UN MUNDO SIN NOVELAS Mario Vargas Llosa.
(B)
He releído varias veces el texto que sigue a esta breve introducción con el propósito de elegir un fragmento. Juzgué largo el contenido para un sólo post. Pero me he decidido a ponerlo completo porque no tiene desperdicio y siento que fracturaría su riqueza argumentativa. Espero que les guste tanto como a mí.
"La literatura es vista hoy en día como un entretenimiento, del que se puede prescindir en función del gusto individual. Este texto de Vargas Llosa es una apasionada defensa de la literatura como la mejor herramienta de comunicación entre los hombres y como el medio para crear ciudadanos libres y críticos. Un mundo sin literatura sería un mundo sin lenguaje y, por ello, sin ideas nuevas."
Muchas veces me ha ocurrido, en ferias del libro o librerías, que un señor se me acerque con un libro mío en las manos y me pida una firma, precisando: "Es para mi mujer, o mi hijita, o mi hermana, o mi madre; ella, o ellas, son grandes lectoras y les encanta la literatura". Yo le pregunto, de inmediato: "¿Y, usted, no lo es? ¿No le gusta leer?" La respuesta rara vez falla: "Bueno, sí, claro que me gusta, pero yo soy una persona muy ocupada, sabe usted". Sí, lo sé muy bien, porque he oído esa explicación decenas de veces: ese señor, esos miles de miles de señores iguales a él, tienen tantas cosas importantes, tantas obligaciones y responsabilidades en la vida, que no pueden desperdiciar su precioso tiempo pasando horas de horas enfrascados en una novela, un libro de poemas o un ensayo literario. Según esta extendida concepción, la literatura es una actividad prescindible, un entretenimiento, seguramente elevado y útil para el cultivo de la sensibilidad y las maneras, un adorno que pueden permitirse quienes disponen de mucho tiempo libre para la recreación, y que habría que filiar entre los deportes, el cine, el bridge o el ajedrez, pero que puede ser sacrificado sin escrúpulos a la hora de establecer una tabla de prioridades en los quehaceres y compromisos indispensables de la lucha por la vida.
Es cierto que la literatura ha pasado a ser, cada vez más, una actividad femenina: en las librerías, en las conferencias o recitales de escritores, y, por supuesto, en los departamentos y facultades universitarios dedicados a las letras, las faldas derrotan a los pantalones por goleada. La explicación que se ha dado es que, en los sectores sociales medios, las mujeres leen más porque trabajan menos horas que los hombres, y, también, que muchas de ellas tienden a considerar más justificado que los varones el tiempo dedicado a la fantasía y la ilusión. Soy un tanto alérgico a estas explicaciones que dividen a hombres y mujeres en categorías cerradas y que atribuyen a cada sexo virtudes y deficiencias colectivas, de manera que no suscribo del todo dichas explicaciones. Pero de lo que no hay duda es que los lectores literarios —hay muchos lectores, pero de bazofia impresa— son cada vez menos, en general, y que, dentro de ellos, las mujeres prevalecen. Ocurre en casi todo el mundo. En España, una reciente encuesta organizada por la SGAE (Sociedad General de Autores Españoles) arrojó una comprobación alarmante: que la mitad de los ciudadanos de ese país jamás ha leído un libro. La encuesta reveló, también, que, en la minoría lectora, el número de mujeres que confiesan leer supera al de los hombres en un 6.2% y la tendencia es a que la diferencia aumente. Yo me alegro mucho por las mujeres, claro está, pero lo deploro por los hombres, y por aquellos millones de seres humanos que, pudiendo leer, han renunciado a hacerlo. No sólo porque no saben el placer que se pierden, sino, desde una perspectiva menos hedonista, porque estoy convencido de que una sociedad sin novelas, o en la que la literatura ha sido relegada, como ciertos vicios inconfesables, a los márgenes de la vida social y convertida poco menos que en un culto sectario, está condenada a barbarizarse espiritualmente y a comprometer su libertad.
Me propongo en este texto formular algunas razones contra la idea de la literatura, en especial de la novela, como un pasatiempo de lujo, y a favor de considerarla, además de uno de los más estimulantes y enriquecedores quehaceres del espíritu, una actividad irremplazable para la formación del ciudadano en una sociedad moderna y democrática, de individuos libres, y que, por lo mismo, debería inculcarse en las familias desde la infancia y formar parte de todos los programas de educación como una disciplina básica. Ya sabemos que ocurre lo contrario, que la literatura tiende a encogerse e, incluso, a desaparecer del currículo escolar como si se tratara de una enseñanza prescindible.
Vivimos en una era de especialización del conocimiento, debido al prodigioso desarrollo de la ciencia y la técnica, y a su fragmentación en innumerables avenidas y compartimentos, sesgo de la cultura que sólo puede acentuarse en los años venideros. La especialización trae, sin duda, muchos beneficios, pues ella permite profundizar en la exploración y la experimentación, y es el motor del progreso. Pero tiene, también, como consecuencia negativa, el ir eliminando esos denominadores comunes de la cultura gracias a los cuales los hombres y las mujeres pueden coexistir, comunicarse y sentirse de alguna manera solidarios. La especialización conduce a la incomunicación social, al cuarteamiento del conjunto de seres humanos en asentamientos o guetos culturales de técnicos y especialistas a los que un lenguaje, unos códigos y una información progresivamente sectorizada y parcial, confinan en aquel particularismo contra el que nos alertaba el viejísimo refrán: no concentrarse tanto en la rama o la hoja como para olvidar que ellas son partes de un árbol, y éste, de un bosque. De tener conciencia cabal de la existencia del bosque depende en buena medida el sentimiento de pertenencia que mantiene unido al todo social y le impide desintegrarse en una miríada de particularismos solipsistas. Y el solipsismo —de pueblos o individuos— produce paranoias y delirios, esas desfiguraciones de la realidad que a menudo generan el odio, las guerras y los genocidios. Ciencia y técnica ya no pueden cumplir aquella función cultural integradora en nuestro tiempo, precisamente por la infinita riqueza de conocimientos y la rapidez de su evolución que ha llevado a la especialización y al uso de vocabularios herméticos.
La literatura, en cambio, a diferencia de la ciencia y la técnica, es, ha sido y seguirá siendo, mientras exista, uno de esos denominadores comunes de la experiencia humana, gracias al cual los seres vivientes se reconocen y dialogan, no importa cuán distintas sean sus ocupaciones y designios vitales, las geografías y las circunstancias en que se hallen, e, incluso, los tiempos históricos que determinen su horizonte. Los lectores de Cervantes o de Shakespeare, de Dante o de Tolstoi, nos entendemos y nos sentimos miembros de la misma especie porque, en las obras que ellos crearon, aprendimos aquello que compartimos como seres humanos, lo que permanece en todos nosotros por debajo del amplio abanico de diferencias que nos separan. Y nada defiende mejor al ser viviente contra la estupidez de los prejuicios, del racismo, de la xenofobia, de las orejeras pueblerinas del sectarismo religioso o político, o de los nacionalismos excluyentes, como esta comprobación incesante que aparece siempre en la gran literatura: la igualdad esencial de hombres y mujeres de todas las geografías y la injusticia que es establecer entre ellos formas de discriminación, sujeción o explotación. Nada enseña mejor que las buenas novelas a ver, en las diferencias étnicas y culturales, la riqueza del patrimonio humano y a valorarlas como una manifestación de su múltiple creatividad. Leer buena literatura es divertirse, sí; pero también aprender, de esa manera directa e intensa que es la de la experiencia vivida a través de las ficciones, qué y cómo somos, en nuestra integridad humana, con nuestros actos y sueños y fantasmas, a solas y en el entramado de relaciones que nos vinculan a los otros, en nuestra presencia pública y en el secreto de nuestra conciencia, esa complejísima suma de verdades contradictorias —como las llamaba Isaiah Berlin— de que está hecha la condición humana. Ese conocimiento totalizador y en vivo del ser humano, hoy, sólo se encuentra en la novela. Ni siquiera las otras ramas de las humanidades—como la filosofía, la psicología, la sociología, la historia o las artes— han podido preservar esa visión integradora y un discurso asequible al profano, pues, bajo la irresistible presión de la cancerosa división y subdivisión del conocimiento, han sucumbido también al mandato de la especialización, a aislarse en parcelas cada vez más segmentadas y técnicas, cuyas ideas y lenguajes están fuera del alcance de la mujer y el hombre del común. No es ni puede ser el caso de la literatura, aunque algunos críticos y teorizadores se empeñen en convertirla en una ciencia, porque la ficción no existe para investigar en un área determinada de la experiencia, sino para enriquecer imaginariamente la vida, la de todos, aquella vida que no puede ser desmembrada, desarticulada, reducida a esquemas o fórmulas, sin desaparecer. Por eso, Marcel Proust afirmó: "La verdadera vida, la vida por fin esclarecida y descubierta, la única vida por lo tanto plenamente vivida, es la literatura". No exageraba, guiado por el amor a esa vocación que practicó con soberbio talento: simplemente, quería decir que, gracias a la literatura, la vida se entiende y se vive mejor, y entender y vivir la vida mejor significa vivirla y compartirla con los otros.
