, por medio de procedimientos físicos”
Ese mismo año publicó su primera gran obra, “Isis sin velo”, sobre el desarrollo de las ciencias ocultas, la naturaleza y el origen de la magia, los orígenes reales del cristianismo y los errores de la teología cristiana. Y ese mismo año adquiere la nacionalidad estadounidense.
En 1878, Blavatsky y Olcott se llevaron la sede de la Sociedad Teosófica a la ciudad de Adyar, en la India.
Por aquella época conocen a Alfred Percy Sinnett, editor del periódico oficial del Gobierno Indio, "The Pioneer", contacto este que será muy importante posteriormente para la publicación, a partir de 1879, de la revista de teosofía "The Theosophist", órgano oficial de la Sociedad Teosófica, que creció muy rápidamente.
En 1880 Blavatsky y Olcott habían pasado algún tiempo en Ceilán, donde aumentó su interés por el sistema ético del budismo esotérico del mahāyāna.
Sinnett, cada vez mas influido por las ideas teosóficas, escribió en 1881 “El Mundo Oculto" y "El budismo esotérico" de 1883, libros que ejercieron una notable influencia y que lograron aumentar el interés por la movida. Supuestamente Sinnet también comenzó a comunicarse telepáticamente con los Mahatmas, llegando a publicar una obra, en 1923, llamada “Cartas de los Mahatmas para A.P. Sinnett".
Por esa misma época compraron una gran propiedad en Madrás, en la India, estableciendo allí la sede internacional de la sociedad. Pero pronto llegaron los problemas: dos miembros del grupo de Madrás, Alexis y Emma Coulomb, acusaron a la Blavatsky de fraude.
Parece ser que estaban relacionados con una publicación cristiana de la ciudad (el Christian College Magazine) y que las pruebas que aportaron (unas cartas) eran falsas. Enormemente decepcionada, dimitió de su cargo y se marchó a Europa en 1885 para no regresar nunca más a la India.
La “London Society for Psychical Research” (Sociedad para la Investigación Psíquica en Londres) creó un comité especial para investigar a Madame Blavatsky. En un informe de 1885, dicho comité "acusa a Madame Blavatsky como una de las impostoras más grandes de la historia", aunque también se le acusa de ser una espía rusa. Posteriormente la misma entidad refutaría esta acusación, así como varios autores interesados en el tema.
Este ataque afectó gravemente a la salud de Blavatsky, que partió de la India para Europa en agosto de 1885. En Wurzburg (Alemania), comenzó a escribir “La Doctrina Secreta”, su obra maestra. Según su propio testimonio, Helena recibió un día la visita de uno de sus instructores tibetanos que le dieron, según ella, la opción siguiente: "o morir liberándose (del cuerpo enfermo) o continuar viva acabando la Doctrina Secreta".
Se recuperó y continuó escribiendo su obra, la cual finalizó y publicó en 1888. Al año siguiente publica “La llave de la teosofía”, una exposición de las razones por las cuales se fundó la Sociedad y sobre cuáles eran sus enseñanzas básicas. También publicó “La voz del silencio”, un libro poético.
Madame Blavatsky explicó que escribió tanto “Isis sin velo” como “La Doctrina Secreta” con la ayuda de los Mahatmas que se ponían en contacto con ella mediante diferentes modos: “poseyendo” su cuerpo, mediante comunicación telepática o, incluso, con su propia letra, pues las cartas de los maestros según ella, a veces, se materializaban en el papel.
No es de extrañar, a tenor de sus propias declaraciones del origen de su información, que fuese tachada de impostora. Por otro lado no solo fue acusada de eso: muchos la acusan también de racismo al tratar a algunos grupos humanos (por ejemplo, los aborígenes australianos) como razas inferiores (precisamente a estos los califica como “un cruce atlanto-lemuriano”…), atacando en numerosas ocasiones a los judíos y los árabes.
Helena Blavatsky palmó en Londres en 1891. Parece ser que su cuerpo fue incinerado y sus cenizas repartidas por Europa, USA y una parte que se quedo en la sede de la Sociedad, en la India.
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