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PÁRRAFOS LITERARIOS. ANTOINE DE SAINT-EXUPERY (1900-1944 / Francia). Párrafo de "El principito" 1943
ByCineclásicajazz Pizcadelodemás
-¿Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa "domesticar"?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa «domesticar»?
—Es una cosa demasiado olvidada —dijo el zorro—. Significa «crear lazos».
—¿Crear lazos?
—Sí —dijo el zorro—. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
—Empiezo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...
—Es posible —dijo el zorro—. ¡En la Tierra se ve toda clase de cosas...!
— ¡Oh! No es en la Tierra —dijo el principito. El zorro pareció muy intrigado:
—¿En otro planeta?
—Sí.
—¿Hay cazadores en ese planeta?
—No.
— ¡Es interesante eso! ¿Y gallinas?
—No.
—No hay nada perfecto —suspiró el zorro. Pero el zorro volvió a su idea:
—Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido
del viento en el trigo...
El zorro calló y miró largo tiempo al principito:
—¡Por favor... domestícame! —dijo.
—Bien lo quisiera —respondió el principito—, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
—Sólo se conocen las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
Un video:
http://www.youtube.com/watch?v=eYgR6e4i9Cs
La publicación original aquí, en la pagina de nuestro compañero: http://www.facebook.com/group.php?gid=126815644036357
LA CAJA DE LETRAS poe “…una esperanza cuidadosamente excluida"
ByMoser
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Estaba agotado, agotado hasta no poder mas… la espantosa sentencia… el sonido de las voces de los inquisidores…los labios de los jueces vestidos de negro…blancos y delgados hasta lo grotesco… su resolución inexorable… el riguroso desprecio por el dolor humano…me estremecí… como si cada fibra de mi ser hubiera estado en contacto con el hilo de una batería galvánica.
…
En medio de mis repetidos e insensatos esfuerzos, en medio de mi enérgica tenacidad…una nausea mortal invadió mi alma y el Universo fue solo noche, silencio e inmovilidad…me invadió un vértigo espantoso a la simple idea del infinito en descenso…abajo, aun mas hacia abajo, cada vez mas abajo en brazos de un cortejo de espectros… la locura de una memoria q se agita en lo abominable.
…
Luego un intervalo en q todo desaparece.
Luego un brusco renacer de mi alma.
…
No había abierto los ojos hasta ese momento. Pero sentía q estaba tendido de espaldas y sin ataduras. Extendí la mano y pesadamente cayo sobre algo húmedo. Durante algunos minutos la deje descansar así, haciendo esfuerzos por adivinar donde podía encontrarme y lo q había sido de mi. Sentía una gran impaciencia por hacer uso de mis ojos, pero no me atreví. Tenia miedo de la primera mirada… no temía contemplar cosas horribles… temía no ver nada.
Alargué el brazo y me estremecí descubriendo q me encontraba al borde mismo de un pozo circular…deje caer un trozo de piedra en el abismo… choco contra las paredes…se hundió en el agua… retrocedí decidido a dejarme morir... antes q afrontar el horror… las crueles agonías físicas y abominables torturas morales q sin duda me aguardaban… pero por otra parte…
…me era imposible olvidar lo q había leído respecto a aquellos pozos, de los q se decía q la extinción repentina de la vida era una esperanza cuidadosamente excluida por el genio infernal de quien los había construido.
El pozo y el péndulo 1840 Edgar Allan Poe
Traducción Julio Gómez Serna
LA CAJA DE LETRAS poe “…un mundo de fantasmas por encima del cual, se cernía predominante, la Idea única y sepulcral.
LA CAJA DE LETRAS poe
aMoserSelection
“…un mundo de fantasmas por encima del cual, se cernía predominante, la Idea única y sepulcral.
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Intente gritar, y mis labios y mi lengua, resecos, se agitaban convulsivamente en la tentativa; pero ninguna voz brotaba de mis pulmones cavernosos, q, oprimidos como por el peso aplastante de una montaña, jadeaban y palpitaban, lo mismo q mi corazón, a cada penosa y dificultosa respiración.
El movimiento de mis mandíbulas, en mi desesperada lucha por gritar, me probó q las tenía atadas, como se suele hacer con los difuntos. Sentí también q estaba tendido sobre alguna materia dura, y q mis costados estaban asimismo severamente comprimidos por algo semejante. Hasta entonces no me había arriesgado aun a mover mis miembros; pero ahora alce con violencia mis brazos, estirados a lo largo de mi cuerpo, con las muñecas cruzadas. Chocaron contra un sólido obstáculo de madera q se extendía por encima de mi persona a solo unas seis pulgadas de mi cara. Ya no podía dudar por más tiempo de q reposaba dentro de un ataúd para la eternidad.
…
Fantasías como esta, de una infinita angustia moral, presentándose por la noche, extendían su terrorífica influencia hasta mis horas de vigilia…y cuando la naturaleza no podía soportar el estar despierta por más tiempo, consentía yo, no sin lucha, en dormir, pues temblaba pensando q, al despertarme, podía encontrarme ocupando una tumba… cuando finalmente me hundía en el sueño, era únicamente para precipitarme en un mundo de fantasmas por encima del cual, con amplias, tenebrosas y sombrías alas, se cernía predominante, la Idea única y sepulcral…Ser enterrado vivo
El entierro prematuro 1840 Edgar Allan Poe
Traduccion Julio Gomez Serna
aMoserSelection
“…un mundo de fantasmas por encima del cual, se cernía predominante, la Idea única y sepulcral.
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Intente gritar, y mis labios y mi lengua, resecos, se agitaban convulsivamente en la tentativa; pero ninguna voz brotaba de mis pulmones cavernosos, q, oprimidos como por el peso aplastante de una montaña, jadeaban y palpitaban, lo mismo q mi corazón, a cada penosa y dificultosa respiración.
El movimiento de mis mandíbulas, en mi desesperada lucha por gritar, me probó q las tenía atadas, como se suele hacer con los difuntos. Sentí también q estaba tendido sobre alguna materia dura, y q mis costados estaban asimismo severamente comprimidos por algo semejante. Hasta entonces no me había arriesgado aun a mover mis miembros; pero ahora alce con violencia mis brazos, estirados a lo largo de mi cuerpo, con las muñecas cruzadas. Chocaron contra un sólido obstáculo de madera q se extendía por encima de mi persona a solo unas seis pulgadas de mi cara. Ya no podía dudar por más tiempo de q reposaba dentro de un ataúd para la eternidad.
…
Fantasías como esta, de una infinita angustia moral, presentándose por la noche, extendían su terrorífica influencia hasta mis horas de vigilia…y cuando la naturaleza no podía soportar el estar despierta por más tiempo, consentía yo, no sin lucha, en dormir, pues temblaba pensando q, al despertarme, podía encontrarme ocupando una tumba… cuando finalmente me hundía en el sueño, era únicamente para precipitarme en un mundo de fantasmas por encima del cual, con amplias, tenebrosas y sombrías alas, se cernía predominante, la Idea única y sepulcral…Ser enterrado vivo
El entierro prematuro 1840 Edgar Allan Poe
Traduccion Julio Gomez Serna
LA CAJA DE LETRAS migueldeunamuno “¿no es acaso la mujer otro animal doméstico?”
LA CAJA DE LETRAS migueldeunamuno
“¿no es acaso la mujer otro animal doméstico?”
a_moserselection
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Al poco rato, habiendo ya salido Liduvina, entraba el perro.
«¡Ven acá, Orfeo ––le dijo su amo––, ven acá! ¡Pobrecito!, ¡qué pocos días te quedan ya de vivir conmigo! No te quiere ella en casa. Y ¿adónde voy a echarte?, ¿qué voy a hacer de ti?, ¿qué será de ti sin mí? Eres capaz de mo-rirte, ¡lo sé! Sólo un perro es capaz de morirse al verse sin amo. Y yo he sido más que tu amo, ¡tu padre, tu dios! ¡No te quiere en casa; te echa de mi lado! ¿Es que tú, el símbolo de la felicidad, le estorbas en casa? ¡Quién lo sabe...! Acaso un perro sorprende los más secretos pensamientos de las personas con quienes vive, y aunque se calle... ¡Y tengo que casarme, no tengo más remedio que casarme... si no, jamás voy a salir del sueño! Tengo que despertar.»
«Pero ¿por qué me miras así, Orfeo? ¡Si parece que lloras sin lágrimas...! ¿Es que me quieres decir algo?, te veo sufrir por no tener palabras. ¡Qué pronto aseguré que tú no sueñas! ¡Tú sí que me estás soñando, Orfeo! ¿Por qué somos hombres los hombres sino porque hay perros y gatos y caballos y bueyes y ovejas y animales de toda clase, sobre todo domésticos?, ¿es que a falta de animales domésticos en que descargar el peso de la animalidad de la vida habría el hombre llegado a su humanidad? ¿Es que a no haber domesticado el hombre al caballo no andaría la mitad de nuestro linaje llevando a cuestas a la otra mitad? Sí, a vosotros se os debe la civilización. Y a las mujeres. Pero ¿no es acaso la mujer otro animal do-méstico? Y de no haber mujeres, ¿serían hombres los hombres? ¡Ay, Orfeo, viene de fuera quien de casa te echa! »
Y le apretó contra su seno, y el perro, que parecía en efecto llorar, le lamía la barba.
Niebla 1914 Miguel de Unamuno
“¿no es acaso la mujer otro animal doméstico?”
a_moserselection
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Al poco rato, habiendo ya salido Liduvina, entraba el perro.