El vínculo fraterno que la novela establece entre los seres humanos, obligándolos a dialogar y haciéndolos conscientes de un fondo común, de formar parte de un mismo linaje espiritual, trasciende las barreras del tiempo. La literatura nos retrotrae al pasado y nos hermana con quienes, en épocas idas, fraguaron, gozaron y soñaron con esos textos que nos legaron y que, ahora, nos hacen gozar y soñar también a nosotros. Ese sentimiento de pertenencia a la colectividad humana a través del tiempo y el espacio es el más alto logro de la cultura y nada contribuye tanto a renovarlo en cada generación como la literatura.
A Borges lo irritaba que le preguntaran: "¿Para qué sirve la literatura?" Le parecía una pregunta idiota y respondía: "¡A nadie se le ocurriría preguntarse cuál es la utilidad del canto de un canario o de los arreboles de un crepúsculo!" En efecto, si esas cosas bellas están allí y gracias a ellas la vida, aunque sea por un instante, es menos fea y menos triste, ¿no es mezquino buscarles justificaciones prácticas? Sin embargo, a diferencia del gorjeo de los pájaros o el espectáculo del sol hundiéndose en el horizonte, un poema, una novela, no están simplemente allí, fabricados por el azar o la naturaleza. Son una creación humana, y es lícito indagar cómo y por qué nacieron, y qué han dado a la humanidad para que la literatura, cuyos remotos orígenes se confunden con los de la escritura, haya durado tanto tiempo. Nacieron, como inciertos fantasmas, en la intimidad de una conciencia, proyectados a ella por las fuerzas conjugadas del inconsciente, una sensibilidad y unas emociones, a los que, en una lucha a veces a mansalva con las palabras, el poeta, el narrador, fueron dando silueta, cuerpo, movimiento, ritmo, armonía, vida. Una vida artificial, hecha de lenguaje e imaginación, que coexiste con la otra, la real, desde tiempos inmemoriales, y a la que acuden hombres y mujeres —algunos con frecuencia y otros de manera esporádica— porque la vida que tienen no les basta, no es capaz de ofrecerles todo lo que quisieran. La novela no comienza a existir cuando nace, por obra de un individuo; sólo existe de veras cuando es adoptada por los otros y pasa a formar parte de la vida social, cuando se torna, gracias a la lectura, experiencia compartida.
Uno de sus primeros efectos benéficos ocurre en el plano del lenguaje. Una comunidad sin literatura escrita se expresa con menos precisión, riqueza de matices y claridad que otra cuyo principal instrumento de comunicación, la palabra, ha sido cultivado y perfeccionado gracias a los textos literarios. Una humanidad sin novelas, no contaminada de literatura, se parecería mucho a una comunidad de tartamudos y de afásicos, aquejada de tremendos problemas de comunicación debido a lo basto y rudimentario de su lenguaje. Esto vale también para los individuos, claro está. Una persona que no lee, o lee poco, o lee sólo basura, puede hablar mucho pero dirá siempre pocas cosas, porque dispone de un repertorio mínimo y deficiente de vocablos para expresarse. No es una limitación sólo verbal; es, al mismo tiempo, una limitación intelectual y de horizonte imaginario, una indigencia de pensamientos y de conocimientos, porque las ideas, los conceptos, mediante los cuales nos apropiamos de la realidad existente y de los secretos de nuestra condición, no existen disociados de las palabras a través de las cuales los reconoce y define la conciencia. Se aprende a hablar con corrección, profundidad, rigor y sutileza gracias a la buena literatura, y sólo gracias a ella. Ninguna otra disciplina, ni tampoco rama alguna de las artes, puede sustituir a la literatura en la formación del lenguaje con que se comunican las personas. Los conocimientos que nos transmiten los manuales científicos y los tratados técnicos son fundamentales; pero ellos no nos enseñan a dominar las palabras y a expresarnos con propiedad: al contrario, a menudo están muy mal escritos y delatan confusión lingüística, porque sus autores, a veces indiscutibles eminencias en su profesión, son literariamente incultos y no saben servirse del lenguaje para comunicar los tesoros conceptuales de que son poseedores. Hablar bien, disponer de un habla rica y diversa, encontrar la expresión adecuada para cada idea o emoción que se quiere comunicar, significa estar mejor preparado para pensar, enseñar, aprender, dialogar y, también, para fantasear, soñar, sentir y emocionarse. De una manera subrepticia, las palabras reverberan en todos los actos de la vida, aun en aquellos que parecen muy alejados del lenguaje. Éste, a medida que, gracias a la literatura, evolucionó hasta niveles elevados de refinamiento y matización, elevó las posibilidades del goce humano, y, en lo relativo al amor, sublimó los deseos y dio categoría de creación artística al acto sexual. Sin la literatura, no existiría el erotismo. El amor y el placer serían más pobres, carecerían de delicadeza y exquisitez, de la intensidad que alcanzan educados y azuzados por la sensibilidad y las fantasías literarias. No es exagerado decir que una pareja que ha leído a Garcilaso, a Petrarca, a Góngora y a Baudelaire ama y goza mejor que otra de analfabetos semiidiotizados por los culebrones de la televisión. En un mundo aliterario, el amor y el goce serían indiferenciables de los que sacian a los animales, no irían más allá de la cruda satisfacción de los instintos elementales: copular y tragar.
Los medios audiovisuales tampoco están en condiciones de suplir a la literatura en esta función: la de enseñar al ser humano a usar con seguridad y talento las riquísimas posibilidades que encierra la lengua. Por el contrario, los medios audiovisuales tienden, como es natural, a relegar a las palabras a un segundo plano respecto a las imágenes, que son su lenguaje primordial, y a constreñir la lengua a su expresión oral, lo mínimo indispensable y lo más alejada de su vertiente escrita, que, en la pantalla, pequeña o grande, y en los parlantes, resulta siempre soporífica. Decir de una película o un programa que es "literario" es una manera educada de llamarlo aburrido. Y, por eso, los programas literarios en la radio o la televisión rara vez conquistan al gran público; que yo sepa, la única excepción a esta regla ha sido Apostrophes, de Bernard Pivot, en Francia. Ello me lleva a pensar, también, aunque en esto admito ciertas dudas, que no sólo la literatura es indispensable para el cabal conocimiento y dominio del lenguaje, sino que la suerte de las novelas está ligada, en matrimonio indisoluble, a la del libro, ese producto industrial al que muchos declaran ya obsoleto.
Entre ellos, una persona tan importante, y a la que la humanidad debe tanto en el dominio de las comunicaciones, como Bill Gates, el fundador de Microsoft. El señor Gates estuvo en Madrid hace algunos meses, y visitó la Real Academia Española, con la que Microsoft ha echado las bases de lo que, ojalá, sea una fecunda colaboración. Entre otras cosas, Bill Gates aseguró a los académicos que se ocupará personalmente de que la letra ñ no sea desarraigada nunca de los ordenadores, promesa que, claro está, nos ha hecho lanzar un suspiro de alivio a los cuatrocientos millones de hispanohablantes de los cinco continentes a los que la mutilación de aquella letra esencial en el ciberespacio hubiera creado problemas babélicos. Ahora bien, inmediatamente después de esta amable concesión a la lengua española, y entiendo que sin siquiera abandonar el local de la Real Academia, Bill Gates afirmó en conferencia de prensa que espera no morirse sin haber realizado su mayor designio. ¿Y cuál es éste? Acabar con el papel, y, por lo tanto, con los libros, mercancías que a su juicio son ya de un anacronismo pertinaz. El señor Gates explicó que las pantallas del ordenador están en condiciones de reemplazar exitosamente al papel en todas las funciones que éste ha asumido hasta ahora, y que, además de ser menos onerosas, quitar menos espacio y ser más transportables, las informaciones y la literatura vía pantalla, en lugar de vía periódicos y libros, tendrán la ventaja ecológica de poner fin a la devastación de los bosques, cataclismo que por lo visto es consecuencia de la industria papelera. Las gentes continuarán leyendo, explicó, por supuesto, pero en las pantallas, y, de este modo, habrá más clorofila en el medio ambiente.
