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millonario
Por fortuna, llega un millonario, forrado de guita y entra en el único pequeño hotel del lugar. Pide una habitación. Pone un billete de 100 euros en la mesa de la recepcionista y se va a ver las habitaciones. El jefe del hotel agarra el billete y sale corriendo a pagar sus deudas con el carnicero. Éste toma el billete y corre a pagar su deuda con el criador de cerdos. Al momento éste sale corriendo para pagar lo que le debe al molino proveedor de alimentos para animales. El dueño del molino toma el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con María, la prostituta a la que hace tiempo que no le paga. En tiempos de crisis, hasta ella ofrece servicios a crédito. La prostituta con el billete en mano sale para el pequeño hotel donde había traído a sus clientes las últimas veces y que todavía no había pagado y le entrega el billete al dueño del hotel. En este momento baja el millonario, que acaba de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, toma el billete y se va. Nadie ha ganado un centavo, pero ahora toda la ciudad vive sin deudas y mira el futuro con confianza!!!
MORALEJA: ¡¡¡¿¿¿SI EL DINERO CIRCULA SE ACABA LA CRISIS!!!???
¿Qué opinan, Paloqueños?
Gracias Extrenikito Sang por traer el texto.
LA CRISIS y LA ACTITUD.
En los últimos tiempos vivimos bajo el yugo del optimismo en píldoras y parece que la solución a todos los males es una “actitud adecuada”. El pensamiento positivo vende libros de autoayuda, consagra gurús y llena Twitter de frases hechas tan bienintencionadas como retuiteadas, pero sin efecto alguno sobre el cambio vital.
El pensamiento positivo vende no porque funcione sino porque nos trae la idea de que nuestra vida puede mejorar “pensándola”. ¿Quién puede resistirse a ese bálsamo de fierabrás en cuya etiqueta reza que tu buena suerte es cuestión de actitud? El reverso aún más tenebroso de esta campaña es que la sociedad y la educación no son en absoluto responsables de tu mala situación, eres tú el que no gestionas bien tus emociones ante la vida. Es el lado negativo de pensar en positivo, en palabras de Barbara Ehrenreich:
“Si quieres controlar a la gente díles que piensen positivamente y que si su vida va mal es por su culpa.”
Les copio algunas ideas que creo muestran la verdadera cara comercial del optimismo y del pensamiento positivo.
1. El verdadero pensamiento positivo tiene mucho más que ver con “comportarse positivamente” que con limitarse a “pensar bien”. Uno no puede elegir sus emociones a la carta ni escoger la actidud adecuada porque esos estados son consecuencia de lo que hagas, de lo que te pase y de tu estilo aprendido de vivir y afrontar. Si te sientas como te sientas o pienses lo que pienses haces lo que debes, lo que tienes previsto para hoy, aumentan las probabilidades de que las buenas emociones te acompañen. ¿Cuánto valen y para qué sirven realmente los consejos que te invitan a ser positivo? Cuantos más términos técnicos, trascendentes y optimistas utilicen los expertos, ya sea en orientación, coaching o consultoría, más probable es que te estén vendiendo la moto.
2. Si pensar en positivo es tan positivo, ¿por qué no nos ponemos todos a pensar en positivo y ya está? Porque pensar también es un tipo de conducta, en este caso verbal, y como cualquier otro comportamiento depende de las cosas que nos pasan, del contexto en que nos movemos, de nuestra historia de experiencias y de la educacion recibida. Pensar o sentir no son en muchas ocasiones causas de otros comportamientos sino meras consecuencias o correlatos. Vamos, que si te sientes bien es porque estás viviendo y haciendo aquello que lo genera. ¿Cuántas veces te levantas de mal humor, con emociones y pensamientos negativos y pesimistas, pero tras la ducha, los hábitos del día a día te llevan a hacer lo que debes y empiezas a sentirte mejor?
3. Las cosas pueden hacerse o no independientemente de lo que se piense o se sienta, aunque nuestra cultura occidental nos transmite la idea de que hay que tener un buen estado de ánimo y pensamientos positivos para actuar (en este sentido también puede ser interesante echar un vistazo a una definición operativa de la motivación). Pero no es que las emocionas influyan sino que nos educan para actuar en función de ellas, para depender de ellas. Las personas no dejan de ir al trabajo o de seguir con su vida habitual PORQUE estén deprimidas, sino porque han aprendido que estar desanimadas puede ser una excusa o una justificación para dejar de hacer lo que tienen que hacer, sean o no conscientes de esta relación.
Las mujeres de países en desarrollo gestionan mucho mejor los microcréditos que los hombres, porque aún en situaciones desesperadas siguen trabajando, siguen cuidando a sus hijos y manteniendo su hogar. La forma en que utilizamos las emociones es una cuestión cultural, no es una relación psicológica de causa-efecto. Podemos sentirnos mal y hacer nuestros “deberes” y, al contrario, sentirnos bien y olvidar nuestras obligaciones.
4. Uno no puede elegir cómo sentirse pero sí puede elegir qué hacer para sentirse mejor. Y eso tiene que ver con planificar para obtener logros y para alcanzar una vida cotidiana más satisfactoria. Recomendar pensar en positivo es muy fácil y manipulador, pero es muy difícil ayudar a definir y redefinir objetivos, a prevenir y superar problemas y a gestionar la productividad personal para convertir en hábitos comportamientos saludables y más efectivos. Ya lo dijo, supuestamente, Bertrand Rusell:
Un optimista es un imbécil simpático y un pesimista, un imbécil antipático, porque ninguno sabe lo que va a pasar.
Olvida la tarea imposible de intentar controlar tus emociones, tus pensamientos y tus actitudes, y concéntrate en organizar mejor tu vida.
Tal vez la crisis sólo la podemos superar entre todos/as, pero desde luego no será con el pensamiento positivo sino con el comportamiento positivo.
El problema es que la cosa no está muy clara. ¿Acaso sabemos cada uno qué hacer para ser parte de la solución y no del problema?
Fuente: lo recibí en un e-mail y me pareció tema interesante de debate.
Extraído de http://yoriento.com/
SOBRE VALORES Y PRECIOS.
(B)
Los valores humanos (el amor, la justicia, la verdad, la solidaridad, la empatía, la cooperación, la piedad, la compasión, la responsabilidad, la generosidad, la humildad, la honestidad) tienen, a veces, un alto costo. Pero nunca tienen precio. No se compran ni se venden.
Hay cosas que tienen valor y hay condiciones que son un valor. Las primeras se negocian por dinero o se canjean entre sí. Las segundas ni se negocian ni se canjean.
Con esta claridad lo expresa André Comte-Sponville (francés, contemporáneo) en su apasionante Diccionario filosófico.
Ya sabemos qué valores cotizan en Bolsa y cuáles no. Durante demasiado tiempo lo que tiene valor se ha impuesto lo que es un valor. Mientras las Bolsas cotizaban en alza, la moral iba en baja.
Los corruptos, los ambiciosos, los egoístas, los codiciosos, los soberbios impusieron su ley. Miles de millones de personas tiraron valores por la borda y corrieron detrás de ellos. Todos, juntos, hicieron una elección: no querían vivir con valores, sino con lo que tiene valor. Compraron y vendieron.
Cada quien es responsable por las consecuencias de sus elecciones. La responsabilidad es un valor que no pide permiso, se impone.
Y la opción sigue abierta: vivir en la Bolsa o vivir con Valores. Ya sabemos que las dos palabras no pueden ir juntas.
Sinay.
Los valores humanos (el amor, la justicia, la verdad, la solidaridad, la empatía, la cooperación, la piedad, la compasión, la responsabilidad, la generosidad, la humildad, la honestidad) tienen, a veces, un alto costo. Pero nunca tienen precio. No se compran ni se venden.
Hay cosas que tienen valor y hay condiciones que son un valor. Las primeras se negocian por dinero o se canjean entre sí. Las segundas ni se negocian ni se canjean.