«¡Ven acá, Orfeo ––le dijo su amo––, ven acá! ¡Pobrecito!, ¡qué pocos días te quedan ya de vivir conmigo! No te quiere ella en casa. Y ¿adónde voy a echarte?, ¿qué voy a hacer de ti?, ¿qué será de ti sin mí? Eres capaz de mo-rirte, ¡lo sé! Sólo un perro es capaz de morirse al verse sin amo. Y yo he sido más que tu amo, ¡tu padre, tu dios! ¡No te quiere en casa; te echa de mi lado! ¿Es que tú, el símbolo de la felicidad, le estorbas en casa? ¡Quién lo sabe...! Acaso un perro sorprende los más secretos pensamientos de las personas con quienes vive, y aunque se calle... ¡Y tengo que casarme, no tengo más remedio que casarme... si no, jamás voy a salir del sueño! Tengo que despertar.»
«Pero ¿por qué me miras así, Orfeo? ¡Si parece que lloras sin lágrimas...! ¿Es que me quieres decir algo?, te veo sufrir por no tener palabras. ¡Qué pronto aseguré que tú no sueñas! ¡Tú sí que me estás soñando, Orfeo! ¿Por qué somos hombres los hombres sino porque hay perros y gatos y caballos y bueyes y ovejas y animales de toda clase, sobre todo domésticos?, ¿es que a falta de animales domésticos en que descargar el peso de la animalidad de la vida habría el hombre llegado a su humanidad? ¿Es que a no haber domesticado el hombre al caballo no andaría la mitad de nuestro linaje llevando a cuestas a la otra mitad? Sí, a vosotros se os debe la civilización. Y a las mujeres. Pero ¿no es acaso la mujer otro animal do-méstico? Y de no haber mujeres, ¿serían hombres los hombres? ¡Ay, Orfeo, viene de fuera quien de casa te echa! »
Y le apretó contra su seno, y el perro, que parecía en efecto llorar, le lamía la barba.
Niebla 1914 Miguel de Unamuno
LA CAJA DE LETRAS migueldeunamuno “Hay que vivir. Y hay que dar vida.”
a_moserselection
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Mi hermano, puesto ya del todo al servicio de la obra de Don Manuel, era su más asiduo colaborador y compa¬ñero. Les anudaba, además, el común secreto. Le acom¬pañaba en sus visitas a los enfermos, a las escuelas, y po¬nía su dinero a disposición del santo varón. Y poco faltó para que no aprendiera a ayudarle a misa. E iba entrando cada vez más en el alma insondable de Don Manuel.
(…)
-¡Qué hombre! -me decía-. Mira, ayer, paseando a orillas del lago, me dijo: “Mi vida, Lázaro, es una especie de suicidio conti¬nuo, un combate contra el suicidio, que es igual; pero que vivan ellos, que vivan los nuestros!» Mira, Lázaro, he asistido a bien morir a pobres aldeanos, igno¬rantes, analfabetos que apenas si habían salido de la al¬dea, y he podido saber de sus labios, y cuando no adivi¬narlo, la verdadera causa de su enfermedad de muerte, y he podido mirar, allí, a la cabecera de su lecho de muerte, toda la negrura de la sima del tedio de vivir. ¡Mil veces peor que el hambre! Sigamos, pues, Lázaro, suicidándo¬nos en nuestra obra y en nuestro pueblo, y que sueñe este su vida como el lago sueña el cielo.”
(…)
-Entonces -prosiguió mi hermano- comprendí sus móviles, y con esto comprendí su santidad; porque es un santo, hermana, todo un santo. No trataba al emprender ganarme para su santa causa -porque es una causa santa, santísima-, arrogarse un triunfo, sino que lo hacía por la paz, por la felicidad, por la ilusión si quieres, de los que le están encomendados; comprendí que si les engaña así -si es que esto es engaño- no es por medrar. Me rendí a sus razones, y he aquí mi conversión. Y no me olvidaré jamás del día en que diciéndole yo: “Pero, Don Manuel, la verdad, la verdad ante todo”, él, temblando, me su¬surró al oído -y eso que estábamos solos en medio del campo-: “¿La verdad? La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella”. “¿Y por qué me la deja entrever ahora aquí, como en confesión?”, le dije. Y él: “Porque si no, me atormentaría tanto, tanto, que acabaría gritándola en medio de la plaza, y eso jamás, jamás, jamás. Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacer¬les felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarles. Lo que aquí hace falta es que vivan sana¬mente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la ver¬dad, con mi verdad, no vivirían. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerles vivir. ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiri¬tualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto les consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para… ¿Y la mía? La mía es consolarme en consolar a los demás, aunque el consuelo que les doy no sea el mío”.
(…)
Después de aquel día temblaba yo de encontrarme a solas con Don Manuel, a quien seguía asistiendo en sus piadosos menesteres. Y él pareció percatarse de mi estado íntimo y adivinar la causa. Y cuando al fin me acerqué a él en el tribunal de la penitencia -¿quién era el juez y quién el reo?-, los dos, él y yo, doblamos en silencio la cabeza y nos pusimos a llorar. Y fue él, Don Manuel, quien rompió el tremendo silencio para decirme con voz que parecía salir de una huesa:
-Pero tú, Angelina, tú crees como a los diez años, ¿no es así? ¿Tú crees?
-Sí creo, padre.
-Pues sigue creyendo. Y si se te ocurren dudas, cálla¬telas a ti misma. Hay que vivir...
Me atreví, y toda temblorosa le dije:
-Pero usted, padre, ¿cree usted?
Vaciló un momento y, reponiéndose, me dijo:
-¡Creo!
-¿Pero en qué, padre, en qué? ¿Cree usted en la otra vida?, ¿cree usted que al morir no nos morimos del todo?, ¿cree que volveremos a vernos, a querernos en otro mundo venidero?, ¿cree en la otra vida?
El pobre santo sollozaba. -¡Mira, hija, dejemos eso! -y añadió- reza por mí, por tu hermano, por ti misma, por todos. Hay que vivir. Y hay que dar vida.
(…)
Y cuando yo iba a levantarme para salir del templo, me dijo:
-Y ahora, Angelina, en nombre del pueblo, ¿me ab¬suelves?
Me sentí como penetrada de un misterioso sacerdocio, y le dije:
-En nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, le absuelvo, padre.
San Manuel Bueno, Mártir 1931 Miguel de Unamuno
LA CAJA DE LETRAS migueldeunamuno “¡Muñecos todos!”
LA CAJA DE LETRAS migueldeunamuno
“¡Muñecos todos!”
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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La tía Tula no podía ya más con su cuerpo. El alma le revoloteaba dentro de él, como un pájaro en una jaula que se desvencija, a la que deja con el dolor de quien le desollaran, pero ansiando volar por encima de las nubes. No llegaría a ver al nieto. ¿Lo sentía? «Allá arriba, estando con ellos -soñaba- sabré cómo es, y si es niño o niña..., o los dos..., y lo sabré mejor que aquí, pues desde allí arriba se ve mejor y más limpio lo de aquí abajo.»
La última fiebre teníala postrada en cama. Apenas si distinguía a sus sobrinos más que por el paso, sobre todo a Caridad y a Manolita. El paso de aquélla, de Caridad, llegábale como el de una criatura cargada de fruto y hasta le parecía oler a sazón de madurez. Y el de Manolita era tan leve como el de un pajarito que no se sabe si corre o vuela a ras de tierra. «Cuando ella entra -se decía la tía- siento rumor de alas caídas y quietas.»
Quiso despedirse primero de ésta, a solas, y aprovechó un momento en que vino a traerle la medicina. Sacó el brazo de la cama, lo alargó como para bendecirla, y poniéndole la mano sobre la cabeza, que ella inclinó con los claros ojos empañados, le dijo:
-¿Qué, palomita sin hiel, quieres todavía morirte...? ¡La verdad!
-Si con ello consiguiera...
-Que yo no me muera, ¿eh? No, no debes querer morirte... , tienes a tu hermano, a tus hermanos... Estuviste cerca de ello, pero me parece que la prueba te curó de esas cosas... ¿No es así? Dímelo como en confesión, que
voy a contárselo a los nuestros...
-Sí, ya no se me ocurren aquellas tonterías...
-¿Tonterías? No, no eran tonterías. ¡Ah!, y ahora que dices eso de tonterías, tráeme tu muñeca, porque la guardas, ¿no es así? Sí, sé que la guardas... Tráeme aquella muñeca, ¿sabes? Quiero despedirme de ella también y que se despida de mí... ¿Te acuerdas? Vamos, ¿a que no te acuerdas?
-Sí, madre, me acuerdo.
-¿De qué te acuerdas?
-De cuando se me cayó en aquel patín de la huerta y Elvira me llamaba tonta porque lloraba tanto y me decía que de nada sirve llorar...
-Eso..., eso... ¿y qué más? ¿Te acuerdas de más?
-Sí, del cuento que nos contaste entonces...
-¿A ver, qué cuento?
-De la niña que se le cayó la muñeca en un pozo seco adonde no podía bajar a sacarla y se puso a llorar, a .llorar, a llorar, y lloró tanto que se llenó el pozo con sus lágrimas y salió flotando en ellas la muñeca...
-¿Y qué dijo Elvirita a eso? ¿Qué dijo? Que no me acuerdo...
-Sí, sí te acuerdas, madre ...
-Bueno, ¿pues qué dijo?
-Dijo que la niña se quedaría seca y muerta de haber llorado tanto...
-¿Y yo qué dije?
-Por Dios, madre...
-Bueno, no lo digas, pero no llores así, palomita, no llores así..., que por mucho que llores no se llenará con tus lágrimas el pozo en que voy cayendo y no saldré flotando...
-Si pudiera ser...
-¡Ah, sí! Si pudiera ser yo saldría a cogerte y llevarte conmigo... Pero hay que esperar la hora. Y cuida de tus hermanos. Te los entrego a ti, ¿sabes?, a ti. Haz que no se den cuenta de que me he muerto.
-Haré todo lo que pueda...
-Y yo te ayudaré desde arriba. Que no se enteren de que me he muerto...
-Te rezaré, madre...