Yo no estaba presente —conozco estos detalles por la prensa—, pero, si lo hubiera estado, hubiera abucheado al señor Bill Gates por anunciar allí, sin el menor impudor, su intención de enviarnos al paro a mí y a tantos de mis colegas, los escribidores librescos. ¿Puede la pantalla reemplazar al libro en todos los casos, como afirma el creador de Microsoft? No estoy tan seguro. Lo digo sin desconocer, en absoluto, la gigantesca revolución que en el campo de las comunicaciones y la información ha significado el desarrollo de las nuevas técnicas, como Internet, que cada día me presta una invalorable ayuda en mi propio trabajo. Pero de allí a admitir que la pantalla electrónica puede suplir al papel en lo que se refiere a las lecturas literarias, hay un trecho que no alcanzo a franquear. Simplemente no consigo hacerme a la idea de que la lectura no funcional ni pragmática, aquella que no busca una información ni una comunicación de utilidad inmediata, pueda integrarse en la pantalla de un ordenador, al ensueño y la fruición de la palabra con la misma sensación de intimidad, con la misma concentración y aislamiento espiritual, con que lo hace a través del libro. Es, tal vez, un prejuicio, resultante de la falta de práctica, de la ya larga identificación en mi experiencia de la literatura con los libros de papel, pero, aunque con mucho gusto navego por el Internet en busca de las noticias del mundo, no se me ocurriría recurrir a él para leer los poemas de Góngora, una novela de Onetti o de Calvino o un ensayo de Octavio Paz, porque sé positivamente que el efecto de esa lectura jamás sería el mismo. Tengo el convencimiento, que no puedo justificar, de que, con la desaparición del libro, la literatura recibiría un serio maltrato, acaso mortal. El nombre no desaparecería, por supuesto; pero probablemente serviría para designar un tipo de textos tan alejados de lo que ahora entendemos por literatura como lo están los programas televisivos de cotilleo sobre los famosos del jet-set o El Gran Hermano de las tragedias de Sófocles y de Shakespeare.
Otra razón para dar a la novela una plaza importante en la vida de las naciones es que, sin ella, el espíritu crítico, motor del cambio histórico y el mejor valedor de su libertad con que cuentan los pueblos, sufriría una merma irremediable. Porque toda buena literatura es un cuestionamiento radical del mundo en que vivimos. En todo gran texto de ficción, y sin que muchas veces lo hayan querido sus autores, alienta una predisposición sediciosa.
La literatura no dice nada a los seres humanos satisfechos con su suerte, a quienes colma la vida tal como la viven. Ella es alimento de espíritus indóciles y propagadora de inconformidad, un refugio para aquel al que sobra o falta algo, en la vida, para no ser infeliz, para no sentirse incompleto, sin realizar en sus aspiraciones. Salir a cabalgar junto al escuálido Rocinante y su desbaratado jinete por los descampados de La Mancha, recorrer los mares en pos de la ballena blanca con el capitán Ahab, tragarnos el arsénico con Emma Bovary o convertirnos en un insecto con Gregorio Samsa, es una manera astuta que hemos inventado a fin de desagraviarnos a nosotros mismos de las ofensas e imposiciones de esa vida injusta que nos obliga a ser siempre los mismos, cuando quisiéramos ser muchos, tantos como requerirían para aplacárselos incandescentes deseos de que estamos poseídos.
La novela sólo apacigua momentáneamente esa insatisfacción vital, pero, en ese milagroso intervalo, en esa suspensión provisional de la vida en que nos sume la ilusión literaria —que parece arrancarnos de la cronología y de la historia y convertirnos en ciudadanos de una patria sin tiempo, inmortal— somos otros. Más intensos, más ricos, más complejos, más felices, más lúcidos, que en la constreñida rutina de nuestra vida real. Cuando, cerrado el libro, abandonada la ficción, regresamos a aquélla y la cotejamos con el esplendoroso territorio que acabamos de dejar, qué decepción nos espera. Es decir, esta tremenda comprobación: que la vida soñada de la novela es mejor —más bella y más diversa, más comprensible y perfecta— que aquella que vivimos cuando estamos despiertos, una vida doblegada por las limitaciones y servidumbres de nuestra condición. En este sentido, la buena literatura es siempre —aunque no lo pretenda ni lo advierta— sediciosa, insumisa, revoltosa: un desafío a lo que existe. La literatura nos permite vivir en un mundo cuyas leyes transgreden las leyes inflexibles por las que transcurre nuestra vida real, emancipados de la cárcel del espacio y del tiempo, en la impunidad para el exceso y dueños de una soberanía que no conoce límites. ¿Cómo no quedaríamos defraudados, luego de leer La guerra y la paz o En busca del tiempo perdido, al volver a este mundo de pequeñeces sin cuento, de fronteras y prohibiciones que nos acechan por doquier y que, a cada paso, corrompen nuestras ilusiones? Esa es, acaso, más incluso que la de mantener la continuidad de la cultura y la de enriquecer el lenguaje, la mejor contribución de la literatura al progreso humano: recordarnos (sin proponérselo en la mayoría de los casos) que el mundo está mal hecho, que mienten quienes pretenden lo contrario —por ejemplo, los poderes que lo gobiernan—, y que podría estar mejor, más cerca de los mundos que nuestra imaginación y nuestro verbo son capaces de inventar.
Una sociedad democrática y libre necesita ciudadanos responsables y críticos, conscientes de la necesidad de someter continuamente a examen el mundo en que vivimos para tratar de acercarlo —empresa siempre quimérica— a aquel en que quisiéramos vivir; pero, gracias a su terquedad en alcanzar aquel sueño inalcanzable —casar la realidad con los deseos— ha nacido y avanzado la civilización, y llevado al ser humano a derrotar a muchos —no a todos, por supuesto— demonios que lo avasallaban. Y no existe mejor fermento de insatisfacción frente a lo existente que la buena literatura. Para formar ciudadanos críticos e independientes, difíciles de manipular, en permanente movilización espiritual y con una imaginación siempre en ascuas, nada como las buenas novelas.
Ahora bien, llamar sediciosa a la literatura porque las bellas ficciones desarrollan en los lectores una conciencia alerta respecto de las imperfecciones del mundo real no significa, claro está, como creen las iglesias y los gobiernos que establecen censuras para atenuar o anular su carga subversiva, que los textos literarios provoquen inmediatas conmociones sociales o aceleren las revoluciones. Entramos aquí en un terreno resbaladizo, subjetivo, en el que conviene moverse con prudencia. Los efectos sociopolíticos de un poema, de un drama o de una novela son inverificables porque ellos no se dan casi nunca de manera colectiva, sino individual, lo que quiere decir que varían enormemente de una a otra persona. Por ello es difícil, para no decir imposible, establecer pautas precisas. De otro lado, muchas veces estos efectos, cuando resultan evidentes en el ámbito colectivo, pueden tener poco que ver con la calidad estética del texto que los produce. Por ejemplo, una mediocre novela, La cabaña del tío Tom, de Harriet Elizabeth Beecher Stowe, parece haber desempeñado un papel importantísimo en la toma de conciencia social en Estados Unidos sobre los horrores de la esclavitud. Pero que estos efectos sean difíciles de identificar no implica que no existan. Sino que ellos se dan, de manera indirecta y múltiple, a través de las conductas y acciones de los ciudadanos cuya personalidad las novelas contribuyeron a modelar.
La buena literatura, a la vez que apacigua momentáneamente la insatisfacción humana, la incrementa, y, desarrollando una sensibilidad inconformista ante la vida, hace a los seres humanos más aptos para la infelicidad. Vivir insatisfecho, en pugna contra la existencia, es empeñarse en buscar tres pies al gato sabiendo que tiene cuatro, condenarse, en cierta forma, a librar esas batallas que libraba el coronel Aureliano Buendía, de Cien años de soledad, sabiendo que las perdería todas. Esto es probablemente cierto; pero también lo es que, sin la insatisfacción y la rebeldía contra la mediocridad y la sordidez de la vida, los seres humanos viviríamos todavía en un estado primitivo, la historia se hubiera estancado, no habría nacido el individuo, ni la ciencia ni la tecnología hubieran despegado, ni los derechos humanos serían reconocidos, ni la libertad existiría, pues todos ellos son criaturas nacidas a partir de actos de insumisión contra una vida percibida como insuficiente e intolerable. Para este espíritu que desacata la vida tal como es, y busca, con la insensatez de un Alonso Quijano (cuya locura, recordemos, nació de leer novelas de caballerías), materializar el sueño, lo imposible, la literatura ha servido de formidable combustible.