Con esta claridad lo expresa André Comte-Sponville (francés, contemporáneo) en su apasionante Diccionario filosófico.
Ya sabemos qué valores cotizan en Bolsa y cuáles no. Durante demasiado tiempo lo que tiene valor se ha impuesto lo que es un valor. Mientras las Bolsas cotizaban en alza, la moral iba en baja.
Los corruptos, los ambiciosos, los egoístas, los codiciosos, los soberbios impusieron su ley. Miles de millones de personas tiraron valores por la borda y corrieron detrás de ellos. Todos, juntos, hicieron una elección: no querían vivir con valores, sino con lo que tiene valor. Compraron y vendieron.
Cada quien es responsable por las consecuencias de sus elecciones. La responsabilidad es un valor que no pide permiso, se impone.
Y la opción sigue abierta: vivir en la Bolsa o vivir con Valores. Ya sabemos que las dos palabras no pueden ir juntas.
Sinay.
LA DEUDA MORAL.
(B)
Alejandro Dumas vivió entre 1802 y 1870, y además de haber escrito obras memorables, que siempre agradeceremos, como Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo, El tulipán negro o El vizconde de Bragelonne, era un caballero que no se privaba de lujos, de mujeres ni de apuestas riesgosas. Además de pasar por varias bancarrotas debidas a proyectos imposibles, la justicia lo condenó a pagar 145 mil francos de su época a Auguste Macquet, uno de sus "negros" (autores que colaboraban con él en forma anónima). Aún así, Dumas creía en el honor y sostuvo que "El mundo es un salón del que es preciso salir cortés y honrosamente, es decir, saludando y pagando las deudas".
Hay, por lo menos, cuatro tipos de deudas. Económicas, afectivas, políticas y morales. Si uno sigue la máxima de Dumas, pagará las económicas con dinero o con trabajo, las afectivas con actos de amor (digo actos y no palabras), las políticas con reconocimiento de la deuda e implementación de políticas que prioricen el bien común, y las morales…
¿Cómo pagar una deuda económica? Las deudas económicas son aquellas en las que se debe dinero; en las afectivas se deben presencia, cariño y amor; en las políticas se debe el cumplimiento de compromisos, proyectos y programas, y en las morales… ¿qué se debe en una deuda moral?
Las deudas morales nacen con el olvido de valores esenciales para la convivencia humana, con el desprecio por la alteridad. Cuando nuestros intereses personales, grupales o corporativos se imponen por encima de aquellos que son vitales para la comunidad que integramos, y no sólo despreciamos los intereses de los otros y el bien común, sino que además transformamos a nuestros semejantes en simples instrumentos de nuestras prioridades, empezamos a contraer una deuda moral.
Hay deuda moral en donde existe el clientelismo político, pues con ese clientelismo se convierte a seres humanos en simples peldaños para escalar hacia el poder personal o grupal. Hay deuda moral cuando se usan en beneficio particular instituciones, organizaciones y estamentos que fueron creados con objetivos sociales y comunitarios. Hay deuda moral cuando empecinamientos y resentimientos personales condenan a grandes sectores de un cuerpo común, como es el país, a la pérdida de bienes, terrenos, maquinarias, proyectos y empleos, desoyendo todo tipo de argumentos razonables, sensatos y fundamentados en amplios consensos.
Hay deuda moral cuando quienes tienen el poder (o son cortesanos del poder) enriquecen inexplicablemente mientras sectores crecientes de esa misma sociedad entran en la oscura noche de la pobreza o, peor, la indigencia. Hay deuda moral cuando se falsean datos esenciales de la realidad económica y social (datos cuya falsedad impedirá la tarea de futuros historiadores) y se pretende hacer creer a quienes cada vez viven peor que, en realidad, viven mejor, que lo caro es barato, que el frío es calor, que la oscuridad es luz y que las derrotas son victorias. Hay deuda moral cuando se manipula la salud de una sociedad entera disparando información imposible de verificar, cuando se la sume en la paranoia por carencia de políticas sanitarias o manejo negligente de las mismas, o cuando se anteponen urgencias electorales a prioridades de salud colectivas.
Hay deuda moral en donde se hace uso discrecional de la justicia como si ésta fuera una herramienta del poder y sus actores, los empleados. Hay deuda moral cuando los mecanismos e instituciones sabiamente creados para garantizar el funcionamiento republicano de la sociedad (es decir para armonizar la diversidad, respetándola y orientándola hacia una visión compartida) son olvidados, negados, burlados reiteradamente.
Hay deuda moral cuando los dineros y recursos, que son de toda la sociedad y que se producen con el esfuerzo individual y aunado de sus integrantes, son usados a espaldas de ésta con criterio de castigo o recompensa. Hay deuda moral cuando se fomenta la anomia social premiando o ignorando a quienes quiebran normas básicas de convivencia, cuando se minimiza el estado de riesgo creciente en el que vive la sociedad (por causa de violencia individual, violencia colectiva, violencia doméstica, producción y tráfico de drogas, ausencia de políticas sanitarias preventivas) y cuando, además, hay funcionarios que se burlan de esos riesgos considerándolos meras "sensaciones".
Hay deuda moral cuando la educación no forma parte de ningún proyecto de país en las propuestas de quienes gobiernan. Hay deuda moral cuando se tiene tiempo para involucrarse sin necesidad en cuestiones de otros países (ya atendidas por quien corresponde) mientras se postergan ad infinitum temas, necesidades y prioridades nacionales. Hay deuda moral cuando la misma agenda que no tiene espacio para recibir a sectores representativos de la vida nacional siempre encuentra el hueco y la foto para el frívolo personaje de tapa que hace una parada técnica en el país. Hay deuda moral cuando se miente (o al menos se omite decir la verdad) sobre candidaturas electorales que se saben simuladas desde el principio y que se proponen no con el fin de beneficiar al ciudadano, sino para valerse de él.
En un poderoso ensayo titulado El acoso moral, la psiquiatra y terapeuta familiar francesa Marie France Hirigoyen describe la conducta de quienes manipulan y deforman la comunicación de los hechos con el fin de utilizar al otro. Esto puede ocurrir en la pareja, en la familia, en la empresa y en la sociedad. "Arrojar confusión sobre las comunicaciones reales, dice, es esencial para lograr que la víctima se vuelva impotente". Hirigoyen llama "perversos" a los mecanismos de manipulación y utilización del otro. Todos tenemos esos mecanismos, señala, pero la mayoría de nosotros los usa en función defensiva extrema, no en busca de obtener poder. Estos mecanismos devienen en acoso moral cuando se basan, según la psiquiatra, en los siguientes factores: una idea grandiosa de la propia importancia; fantasías de éxito y poder ilimitado; necesidad de ser admirado; creencia de que se le debe todo; carencia de empatía.
La deuda moral nace en la ausencia de empatía, de registro del otro. Todos los valores sobre los que se funda una convivencia posible (honestidad, colaboración, generosidad, confianza, responsabilidad, sinceridad, cooperación, empatía, amor) sólo son concebibles en tanto haya reconocimiento, consideración y respeto por el otro (así el otro sea uno o millones).
Si es negado en términos de igualdad y equidad, si el otro existe sólo en la medida en que me sirve, no hay la posibilidad de convivir con valores. No hay cimientos éticos. Y habrá, por cada acto en que el otro sea ignorado, una deuda moral.
¿Cómo se paga una deuda moral, entonces? No creo que Alejandro Dumas tuviera la respuesta. Acaso se trate de renovar contratos morales. Y de ver con quiénes los firmamos. Porque, quizá, no todas las deudas se pueden saldar.
Fuente: La Nación.