-A la Virgen, hija, a la Virgen...
-Te rezaré, madre, todas las noches antes de acostarme...
-Bueno, no llores así...
-Pero si no lloro, ¿no ves que no lloro?
-Para lavar los ojos cuando han visto cosas feas no está mal, pero tú no has visto cosas feas, no puedes verlas...
-Y si es caso, cerrando los ojos...
-No, no, así se ven cosas más feas. Y pide por tu padre, por tu madre, por mí... No olvides a tu madre...
-Si no la olvido...
-Como no la conociste...
-¡Sí, la conozco!
-Pero a la otra, digo, a la que te trajo al mundo.
-¡Sí, gracias a ti la conozco; a aquélla!
-¡Pobrecilla! Ella. no había conocido a la suya...
-¡Su madre fuiste tú, lo sé bien!
-Bueno, pero no llores...
-¡Si no lloro! -y se enjugaba los ojos con el dorso de la mano izquierda mientras con la otra temblorosa, sostenía el vaso de la medicina.
-Bueno, y ahora trae a la muñeca, que quiero verla. ¡Ah! ¡Y allí en un rincón de aquella arquita mía que tú sabes..., ahí está la llave..., sí, ésa, ésa...! Allí donde nadie ha tocado más que yo, y tú alguna vez; allí, junto a aquellos retratos, ¿sabes?, hay otra mueca..., la mía..., la que yo tenía siendo niña..., mi primer cariño..., ¿el primero?... ¡Bueno! Tráemela también... Pero que no se entere ninguna de ésas, no digan que son tonterías nuestras, porque las tontas somos nosotras... Tráeme las dos muecas, que me despida de ellas, y luego nos pondremos serias para despedirnos de los otros... Vete, que me viene un mal pensamiento y se santiguó. El mal pensamiento era que el susurro diabólico allá, en el fondo de las entrañas doloridas con el dolor de la partida, le decía: «¡Muñecos todos!».
La Tía Tula 1921 Miguel de Unamuno
“¡Muñecos todos!”
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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La tía Tula no podía ya más con su cuerpo. El alma le revoloteaba dentro de él, como un pájaro en una jaula que se desvencija, a la que deja con el dolor de quien le desollaran, pero ansiando volar por encima de las nubes. No llegaría a ver al nieto. ¿Lo sentía? «Allá arriba, estando con ellos -soñaba- sabré cómo es, y si es niño o niña..., o los dos..., y lo sabré mejor que aquí, pues desde allí arriba se ve mejor y más limpio lo de aquí abajo.»
La última fiebre teníala postrada en cama. Apenas si distinguía a sus sobrinos más que por el paso, sobre todo a Caridad y a Manolita. El paso de aquélla, de Caridad, llegábale como el de una criatura cargada de fruto y hasta le parecía oler a sazón de madurez. Y el de Manolita era tan leve como el de un pajarito que no se sabe si corre o vuela a ras de tierra. «Cuando ella entra -se decía la tía- siento rumor de alas caídas y quietas.»
Quiso despedirse primero de ésta, a solas, y aprovechó un momento en que vino a traerle la medicina. Sacó el brazo de la cama, lo alargó como para bendecirla, y poniéndole la mano sobre la cabeza, que ella inclinó con los claros ojos empañados, le dijo:
-¿Qué, palomita sin hiel, quieres todavía morirte...? ¡La verdad!
-Si con ello consiguiera...
-Que yo no me muera, ¿eh? No, no debes querer morirte... , tienes a tu hermano, a tus hermanos... Estuviste cerca de ello, pero me parece que la prueba te curó de esas cosas... ¿No es así? Dímelo como en confesión, que
voy a contárselo a los nuestros...
-Sí, ya no se me ocurren aquellas tonterías...
-¿Tonterías? No, no eran tonterías. ¡Ah!, y ahora que dices eso de tonterías, tráeme tu muñeca, porque la guardas, ¿no es así? Sí, sé que la guardas... Tráeme aquella muñeca, ¿sabes? Quiero despedirme de ella también y que se despida de mí... ¿Te acuerdas? Vamos, ¿a que no te acuerdas?
-Sí, madre, me acuerdo.
-¿De qué te acuerdas?
-De cuando se me cayó en aquel patín de la huerta y Elvira me llamaba tonta porque lloraba tanto y me decía que de nada sirve llorar...
-Eso..., eso... ¿y qué más? ¿Te acuerdas de más?
-Sí, del cuento que nos contaste entonces...
-¿A ver, qué cuento?
-De la niña que se le cayó la muñeca en un pozo seco adonde no podía bajar a sacarla y se puso a llorar, a .llorar, a llorar, y lloró tanto que se llenó el pozo con sus lágrimas y salió flotando en ellas la muñeca...
-¿Y qué dijo Elvirita a eso? ¿Qué dijo? Que no me acuerdo...
-Sí, sí te acuerdas, madre ...
-Bueno, ¿pues qué dijo?
-Dijo que la niña se quedaría seca y muerta de haber llorado tanto...
-¿Y yo qué dije?
-Por Dios, madre...
-Bueno, no lo digas, pero no llores así, palomita, no llores así..., que por mucho que llores no se llenará con tus lágrimas el pozo en que voy cayendo y no saldré flotando...
-Si pudiera ser...
-¡Ah, sí! Si pudiera ser yo saldría a cogerte y llevarte conmigo... Pero hay que esperar la hora. Y cuida de tus hermanos. Te los entrego a ti, ¿sabes?, a ti. Haz que no se den cuenta de que me he muerto.
-Haré todo lo que pueda...
-Y yo te ayudaré desde arriba. Que no se enteren de que me he muerto...
-Te rezaré, madre...
-A la Virgen, hija, a la Virgen...
-Te rezaré, madre, todas las noches antes de acostarme...
-Bueno, no llores así...
-Pero si no lloro, ¿no ves que no lloro?
-Para lavar los ojos cuando han visto cosas feas no está mal, pero tú no has visto cosas feas, no puedes verlas...
-Y si es caso, cerrando los ojos...
-No, no, así se ven cosas más feas. Y pide por tu padre, por tu madre, por mí... No olvides a tu madre...
-Si no la olvido...
-Como no la conociste...
-¡Sí, la conozco!
-Pero a la otra, digo, a la que te trajo al mundo.
-¡Sí, gracias a ti la conozco; a aquélla!
-¡Pobrecilla! Ella. no había conocido a la suya...
-¡Su madre fuiste tú, lo sé bien!
-Bueno, pero no llores...
-¡Si no lloro! -y se enjugaba los ojos con el dorso de la mano izquierda mientras con la otra temblorosa, sostenía el vaso de la medicina.
-Bueno, y ahora trae a la muñeca, que quiero verla. ¡Ah! ¡Y allí en un rincón de aquella arquita mía que tú sabes..., ahí está la llave..., sí, ésa, ésa...! Allí donde nadie ha tocado más que yo, y tú alguna vez; allí, junto a aquellos retratos, ¿sabes?, hay otra mueca..., la mía..., la que yo tenía siendo niña..., mi primer cariño..., ¿el primero?... ¡Bueno! Tráemela también... Pero que no se entere ninguna de ésas, no digan que son tonterías nuestras, porque las tontas somos nosotras... Tráeme las dos muecas, que me despida de ellas, y luego nos pondremos serias para despedirnos de los otros... Vete, que me viene un mal pensamiento y se santiguó. El mal pensamiento era que el susurro diabólico allá, en el fondo de las entrañas doloridas con el dolor de la partida, le decía: «¡Muñecos todos!».
La Tía Tula 1921 Miguel de Unamuno
“se negaba a usar los términos "benevolencia", "solicitar", "gratitud", porque no los estimaba compatibles con su dignidad personal”
LA CAJA DE LETRAS existencialismo
“se negaba a usar los términos "benevolencia", "solicitar", "gratitud", porque no los estimaba compatibles con su dignidad personal”
a_oskareleselection
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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A primera vista, en efecto, Joseph Grand no era más que el pequeño empleado de Ayuntamiento que su aspecto delataba.
(…)
Hasta para un espíritu poco advertido tenía el aire de haber sido puesto en el mundo para ejercer las funciones discretas pero indispensables del auxiliar municipal, temporario, con sesenta y dos francos treinta céntimos al día.
(…)
Hacía muchos años que este estado de cosas provisorio duraba, la vida había aumentado en proporciones desmesuradas y el sueldo de Grand, a pesar de algunos aumentos generales, era todavía irrisorio. Se había quejado a Rieux alguna vez pero nadie se daba por aludido. Y aquí estriba la originalidad de Grand o por lo menos uno de sus rasgos. Hubiera podido hacer valer, si no sus derechos, de los cuales no estaba muy cierto, por lo menos las seguridades que le habían dado. Pero, primeramente, el jefe del negociado que le había dado el empleo había muerto hacía tiempo y él había permanecido allí sin recordar los términos exactos de la promesa que le había sido hecha. En fin, y sobre todo, Joseph Grand no encontraba las palabras adecuadas.
Esta particularidad era lo que retrataba mejor a nuestro conciudadano, como Rieux pudo observar. Esta particularidad era en efecto la que le impedía escribir la carta de reclamaciones que estaba siempre meditando o hacer la gestión que las circunstancias exigían. Según él, sentía un particular impedimento al emplear la palabra "derecho", sobre la cual no estaba muy seguro, y la palabra "promesa", que parecía significar que él reclamaba lo que se le debía y en consecuencia revestiría un carácter de atrevimiento poco compatible con la modestia de las funciones que desempeñaba. Por otra parte se negaba a usar los términos "benevolencia", "solicitar", "gratitud", porque no los estimaba compatibles con su dignidad personal. Así, pues, por no encontrar la palabra justa nuestro conciudadano había continuado ejerciendo sus oscuras funciones hasta una edad bastante avanzada. Por lo demás, siempre, según decía al doctor Rieux, con la práctica se había dado cuenta de que su vida material estaba asegurada, puesto que no tenía más que adaptar sus necesidades a sus recursos. En vista de esto reconocía la justeza de una de las frases favoritas del alcalde, poderoso industrial de nuestra ciudad, el cual afirmaba con energía que, en fin de cuentas (insistiendo en esta palabra que era la de más peso en todo el discurso), nunca se había visto a nadie morir de hambre. La vida casi ascética que llevaba Joseph Grand le había, en efecto, liberado de toda preocupación de este orden. Así, pues, seguía buscando sus palabras.