Hagamos un esfuerzo de reconstrucción histórica fantástica, imaginando un mundo sin literatura, una humanidad que no hubiera leído novelas. En aquella civilización ágrafa, de léxico liliputense, en la que prevalecerían acaso sobre las palabras los gruñidos y la gesticulación simiesca, no existirían ciertos adjetivos formados a partir de las creaciones literarias: quijotesco, kafkiano, pantagruélico, rocambolesco, orwelliano, sádico y masoquista, entre muchos otros. Habría locos, víctimas de paranoias y delirios de persecución, y gentes de apetitos descomunales y excesos desaforados, y bípedos que gozarían recibiendo o infligiendo dolor, ciertamente. Pero no habríamos aprendido a ver detrás de esas conductas excesivas, en entredicho con la supuesta normalidad, aspectos esenciales de la condición humana, es decir, de nosotros mismos, algo que sólo el talento creador de Cervantes, de Kafka, de Rabelais, de Sade o de Sacher-Masoch nos reveló. Cuando apareció el Quijote, los primeros lectores se mofaban de ese iluso extravagante, igual que lo hacían los demás personajes de la novela. Ahora sabemos que el empeño del Caballero de la Triste Figura en ver gigantes donde hay molinos y hacer todos los disparates que hace es la más alta forma de la generosidad, una manera de protestar contra las miserias de este mundo y de intentar cambiarlo. Las nociones mismas de ideal y de idealismo, tan impregnadas de una valencia moral positiva, no serían lo que son —es decir, valores diáfanos y respetables— sin haberse encarnado en aquel personaje de novela con la fuerza persuasiva que le dio el genio de Cervantes. Y lo mismo podría decirse de ese pequeño quijote pragmático y con faldas que fue Emma Bovary —el bovarismo no existiría, claro está—, que luchó también con ardor por vivir esa vida esplendorosa, de pasiones y lujo, que conoció por las novelas, y que se quemó en ese fuego como la mariposa que se acerca demasiado a la llama.
Como las de Cervantes y Flaubert, las invenciones de todos los grandes creadores literarios, a la vez que nos arrebatan a nuestra cárcel realista y nos llevan y traen por mundos de fantasía, nos abren los ojos sobre aspectos desconocidos y secretos de nuestra condición, y nos equipan para explorar y entender mejor los abismos de lo humano. Decir "borgeano" es inmediatamente despegar de la rutinaria realidad racional y acceder a una fantástica, una rigurosa y elegante construcción mental, casi siempre laberíntica, impregnada de referencias y alusiones librescas, cuya singularidad no nos es, sin embargo, extraña, porque en ella reconocemos recónditas apetencias y verdades íntimas de nuestra personalidad que sólo gracias a las creaciones literarias de un Jorge Luis Borges tomaron forma. El adjetivo kafkiano viene naturalmente a nuestra mente, como el fogonazo de una de esas antiguas cámaras fotográficas con brazo de acordeón, cada vez que nos sentimos amenazados, como individuos inermes, por esas maquinarias opresoras y destructivas que tanto dolor, abusos e injusticias han causado en el mundo moderno: los regímenes autoritarios, los partidos verticales, las iglesias intolerantes, las burocracias asfixiantes. Sin los cuentos y novelas de ese atormentado judío de Praga que escribía en alemán y vivió siempre al acecho, no hubiéramos sido capaces de entender con la lucidez que hoy es posible hacerlo el sentimiento de indefensión y de impotencia del individuo aislado, o de las minorías discriminadas y perseguidas, ante los poderes omnímodos que pueden pulverizarlos y borrarlos sin que los verdugos tengan siquiera que mostrar las caras.
El adjetivo orwelliano, primo hermano de kafkiano, alude a la angustia opresiva y a la sensación de absurdidad extrema que generan las dictaduras totalitarias del siglo veinte, las más refinadas, crueles y absolutas de la historia, en su control de los actos, las psicologías y hasta los sueños de los miembros de una sociedad. En sus novelas más célebres, Animal Farm y 1984, George Orwell describió, con tintes helados y pesadillescos, una humanidad sometida al control de Big Brother, un amo absoluto que, mediante la eficiente combinación de terror y moderna tecnología, ha eliminado la libertad, la espontaneidad y la igualdad —en ese mundo algunos son "más iguales que los demás"— y convertido la sociedad en una colmena de autómatas humanos, programados ni más ni menos que como los robots. No sólo las conductas obedecen a los designios del poder; también el lenguaje, el Newspeak, ha sido depurado de toda coloración individualista, de toda invención y matización subjetiva, transformado en sartas de tópicos y clisés impersonales, lo que refrenda la servidumbre de los individuos al sistema. ¿Pero, acaso tiene sentido hablar todavía de "individuos" en relación con esos seres sin soberanía, ni vida propia, en esos miembros de un rebaño manipulados desde la cuna hasta la tumba por el poder de la pesadilla orwelliana? Es verdad que la profecía siniestra de 1984 no se materializó en la historia real, y que, como había ocurrido con los totalitarismos fascista y nazi, el comunismo totalitario desapareció en la URSS y comenzó a deteriorarse luego en China y en esos anacronismos que son todavía Cuba y Corea del Norte. Pero el vocablo orwelliano sigue ahí, vigente, como recordatorio de una de las experiencias político-sociales más devastadoras sufridas por la civilización, y que las novelas y ensayos de George Orwell nos ayudaron a entender en sus mecanismos más recónditos.
De donde resulta que la irrealidad y las mentiras de la literatura son también un precioso vehículo para el conocimiento de verdades recónditas de la realidad humana. Estas verdades no son siempre halagüeñas, a veces el semblante que se delinea en el espejo que las novelas y poemas nos ofrecen de nosotros mismos es el de un monstruo. Ocurre cuando leemos las horripilantes carnicerías sexuales fantaseadas por el divino marqués, o las tétricas dilaceraciones y sacrificios que pueblan los libros malditos de un Sacher-Masoch o un Bataille. A veces, el espectáculo es tan ofensivo y feroz que resulta irresistible. Y, sin embargo, lo peor de esas páginas no es la sangre, la humillación y las abyectas torturas y retorcimientos que las afiebran; es descubrir que esa violencia y desmesura no nos son ajenas, que están lastradas de humanidad, que esos monstruos ávidos de transgresión y exceso se agazapan en lo más íntimo de nuestro ser y que, desde las sombras que habitan, aguardan una ocasión propicia para manifestarse, para imponer su ley de los deseos en libertad, que acabaría con la racionalidad, la convivencia y acaso la existencia. No la ciencia, sino la literatura, ha sido la primera en bucear las simas del fenómeno humano y descubrir el escalofriante potencial destructivo y autodestructor que también lo conforma. Así pues, un mundo sin novelas sería en parte ciego sobre esos fondos terribles donde a menudo yacen las motivaciones de las conductas y los comportamientos inusitados, y, por lo mismo, tan injusto contra el que es distinto, como aquel que, en un pasado no tan remoto, creía a los zurdos, a los gafos y a los gagos poseídos por el demonio, y seguiría practicando tal vez, como hasta no hace mucho tiempo ciertas tribus amazónicas, el perfeccionismo atroz de ahogar en los ríos a los recién nacidos con defectos físicos.
Incivil, bárbaro, huérfano de sensibilidad y torpe de habla, ignorante y ventral, negado para la pasión y el erotismo, el mundo sin novelas de esta pesadilla que trato de delinear tendría, como su rasgo principal, el conformismo, el sometimiento generalizado de los seres humanos a lo establecido. También en este sentido sería un mundo animal. Los instintos básicos decidirían las rutinas cotidianas de una vida lastrada por la ucha por la supervivencia, el miedo a lo desconocido, la satisfacción de las necesidades físicas, en la que no habría cabida para el espíritu y en la que, a la monotonía aplastadora del vivir, acompañaría como sombra siniestra el pesimismo, la sensación de que la vida humana es lo que tenía que ser y que así será siempre, y que nada ni nadie podrá cambiarlo.
Cuando se imagina un mundo así, hay la tendencia a identificarlo de inmediato con lo primitivo y el taparrabos, con las pequeñas comunidades mágico-religiosas que viven al margen de la modernidad en América Latina, Oceanía y África. La verdad es que el formidable desarrollo de los medios audiovisuales en nuestra época, que, de un lado, han revolucionado las comunicaciones haciéndonos a todos los hombres y mujeres del planeta copartícipes de la actualidad y, de otro, monopolizan cada vez más el tiempo que los seres vivientes dedican al ocio y a la diversión arrebatándoselo ala lectura, permite concebir, como un posible escenario histórico del futuro mediato, una sociedad modernísima, erizada de ordenadores, pantallas y parlantes, y sin libros, o, mejor dicho, en la que los libros —la literatura— habrían pasado a ser lo que la alquimia en la era de la física: una curiosidad anacrónica, practicada en las catacumbas de la civilización mediática por unas minorías neuróticas. Ese mundo cibernético, me temo mucho, a pesar de su prosperidad y poderío, de sus altos niveles de vida y de sus hazañas científicas, sería profundamente incivilizado, aletargado, sin espíritu, una resignada humanidad de robots que habrían abdicado de la libertad.