Alejandro Dumas vivió entre 1802 y 1870, y además de haber escrito obras memorables, que siempre agradeceremos, como Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo, El tulipán negro o El vizconde de Bragelonne, era un caballero que no se privaba de lujos, de mujeres ni de apuestas riesgosas. Además de pasar por varias bancarrotas debidas a proyectos imposibles, la justicia lo condenó a pagar 145 mil francos de su época a Auguste Macquet, uno de sus "negros" (autores que colaboraban con él en forma anónima). Aún así, Dumas creía en el honor y sostuvo que "El mundo es un salón del que es preciso salir cortés y honrosamente, es decir, saludando y pagando las deudas".
Hay, por lo menos, cuatro tipos de deudas. Económicas, afectivas, políticas y morales. Si uno sigue la máxima de Dumas, pagará las económicas con dinero o con trabajo, las afectivas con actos de amor (digo actos y no palabras), las políticas con reconocimiento de la deuda e implementación de políticas que prioricen el bien común, y las morales…
¿Cómo pagar una deuda económica? Las deudas económicas son aquellas en las que se debe dinero; en las afectivas se deben presencia, cariño y amor; en las políticas se debe el cumplimiento de compromisos, proyectos y programas, y en las morales… ¿qué se debe en una deuda moral?
Las deudas morales nacen con el olvido de valores esenciales para la convivencia humana, con el desprecio por la alteridad. Cuando nuestros intereses personales, grupales o corporativos se imponen por encima de aquellos que son vitales para la comunidad que integramos, y no sólo despreciamos los intereses de los otros y el bien común, sino que además transformamos a nuestros semejantes en simples instrumentos de nuestras prioridades, empezamos a contraer una deuda moral.
Hay deuda moral en donde existe el clientelismo político, pues con ese clientelismo se convierte a seres humanos en simples peldaños para escalar hacia el poder personal o grupal. Hay deuda moral cuando se usan en beneficio particular instituciones, organizaciones y estamentos que fueron creados con objetivos sociales y comunitarios. Hay deuda moral cuando empecinamientos y resentimientos personales condenan a grandes sectores de un cuerpo común, como es el país, a la pérdida de bienes, terrenos, maquinarias, proyectos y empleos, desoyendo todo tipo de argumentos razonables, sensatos y fundamentados en amplios consensos.
Hay deuda moral cuando quienes tienen el poder (o son cortesanos del poder) enriquecen inexplicablemente mientras sectores crecientes de esa misma sociedad entran en la oscura noche de la pobreza o, peor, la indigencia. Hay deuda moral cuando se falsean datos esenciales de la realidad económica y social (datos cuya falsedad impedirá la tarea de futuros historiadores) y se pretende hacer creer a quienes cada vez viven peor que, en realidad, viven mejor, que lo caro es barato, que el frío es calor, que la oscuridad es luz y que las derrotas son victorias. Hay deuda moral cuando se manipula la salud de una sociedad entera disparando información imposible de verificar, cuando se la sume en la paranoia por carencia de políticas sanitarias o manejo negligente de las mismas, o cuando se anteponen urgencias electorales a prioridades de salud colectivas.
Hay deuda moral en donde se hace uso discrecional de la justicia como si ésta fuera una herramienta del poder y sus actores, los empleados. Hay deuda moral cuando los mecanismos e instituciones sabiamente creados para garantizar el funcionamiento republicano de la sociedad (es decir para armonizar la diversidad, respetándola y orientándola hacia una visión compartida) son olvidados, negados, burlados reiteradamente.
Hay deuda moral cuando los dineros y recursos, que son de toda la sociedad y que se producen con el esfuerzo individual y aunado de sus integrantes, son usados a espaldas de ésta con criterio de castigo o recompensa. Hay deuda moral cuando se fomenta la anomia social premiando o ignorando a quienes quiebran normas básicas de convivencia, cuando se minimiza el estado de riesgo creciente en el que vive la sociedad (por causa de violencia individual, violencia colectiva, violencia doméstica, producción y tráfico de drogas, ausencia de políticas sanitarias preventivas) y cuando, además, hay funcionarios que se burlan de esos riesgos considerándolos meras "sensaciones".
Hay deuda moral cuando la educación no forma parte de ningún proyecto de país en las propuestas de quienes gobiernan. Hay deuda moral cuando se tiene tiempo para involucrarse sin necesidad en cuestiones de otros países (ya atendidas por quien corresponde) mientras se postergan ad infinitum temas, necesidades y prioridades nacionales. Hay deuda moral cuando la misma agenda que no tiene espacio para recibir a sectores representativos de la vida nacional siempre encuentra el hueco y la foto para el frívolo personaje de tapa que hace una parada técnica en el país. Hay deuda moral cuando se miente (o al menos se omite decir la verdad) sobre candidaturas electorales que se saben simuladas desde el principio y que se proponen no con el fin de beneficiar al ciudadano, sino para valerse de él.
En un poderoso ensayo titulado El acoso moral, la psiquiatra y terapeuta familiar francesa Marie France Hirigoyen describe la conducta de quienes manipulan y deforman la comunicación de los hechos con el fin de utilizar al otro. Esto puede ocurrir en la pareja, en la familia, en la empresa y en la sociedad. "Arrojar confusión sobre las comunicaciones reales, dice, es esencial para lograr que la víctima se vuelva impotente". Hirigoyen llama "perversos" a los mecanismos de manipulación y utilización del otro. Todos tenemos esos mecanismos, señala, pero la mayoría de nosotros los usa en función defensiva extrema, no en busca de obtener poder. Estos mecanismos devienen en acoso moral cuando se basan, según la psiquiatra, en los siguientes factores: una idea grandiosa de la propia importancia; fantasías de éxito y poder ilimitado; necesidad de ser admirado; creencia de que se le debe todo; carencia de empatía.
La deuda moral nace en la ausencia de empatía, de registro del otro. Todos los valores sobre los que se funda una convivencia posible (honestidad, colaboración, generosidad, confianza, responsabilidad, sinceridad, cooperación, empatía, amor) sólo son concebibles en tanto haya reconocimiento, consideración y respeto por el otro (así el otro sea uno o millones).
Si es negado en términos de igualdad y equidad, si el otro existe sólo en la medida en que me sirve, no hay la posibilidad de convivir con valores. No hay cimientos éticos. Y habrá, por cada acto en que el otro sea ignorado, una deuda moral.
¿Cómo se paga una deuda moral, entonces? No creo que Alejandro Dumas tuviera la respuesta. Acaso se trate de renovar contratos morales. Y de ver con quiénes los firmamos. Porque, quizá, no todas las deudas se pueden saldar.
Fuente: La Nación.
HACER DINERO. PARTE 1. BREVE HISTORIA.
Perpetrado por Oskarele
Del latín “denarius”, antigua moneda romana. El dinero es todo aquel vehículo de intercambio común y aceptado por una sociedad, al que se le aplica un valor y que sirve para pagar cosas, servicios y deudas. Es un vehículo más sencillo que el trueque, en el que el valor de una cosa se decide negociando. El dinero, en sus múltiples formas, permite que las cosas se puedan valorar con una referencia común (y aceptada) entre todos.
Para que el dinero sea dinero ha de cumplir tres funciones:
Ha de servir, como hemos dicho, como vehículo de intercambio. Y solo para eso (aunque también se puede coleccionar).
Ha de ser una unidad contable. Por ejemplo. Imaginad una sociedad en que el dinero, el vehículo de intercambio, son cantos rodados. El valor de las cosas se decidiría mediante la suma de unidades contables. Así, una cabra costaría, por ejemplo 200 cantos rodados.
Y por ultimo ha de conservar su valor, por lo menos en teoría, pues, como ya veremos, el dinero pierde y gana valor. El bien escogido como medio de acumulación debe ser siempre algo que pueda guardarse durante largos periodos sin que se deteriore. Por eso materiales como el oro y la plata, entre otros motivos, conservan sus propiedades a pesar del paso del tiempo.
Además, el dinero debe ser un bien ligero y fácil de almacenar y de transportar.
Pero por encima de todo esto, el dinero debe ser, como hemos dicho, algo reconocido como tal, como vehículo de intercambio, por la sociedad que la usa.