En cierto sentido se puede decir que su vida era ejemplar.
Era uno de esos hombres, tan escasos en nuestra ciudad como en cualquier otra, a los que no les falta nunca el valor para tener buenos sentimientos.
ALBERT CAMUS. La peste.
“se negaba a usar los términos "benevolencia", "solicitar", "gratitud", porque no los estimaba compatibles con su dignidad personal”
a_oskareleselection
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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A primera vista, en efecto, Joseph Grand no era más que el pequeño empleado de Ayuntamiento que su aspecto delataba.
(…)
Hasta para un espíritu poco advertido tenía el aire de haber sido puesto en el mundo para ejercer las funciones discretas pero indispensables del auxiliar municipal, temporario, con sesenta y dos francos treinta céntimos al día.
(…)
Hacía muchos años que este estado de cosas provisorio duraba, la vida había aumentado en proporciones desmesuradas y el sueldo de Grand, a pesar de algunos aumentos generales, era todavía irrisorio. Se había quejado a Rieux alguna vez pero nadie se daba por aludido. Y aquí estriba la originalidad de Grand o por lo menos uno de sus rasgos. Hubiera podido hacer valer, si no sus derechos, de los cuales no estaba muy cierto, por lo menos las seguridades que le habían dado. Pero, primeramente, el jefe del negociado que le había dado el empleo había muerto hacía tiempo y él había permanecido allí sin recordar los términos exactos de la promesa que le había sido hecha. En fin, y sobre todo, Joseph Grand no encontraba las palabras adecuadas.
Esta particularidad era lo que retrataba mejor a nuestro conciudadano, como Rieux pudo observar. Esta particularidad era en efecto la que le impedía escribir la carta de reclamaciones que estaba siempre meditando o hacer la gestión que las circunstancias exigían. Según él, sentía un particular impedimento al emplear la palabra "derecho", sobre la cual no estaba muy seguro, y la palabra "promesa", que parecía significar que él reclamaba lo que se le debía y en consecuencia revestiría un carácter de atrevimiento poco compatible con la modestia de las funciones que desempeñaba. Por otra parte se negaba a usar los términos "benevolencia", "solicitar", "gratitud", porque no los estimaba compatibles con su dignidad personal. Así, pues, por no encontrar la palabra justa nuestro conciudadano había continuado ejerciendo sus oscuras funciones hasta una edad bastante avanzada. Por lo demás, siempre, según decía al doctor Rieux, con la práctica se había dado cuenta de que su vida material estaba asegurada, puesto que no tenía más que adaptar sus necesidades a sus recursos. En vista de esto reconocía la justeza de una de las frases favoritas del alcalde, poderoso industrial de nuestra ciudad, el cual afirmaba con energía que, en fin de cuentas (insistiendo en esta palabra que era la de más peso en todo el discurso), nunca se había visto a nadie morir de hambre. La vida casi ascética que llevaba Joseph Grand le había, en efecto, liberado de toda preocupación de este orden. Así, pues, seguía buscando sus palabras.
En cierto sentido se puede decir que su vida era ejemplar.
Era uno de esos hombres, tan escasos en nuestra ciudad como en cualquier otra, a los que no les falta nunca el valor para tener buenos sentimientos.
ALBERT CAMUS. La peste.
LA CAJA DE LETRAS existencialismo “está bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente”
LA CAJA DE LETRAS existencialismo“está bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente”
a_oskareleselection
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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… Aquellos días terribles del vacío interior y de la desesperanza, en los cuales, en medio de la tierra destruida y esquilmada por las sociedades anónimas, nos salen al paso, con sus muecas como un vomitivo, la humanidad y la llamada cultura con su fementido brillo de feria, ordinario y de hojalata, concentrado todo y llevado al colmo de lo insoportable dentro del propio yo enfermo; el que haya gustado aquellos días infernales, ése ha de estar muy contento con estos días normales y mediocres como el de hoy; lleno de agradecimiento se sentará junto a la amable chimenea y con agradecimiento comprobará, al leer el periódico de la mañana, que no se ha declarado ninguna nueva guerra ni se ha erigido en ninguna parte ninguna nueva dictadura, ni se ha descubierto en política ni en el mundo de los negocios ningún chanchullo de importancia especial; con agradecimiento habrá de templar las cuerdas de su lira enmohecida para entonar un salmo de gratitud mesurado, regularmente alegre y casi placentero, con el que aburrir a su callado y tranquilo dios contentadizo y mediocre, como anestesiado con un poco de bromuro; y en el ambiente de tibia pesadez de este aburrimiento medio satisfecho, de esta carencia de dolor tan de agradecer, se parecen los dos como hermanos gemelos, el monótono y adormilado dios de la mediocridad y el hombre mediocre algo encanecido que entona el salmo amortiguado.
Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.
En tal disposición de ánimo terminaba yo, al oscurecer, aquel día adocenado y llevadero. No lo terminaba de la manera normal y conveniente para un hombre algo enfermo, entregándome a la cama preparada y provista de una botella de agua caliente a modo de imán; sino que insatisfecho y asqueado por mi poquito de trabajo y descorazonado, me calcé los zapatos, me embutí en el abrigo, dirigiéndome a la calle rodeado de niebla y oscuridad, para beber en la hostería del Casco de Acero lo que los hombres que beben llaman «un vaso de vino«, según un convencionalismo antiguo.
HERMAN HESSE. El lobo estepario.
LA CAJA DE LETRAS existencialismo “Un hombre así no comete crímenes”
LA CAJA DE LETRAS existencialismo“Un hombre así no comete crímenes”
a_oskareleselection
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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No puedo imaginar una tortura mayor que la congoja de una inteligencia intrigante que de repente pierde su hilo conductor y que, cuando su conciencia despierta y trata de salir del laberinto, vuelve contra sí mismo toda su penetración cerebral. Le resultan inútiles todas las salidas de su cueva de zorro: cuando cree alcanzar la luz del día, se da cuenta de que se halla delante de una nueva entrada y, como una fiera despavorida, en la desgarradora desesperación que le acomete, trata de nuevo de salir, pero de nuevo sólo encuentra entradas que lo conducen de nuevo a sí mismo.
Un hombre así no comete crímenes, porque a menudo le engaña su propia superchería, pero recibe un castigo mucho más terrible que un verdadero delincuente; pues, en realidad, ¿qué es el dolor de la expiación si se compara con esta consecuente locura?
El castigo, para él, tendrá un carácter puramente estético: un despertar resulta demasiado ético, según su modo de pensar. Ira conciencia se le aparece tan sólo bajo la forma de un conocimiento más elevado, que se expresa como una inquietud; y ni siquiera puede decirse que le acuse con toda propiedad, sino que le mantiene despierto y, al inquietarle, le priva de todo reposo. No puede admitirse que sea un demente: la diversidad de sus pensamientos no está fosilizada en la eternidad de la locura.
(…)
Luego viene el arrepentimiento, pero ni siquiera en esto encuentra la paz, pues en ese instante precisamente, otra voz en su conciencia le dice que ella no ha tenido culpa alguna: fue él mismo quien le puso con gran astucia ese propósito en el alma.
De este modo nace el odio y su corazón se aligera al maldecir, pero no recobra la paz, ya que la conciencia le dirige nuevos reproches; se increpa a sí misma por odiarle y se censura por haber sido culpable, incluso engañada.
Al engañarla, él cometió una falta muy grave, pero peor aún fue el desarrollarla estéticamente de modo que ella no puede prestar oído a una sola voz con sumisión por mucho tiempo y, en cambio, sí puede escuchar más y más reclamos.
Cuando en su alma se despiertan los recuerdos, ella olvida pecado y culpa, para evocar sólo los instantes de felicidad, dejándose embriagar por una exaltación que nada tiene de particular.
SOREN KIERKEGAARD. Diario de un seductor.
LA CAJA DE LETRAS existencialismo «¿Qué me ha ocurrido?»
LA CAJA DE LETRAS existencialismo
«¿Qué me ha ocurrido?»
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo.
Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos. «¿Qué me ha ocurrido?», pensó. No era un sueño. Su habitación, una auténtica habitación humana, si bien algo pequeña, permanecía tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas.
Por encima de la mesa, sobre la que se encontraba extendido un muestrario de paños desempaquetados – Samsa era viajante de comercio –, estaba colgado aquel cuadro, que hacía poco había recortado de una revista y había colocado en un bonito marco dorado.
Representaba a una dama ataviada con un sombrero y una boa” de piel, que estaba allí, sentada muy erguida y levantaba hacia el observador un pesado manguito de piel, en el cual había desaparecido su antebrazo.
La mirada de Gregor se dirigió después hacia la ventana, y el tiempo lluvioso se oían caer gotas de lluvia sobre la chapa del alfeizar de la ventana – le ponía muy melancólico.
«¿Qué pasaría – pensó – si durmiese un poco más y olvidase todas las chifladuras?» Pero esto era algo absolutamente imposible, porque estaba acostumbrado a dormir del lado derecho, pero en su estado actual no podía ponerse de ese lado.
Aunque se lanzase con mu cha fuerza hacia el lado derecho, una y otra vez se volvía a ba lancear sobre la espalda.