Desde luego que es más que improbable que esta tremendista perspectiva se llegue jamás a concretar. La historia no está escrita, no hay un destino preestablecido que haya decidido por nosotros lo que vamos a ser. Depende enteramente de nuestra visión y voluntad que aquella macabra utopía se realice o eclipse. Si queremos evitar que con las novelas desaparezca, o quede arrinconada en el desván de las cosas inservibles, esa fuente motivadora de la imaginación y la insatisfacción, que nos refina la sensibilidad y enseña a hablar con elocuencia y rigor, y nos hace más libres y de vidas más ricas e intensas, hay que actuar. Hay que leer los buenos libros, e incitar y enseñar a leer a los que vienen detrás —en las familias y en las aulas, en los medios y en todas las instancias de la vida común— como un quehacer imprescindible, porque él impregna y enriquece a todos los demás.¨
Madrid, 23 de febrero de 2000
EL SUEÑO DE VOLAR
(B)
¿Quién no soñó alguna vez ser pájaro? ¿Quién no soñó con volar? ¿Quién no desea ver el mundo desde el cielo? Desde el cielo, sólo con el sonido del viento…
Cualquier actividad física que reúna estas características será considerada deporte extremo:
Considerar su práctica como un riesgo físico.
Mucha adrenalina involucrada.
Normalmente, de ejecución individual.
Hay muchos, pero hoy nos ocuparemos del parapente, la sensación de volar, la libertad, el flotar en el cielo…una experiencia fabulosa!
El parapente nació a finales de los años 70 como una derivación del uso de paracaídas para descender desde montañas con fuertes pendientes, de ahí su nombre 'para-pente'. Los primeros parapentistas eran en su mayoría escaladores que buscaban una manera sencilla de bajar de las cumbres una vez que las habían alcanzado, pero su evolución hacia verdaderos planeadores capaces de engancharse a las corrientes térmicas ascendentes, subir y mantenerse en el aire durante horas convirtió al parapente en un deporte en sí mismo, recreacional y competitivo, que hoy practican miles de personas en todo el mundo y que cuenta con circuitos de competición de alto nivel para sus dos disciplinas, el vuelo de distancia o ‘cross-country' y la acrobacia.
El ala, y a veces todo el equipo, se llama así con el mismo nombre, parapente. La definición técnica sería algo así: planeador ligero flexible. Planeador porque no consta de motor y flexible porque no hay partes rígidas que compongan el ala, por lo que puede ser transportado en el maletero de un coche. El peso de todo el equipo, suele rondar los 25-30 kg aunque hay equipos para montaña con una masa aproximada de unos 8 kg . El piloto y ocasionalmente el pasajero de parapente estarán equipados con el equipo de seguridad obligatorio, cascos y paracaídas de emergencia y con diversos instrumentos electrónicos: variómetro o altivario, GPS y equipo de radio.
Al ser un ala flexible de entre 22 y 31m², la turbulencia y sobre todo la cizalladura pueden producir plegadas deformando el perfil alar, perdiendo así parte de su capacidad de sustentación y entrando en distintas configuraciones de vuelo: plegadas asimétricas o frontales, autorrotación, barrena, etc. Si la incidencia se produce a una altura suficiente, normalmente se podrá volver a la configuración natural de vuelo, pero si no es así, se tiene como último recurso hacer uso de un paracaídas muy básico para un caso de emergencia que rara vez se presenta.
Una parte de la formación de un piloto de parapente es justamente el aprendizaje del control del parapente en incidentes en vuelo. Este tipo de curso se llama SIV (Simulación de Incidentes en Vuelo). En este curso el piloto aprenderá a controlar el parapente frente a una incidencia, a hacer maniobras de utilidad (barrenas, pérdidas) y a la correcta utilización del paracaídas de emergencia. Este tipo de cursos se realizan encima del agua para mayor seguridad en caso de tener que utilizar el paracaídas de emergencia con la presencia de una lancha de rescate.
El parapente atrae a hombres y mujeres de las más diversas procedencias, edades y orígenes, apasionados por la posibilidad de volar en pleno contacto con la naturaleza, utilizando los recursos que ésta ofrece, y por la belleza del paisaje visto desde el aire.
Hay pilotos que han comenzado a volar a edades tan tempranas como 10 o 12 años, y otros que con más de 70 siguen practicando el vuelo libre.
Debido a las altas prestaciones de los actuales parapentes ya no se necesitan pronunciadas pendientes para despegar, basta con una ladera enfrentada al viento (que debe tener una intensidad entre 10 a 25 k/h) , y también se puede realizar el primer vuelo sin saber nada: en un parapente biplaza junto a un piloto calificado. Incluso se han inventado máquinas propulsoras que permiten despegar desde suelo llano dando lugar a un deporte distinto, el Paramotor o ‘parapente motorizado'.
Pese a estar considerado como un deporte “extremo” el parapente no conlleva grandes exigencias físicas para aprender a volar y es posible mantener un elevado nivel de seguridad en todos los vuelos, siempre y cuando se aprenda a volar en una buena escuela, mejorando posteriormente los conocimientos propios y la habilidad en el aire, además de utilizar el equipo más adecuado a cada persona.
Y…¡A volarrrrrrrrrrrrrrrr!
NOSOTROS. PINTANDO PAREDES. LASCAUX
Perpetrado por Oskarele
Como hemos podido comprobar, todas las pinturas rupestres encontradas en África, Asia, América y Oceanía tienen como fecha más antigua el 10.000 a. C. (la mayoría son incluso posteriores, entre el 5.000 y el 2.000 a. C.) lo que es algo bastante tardío comparado con los restos encontrados en la zona el arte rupestre por excelencia, Europa occidental, exactamente lo que vienen a ser España y Francia, donde se han encontrado pinturas de hasta el 30.000 a. C.
La elaboración de pinturas rupestres en Francia comenzó en el año 30.000 a. C. dentro de lo que se conoce como cultura auriñaciense, precisamente en la gruta de Aurignac, aunque en la cueva de Pech Merle, de la Dordoña francesa, se han encontrado pinturas con una antigüedad supuesta de casi 40.000 años. De todos modos el esplendor máximo se alcanzará entre el 14.000 y el 13.000 a. C. destacando especialmente las maravillosas pinturas de la cueva de Lascaux (también en la Dordoña francesa), aunque hay otras importantes, como la Niaux o la de Tuc de Audoubert o las de la famosa Caverna de los ladrones, cerca de Nimes.
Muchos de los descubrimientos de estas cuevas ocurrieron por casualidad, al igual de la de Lascaux, descubierta el 12 de septiembre de 1940 por cuatro adolescentes: Marcel Ravidat, Jacques Marsal, Georges Agnel, y Simon Coencas, acompañados de Robot, el perro de Marcel, todos ellos de Montignac, excepto el ultimo, que era de París. Fue precisamente gracias al pequeño perro Robot, que, mientras andaba por ahí olisqueando por el bosque, cayó en un agujero cubierto por arbustos. Los muchachos en su búsqueda encontraron un pozo natural por el que descendió Marcel, el dueño del perro, que al fin fue encontrado. Allí abajo se percató de que había un largo corredor delante, pero como no tenia cerillas no lo pudo explorar.
Al día siguiente, con cuerdas, velas y una pequeña linterna, los cuatro chavales regresaron a la cueva. Avanzando con cautela, pronto dieron con la primera sala y con las primeras pinturas rupestres: un inmenso desfile de animales fantásticos y reales… impresionados corrieron a contárselo a su profesor, Léon Laval, que los acompañó a la gruta y que también se quedó pasmado con lo allí encontrado. Sin duda uno de los puntos culminantes del arte prehistórico, junto con Altamira. Laval se convirtió en el conservador de la cueva y Marcel Ravidat, el dueño del perro Robot, se convirtió en guía para estudiosos e interesados.
Gracias a que este descubrimiento fortuito conocimos esta maravilla que estuvo cerrada hasta el día de su descubrimiento, lo que provocó que las pinturas de su interior se encontraran intactas, tal como habían sido dejadas miles de años atrás. Pero claro, en cuanto se dejo pasar a los visitantes, la cosa comenzó a fastidiarse. Así, en 1955, se dieron cuenta de que estaba empezando a deteriorarse, debido principalmente al gas carbónico producto de la respiración de la gran cantidad de visitantes que diariamente ingresaban en ella. Por eso, el Ministerio de Asuntos Culturales, en ese momento dirigido por André Malraux, decretó el cierre de la cueva el 20 de abril de 1963.
Gracias a esto, las obras rupestres recobraron su belleza original. Además se le agregó un sistema de cuidado y preservación, que monitorea la cueva permanentemente para garantizar la mantención de las condiciones óptimas de preservación de las obras.