En nuestro caso, donde el dinero se materializa en billetes y monedas (aunque en realidad la mayor parte del dinero no existe y solo se manifiesta como cifras en una pantalla de ordenador), la cosa es más compleja.
Actualmente son los gobiernos, a través de las leyes, quienes determinan cual es el tipo de dinero de curso legal, pero son otras entidades, como los bancos centrales (Banco Central) y las casas de la monedas, los que se encargan, primero, de regular y controlar la política monetaria de una economía, y segundo, de crear las monedas y billetes según la demanda y la necesidad de tener dinero físico.
El dinero representa una supuesta riqueza del que hace las monedas y billetes.
Por eso ha de ser avalado por la entidad emisora, por el fabricante de dinero. Por los estados.
El dinero representa.
Por lo menos antes lo hacía.
Antes, cuando surgió el dinero, representaba un bien físico para hacer más ágil la transferencia. Por ejemplo: ibas a comprar doscientas vacas a cambio de la futura cosecha de naranjas que aun no habías recolectado. Se hace el trueque, pero tú, en vez de dar la cosecha, que aun no existe, das un papel o una nota con que representa la futura cosecha. El que recibe la nota, a su vez, puede canjearla por otro producto con un tercero.
Así el papel, como representante de tu futura cosecha, adquiere un cierto valor en sí mismo, pero siempre como referencia a lo que fundamente el valor. La futura cosecha.
Esto se complejizó de mala manera.
Al final, en toda comunidad humana acaban apareciendo ciertos bienes que son más fácilmente intercambiables que otros, de forma que los individuos los demandan, no por su utilidad, sino por su especial capacidad para circular por el mercado, para servir de moneda de cambio.
Osea, en definitiva, por su liquidez.
Y no siempre han sido billetes y monedas. Los cigarrillos o las drogas en las prisiones, los chocolates en Europa tras la 2GM… o las conchas en algunas tribus isleñas del pacifico.
Pero ahora todo ha cambiado…
¿QUE son el NYSE, el DOW JONES y el NASDAQ?
(B)
Son los máximos referentes bursátiles del mundo. Mueven millones de dólares diariamente y son noticia cuando suben o se derrumban.
Vamos a ir aprendiendo el “idioma de la economía”. Estas palabritas se escuchan mucho en Wall Street y todos los noticieros las difunden en coloridas plaquetas día por día. Veamos:
El NYSE.
La bolsa neoyorkina fue creada en 1817, cuando un grupo de corredores fundó un comité llamado "New York Stock and Exchange Board" con la finalidad de poder controlar el flujo de acciones que en aquellos tiempos se negociaban libremente y principalmente en la acera de Wall Street.
La Bolsa de Nueva York, o NYSE es el mayor mercado de valores del mundo, en volumen monetario, y el primero en número de empresas cotizantes. Este mercado cuenta con un volumen anual de transacciones que superan largamente los 20 billones de dólares, incluyendo los 7 billones de compañías no estadounidenses.
El índice Dow Jones
El Dow Jones Index Average está conformado por un portafolio con los títulos de 30 empresas de valor fijo alto y es, sin duda, el más seguido y reconocido índice del mundo financiero. Es que se lo considera como un excelente indicador del desempeño del mercado en general.
En la práctica, refleja el valor de mercado de las acciones de las 30 compañías más importantes que cotizan en la Bolsa de Valores de Nueva York, de un total de 10 mil empresas que cotizan en el mercado de valores neoyorquino.
A las acciones de las empresas incluidas en el Dow Jones se les llama "blue chips" o fichas azules, y el nombre proviene del juego de póker donde las fichas azules son las que tienen mayor valor.
Y eso no es arbitrario, ya que entre las empresas cotizantes se encuentran algunas de la dimensión de Coca Cola, General Motors, McDonalds, IBM, Microsoft, Procter and Gamble, entre otras.
El nombre de Dow Jones tiene su origen en la iniciativa de dos editores financieros: Charles Henry Dow y de Edward D. Jones, quienes junto con Charles Bergstresser, fundaron en 1882 Dow Jones & Company. De allí el nombre de este indicador bursátil.
El Dow Jones fue lanzado el 26 de mayo de 1896, y publicado en el Wall Street Journal, donde Charles Dow era editor.
Cuenta con tres promedios diferentes: el Industrial (DJIA), el de Transporte (DJTA) y el de Utilidades (DJUA), y cada uno mide el desempeño de diferentes sectores empresariales.
El DJIA es el más amplio de los tres, ya que se estructura con componentes que pertenecen a todo tipo de industrias, como servicios financieros, tecnología, minoristas, entretenimiento y bienes del consumidor, etc. Estos índices son elaborados por los editores del diario Wall Street Journal.
Aunque no hay regulaciones explícitas para la selección de los componentes de cada índice, los títulos se incorporan únicamente si tienen una excelente reputación, demuestran un crecimiento sustancial, conforman las carteras de varios inversores y representan de forma adecuada el sector al cual pertenecen.
Cuando el Dow Jones sube, es sinónimo de que las empresas esperan buenas ganancias y que la economía de EE.UU marcha sobre ruedas. Lo contrario ocurre cuando el indicador muestra una fuerte tendencia a la baja.
Una de las mayores críticas que recibe el Dow es que se lo considera obsoleto y poco representativo, ya que representa a una muestra limitada del universo, sólo 30 acciones.
Pero pese a las críticas, lo que no se discute es que el Dow Jones sigue siendo "el" indicador de referencia en los mercados mundiales y un ícono de la economía estadounidense. Esta afirmación no es gratuita, ya que logró superar períodos de auge y depresión, varias guerras, conflictos bélicos, ataques terroristas y derrumbes bursátiles, a lo largo de toda su historia.
¿Qué es el Nasdaq?
El Nasdaq (National Association of Securities Dealers Automated Quotation), fue fundado en 1971, con el propósito de regular el mercado de productos electrónicos, puesto que, por aquel tiempo, se empezaba a masificar lo que hoy en día conocemos como Hi-tech (Tecnología de punta).
Hacia 1980 la expansión del mercado de empresas tecnológicas era tal que el Nasdaq se convirtió en el Dow Jones de ese segmento. Durante la década del 90 el Nasdaq se convirtió en una competencia para el NYSE. En 1992, comenzó a operar en horarios que coincidían con los de los mercados europeos, pero sobre todo japoneses.
En 1998, el Nasdaq se fusionó con la Amex (American Stock Exchange, bolsa de acciones norteamericanas) para formar Grupo de Mercado Nasdaq-Amex. Hoy en día el Nasdaq es el primer mercado electrónico y el más grande del mundo. Sus negociaciones no están limitadas por un espacio físico, sino que se realizan en forma electrónica.
El Nasdaq Stock Market cubre dos tipos de mercado:
El Nasdaq National Market, en el cual cotizan acciones de empresas con una mayor capitalización, y
El Nasdaq Smallcap Market, en el cual cotizan los títulos de pequeñas empresas con capacidad de crecimiento.
En la actualidad el Nasdaq enlista los títulos de alrededor de 4.100 empresas desde pequeñas firmas hasta gigantes de la talla de Microsoft. La mayoría de estos títulos pertenecen al sector tecnológico, de las telecomunicaciones, banca, minoristas y otras industrias en crecimiento.
Son los máximos referentes bursátiles del mundo. Mueven millones de dólares diariamente y son noticia cuando suben o se derrumban.
Vamos a ir aprendiendo el “idioma de la economía”. Estas palabritas se escuchan mucho en Wall Street y todos los noticieros las difunden en coloridas plaquetas día por día. Veamos:
El NYSE.
La bolsa neoyorkina fue creada en 1817, cuando un grupo de corredores fundó un comité llamado "New York Stock and Exchange Board" con la finalidad de poder controlar el flujo de acciones que en aquellos tiempos se negociaban libremente y principalmente en la acera de Wall Street.