Lo intentó cien veces, cerraba los ojos para no tener que ver las patas que pataleaban, y sólo cejaba en su empeño cuando comenzaba a notar en el costado un dolor leve y sordo que antes nunca había sentido.
«iDios mío!», pensó.
FRANZ KAFKA. La metamorfosis.
«¿Qué me ha ocurrido?»
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo.
Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos. «¿Qué me ha ocurrido?», pensó. No era un sueño. Su habitación, una auténtica habitación humana, si bien algo pequeña, permanecía tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas.
Por encima de la mesa, sobre la que se encontraba extendido un muestrario de paños desempaquetados – Samsa era viajante de comercio –, estaba colgado aquel cuadro, que hacía poco había recortado de una revista y había colocado en un bonito marco dorado.
Representaba a una dama ataviada con un sombrero y una boa” de piel, que estaba allí, sentada muy erguida y levantaba hacia el observador un pesado manguito de piel, en el cual había desaparecido su antebrazo.
La mirada de Gregor se dirigió después hacia la ventana, y el tiempo lluvioso se oían caer gotas de lluvia sobre la chapa del alfeizar de la ventana – le ponía muy melancólico.
«¿Qué pasaría – pensó – si durmiese un poco más y olvidase todas las chifladuras?» Pero esto era algo absolutamente imposible, porque estaba acostumbrado a dormir del lado derecho, pero en su estado actual no podía ponerse de ese lado.
Aunque se lanzase con mu cha fuerza hacia el lado derecho, una y otra vez se volvía a ba lancear sobre la espalda.
Lo intentó cien veces, cerraba los ojos para no tener que ver las patas que pataleaban, y sólo cejaba en su empeño cuando comenzaba a notar en el costado un dolor leve y sordo que antes nunca había sentido.
«iDios mío!», pensó.
FRANZ KAFKA. La metamorfosis.
LA CAJA DE LETRAS existencialismo “Mi cuerpo de carne que vive”
LA CAJA DE LETRAS existencialismo“Mi cuerpo de carne que vive”
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Las casas. Camino entre las casas, estoy entre las casas, muy derecho en el pavimento; el pavimento existe bajo mis pies, las casas vuelven a cerrarse sobre mí, como el agua se cierra sobre mí, sobre el papel arrugado, soy. Soy, existo, pienso luego soy; soy porque pienso, ¿por qué pienso? No quiero pensar más, soy porque pienso que no quiero ser, pienso que... porque... ¡puf!
(…)
Mi cuerpo de carne que vive, la carne que bulle y dulcemente revuelve licores, que revuelve crema, la carne que da vueltas, vueltas, vueltas, el agua dulce y azucarada de mi carne, la sangre de mi mano, me duele mi carne magullada que da vueltas, camino, camino, huyo, soy un innoble individuo de carne magullada, magullada de existencia entre estas paredes. Tengo frío, doy un paso, tengo frío, un paso, doblo a la izquierda, doblo a la izquierda, él piensa que dobla a la izquierda, loco, ¿estoy loco? Dice que tiene miedo de estar loco, la existencia, ¿ves, pequeño, en la existencia?, se detiene, el cuerpo se detiene, piensa que se detiene, ¿de dónde viene? Qué hace. Prosigue, tiene miedo, mucho miedo, innoble individuo, el deseo como bruma, el deseo, el asco, dice que está asqueado de existir, ¿está asqueado? fatigado de estar asqueado de existir. Corre. ¿Qué espera? ¿Corre para escapar, para arrojarse en el dique? Corre, el corazón, el corazón que late es una fiesta, el corazón existe, las piernas existen, el aliento existe, existen corriendo, alentando, latiendo blanda, suavemente; él se sofoca, me sofoco, dice que se sofoca; la existencia toma mis pensamientos por detrás y dulcemente los abre por detrás; me atrapan por detrás, me obligan por detrás a pensar, luego a ser algo, detrás de mí alguien que alienta en ligeras burbujas de existencia, él es burbuja de bruma de deseo, está pálido en el espejo como un muerto.
(…)
No puedo decir que me sienta aligerado ni contento; al contrario, eso me aplasta. Sólo que alcancé mi objetivo: sé lo que quería saber; he comprendido todo lo que me sucedió desde el mes de enero. La Náusea no me ha abandonado y no creo que me abandone tan pronto; pero ya no la soporto, ya no es una enfermedad ni un acceso pasajero: soy yo.
JEAN PAUL SARTRE. La nausea.
LA CAJA DE LETRAS distopias “el blanco rumor de su rostro volviéndose”
“el blanco rumor de su rostro volviéndose”
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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ÉL
Constituia un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latia en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías de fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la Historia. Con su casco simbolico en que aparecia grabado el numero 451 bien plantado sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendio el deflagrador y la casa quedo rodeaada por un fuego devorador que inflamo el cielo del atardecer con colores rojos, amarillos y negros. El hombre avanzo antre un enjambre de luciérnagas. Quería, por encima de todo, como en el antiguo juego, empujar a un malvadisco hacia la hoguera, en tanto que los libros semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y en el jardín de casa; en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía.
…
Luego, al irse a dormir, sentiría la fiera sonrisa retenida aún en al oscuridad por sus musculos faciales. Esa sonrisa nunca desaparecería, nunca había desaparecido hasta donde podía el recordar.
ELLA
Las hojas otoñales se arrastraban sobre le pavimento iluminado por el claro de luna. Y hacían que la muchacha pareciese estar andando sin desplazarse, dejando que el impulso del viento y de las hojas la empujara hacia delante. Su cabeza estaba medio inclinada para observar como sus zapatos removían las hojas arremolinadas. Su rostro era delgado y blanco como la leche, y reflejando una especie de suave ansiedad que resblaba por encima de todo con insaciable curiosidad. Era una mirada, casi, de palida sorpresa; los ojos oscuros estaban tan fijos en el mundo que ningún movimiento se les escapaba. El vestido de la joven era blanco, y susurraba. A Montag casi le pareció oir el movimiento de las manos de ella al andary, luego, el sonido infinitamente pequeño, el blanco rumor de su rostro volviéndose…
…
…
-Claro está -dijo- usted es la nueva vecina, ¿verdad?
-Y usted debe ser -ella aparto la mirada- el bombero.
Fahrenheit 451 - 1967 Ray Bradbury
Traducción Alfredo Crespo

LA CAJA DE LETRAS utopía/distopía “Todo descubrimiento de las ciencias puras es potencialmente subversivo”
LA CAJA DE LETRAS utopía/distopía
“Todo descubrimiento de las ciencias puras es potencialmente subversivo”
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Los hicieron entrar en el despacho del Interventor.
-Su Fordería bajará en seguida -dijo el mayordomo Gamma.
(…)
Mustafá Mond estrechó la mano a los tres hombres; pero se dirigió al Salvaje:
-De modo que nuestra civilización no le gusta mucho, Mr. Salvaje -dijo.
El Salvaje lo miró. Previamente, había tomado la decisión de mentir, de bravuconear o de guardar un silencio obstinado. Pero, tranquilizado por la expresión comprensiva y de buen humor del Interventor, decidió decir la verdad, honradamente:
-No.
(…)
-Pero, ¿por qué está prohibido? -preguntó el Salvaje.
En la excitación que le producía el hecho de conocer a un hombre que había leído a Shakespeare, había olvidado momentáneamente todo lo demás.
El Interventor se encogió de hombros.
-Porque es antiguo; ésta es la razón principal. Aquí las cosas antiguas no nos son útiles.
(…)
-Porque nuestro mundo no es el mundo de Otelo. No se pueden fabricar coches sin acero; y no se pueden crear tragedias sin inestabilidad social. Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea, y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto; está a salvo; nunca está enferma; no teme la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas, ni hijos, ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma. El soma que usted arroja por la ventana en nombre de la libertad, Mr. Salvaje. ¡La libertad! -El Interventor soltó una carcajada-. ¡Suponer que los Deltas pueden saber lo que es la libertad! ¡Y que puedan entender Otelo! Pero, ¡muchacho!
(…)
-A mí todo esto me parece horrendo.
-Claro que lo es. La felicidad real siempre aparece escuálida por comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha. Y, naturalmente, la estabilidad no es, ni con mucho, tan espectacular como la inestabilidad. Y estar satisfecho de todo no posee el hechizo de una buena lucha contra la desventura, ni el pintoresquismo del combate contra la tentación o contra una pasón fatal o una duda. La felicidad nunca tiene grandeza.
(…)
-La población óptima -dijo Mustafá Monds- es la que se parece a los icebergs: ocho novenas partes por debajo de la línea de flotación, y una novena parte por encima.
-¿Y son felices los que se encuentran por debajo de la línea de flotación?
-Más felices que los que se encuentran por encima de ella. Más felices que sus dos amigos, por ejemplo.
Y señalo a Helmholtz y a Bernard.
-¿A pesar de su horrible trabajo?
-¿Horrible? A ellos no se lo parece. Al contrario, les gusta. Es ligero, sencillo, infantil. Siete horas y media de trabajo suave, que no agota, y después la ración de soma, los juegos, la copulación sin restricciones y el sensorama. ¿Qué más pueden pedir? Sí, ciertamente -agregó-, pueden pedir menos horas de trabajo. Y, desde luego, podríamos concedérselo. Técnicamente, sería muy fácil reducir la jornada de los trabajadores de castas inferiores a tres o cuatro horas. Pero ¿serían más felices así? No, no lo serían. El experimento se llevó a cabo hace más de siglo y medio. En toda Irlanda se implantó la jornada de cuatro horas. ¿Cuál fue el resultado? Inquietud y un gran aumento en el consumo de soma; nada más. Aquellas tres horas y media extras de ocio no resultaron, ni mucho menos, una fuente de felicidad; la gente se sentía inducida a tomarse vacaciones para librarse de ellas. La Oficina de Inventos - está atestada de planes para implantar métodos de reducción y ahorro de trabajo. Miles de ellos. -Mustafá hizo un amplio ademán-. ¿Por qué no los ponemos en obra? Por el bien de los trabajadores; sería una crueldad atormentarles con más horas de asueto. Lo mismo ocurre con la agricultura. Si quisiéramos, podríamos producir sintéticamente todos los comestibles. Pero no queremos. Preferimos mantener a un tercio de la población a base de lo que producen los campos. Por su propio bien, porque ocupa más tiempo extraer productos comestibles del campo que de una fábrica. Además, debemos pensar en nuestra estabilidad. No deseamos cambios. Todo cambio constituye una amenaza para la estabilidad. Ésta es otra razón por la cual somos tan remisos en aplicar nuevos inventos. Todo descubrimiento de las ciencias puras es potencialmente subversivo; incluso hasta a la ciencia debemos tratar a veces como un enemigo. Sí, hasta a la ciencia.