En marzo de 1980, la Administración Departamental de Turismo de Dordoña se encargó de la reproducción de las dos salas más representativas e importantes de Lascaux: El Divertículo Axial y La Sala de los Toros. Se abrió al público en 1983.
Lascaux fue usado como santuario, como un lugar sagrado, por varias generaciones a lo largo de los años, como demuestra el hecho de que encontramos pinturas de diferentes épocas (entre el 15.000 y el 7.000 a. C.): el grueso parece pertenecer a la última época del auriñaciense (cercanas a las culminantes de este estilo en Altamira) aunque algunas son probablemente más antiguas…por otra parte hay unas cuantas pinturas en lo que podríamos denominar un estilo “proto-magdaleniense”, es decir, pinturas que indican la técnica de los últimos frescos magdalenienses “clásicos”, aunque no idénticos en representaciones.
En Lascaux se reconoce la típica “perspectiva retorcida” del período auriñaciense donde el animal esta de perfil y se ven sus dos orejas y cuernos representados de frente o de tres cuartos, sin importar que esto no sucede en la realidad. Este estilo es mas estático y reposado que el magdaleniense. Aunque las obras de esta gruta son claramente naturalistas, no son exactamente realistas, como demuestra el ser desconocido que ha sido denominado como un unicornio con cuerpo de felino. Además hay escenas antropomorfas que parecen rituales y muchos objetos inanimados (puntos, líneas…)
Los colores más comunes en Lascaux son negro, castaño, ocre, amarillo y rojo carmesí. Pero también se desarrollan los grabados, e incluso en algunas representaciones se encuentran conjugados estas dos técnicas demostrando la capacidad artística de los hombres de aquella época, pues con un solo trazo completaban el contorno de un animal.
Como en Altamira hay un hecho fascinante: la mayor parte de las pinturas están en sitios de difícil realización, en este caso por la altura de los techos (en la cueva cántabra es por lo contrario) y por la ausencia de luz (común en ambas). Además, el gran tamaño de algunas pinturas hace pensar que debieron emplearse escaleras o andamios.
Tiene especial importancia la representación aislada de una figura humana relacionada con un bisonte al que parece haber herido (esta es la famosísima escena del Pozo), de una gran belleza y un gran dramatismo. Ilustra el enfrentamiento entre un hombre con cabeza de pájaro, como si llevara puesta una máscara, y un bisonte herido de muerte por una lanza y que se pisa las entrañas, mientras un rinoceronte que al parecer hirió al hombre se fuga hacia la izquierda, y entre ellos hay un pájaro sujeto a una estaca.
También destaca la pintura conocida como “Los ciervos nadando”, un friso de cinco ciervos que parecen nadar acercándose a una orilla, de los que solo emergen el cuello, la cabeza y las astas, mientras que el primero supuestamente ha salido ya del río imaginario. La escena, de gran intensidad vital, amplio sentido del movimiento y poder de captación de lo espontáneo, se cuenta entre las más deliciosas pinturas de esa época.
Lascaux al igual que otras cavernas no solo demuestra una actividad ligada a la caza, sino también sugiere un testimonio del nivel cultural elevado de la sociedad que la convirtió en creación, y de una economía que les permitió llevar acabo tales obras. Además hay que señalar la existencia de verdaderos artistas de su época, con una gran visión estética y un genial manejo de los productos e instrumentos.
Mas info y fuentes por aquí: http://html.rincondelvago.com/cuevas-de-lascaux.html, aquí: http://webs.adam.es/rllorens/05/lascaux.htm, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Cueva_de_Lascaux y aquí su web oficial: http://www.lascaux.culture.fr/?lng=es#/es/00.xml.
JOAQUIN SABINA, Poeta que canta. De su soneto "Lo peor del amor", publicado en su obra "Ciento volando de catorce" (2000)
"Lo peor de la pasión es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos. Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas, el puré de reproches con sardinas, las golondrinas muertas en la almohada. Lo malo del después son los despojos que embalsaman al humo de los sueños, los teléfonos que hablan con los ojos, el sístole sin diástole sin dueño. Lo más ingrato es encalar la casa, remendar las virtudes veniales, condenar a la hoguera los archivos. Lo peor del amor es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le quedan dos puntos suspensivos…"
JOAQUIN SABINA, Poeta que canta. De su soneto "Lo peor del amor", publicado en su obra "Ciento volando de catorce" (2000)
ALGUNAS FORMAS DE MEDIR EL TIEMPO.
(β)
Nada resulta tan novedoso, como aquello que por mucho tiempo ha sido olvidado... ( de algún autor que no recuerdo...)
Mientras que en algún rincón del mundo explota el llanto de un bebe bienvenido, en las islas Caimán, tarda un segundo el oleaje en arrastrar una estrella.
La primer gota del diluvio en la cosecha del arroz.
El crucero despidiendo turistas.
La pelota usurera de sueños estampada en la red de gol.
La bala penetrando el corazón del soldado herido de guerra.
El óvulo atravesado llamando a la vida.
El abrazo último y profundo.
La gota de sal abandonando el lagrimal en el aeropuerto.
El roce de las patas del avion al alivio del contacto con la tierra.
La pluma sellando el ¨sí quiero¨ en tinta.
El instante en que el torero gira desafiando su fiera y burlando su estúpida suerte.
El dedo en el botón del celular aceptando la llamada.
El fuego extirpado de un soplido. El giro de una moneda a la deriva. El contacto erizado de la primer caricia.
El click de una foto en sepia.
El amor de a dos consumado en uno.
El suspiro final.
El minuto exacto en que tus ojos se adiheren a los míos.
El exacto minuto en que los atravieso y desvio vencida, la mirada al suelo, para no verte tanto, para no amarte siempre.
Fuente: http://depupilasyconjurosalatinta.blogsp
NUMA NUMA Se acuerdan?
(β)
Gary Brolsma, un videasta amateur de Nueva Jersey, cometió el error de poner en Internet un pequeño clip de sí mismo bailando una canción rumana. La actuación de Brolsma fue honesta, pero dolorosa.
No sólo hizo la mímica de la canción sino que además interpretó con su cuerpo el “Numa, numa”, un baile con sus brazos sin salir de su silla enfrente de la computadora y la videocámara.
El sitio Newsgrounds.com, que se especializa en animaciones en la web, puso el link a la página de Brolsma y consiguió mucha atención.
El programa “Good Morning America” lo llamó y hasta CNN y VH1 transmitieron el videoclip.
Imitadores intentaron sus propios bailes “Numa Numa” en la Red. Millones de personas vieron en video clip.
La animadora de TV, Diane Sawyer, en su programa de TV dijo: "¿Hasta dónde llegará todo esto?" En el caso de Brolsma, la atención fue demasiada y se refugió en su pequeña casa en Saddle Brook, Nueva Jersey.
Ya no atiendía más el teléfono de los medios, incluido “The New York Times”, y canceló su aparición en “Today Show” de la cadena televisiva NBC.
Lo que es peor, nadie parecía entender. “Esta es tu posibilidad de ser famoso”, dijo Corey Dzielinski, un amigo que lo conoce desde los 10 años.
Este no es el primer caso de rápida fama y vergüenza. William Hung, del programa American Idol cantó y bailó tan mal que hasta ya tiene su propio sitio.
Ghyslain Raza, un adolescente de Quebec, que se filmó con un sable laser es conocido ahora como “El chico de Star Wars”.
En julio de 2003, la familia de Raza demandó a sus compañeros por poner on line el video sin su consentimiento. “Ghyslain tuvo que soportar y soporta hasta hoy el asedio”, de acuerdo a la demanda presentada.
Brolsma no demandó a nadie, dijo su familia, porque él es el único responsable. De hecho, prefieron que aproveche su efímera celebridad.
Estuvo angustiado y avergonzado. Según dijo su abuela Margaret Telkes “sólo quiere que termine todo esto”.
La pregunta sigue siendo por qué millones de personas quieren ver a un gordito de lentes mover sus brazos al ritmo de una canción rumana.
“Es definitivamente algo diferente. The Numa, Numa dance es impresionante. Lo ves y tenés que enviarlo inmediatamente a tus amigos”, aseguró Tom Fulp, presidente de newsgrounds.com. La verdad, era gracioso, muy simpático, con mucha espontaneidad.
Un amigo, Randal Reiman, dice que el mundo finalmente conoce a Gary Brolsma: “Nos entretiene desde hace años. El resto del mundo se da cuenta de que Gary te puede hacer reír.”
Arriba les pongo el videito.
Fuente: The New York Times
UNA FLOR GRANDE
(β)
La Rafflesia Arnoldi puede llegar a pesar siete kilos, y uno solo de sus pétalos mide cerca de un metro. Es un impresionante prodigio de la naturaleza que, a pesar de sus sobradas dimensiones, no se encuentra fácilmente. Su periodo de floración se reduce a cuatro días, y su estado de eclosión a sólo veinticuatro horas. Por eso, esta gigante se convierte en un raro y esquivo tesoro.