La Bolsa de Nueva York, o NYSE es el mayor mercado de valores del mundo, en volumen monetario, y el primero en número de empresas cotizantes. Este mercado cuenta con un volumen anual de transacciones que superan largamente los 20 billones de dólares, incluyendo los 7 billones de compañías no estadounidenses.
El índice Dow Jones
El Dow Jones Index Average está conformado por un portafolio con los títulos de 30 empresas de valor fijo alto y es, sin duda, el más seguido y reconocido índice del mundo financiero. Es que se lo considera como un excelente indicador del desempeño del mercado en general.
En la práctica, refleja el valor de mercado de las acciones de las 30 compañías más importantes que cotizan en la Bolsa de Valores de Nueva York, de un total de 10 mil empresas que cotizan en el mercado de valores neoyorquino.
A las acciones de las empresas incluidas en el Dow Jones se les llama "blue chips" o fichas azules, y el nombre proviene del juego de póker donde las fichas azules son las que tienen mayor valor.
Y eso no es arbitrario, ya que entre las empresas cotizantes se encuentran algunas de la dimensión de Coca Cola, General Motors, McDonalds, IBM, Microsoft, Procter and Gamble, entre otras.
El nombre de Dow Jones tiene su origen en la iniciativa de dos editores financieros: Charles Henry Dow y de Edward D. Jones, quienes junto con Charles Bergstresser, fundaron en 1882 Dow Jones & Company. De allí el nombre de este indicador bursátil.
El Dow Jones fue lanzado el 26 de mayo de 1896, y publicado en el Wall Street Journal, donde Charles Dow era editor.
Cuenta con tres promedios diferentes: el Industrial (DJIA), el de Transporte (DJTA) y el de Utilidades (DJUA), y cada uno mide el desempeño de diferentes sectores empresariales.
El DJIA es el más amplio de los tres, ya que se estructura con componentes que pertenecen a todo tipo de industrias, como servicios financieros, tecnología, minoristas, entretenimiento y bienes del consumidor, etc. Estos índices son elaborados por los editores del diario Wall Street Journal.
Aunque no hay regulaciones explícitas para la selección de los componentes de cada índice, los títulos se incorporan únicamente si tienen una excelente reputación, demuestran un crecimiento sustancial, conforman las carteras de varios inversores y representan de forma adecuada el sector al cual pertenecen.
Cuando el Dow Jones sube, es sinónimo de que las empresas esperan buenas ganancias y que la economía de EE.UU marcha sobre ruedas. Lo contrario ocurre cuando el indicador muestra una fuerte tendencia a la baja.
Una de las mayores críticas que recibe el Dow es que se lo considera obsoleto y poco representativo, ya que representa a una muestra limitada del universo, sólo 30 acciones.
Pero pese a las críticas, lo que no se discute es que el Dow Jones sigue siendo "el" indicador de referencia en los mercados mundiales y un ícono de la economía estadounidense. Esta afirmación no es gratuita, ya que logró superar períodos de auge y depresión, varias guerras, conflictos bélicos, ataques terroristas y derrumbes bursátiles, a lo largo de toda su historia.
¿Qué es el Nasdaq?
El Nasdaq (National Association of Securities Dealers Automated Quotation), fue fundado en 1971, con el propósito de regular el mercado de productos electrónicos, puesto que, por aquel tiempo, se empezaba a masificar lo que hoy en día conocemos como Hi-tech (Tecnología de punta).
Hacia 1980 la expansión del mercado de empresas tecnológicas era tal que el Nasdaq se convirtió en el Dow Jones de ese segmento. Durante la década del 90 el Nasdaq se convirtió en una competencia para el NYSE. En 1992, comenzó a operar en horarios que coincidían con los de los mercados europeos, pero sobre todo japoneses.
En 1998, el Nasdaq se fusionó con la Amex (American Stock Exchange, bolsa de acciones norteamericanas) para formar Grupo de Mercado Nasdaq-Amex. Hoy en día el Nasdaq es el primer mercado electrónico y el más grande del mundo. Sus negociaciones no están limitadas por un espacio físico, sino que se realizan en forma electrónica.
El Nasdaq Stock Market cubre dos tipos de mercado:
El Nasdaq National Market, en el cual cotizan acciones de empresas con una mayor capitalización, y
El Nasdaq Smallcap Market, en el cual cotizan los títulos de pequeñas empresas con capacidad de crecimiento.
En la actualidad el Nasdaq enlista los títulos de alrededor de 4.100 empresas desde pequeñas firmas hasta gigantes de la talla de Microsoft. La mayoría de estos títulos pertenecen al sector tecnológico, de las telecomunicaciones, banca, minoristas y otras industrias en crecimiento.
"MERCADOS". LOS PADRES DE LA BESTIA.
Perpetrado por Oskarele
Siguiendo con esta nueva sección dedicada a entender y explicar un poco mejor como funciona este sistema económico en el que vivimos, nos enfrentamos hoy a un nuevo concepto, bastante abstracto y complejo. El mercado. Los mercados. Si, esos de los que se habla tanto últimamente con expresiones como: “El miedo atenaza a los mercados” o “Nuevo ataque de los mercados a la deuda española”.
Hay diferentes formas de afrontar este término desde el punto de vista económico. Básicamente, el mercado, es la arena en la que se baten las empresas y corporaciones por vender, en competencia no siempre libre y legal, sus productos y servicios.
Pero también está el “mercado financiero”, que es el que nos interesa en este momento.
Éste sería el campo de batalla en el que se enfrentan por vender y comprar las acciones o participaciones en las empresas y estados. Es lo que se conoce como “mercados de valores”. Lo que viene a ser la bolsa.
También están los que se conocen como “mercados de derivados”. Un derivado financiero, es bueno decirlo, es un producto cuyo valor se basa en el precio de otro activo, de ahí su nombre. Por ejemplo, el valor futuro del oro se basa en el precio del oro actualmente. Los subyacentes utilizados pueden ser muy diferentes, acciones, índices bursátiles, valores de renta fija, tipos de interés o también materias primas.
Los mercados financieros están afectados por las fuerzas de oferta y demanda.
Cuanta más demanda exista de las acciones de una empresa, mas alto es el valor de estas acciones. Y al revés, supuestamente.
Cuanto más beneficio de una empresa, por otro lado, más tienen que valer sus acciones, en teoría.
Esto no siempre es así, pues hay muchos más factores en juego.
Especialmente dos: el rumor y la información velada.
En los mercados financieros la información se traduce en beneficios. Por eso los rumores cobran protagonismo.
Para entenderlo mejor, un ejemplo: imagina que eres un accionista particular, y te enteras que la empresa FABRICODINERO S.A. se va fusionar con otra, convirtiéndose en la líder del sector. Pero esa información aun la tenéis muy pocos. Ese es el momento para comprar acciones a un precio mucho menor de lo que costarán cuando la fusión sea conocida públicamente.
Pero también influye el rumor, como ya hemos dicho, pues imaginad que la información que recibís no es segura, si no algo que habéis escuchado por ahí. Según la fiabilidad que se le dé al rumor se invierte o no.
Por esto, queda claro, que el que tenga mayor acceso a información privilegiada y mayor criterio para acertar con el rumor triunfa en este loco mundo de la especulación bursátil.
Siguiendo con esta nueva sección dedicada a entender y explicar un poco mejor como funciona este sistema económico en el que vivimos, nos enfrentamos hoy a un nuevo concepto, bastante abstracto y complejo. El mercado. Los mercados. Si, esos de los que se habla tanto últimamente con expresiones como: “El miedo atenaza a los mercados” o “Nuevo ataque de los mercados a la deuda española”.
Hay diferentes formas de afrontar este término desde el punto de vista económico. Básicamente, el mercado, es la arena en la que se baten las empresas y corporaciones por vender, en competencia no siempre libre y legal, sus productos y servicios.
Pero también está el “mercado financiero”, que es el que nos interesa en este momento.