Aldous Huxley. Un mundo feliz.
“Todo descubrimiento de las ciencias puras es potencialmente subversivo”
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Los hicieron entrar en el despacho del Interventor.
-Su Fordería bajará en seguida -dijo el mayordomo Gamma.
(…)
Mustafá Mond estrechó la mano a los tres hombres; pero se dirigió al Salvaje:
-De modo que nuestra civilización no le gusta mucho, Mr. Salvaje -dijo.
El Salvaje lo miró. Previamente, había tomado la decisión de mentir, de bravuconear o de guardar un silencio obstinado. Pero, tranquilizado por la expresión comprensiva y de buen humor del Interventor, decidió decir la verdad, honradamente:
-No.
(…)
-Pero, ¿por qué está prohibido? -preguntó el Salvaje.
En la excitación que le producía el hecho de conocer a un hombre que había leído a Shakespeare, había olvidado momentáneamente todo lo demás.
El Interventor se encogió de hombros.
-Porque es antiguo; ésta es la razón principal. Aquí las cosas antiguas no nos son útiles.
(…)
-Porque nuestro mundo no es el mundo de Otelo. No se pueden fabricar coches sin acero; y no se pueden crear tragedias sin inestabilidad social. Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea, y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto; está a salvo; nunca está enferma; no teme la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas, ni hijos, ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma. El soma que usted arroja por la ventana en nombre de la libertad, Mr. Salvaje. ¡La libertad! -El Interventor soltó una carcajada-. ¡Suponer que los Deltas pueden saber lo que es la libertad! ¡Y que puedan entender Otelo! Pero, ¡muchacho!
(…)
-A mí todo esto me parece horrendo.
-Claro que lo es. La felicidad real siempre aparece escuálida por comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha. Y, naturalmente, la estabilidad no es, ni con mucho, tan espectacular como la inestabilidad. Y estar satisfecho de todo no posee el hechizo de una buena lucha contra la desventura, ni el pintoresquismo del combate contra la tentación o contra una pasón fatal o una duda. La felicidad nunca tiene grandeza.
(…)
-La población óptima -dijo Mustafá Monds- es la que se parece a los icebergs: ocho novenas partes por debajo de la línea de flotación, y una novena parte por encima.
-¿Y son felices los que se encuentran por debajo de la línea de flotación?
-Más felices que los que se encuentran por encima de ella. Más felices que sus dos amigos, por ejemplo.
Y señalo a Helmholtz y a Bernard.
-¿A pesar de su horrible trabajo?
-¿Horrible? A ellos no se lo parece. Al contrario, les gusta. Es ligero, sencillo, infantil. Siete horas y media de trabajo suave, que no agota, y después la ración de soma, los juegos, la copulación sin restricciones y el sensorama. ¿Qué más pueden pedir? Sí, ciertamente -agregó-, pueden pedir menos horas de trabajo. Y, desde luego, podríamos concedérselo. Técnicamente, sería muy fácil reducir la jornada de los trabajadores de castas inferiores a tres o cuatro horas. Pero ¿serían más felices así? No, no lo serían. El experimento se llevó a cabo hace más de siglo y medio. En toda Irlanda se implantó la jornada de cuatro horas. ¿Cuál fue el resultado? Inquietud y un gran aumento en el consumo de soma; nada más. Aquellas tres horas y media extras de ocio no resultaron, ni mucho menos, una fuente de felicidad; la gente se sentía inducida a tomarse vacaciones para librarse de ellas. La Oficina de Inventos - está atestada de planes para implantar métodos de reducción y ahorro de trabajo. Miles de ellos. -Mustafá hizo un amplio ademán-. ¿Por qué no los ponemos en obra? Por el bien de los trabajadores; sería una crueldad atormentarles con más horas de asueto. Lo mismo ocurre con la agricultura. Si quisiéramos, podríamos producir sintéticamente todos los comestibles. Pero no queremos. Preferimos mantener a un tercio de la población a base de lo que producen los campos. Por su propio bien, porque ocupa más tiempo extraer productos comestibles del campo que de una fábrica. Además, debemos pensar en nuestra estabilidad. No deseamos cambios. Todo cambio constituye una amenaza para la estabilidad. Ésta es otra razón por la cual somos tan remisos en aplicar nuevos inventos. Todo descubrimiento de las ciencias puras es potencialmente subversivo; incluso hasta a la ciencia debemos tratar a veces como un enemigo. Sí, hasta a la ciencia.
Aldous Huxley. Un mundo feliz.
LA CAJA DE LETRAS utopía/distopía “figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente”

LA CAJA DE LETRAS utopía/distopía
“figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente”
a_oskareleselection
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazo ______________________________________
- Vamos a ver, Winston, ¿Cómo afirma un hombre su poder sobre otro?
Winston pensó un poco y respondió:
- Haciéndole sufrir.
- Exactamente. Haciéndole sufrir. No basta con la obediencia. Si no sufre ¿Cómo vas a estar seguro de que obedece tu voluntad y no la suya propia? El poder radica en infligir dolor y humillación. El poder está en la facultad de hacer pedazos los espíritus y volverlos a construir dándoles nuevas formas elegidas por ti. ¿Empiezas a ver qué clase de mundo estamos creando? Es lo contrario, exactamente lo contrario, de esas estúpidas utopías hedonistas que imaginaron los antiguos reformadores. Un mundo de miedo, de ración, de tormento, un mundo para pisotear y ser pisoteado, un mundo que se hará día a día más despiadado. El progreso de nuestro mundo será la consecución de más dolor. Las antiguas civilizaciones sostenían basarse en el amor o en la justicia. La nuestra se funda en el odio. En nuestro mundo no habrá más emociones que el miedo, la rabia, el triunfo y el autorebajamiento. Todo lo demás lo destruiremos, todo. Ya estamos suprimiendo los hábitos mentales que han sobrevivido de antes de la Revolución. Hemos cortado los vínculos que unían al hijo con el padre, un hombre con otro y al hombre con la mujer. Nadie se fía ya de su esposa, de su hijo ni de un amigo. Pero en el futuro no habrá ya esposas ni amigos. Los niños se les quitarán a las madres al nacer, como se les quitan los huevos a la gallina cuando los pone. El instinto sexual será arrancado donde persista. La procreación consistirá en una formalidad anual como la renovación de la cartilla de racionamiento. Suprimiremos el orgasmo. Nuestros neurólogos trabajan en ello. No habrá lealtad; no existirá más fidelidad que la que se debe al Partido, ni más amor que el amor al Gran Hermano. No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota a un enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. No habrá ya distinción entre la belleza y la fealdad. Todos los placeres serán destruidos. Pero siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá el afán de poder, la sed de dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente.
1984. George Orwell (1948)
Traducción: Rafael Vazquez Zamora

LA CAJA DE LETRAS cienciaficción “…los neutrinos de Sanduleak lloviendo sobre la recreación del primer momento de la existencia.”
LA CAJA DE LETRAS cienciaficción
“…los neutrinos de Sanduleak lloviendo sobre la recreación del primer momento de la existencia.”
a_moserselection
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Un nuevo cuerpo, todo plata y oro, suave y brillante…
…
Vio…sí, había leído al respecto hacia incontables años, pero nunca hubiera pensado vivir para verlo; la Vía láctea, el remolino de estrellas que la humanidad llamaba hogar, chocaba contra Andrómeda, su vecina, de mayor tamaño; los dos remolinos se fundían y el gas interestelar brillaba cegador.
…
Sin duda, rozaba cada uno de esos tiempos tan solo un instante fugaz.
…
Le sorprendió que mantuviera su individualidad; había pensado que, si la humanidad lograba sobrevivir millones de años, sin duda lo haría como una conciencia enlazada y colectiva. Pero no había oído otras voces en su mente; por lo que había visto, seguía siendo una entidad única y diferenciada, aunque el frágil cuerpo físico que una vez lo había encapsulado hubiera dejado de existir hacía tiempo.
Había visto la esfera de Dyson rodeando el Sol, lo que significaba que la humanidad dominaría un día tecnologías fantásticas, pero seguía sin ver más inteligencia que la del hombre.
…
Y entonces llego como un destello el conocimiento. Lo que estaba significaba que no había más vida inteligente en ninguna otra parte; que no había vida en ninguno de los planetas de los doscientos mil millones de estrellas que componían la Via Láctea y Andromeda. Tampoco en ninguno de los planetas de cualquiera de las estrellas de los incontables miles de millones de galaxias que conformaban el universo.
…
En cuyo caso la humanidad estaría absoluta, abrumadora, despiadadamente sola en la vasta oscuridad del cosmos, como única chispa de conciencia que nunca jamás existiría.
…
Y seguía viajando, Lloyd, o aquello en lo que se había convertido, hacia el futuro…
…
Nunca existiría un punto Omega. Y nunca habría otro universo. Aquella era la única iteración de espacio y tiempo.