Las primeras crónicas que dan fe de la existencia de esta flor datan de 1881 y pertenecen al cuaderno de viaje del explorador británico Sir Stamford Raffíes y su acompañante, el naturista Joseph Arnold. Los dos científicos no hicieron más que dar sus apellidos a la nueva planta, ya que su origen y clasificación continuó siendo un secreto hasta 1901. En aquel año, varios botánicos pudieron certificar más de cincuenta especies pertenecientes a los nueve géneros conocidos de la familia de las raflesiáceas, que se repartían por diferentes zonas tropicales y mediterráneas de todo el mundo.
La gestación de una Rafflesia Arnoldi dura nueve meses; todo un parto humano para dar a luz una belleza que sólo vivirá una semana. La planta nace en las raíces de otros árboles o lianas y, como un parásito, de ellas extrae la clorofila necesaria para su desarrollo. De otro modo, la Rafflesia no existiría, ya que carece de raíz y su aparato vegetativo es muy primario.
A pesar de su fama de “ladrona”, los habitantes de Malasia y Borneo la consideran un talismán que representa la fertilidad y la longevidad.
No está como para regalar una docena para el aniversario de bodas…pesadito el paquete.
El último reducto del MATRIARCADO en China LOS MOSU
(B)
Zha Shi, aldeano de una familia mosu que ha vivido por generaciones en la región del lago Lugu, tierra natal de la única sociedad matriarcal existente en China, comenta sobre los cambios que ha sufrido su pueblo en los últimos tiempos que “el turismo nos enriquece la vida, pero al mismo tiempo nos trae otras cosas que nos hace sentirnos perplejos y afligidos. En algunos de nosotros ha surgido el egoísmo, la persecución de la fama y el beneficio, y los jóvenes tienen cada vez más la idea de repartir los recursos familiares y vivir aparte”.
El lago Lugu, ubicado en la confluencia de las provincias sudoccidentales de Yunnan y Sichuan, es una zona de paisajes y lugares históricos de gran fama nacional, conocido como el “último reino de la sociedad matriarcal de la humanidad”. Los mosuos, que han habitado generación tras generación a la orilla de este lago durante los últimos 1500 años, son uno de los pocos pueblos conocidos que conservan hoy en día rasgos típicos de una sociedad matriarcal. Son una rama de la etnia naxi que cuenta con una población de más de 30 mil personas. Los miembros de esta comunidad tienen como lazo principal de parentesco la sangre de la madre, y el matrimonio es inexistente, sino que tienen un sistema en el cual la mujer conserva a los hijos y el hombre, que vive con su propia madre, la visita en su hogar.
En los últimos años, los atractivos turísticos del lago Lugu se han incrementado sin cesar. Las estadísticas revelan que en 2008, la ciudad de Lijiang recibió 6,25 millones de turistas nacionales y extranjeros, con unos ingresos derivados del turismo de 6.900 millones de yuanes. A pesar de que esto ha aumentado la riqueza de la región, el turismo ha erosionado también gravemente los principios y costumbres de la cultura de los mosuos.
Con el fin de proteger esta cultura única, las autoridades locales han iniciado la construcción de un “reino de las mujeres” dotado con 3.600 millones de yuanes, que toma como núcleo la cultura de la sociedad matriarcal y el lago Lugu, con el propósito de minimizar la influencia foránea que trae el turismo a la región.
Según el plan, el “reino de las mujeres”, situado en el centro de la zona de paisajes del lago Lugu, dista sólo 1,5 kilómetros de la costa y cubre una superficie de 450 hectáreas. El proyecto, de tres fases, se terminará en cinco años y formará una zona ecológica y cultural que permitirá un tipo de turismo no agresivo con los valores culturales de la etnia y con el entorno natural, siendo capaz de recibir un total de 5.000 personas al día.
“El reino de las mujeres” tiene también la ventaja de que proporcionará trabajo a los lugareños y aliviará la presión de la contaminación de las aguas del lago por parte del turismo, comentó Zhang Jun, responsable del proyecto. Según él, bajo la influencia de la cultura foránea, algunos mosuos empiezan a reconsiderar su propia cultura, y el modo de producción y de vida ha pasado de estar basado en la labranza de la tierra y la pesca a tener como componente esencial el turismo, modificándose tanto la distribución del trabajo como la vida de las familias. Las ancianas, que ostentaban el poder en la tribu, están siendo reemplazadas por jóvenes varones que saben hablar el chino y tienen más posibilidades de comunicarse con el exterior.
Durante un tiempo, un 90 por ciento de los hoteles caseros de la aldea fue adquirido por comerciantes foráneos con la intención de hacer negocio. Esto, sin embargo, separó a los turistas del conocimiento de las costumbres de la etnia mosuo, propiciando la invasión de otros valores sociales e incluso ha conducido a los jóvenes a considerar la cultura de mosuo como algo inferior.
Zhang Wenyin, subdirector del Departamento de Comunicación de la Municipalidad de Lijiang, dijo: “El proyecto del “reino de las mujeres” constituye una buena forma de resolver el difícil problema de conjugar conservación y desarrollo. Ello depende de si los servicios turísticos ofrecidos pueden o no demostrar de manera clara el concepto de libertad, amor, responsabilidad, armonía y felicidad reflejados en la cultura de la sociedad matriarcal. Es necesario que en la mente del turista estén presentes de forma clara las características propias del lago Lugu, y que aprenda a respetarlas. Esto contribuirá también a elevar la imagen del “reino de las mujeres” como recurso esencial del turismo del lago Lugu, imposible de construir en otro lugar.
El lago Lugu se convirtió en 1994 en una zona turística de categoría provincial, pero sin embargo, debido a diversos motivos, el desarrollo del turismo en la zona fue por un tiempo muy desordenado, lo que perjudicó los recursos ambientales y la conservación de la cultura local. En octubre de 2004, el gobierno provincial de Yunnan convocó una reunión de trabajo sobre protección medioambiental del área en cuestión e invirtió más de 80 millones de yuanes en el saneamiento del lago Lugu.
Extraído de http://spanish.china.org.cn/travel/txt/2
CUATRO FRASES QUE LE HACEN CRECER LA NARIZ A PINOCHO. Eduardo Galeano.
(β)
Va la tercera.
"Entre el capital y el trabajo, la ecología es neutral"
Se podrá decir cualquier cosa de Al Capone, pero él era un caballero: el bueno de Al siempre enviaba flores a los velorios de sus víctimas... Las empresas gigantes de la industria química, petrolera y automovilística pagaron buena parte de los gastos de la Eco 92. La conferencia internacional que en Río de Janeiro se ocupó de la agonía del planeta. Y esa conferencia, llamada Cumbre de la Tierra, no condenó a las transnacionales que producen contaminación y viven de ella, y ni siquiera pronunció una palabra contra la ilimitada libertad de comercio que hace posible la venta de veneno. En el gran baile de máscaras del fin de milenio, hasta la industria química se viste de verde. La angustia ecológica perturba el sueño de los mayores laboratorios del mundo, que para ayudar a la naturaleza están inventando nuevos cultivos biotecnológicos. Pero estos desvelos científicos no se proponen encontrar plantas más resistentes a las plagas sin ayuda química, sino que buscan nuevas plantas capaces de resistir los plaguicidas y herbicidas que esos mismos laboratorios producen. De las 10 empresas productoras de semillas más grandes del mundo, seis fabrican pesticidas (Sandoz, Ciba-Geigy, Dekalb, Pfiezer, Upjohn, Shell, ICI). La industria química no tiene tendencias masoquistas. La recuperación del planeta o lo que nos quede de él implica la denuncia de la impunidad del dinero y la libertad humana. La ecología neutral, que más bien se parece a la jardinería, se hace cómplice de la injusticia de un mundo donde la comida sana, el agua limpia, el aire puro y el silencio no son derechos de todos sino privilegios de los pocos que pueden pagarlos. Chico Mendes, obrero del caucho, cayó asesinado a fines del 1988, en la Amazonía brasileña, por creer lo que creía: que la militancia ecológica no puede divorciarse de la lucha social. Chico creía que la floresta amazónica no será salvada mientras no se haga la reforma agraria en Brasil. Cinco años después del crimen, los obispos brasileños denunciaron que más de 100 trabajadores rurales mueren asesinados cada año en la lucha por la tierra, y calcularon que cuatro millones de campesinos sin trabajo van a las ciudades desde las plantaciones del interior.Adaptando las cifras de cada país, la declaración de los obispos retrata a toda América Latina. Las grandes ciudades latinoamericanas, hinchadas a reventar por la incesante invasión de exiliados del campo, son una catástrofe ecológica: una catástrofe que no se puede entender ni cambiar dentro de los límites de la ecología, sorda ante el clamor social y ciega ante el compromiso político.