Éste sería el campo de batalla en el que se enfrentan por vender y comprar las acciones o participaciones en las empresas y estados. Es lo que se conoce como “mercados de valores”. Lo que viene a ser la bolsa.
También están los que se conocen como “mercados de derivados”. Un derivado financiero, es bueno decirlo, es un producto cuyo valor se basa en el precio de otro activo, de ahí su nombre. Por ejemplo, el valor futuro del oro se basa en el precio del oro actualmente. Los subyacentes utilizados pueden ser muy diferentes, acciones, índices bursátiles, valores de renta fija, tipos de interés o también materias primas.
Los mercados financieros están afectados por las fuerzas de oferta y demanda.
Cuanta más demanda exista de las acciones de una empresa, mas alto es el valor de estas acciones. Y al revés, supuestamente.
Cuanto más beneficio de una empresa, por otro lado, más tienen que valer sus acciones, en teoría.
Esto no siempre es así, pues hay muchos más factores en juego.
Especialmente dos: el rumor y la información velada.
En los mercados financieros la información se traduce en beneficios. Por eso los rumores cobran protagonismo.
Para entenderlo mejor, un ejemplo: imagina que eres un accionista particular, y te enteras que la empresa FABRICODINERO S.A. se va fusionar con otra, convirtiéndose en la líder del sector. Pero esa información aun la tenéis muy pocos. Ese es el momento para comprar acciones a un precio mucho menor de lo que costarán cuando la fusión sea conocida públicamente.
Pero también influye el rumor, como ya hemos dicho, pues imaginad que la información que recibís no es segura, si no algo que habéis escuchado por ahí. Según la fiabilidad que se le dé al rumor se invierte o no.
Por esto, queda claro, que el que tenga mayor acceso a información privilegiada y mayor criterio para acertar con el rumor triunfa en este loco mundo de la especulación bursátil.
Por otro lado, hay que dejar claro que existen diferentes protagonistas en esto que llaman “los mercados” (financieros)
Por un lado están los accionistas normales, más grandes o más chicos, personas individuales o empresas. Los que juegan en bolsa directamente.
Luego están los que juegan indirectamente.
Esto se puede hacer de varias maneras.
Una de ellas son los “Fondos de inversión”. En estos casos particulares o empresas ponen pasta a disposición de empresas de inversión o bancos para que con su pasta inviertan en acciones de otras empresas o en bonos estatales.
Aquí existen dos formas diferentes, básicamente de invertir: interés (renta) variable o fijo. El fijo es un interés acordado por las partes inalterable. Por ejemplo: inviertes 100 pavos a un 3% durante un mes. Resultado, pillas 103 pavos, 3 de beneficio. El riesgo es nulo, pues el interés es fijo. No puedes perder.
El interés variable depende del éxito con la inversión efectuada. Se puede ganar mucho o perder mucho. El interés varía según el mercado y según el acierto en la inversión.
Tras los fondos de inversión, los siguientes protagonistas son los fondos de pensiones, que vienen a ser lo mismo, con la salvedad de que la inversión se hace con la esperanza de recuperar el capital invertido y unos suculentos intereses para cuando nos llegue el momento de jubilarnos. La renta también puede ser fija o variable.
Ambos tipos de fondos representan una ventaja increíble para el mercado financiero, pues se trata del dinero de millones de “personas normales”, puesto en el juego en la gran ruleta de la especulación bursátil. Juegan con nuestro dinero, con lo cual, si se pierde pasta, se pierde la nuestra. Y ellos ganan siempre, pues se llevan su comisión por dejarnos jugar.
Luego están los fondos soberanos, vehículos de inversión creados por países ricos en materias primas o con superávit fiscal. Suelen actuar a largo plazo y destinan su dinero tanto a deuda (pública y privada) como a renta variable. Los 15 mayores fondos soberanos manejan activos valorados en 2,5 billones de euros. Los principales fondos corresponden a Abu Dhabi, Noruega, Arabia Saudí, China, Kuwait, Singapur, Rusia y Catar. Mirados con recelo hace unos años por Occidente por su opacidad y carácter estatal, los fondos soberanos son ahora cortejados por empresarios y gobernantes debido a su abundante liquidez.
Y también están los fondos de alto riesgo. Se basa en apostar por inversiones arriesgadas con la intención de comprar barato y vender caro. Pura especulación.
Por supuesto, esto es inmensamente más complejo y laberintico.
Kafkiano.
En fin, una locura. Un extraño mecanismo donde los actores en escena son millones de personas, desde megacorporaciones a muchos de nosotros que tenemos planes de pensiones o pasta a plazo fijo. Unos con mas pasta, otros con menos, pero todos jugando en este volátil juego.
Por eso, todos somos mercado.
Los mercados somos nosotros.
Mas info y fuentes por aquí: http://www.elpais.com/articulo/economia/manos/mecen/mercados/elpepieco/20110804elpepieco_9/Tes, aquí:http://es.wikipedia.org/wiki/Mercados_financieros, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Mercado_de_valores, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Forex, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Derivados_financieros.
Por un lado están los accionistas normales, más grandes o más chicos, personas individuales o empresas. Los que juegan en bolsa directamente.
Luego están los que juegan indirectamente.
Esto se puede hacer de varias maneras.
Una de ellas son los “Fondos de inversión”. En estos casos particulares o empresas ponen pasta a disposición de empresas de inversión o bancos para que con su pasta inviertan en acciones de otras empresas o en bonos estatales.
Aquí existen dos formas diferentes, básicamente de invertir: interés (renta) variable o fijo. El fijo es un interés acordado por las partes inalterable. Por ejemplo: inviertes 100 pavos a un 3% durante un mes. Resultado, pillas 103 pavos, 3 de beneficio. El riesgo es nulo, pues el interés es fijo. No puedes perder.
El interés variable depende del éxito con la inversión efectuada. Se puede ganar mucho o perder mucho. El interés varía según el mercado y según el acierto en la inversión.
Tras los fondos de inversión, los siguientes protagonistas son los fondos de pensiones, que vienen a ser lo mismo, con la salvedad de que la inversión se hace con la esperanza de recuperar el capital invertido y unos suculentos intereses para cuando nos llegue el momento de jubilarnos. La renta también puede ser fija o variable.
Ambos tipos de fondos representan una ventaja increíble para el mercado financiero, pues se trata del dinero de millones de “personas normales”, puesto en el juego en la gran ruleta de la especulación bursátil. Juegan con nuestro dinero, con lo cual, si se pierde pasta, se pierde la nuestra. Y ellos ganan siempre, pues se llevan su comisión por dejarnos jugar.
Luego están los fondos soberanos, vehículos de inversión creados por países ricos en materias primas o con superávit fiscal. Suelen actuar a largo plazo y destinan su dinero tanto a deuda (pública y privada) como a renta variable. Los 15 mayores fondos soberanos manejan activos valorados en 2,5 billones de euros. Los principales fondos corresponden a Abu Dhabi, Noruega, Arabia Saudí, China, Kuwait, Singapur, Rusia y Catar. Mirados con recelo hace unos años por Occidente por su opacidad y carácter estatal, los fondos soberanos son ahora cortejados por empresarios y gobernantes debido a su abundante liquidez.
Y también están los fondos de alto riesgo. Se basa en apostar por inversiones arriesgadas con la intención de comprar barato y vender caro. Pura especulación.
Por supuesto, esto es inmensamente más complejo y laberintico.
Kafkiano.
En fin, una locura. Un extraño mecanismo donde los actores en escena son millones de personas, desde megacorporaciones a muchos de nosotros que tenemos planes de pensiones o pasta a plazo fijo. Unos con mas pasta, otros con menos, pero todos jugando en este volátil juego.
Por eso, todos somos mercado.
Los mercados somos nosotros.