…
Pero él, fuera lo que fuese, seguía vivo de algún modo, aún pensante, aún sintiente.
Tenía que haber alguien más con quien compartir todo aquello.
Salvo que…
Salvo que aquel fuera el modo de sellar la inesperada grieta creada por los neutrinos de Sanduleak lloviendo sobre la recreación del primer momento de la existencia
Eliminar a toda vida extraña. Dejar un único observador cualificado, una forma omnisciente, observándolo… todo, decidiendo la realidad de las observaciones, cerrando un “ahora” constante, moviéndose inexorable de segundo a segundo.
Un dios…
…
…
Al fin acabo su viaje en el tiempo.
…
Y ahora, frente a él, se abría el futuro lejano.
…
El cielo era oscuro; las estrellas se habían separado tanto las unas de las otras que solo unas pocas eran visibles. El único alivio era que esas estrellas, ricas en metales forjados en las generaciones de soles que les habían precedido, brillaban con colores nunca vistos en el joven universo que Lloyd había conocido; había estrellas esmeralda, y purpura, y turquesas, como gemas en el firmamento de terciopelo.
Y ahora que había llegado a su destino…
…
Estaba en una superficie planetaria, una vasta llanura de polvo blanco que podría ser nieve, o roca pulverizada
…
No había edificaciones…
…
…vio otra figura, otra esencia humana encapsulada. Para su sorpresa, el rostro no era liso, no era un simple ovoide. Tenía rasgos intrincados, delicadamente tallados; y si el cuerpo de Lloyd parecía de metal liquido, el otro fluía de mármol verde, veteado, pulimentado, hermoso, una estatua encarnada.
No había nada masculino ni femenino en su forma, pero supo al instante de quien se trataba.
Flashforward 2001 Robert J. Sawyer
Traducción Carlos Lacasa Martín
“…los neutrinos de Sanduleak lloviendo sobre la recreación del primer momento de la existencia.”
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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Un nuevo cuerpo, todo plata y oro, suave y brillante…
…
Vio…sí, había leído al respecto hacia incontables años, pero nunca hubiera pensado vivir para verlo; la Vía láctea, el remolino de estrellas que la humanidad llamaba hogar, chocaba contra Andrómeda, su vecina, de mayor tamaño; los dos remolinos se fundían y el gas interestelar brillaba cegador.
…
Sin duda, rozaba cada uno de esos tiempos tan solo un instante fugaz.
…
Le sorprendió que mantuviera su individualidad; había pensado que, si la humanidad lograba sobrevivir millones de años, sin duda lo haría como una conciencia enlazada y colectiva. Pero no había oído otras voces en su mente; por lo que había visto, seguía siendo una entidad única y diferenciada, aunque el frágil cuerpo físico que una vez lo había encapsulado hubiera dejado de existir hacía tiempo.
Había visto la esfera de Dyson rodeando el Sol, lo que significaba que la humanidad dominaría un día tecnologías fantásticas, pero seguía sin ver más inteligencia que la del hombre.
…
Y entonces llego como un destello el conocimiento. Lo que estaba significaba que no había más vida inteligente en ninguna otra parte; que no había vida en ninguno de los planetas de los doscientos mil millones de estrellas que componían la Via Láctea y Andromeda. Tampoco en ninguno de los planetas de cualquiera de las estrellas de los incontables miles de millones de galaxias que conformaban el universo.
…
En cuyo caso la humanidad estaría absoluta, abrumadora, despiadadamente sola en la vasta oscuridad del cosmos, como única chispa de conciencia que nunca jamás existiría.
…
Y seguía viajando, Lloyd, o aquello en lo que se había convertido, hacia el futuro…
…
Nunca existiría un punto Omega. Y nunca habría otro universo. Aquella era la única iteración de espacio y tiempo.
…
Pero él, fuera lo que fuese, seguía vivo de algún modo, aún pensante, aún sintiente.
Tenía que haber alguien más con quien compartir todo aquello.
Salvo que…
Salvo que aquel fuera el modo de sellar la inesperada grieta creada por los neutrinos de Sanduleak lloviendo sobre la recreación del primer momento de la existencia
Eliminar a toda vida extraña. Dejar un único observador cualificado, una forma omnisciente, observándolo… todo, decidiendo la realidad de las observaciones, cerrando un “ahora” constante, moviéndose inexorable de segundo a segundo.
Un dios…
…
…
Al fin acabo su viaje en el tiempo.
…
Y ahora, frente a él, se abría el futuro lejano.
…
El cielo era oscuro; las estrellas se habían separado tanto las unas de las otras que solo unas pocas eran visibles. El único alivio era que esas estrellas, ricas en metales forjados en las generaciones de soles que les habían precedido, brillaban con colores nunca vistos en el joven universo que Lloyd había conocido; había estrellas esmeralda, y purpura, y turquesas, como gemas en el firmamento de terciopelo.
Y ahora que había llegado a su destino…
…
Estaba en una superficie planetaria, una vasta llanura de polvo blanco que podría ser nieve, o roca pulverizada
…
No había edificaciones…
…
…vio otra figura, otra esencia humana encapsulada. Para su sorpresa, el rostro no era liso, no era un simple ovoide. Tenía rasgos intrincados, delicadamente tallados; y si el cuerpo de Lloyd parecía de metal liquido, el otro fluía de mármol verde, veteado, pulimentado, hermoso, una estatua encarnada.
No había nada masculino ni femenino en su forma, pero supo al instante de quien se trataba.
Flashforward 2001 Robert J. Sawyer
Traducción Carlos Lacasa Martín
LA CAJA DE LETRAS cienciaficción “…una criatura abrió sus ojos y comenzó a llorar”


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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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No siendo ya de más utilidad, el mobiliario de la suite volvió a disolverse en la mente de su creador.
…
En su sueño, se agitó con desasosiego. No se despertó, ni soñó, pero no estaba ya totalmente inconsciente. Como la niebla serpeando a través de un bosque, algo invadía su mente. Lo sentía solo confusamente, pues el impacto cabal le habría destruido tan seguramente como los incendios que rugían al otro lado de esas paredes. Bajo aquel desapasionado escrutinio no sentía ni esperanza ni temor; toda emoción había sido aventada.
Le parecía hallarse flotando en el espacio libre, mientras en torno a él se extendía, en todas direcciones, un infinito enrejado geométrico de oscuras líneas de filamentos, a lo largo de los cuales se movían minúsculos nódulos de luz... algunos lentamente, y otros a vertiginosa velocidad.
…
Sabía -o creía saber- que estaba observando la operación de una gigantesca mente, contemplando el universo del cual él era apenas una ínfima parte. La visión, o ilusión, duró sólo un momento. Luego, los cristalinos planos y celosías, y las entrelazadas perspectivas de moviente luz, titilaron agónicas y dejaron de existir, al trasladarse a un reino de consciencia que hombre alguno había experimentado antes. Al principio, pareció como si el mismo tiempo corriera hacia atrás. Estaba dispuesto a aceptar hasta esta maravilla, antes de percatarse de la más sutil verdad.
Estaban siendo pulsados los muelles de la memoria; en recuerdo controlado, estaba reviviendo el pasado. Allí estaba la suite del hotel; allí la cápsula espacial; allí los ígneos paisajes estelares del rojo sol; allí el radiante núcleo de la galaxia; allí el portal a través del cual había emergido al Universo.
…otra vez a bordo de la “Descubrimiento”
… y los anillos de Saturno llenan el firmamento
…repitiendo su diálogo final con Hal
…escuchando la voz de la Tierra, asegurándole que todo iba bien.
… retrocediendo en los pasillos del tiempo, siéndole extraído conocimiento y experiencia a medida que iba de nuevo a su infancia.
…retrotrayéndose a los años olvidados y a un mundo más simple.
…rostros que una vez amara, y que había creído perdidos en el recuerdo, le sonreían dulcemente.
Ahora, por fin, estaba cesando la precipitada regresión; las fuentes de la memoria estaban casi secas. El tiempo fluía cada vez más perezosamente, aproximándose a un momento de éxtasis... como un ondulante péndulo, en el límite del arco, helado durante un instante eterno, antes de que comience en siguiente ciclo.
El intemporal instante pasó; el péndulo invirtió su oscilación. En una habitación vacía, flotando en medio de los incendios de una estrella doble a veinte mil años-luz de la Tierra, una criatura abrió sus ojos y comenzó a llorar.
2001 1968 Arthur C. Clarke
Traducción Antonio Ribera
LA CAJA DE LETRAS ciencia ficción “aquello era la muerte saltando de hombre a hombre”

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la caja de letras es un reducto,
un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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…el primero de los cuales enarbolaba una bandera blanca.
Eran la delegación. Se había celebrado una apresurada consulta y, puesto que los marcianos eran evidentemente , pese a sus formas repulsivas , criaturas inteligentes, se había decidido mostrarles, acercándonos a ellos con señales, que nosotros también eramos inteligentes.
…
De pronto hubo un destello de luz , y una cierta cantidad de luminoso humo de color verdoso broto del pozo en tres bocanadas distintas, que se elevaron, una tras otra, rectas en el tranquilo aire.
…
Al mismo tiempo se hizo audible un débil sonido siseante.
…
Luego, lentamente, el silbido se convirtió en un zumbido, en un largo y fuerte sonido resonante.
…
Tras lo cual destellos de autenticas llamas, un brillante resplandor …
…
Me detuve con los ojos clavados en la escena, sin darme cuenta todavía de que aquello era la muerte saltando de hombre a hombre en aquella distante multitud. Todo lo que sentí fue que había allí algo extraño. Un destello de luz casi silencioso y cegador, y un hombre caía de bruces y yacía inmóvil, y a medida que el invisible Rayo Calórico pasaba sobre ellos, los pinos estallaban en llamas, y cada seco arbusto se convertía con un sordo sonido en una masa de fuego.