Mas info y fuentes por aquí: http://www.elpais.com/articulo/economia/manos/mecen/mercados/elpepieco/20110804elpepieco_9/Tes, aquí:http://es.wikipedia.org/wiki/Mercados_financieros, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Mercado_de_valores, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Forex, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Derivados_financieros.
CALIFICADORAS DE RIESGO
(B) .
Cómo funcionan?
En medio del debate tras la rebaja de la deuda de los EE.UU. y la insistencia de Obama sobre la solidez de su economía, te explicamos sobre qué variables se basan estas empresas de gran influencia en el mercado.
Por empezar, hay que saber que tres calificadoras de riesgo están en el "podio". Moody's, Standard & Poor's y Fitch Ratings.
Estas empresas se dedican a "poner nota" o calificar, como su nombre lo dice, aspectos contables de compañías o emisiones de renta fija. Analizan empresas, entidades financieras, aseguradoras, finanzas públicas, etc. y sirven de referencia a los inversores.
¿Qué evalúan?
El objetivo de las agencias es dar un panorama sobre la capacidad de pago (capital e intereses acordados) del que se endeuda según las condiciones de esa deuda. O sea, a grandes rasgos, se trata de una "opinión" sobre la capacidad para cumplimiento con una obligación puntual.
¿Cómo puede incidir una nota en los mercados?
En 2008, las calificadoras estuvieron en el foco de la tormenta. Los principales cuestionamientos fueron por no advertir la debacle. Mantenían, por ejemplo, una buena calificación a Lehman Brothers, que fue el ícono del estallido de la crisis financiera que se extendió al mundo.
Eso puso la actividad de la agencias bajo la lupa, pero la práctica demuestra que siguen siendo influyentes: la rebaja del viernes a la deuda de EE.UU por parte de S&P hizo evidente que sus movimientos influyen, y mucho, en los mercados.
"Cuando las calificadoras afirman que un país es propenso al riesgo y rebajan su calificación, ello presupone graves consecuencias, ya que a partir de ese momento el país en cuestión deberá pagar una prima de riesgo más alta sobre sus deudas", describió Litvinoff.
¿Cómo son las escalas?
Cada calificadora tiene una escala particular que tiene en cada extremo la solvencia y el default, o incapacidad de pago.
En su nueva calificación por parte de S&P, Estados Unidos pasó de AAA a AA+. Hace unos días, Obama insistió en, si bien la economía está "pasando por un momento duro", Estados Unidos "siempre ha sido, y seguirá siendo, un país AAA". Así, quiso calmar a los mercados en plena caída por el temor que despertaron las dudas sobre la salud de esa economía.
Por ejemplo, la escala de BBB a AAA significa que el emisor es solvente y, por tanto, la probabilidad de que cumpla sus obligaciones es alta.
Hacia abajo, de BB a D (default), hay distintos niveles de posible cumplimiento, siendo el último el más bajo. Por eso, la nota más baja se utiliza para casos en los que el emisor es altamente vulnerable y, por ende, un potencial incumplidor. A medida que baja la calificación, los emisores poseen, según las agencias, una capacidad crediticia más débil...
Fuente: Diario La Nación.
Cómo funcionan?
En medio del debate tras la rebaja de la deuda de los EE.UU. y la insistencia de Obama sobre la solidez de su economía, te explicamos sobre qué variables se basan estas empresas de gran influencia en el mercado.
Por empezar, hay que saber que tres calificadoras de riesgo están en el "podio". Moody's, Standard & Poor's y Fitch Ratings.
Estas empresas se dedican a "poner nota" o calificar, como su nombre lo dice, aspectos contables de compañías o emisiones de renta fija. Analizan empresas, entidades financieras, aseguradoras, finanzas públicas, etc. y sirven de referencia a los inversores.
¿Qué evalúan?
El objetivo de las agencias es dar un panorama sobre la capacidad de pago (capital e intereses acordados) del que se endeuda según las condiciones de esa deuda. O sea, a grandes rasgos, se trata de una "opinión" sobre la capacidad para cumplimiento con una obligación puntual.
¿Cómo puede incidir una nota en los mercados?
En 2008, las calificadoras estuvieron en el foco de la tormenta. Los principales cuestionamientos fueron por no advertir la debacle. Mantenían, por ejemplo, una buena calificación a Lehman Brothers, que fue el ícono del estallido de la crisis financiera que se extendió al mundo.
Eso puso la actividad de la agencias bajo la lupa, pero la práctica demuestra que siguen siendo influyentes: la rebaja del viernes a la deuda de EE.UU por parte de S&P hizo evidente que sus movimientos influyen, y mucho, en los mercados.
"Cuando las calificadoras afirman que un país es propenso al riesgo y rebajan su calificación, ello presupone graves consecuencias, ya que a partir de ese momento el país en cuestión deberá pagar una prima de riesgo más alta sobre sus deudas", describió Litvinoff.
¿Cómo son las escalas?
Cada calificadora tiene una escala particular que tiene en cada extremo la solvencia y el default, o incapacidad de pago.
En su nueva calificación por parte de S&P, Estados Unidos pasó de AAA a AA+. Hace unos días, Obama insistió en, si bien la economía está "pasando por un momento duro", Estados Unidos "siempre ha sido, y seguirá siendo, un país AAA". Así, quiso calmar a los mercados en plena caída por el temor que despertaron las dudas sobre la salud de esa economía.
Por ejemplo, la escala de BBB a AAA significa que el emisor es solvente y, por tanto, la probabilidad de que cumpla sus obligaciones es alta.
Hacia abajo, de BB a D (default), hay distintos niveles de posible cumplimiento, siendo el último el más bajo. Por eso, la nota más baja se utiliza para casos en los que el emisor es altamente vulnerable y, por ende, un potencial incumplidor. A medida que baja la calificación, los emisores poseen, según las agencias, una capacidad crediticia más débil...
Fuente: Diario La Nación.
SE VENDE DEUDA, OIGA
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Perpetrado por Oskarele.
Estamos jodidos. Todos los días leemos en la prensa o vemos en las noticas cosas como “los mercados secundarios de deuda han lanzado un nuevo ataque a España”… o “España consigue colocar tropecientos mil millones de deuda?... me quedo muerto. ¿Qué es todo esto? Para empezar con nuestra esta nueva serie de artículos dedicados a la crisis y al capitalismo, vamos a intentar explicar y entender a que se refieren, exactamente, estas noticias.
Los países, los estados, son megacorporaciones, superempresas. Tienen millones de trabajadores, con los consecuentes millones de sueldos, y además subcontratan a otras empresas para ofrecer, básicamente, una cosa: servicios. Ya hablemos de atención sanitaria, carreteras o seguridad policial.
Todo esto sale muy caro. Enormemente caro.
El problema es que apenas tienen beneficios. Por un lado por la cantidad de pasta que roban unos y otros. Y por otro porque todo lo que ganan se lo gastan, sobre todo, en dos cosas: pagar a todos los relacionados con esos servicios y, por otro lado, pagar a los que han invertido en el estado.
¿Invertir en el estado?
Pues sí.
El estado tiene tres formas de trincar pasta: los impuestos, en todas sus terribles modalidades, la creación de dinero y la emisión de deuda pública.
¿Qué es la deuda pública?
Consiste, básicamente, en prestar pasta al estado. A cambio, lógicamente, de un interés. Esta movida se manifiesta mediante algo llamado bonos (conoceréis seguro los anuncios de TV donde se incita a comprar “bonos del estado”) u obligaciones.
El estado, pues, tiene la obligación de devolverte la pasta en el tiempo fijado y con el interés fijado.
¿Me explico?
La cosa se pone interesante con el tema del plazo pactado para recuperar el préstamo. Puede ser a corto plazo (menos de un año, en España representado por las Letras del Tesoro), a medio plazo (bonos del estado) o a largo plazo (Obligaciones del estado, aquí).
Cada una de estas opciones temporales marca unos intereses diferentes, pues, lógicamente, no es lo mismo prestar dinero a un año que a 5 o a 30. Cuanto mayor es, los inversores exigen más rentabilidad, ya que no van a volver a disponer de su dinero hasta que concluya este tiempo y necesitan un buen incentivo para tomar la decisión.
Por otro lado, la deuda de un país, en sus diferentes modalidades puede ser comprada tanto por gente del propio país como por gente de otros países. Así surgen dos conceptos mas: deuda interna y externa.
La deuda externa, como vamos a ver, tiene muchísima importancia pues afecta a la económica global hasta límites insospechados.
Pero además es la que más le interesa a los estados, pues posibilita los fondos necesarios sin menoscabo del ahorro nacional.
Estas ventajas que ofrece a corto plazo la deuda externa tienen su contrapartida en el momento de la amortización de la deuda, cuando será necesario captar los recursos en el país sin que esos recursos produzcan una compensación en otros ciudadanos internos.
La compraventa de deuda por parte de los estados sirve, además, para aumentar o reducir la cantidad de dinero en circulación: Si hay inflación sobra dinero en el mercado. El Estado puede vender deuda pública (cambiar títulos por dinero) para así reducir la cantidad de dinero en circulación. Si hay deflación el Estado puede comprar los títulos de deuda pública (dar dinero a cambio de ellos) para aportar más dinero al mercado.
En la Unión Europea, la movida depende del Banco Central Europeo, lo que lo provoca que los países tengan límites en la cantidad de deuda pública que pueden emitir, ya que sería una forma de interferir en la política monetaria común.
Por otro lado, la deuda pública, es algo muy atractivo para los inversores, sobre todo por su , supuesta seguridad de recuperación y al interés alto que generan.
Pero aquí surge el problema: un país que emita confianza, con un economía solvente (al menos en apariencia), da buen rollo a los inversores y se venden sus bonos y demás mecanismos de deuda.
Pero si el país esta jodido, la economía va malamente (o al menos lo parece), los inversores se echan pa’tras y se muestran reacios a comprar deuda.
O, ojo al dato, piden un mayor interés por la deuda.
Esto es vital.
Esta es la famosa “Prima de Riesgo” que no hace más que subir. En términos generales se puede traducir por cuánto dinero es necesario para que los compradores dejen de lado sus temores y olviden el riesgo que conlleva entrar en la deuda de los países a invertir.
La movida esta es que los inversores se suelen fiar de determinadas empresas privadas dedicadas a calificar el riesgo de un país de no pagar sus bonos de deuda. Son las malditas y nombradas agencias de rating. Standard & Poor's, Fitch y Moody's y cosas así.
Así, nuestro estado, para poder financiarse, por los prestamos de los señores que compran su deuda, tiene que pagar, por culpa de estas dichosas agencias, unos interesas altísimos.
Y ¿Cómo paga a los que reclaman su deuda por que el plazo ha cumplido? Pues con el dinero de los nuevo inversores.
¿Y si no puede pagar? Pues entramos en impago.
El estado se hunde.
Perpetrado por Oskarele.
Estamos jodidos. Todos los días leemos en la prensa o vemos en las noticas cosas como “los mercados secundarios de deuda han lanzado un nuevo ataque a España”… o “España consigue colocar tropecientos mil millones de deuda?... me quedo muerto. ¿Qué es todo esto? Para empezar con nuestra esta nueva serie de artículos dedicados a la crisis y al capitalismo, vamos a intentar explicar y entender a que se refieren, exactamente, estas noticias.
Los países, los estados, son megacorporaciones, superempresas. Tienen millones de trabajadores, con los consecuentes millones de sueldos, y además subcontratan a otras empresas para ofrecer, básicamente, una cosa: servicios. Ya hablemos de atención sanitaria, carreteras o seguridad policial.
Todo esto sale muy caro. Enormemente caro.
El problema es que apenas tienen beneficios. Por un lado por la cantidad de pasta que roban unos y otros. Y por otro porque todo lo que ganan se lo gastan, sobre todo, en dos cosas: pagar a todos los relacionados con esos servicios y, por otro lado, pagar a los que han invertido en el estado.
¿Invertir en el estado?
Pues sí.
El estado tiene tres formas de trincar pasta: los impuestos, en todas sus terribles modalidades, la creación de dinero y la emisión de deuda pública.
¿Qué es la deuda pública?
Consiste, básicamente, en prestar pasta al estado. A cambio, lógicamente, de un interés. Esta movida se manifiesta mediante algo llamado bonos (conoceréis seguro los anuncios de TV donde se incita a comprar “bonos del estado”) u obligaciones.
El estado, pues, tiene la obligación de devolverte la pasta en el tiempo fijado y con el interés fijado.
¿Me explico?
La cosa se pone interesante con el tema del plazo pactado para recuperar el préstamo. Puede ser a corto plazo (menos de un año, en España representado por las Letras del Tesoro), a medio plazo (bonos del estado) o a largo plazo (Obligaciones del estado, aquí).
Cada una de estas opciones temporales marca unos intereses diferentes, pues, lógicamente, no es lo mismo prestar dinero a un año que a 5 o a 30. Cuanto mayor es, los inversores exigen más rentabilidad, ya que no van a volver a disponer de su dinero hasta que concluya este tiempo y necesitan un buen incentivo para tomar la decisión.
Por otro lado, la deuda de un país, en sus diferentes modalidades puede ser comprada tanto por gente del propio país como por gente de otros países. Así surgen dos conceptos mas: deuda interna y externa.
La deuda externa, como vamos a ver, tiene muchísima importancia pues afecta a la económica global hasta límites insospechados.
Pero además es la que más le interesa a los estados, pues posibilita los fondos necesarios sin menoscabo del ahorro nacional.
Estas ventajas que ofrece a corto plazo la deuda externa tienen su contrapartida en el momento de la amortización de la deuda, cuando será necesario captar los recursos en el país sin que esos recursos produzcan una compensación en otros ciudadanos internos.
La compraventa de deuda por parte de los estados sirve, además, para aumentar o reducir la cantidad de dinero en circulación: Si hay inflación sobra dinero en el mercado. El Estado puede vender deuda pública (cambiar títulos por dinero) para así reducir la cantidad de dinero en circulación. Si hay deflación el Estado puede comprar los títulos de deuda pública (dar dinero a cambio de ellos) para aportar más dinero al mercado.
En la Unión Europea, la movida depende del Banco Central Europeo, lo que lo provoca que los países tengan límites en la cantidad de deuda pública que pueden emitir, ya que sería una forma de interferir en la política monetaria común.
Por otro lado, la deuda pública, es algo muy atractivo para los inversores, sobre todo por su , supuesta seguridad de recuperación y al interés alto que generan.
Pero aquí surge el problema: un país que emita confianza, con un economía solvente (al menos en apariencia), da buen rollo a los inversores y se venden sus bonos y demás mecanismos de deuda.
Pero si el país esta jodido, la economía va malamente (o al menos lo parece), los inversores se echan pa’tras y se muestran reacios a comprar deuda.
O, ojo al dato, piden un mayor interés por la deuda.
Esto es vital.
Esta es la famosa “Prima de Riesgo” que no hace más que subir. En términos generales se puede traducir por cuánto dinero es necesario para que los compradores dejen de lado sus temores y olviden el riesgo que conlleva entrar en la deuda de los países a invertir.
La movida esta es que los inversores se suelen fiar de determinadas empresas privadas dedicadas a calificar el riesgo de un país de no pagar sus bonos de deuda. Son las malditas y nombradas agencias de rating. Standard & Poor's, Fitch y Moody's y cosas así.
Así, nuestro estado, para poder financiarse, por los prestamos de los señores que compran su deuda, tiene que pagar, por culpa de estas dichosas agencias, unos interesas altísimos.
Y ¿Cómo paga a los que reclaman su deuda por que el plazo ha cumplido? Pues con el dinero de los nuevo inversores.
¿Y si no puede pagar? Pues entramos en impago.
El estado se hunde.
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