…
…
Tras lo cual el siseo y el zumbido cesaron, y el objeto negro y copulado se hundió lentamente fuera de la vista en el interior del pozo.
La guerra de los mundos 1898 H.G.Wells
Traducción Domingo Santos


LA CAJA DE LETRAS ciencia ficción “Llamáis Nueva Tierra a esta isla, Hiroko. Entonces, ¿dónde está la Vieja Tierra?”

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un solar; uno de esos donde jugaba cuando era niño
uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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– ¿Y cuál es el nombre de la isla donde vivís tú y tu gente? – preguntó Trevize, viéndose atrapado en la sonoridad del galáctico clásico y preguntándose desesperadamente si habría conjugado bien el verbo.
– Llamamos Nueva Tierra a nuestra isla celestial situada en medio de las vastas aguas del mar – respondió Hiroko.
(…)
– Llamáis Nueva Tierra a esta isla, Hiroko. Entonces, ¿dónde está la Vieja Tierra?
Ella lo miró asombrada.
– ¿Dices la Vieja Tierra? – Te pido perdón, respetable señor. No comprendo el significado de tus palabras.
– Antes de que hubiese una Nueva Tierra, tu pueblo tuvo que haber vivido en otra parte. ¿Dónde se encuentra esa otra parte de la que vinieron?
– No sé nada de esto, respetable señor – respondió ella, con turbada gravedad –. Ésta ha sido siempre mi tierra, y lo fue de mi madre y de mi abuela, y sin duda también de sus abuelas y bisabuelas. No sé nada de otras tierras.
(…)
– ¿Te dijo algo de interés?
– Bueno, él (el maestro Monolee)..., como todos los demás..., insistió en que la Tierra tenía una radiactividad mortífera y total; también en que los antepasados de los alfanos fueron los últimos en salir de allí, porque, si no lo hubiesen hecho, habrían muerto. Y lo dijo con tal convicción, Golan, que no pude dejar de creerle. Estoy convencido de que la Tierra es un planeta muerto y, por tanto, de que estamos empeñados en una búsqueda inútil.
(…)
»Trataré de hacer un relato coherente y cronológico. La Tierra fue la cuna de la Humanidad y de millones de especies de plantas y de animales. Y continuó siendo su morada durante innumerables años, hasta que se inventó el viaje hiperespacial. Entonces, se fundaron los mundos Espaciales. Éstos rompieron con la Tierra, desarrollaron sus propias culturas y llegaron a despreciar y oprimir al planeta madre.
»Al cabo de un par de siglos, la Tierra consiguió recobrar su libertad, aunque Monolee no me explicó la manera exacta en que eso se había producido, y yo no me habría atrevido a preguntárselo aunque me hubiese dado ocasión de interrumpirle, porque con ello habría hecho que se subiese por las ramas. Mencionó un héroe de la cultura llamado Elijah Baley, pero la referencia era tan característica de la costumbre de atribuir a un personaje los logros de varias generaciones que habría servido de poco intentar...
– Sí, querido Pel – dijo Bliss –, comprendemos esta parte.
Pelorat hizo una nueva pausa y volvió al grano.
– Desde luego. Disculpadme. La Tierra lanzó una segunda ola colonizadora y fundó muchos nuevos mundos de una manera nueva. El nuevo grupo de colonizadores resultó ser más poderoso que los Espaciales, los adelantó, los derrotó, sobrevivió a ellos y, en definitiva, fundó el Imperio Galáctico. Durante las guerras entre los Colonizadores y los Espaciales..., no, no fueron guerras, pues él cuidó muy bien de emplear la palabra «conflicto»..., la Tierra se volvió radiactiva.
– Esto es ridículo, Janov – dijo Trevize con clara impaciencia –. ¿Cómo puede un mundo volverse radiactivo? Todos los mundos son ligeramente radiactivos, en mayor o menor grado, desde el momento de su formación, y esta radiactividad va decreciendo poco a poco. No pueden volverse radiactivos.
Pelorat se encogió de hombros.
Fundación y Tierra. Isaac Asimov. 1983
LA CAJA DE LETRAS ciencia ficción “ahora dormía en los ataúdes más baratos”
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uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
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El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto.
…
Case tenia veinticuatro años. A los veintidós, había sido vaquero, un cuatrero, uno de los mejores del Ensanche. Había sido entrenado por los mejores, por McCoy Pauley y Bobby Quine, leyendas en el negocio. Operaba en un estado adrenalínico alto y casi permanente, un derivado de juventud y destreza, conectado a una consola de ciberespacio hecha por encargo que proyectaba su incorpórea consciencia en la alucinación consensual que era la matriz. Ladrón trabajaba para otros: ladrones más adinerados, patrones que proveían el exótico software requerido para atravesar los muros brillantes de los sistemas empresariales, abriendo ventanas hacia los ricos campos de información.
Cometió un clásico error, el que se había jurado no cometer nunca. Robó a sus jefes. Guardo algo para él y trato de escabullirlo por intermedio de un traficante en Amsterdam. Aun no sabía con certeza como fue descubierto, aunque ahora no importaba. Esperaba que lo mataran entonces, pero ellos solo sonrieron. Por supuesto que era bienvenido al dinero. E iba a necesitarlo. Porque –aun sonriendo_ ellos se iban a encargar de que nunca más volviese a trabajar.
Le dañaron el sistema nervioso con una micotoxina rusa de los tiempos de la guerra.
Atado a una cama en un hotel de Memphis, el talento se le extinguió micrón a micrón y alucino durante treinta horas.
El daño fue mínimo, sutil, y totalmente efectivo.
Para case que vivía para la inmaterial exultación del ciberespacio, fue la Caída.
…
Ahora dormía en los ataúdes más baratos, los más cercanos al puerto, bajo los faros de cuarzo halógeno que iluminaban los muelles toda la noche como vastos escenarios; donde el fulgor del cielo de televisor impedía ver el cielo de Tokio y aun el desmesurado logotipo holográfico de la Fuji Electric Company, y la bahía de Tokio era un espacio negro donde las gaviotas daban vueltas en círculo sobre cardúmenes de poliestireno blanco a la deriva.
…
…en la prisión de su propia carne.
…
…bajo el envenenado cielo de plata.
Neuromante 1984 William Gibson
Traducción J. Arconada Rodriguez y J. Ferreira Ramos
LA CAJA DE LETRAS narrativa contemporánea “la vaga impresión de una actividad inusual”

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uno de esos descampados heridos de hierba amarilla y ladrillos
de granito, a pedazos
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Los domingos eran cojonudos porque estaba solo, y no tarde en llevarme una botellita de whisky al trabajo. Uno de estos domingos, después de una noche de borrachera brutal, la botellita mañanera me dio la puntilla; perdí la noción de todo. Aquella noche, al llegar a casa, tenía la vaga impresión de una actividad inusual. Se lo dije a Jan a la mañana siguiente, antes de irme al trabajo.
-Creo que ayer jodí la marrana. Pero a lo mejor son figuraciones mías.
Entré y fui a fichar en el reloj. Mi ficha no estaba en el panel. Me di la vuelta y fui a ver a la vieja que llevaba la oficina de personal. Cuando me vio pareció ponerse nerviosa.
-Señora Farrington, ha desaparecido mi ficha del reloj.
-Henry, yo siempre creí que eras un chico decente.
-¿Sí?
-¿Es que ya no te acuerdas de lo que hiciste?- me pregunto mirando nerviosamente a su alrededor.
-No, señora.
-Estabas borracho. Encerraste al señor Pelvington en el retrete y no le dejabas salir. Le tuviste encerrado durante media hora.
-¿Qué le hice?
-No querías dejarle salir.
-¿Quién es?
-El gerente de este hotel.
-¿Y qué más hice?
-Estuviste sermoneándole sobre cómo dirigir este hotel. El señor Pelvington ha estado en el negocio de la hostelería durante treinta años. Le dijiste que las prostitutas debían ser hospedadas solo en el primer piso y que debían someterse a exámenes médicos periódicos. No hay prostitutas en este hotel Chinaski.
-Oh, ya lo sé, señora Pelvington.
-Farrington.
-Señora Farrington.
-También le dijiste que cesarían las sustracciones si a cada empleado se le diese una langosta viva para llevar a casa cada noche, en una jaula especialmente construida que pudiera llevarse en autobuses y tranvías.
-Tiene usted un gran sentido del humor, señora Farrington.
-El guardia de seguridad no consiguió que soltaras al señor Pelvington. Le rompiste la gabardina, estabas frenético. Fue solo después de que llamáramos a la policía cuando le dejaste libre.
-¿Debo presumir que estoy despedido?
-Presumes correctamente, Chinaski.

Salí por detrás de una pila de cestas de langostas. Cuando la señora Farrington dejo de mirarme, torcí hacia la cafetería de personal. Todavía tenía mi tarjeta de alimentación. Podía tomarme un último almuerzo de categoría. La comida era tan buena como la que le daban a los clientes en el piso de arriba y además te ponían mayores raciones. Agarre mi tarjeta y entre en la cafetería, cogí una bandeja, cuchillo y tenedor, una taza y varias servilletas de papel. Me acerque al mostrador de la cocina. Entonces levante la mirada. Clavado en la pared detrás del mostrador había un pedazo de cartón con una rotunda frase escrita en letras grandes.
NO LE DEN DE COMER A HENRY CHINASKI
Volví a dejar la bandeja y los cubiertos sin que se dieran cuenta. Salí de la cafetería. Atravesé el patio de carga, luego salí al callejón. Me cruce con otro vagabundo.
-¿Tienes un cigarro, colega?
-Sí.
Saque dos, le di uno y yo tome el otro. Se lo encendí, luego encendí el mío. El se fue hacia el este y yo hacia el oeste.
Factotum 1975 Charles Bukowski
Traducción Jorge Berlanga
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