KAMA SUTRA
(β)
Casi es inevitable dibujar una sonrisa de picardía al leer el título de este artículo. Y es que está claro que, siglo XXI mediante, hay todavía flotando en el aire prejuicios cuando hablamos de sexo.
Motivos? La ignorancia y la falta de aceptación de que somos seres corporales y como tales satisfacemos nuestros mandatos orgánicos. Ufff…esto que he escrito es poco poético para una experiencia que muchas veces está condimentada con el más sublime de los sentimientos: el amor.
Bien, amor o no amor, establecer relaciones sexuales implica una comunión enriquecedora…y por qué no? Placentera. Opino que la más placentera que podamos experimentar en este mundo cruel (esto último fue casi un tango, jaja)
Quién no ha escuchado hablar del famoso “Kamasutra”?…veo que nadie levanta la mano. Así es que manos a la obra y me pongo a contarles mi investigación teórica al respecto. La parte empírica la dejo en vuestras manos…cada cual en su propio “laboratorio“.
El Kama sutra es un antiguo texto hindú que trata sobre el comportamiento sexual del hombre.
Kāma, en sánscrito, hace referencia a la plenitud sexual, al placer de los sentidos y a la gratificación sensual, amor y disfrute estético de la vida.
En hinduismo, kāma se ve como uno de los cuatro purusha artha . Es el peldaño más bajo en la ascensión de las almas en la vida hindú, por debajo del mundo terrenal, ya que incluso los animales buscan placeres físicos.
Etimológicamente sería: aforismos sobre la sexualidad’, siendo kāma: ‘placer sexual’ y ‘. sūtra: ‘hilo, frase corta’
El Kama Sutra tiene 36 capítulos que tratan sobre 7 temas diferentes, cada uno de los cuales fue escrito por un experto en el campo. Son:
1-"Introducción" (4 capítulos): sobre el sexo en general, su lugar en la vida de un hombre, y una clasificación de las mujeres.
2-"Sobre el acto sexual": una discusión en profundidad sobre los besos, varios tipos de juegos sexuales preliminares al acto sexual, orgasmos, una lista de posiciones sexuales, sexo oral, tabúes y tríos.
3."Sobre la elección de una esposa" (5 capítulos): cortejo y matrimonio.
4-"Sobre la esposa" (2 capítulos): conducta adecuada de una esposa.
5-"Sobre las esposas de otros" (6 capítulos): principalmente seducción.
6-"Sobre las cortesanas" (6 capítulos).
7-"Sobre atraer a otras personas" (2 capítulos).
Vatsiaiana creía que había 8 maneras básicas de hacer el amor y 8 posiciones principales. El Kámasutra tiene un total de 64 "artes", nombre que da el autor a la combinación de una manera de hacer el amor con una posición.
El capítulo que enumera las múltiples artes es el más conocido, y es un error muy común confundir éste con el Kámasutra cuando en realidad es sólo una parte de él.
Cabe mencionar que el hacer el amor es el arte de jugar el uno con el otro, descubrir cuáles son los puntos más sensibles de la pareja con la finalidad del placer y teniendo en cuenta cuál es la diferencia entre ambos.
El resto ofrece consejo sobre cómo ser un buen ciudadano y muestra algunas ideas sobre las relaciones entre hombres y mujeres. El Kámasutra define el sexo como una "unión divina". Vatsyayana creía que el sexo por sí mismo no era algo malo, pero practicarlo de manera frívola sí era pecaminoso.
El Kámasutra ha ayudado a muchas personas a disfrutar del arte del sexo a un nivel más profundo, y puede considerarse como una guía técnica para el disfrute sexual, así como un esbozo de las prácticas sexuales en la India durante esa época.
La traducción al inglés más famosa es la de Sir Richard Francis Burton que data de 1883. Otra traducción importante es la de Indra Shina, realizada en los años setenta del siglo XX.
Fuentes: Wikipedia.
La imagen: Celebri scene kamasutra sul muro del tempio indù di Khajuraho, India.
ISAAC ASIMOV y el ESTADO de ISRAEL.
(β)
El gran Isaac Asimov (1920-1992) escribió los siguientes párrafos en su absolutamente recomendable Autobiografía, en la que habla sin pudor de si mismo y de su actitud ante la vida. Tantos años después el texto está más vigente que nunca, al igual que el resto de la obra de Asimov, que se los recomiendo con absoluta seguridad de que la disfrutarán.
“Con frecuencia, cuando surge el tema de mis viajes me preguntan si he visitado Israel alguna vez.
No, no lo he hecho. Llegar a Israel sin subir a un avión es un asunto demasiado complicado. Tendría que ir en barco y en tren y estoy seguro de que me llevaría más tiempo del que dispongo y sería mucho más complicado de lo que podría soportar.
Por tanto, suponen que, si no voy o no puedo ir, como soy judío, debo tener el corazón destrozado, porque tengo que visitar Israel. Pues no.
En realidad no soy sionista. No creo que los judíos tengan el derecho ancestral de ocupar una tierra sólo porque sus antepasados vivieron allí hace mil novecientos años. (Este tipo de razonamiento nos obligaría a entregar América del Norte y del Sur a los indios, y Australia y Nueva Zelanda a los aborígenes y maoríes.) Tampoco considero válidas legalmente las promesas bíblicas hechas por Dios de que la tierra de Canaán pertenecería para siempre a los hijos de Israel. (Sobre todo, porque la Biblia fue escrita por los hijos de Israel.)
Cuando se fundó el Estado de Israel, en 1948, todos mis amigos judíos estaban felices; yo fui el aguafiestas. Les advertí:
-Estamos construyendo un gueto nosotros mismos. Estaremos rodeados por decenas de millones de musulmanes que nunca perdonarán, nunca olvidarán y nunca desaparecerán.
Estaba en lo cierto, sobre todo cuando resultó que los árabes estaban asentados en la mayor parte de los abastecimientos petrolíferos del mundo. Así que las naciones del mundo, que necesitaban el petróleo, pensaron que era diplomático ser pro-árabe. (Si el tema de las reservas petrolíferas se hubiese conocido antes, estoy convencido de que Israel no se habría creado.)
Pero ¿no merecemos los judíos una patria? En realidad, creo que a ningún grupo humano le conviene pertenecer a una “patria” en el sentido habitual de la palabra.
La Tierra no debería estar dividida en cientos de secciones diferentes, cada una habitada por un solo segmento autodefinido de la humanidad que considera que su propio bienestar y su propia “seguridad nacional” están por encima de cualquier otra consideración.
Soy partidario de la diversidad cultural y me gustaría que cada grupo identificable valorara su patrimonio cultural. Por ejemplo, soy un patriota de Nueva York y si viviera en Los Ángeles me encantaría reunirme con otros neoyorquinos expatriados y cantar Give My Regards to Broadway.
No obstante, este tipo de sentimientos deben ser culturales y benignos. Estoy en contra de ello si cada grupo desprecia a los demás y aspira a destruirlos. Estoy en contra de dar armas a cada pequeño grupo autodefinido con las que reforzar su propio orgullo y sus prejuicios.
La Tierra se enfrenta en la actualidad a problemas medioambientales que amenazan con la inminente destrucción de la civilización y con el final del planeta como un lugar habitable. La humanidad no se pude permitir desperdiciar sus recursos financieros y emocionales en peleas interminables y sin sentido entre los diversos grupos. Debe haber un sentido de lo global en el que todo el mundo se una para resolver los problemas reales a los que nos enfrentamos todos.
¿Se puede hacer esto? La pregunta equivale a: ¿puede sobrevivir la humanidad?
Por tanto, no soy sionista porque no creo en las naciones y porque los sionistas lo único que hacen es crear una nación más para dar lugar a más conflictos. Crean su nación para tener “derechos”, “exigencias” y “seguridad nacional” y para sentir que deben protegerla de sus vecinos.
¡No hay naciones! Sólo existe la humanidad. Y si no llegamos a entender esto pronto, las naciones desaparecerán, porque no existirá la humanidad.”
EL HIPERBATON DE LA CLASE MEDIA
(β)
La mucama uniformada en blanco y negro camina con el cochecito de tres ruedas. El paseo de Tomás es a las cinco. Sentado en el transporte que le servirá el mundo en bandeja, aspira el aire tibio carente de espacios abiertos y montañas fracasadas. Los árboles altos, los adoquines estancados de la colonización, los autos semipolarizados, de colores sobrios, estacionados, uno junto al otro, las casas de heladeras llenas y luces saturadas. Los colegios exigentes, privatizados y trilingües, que no saben nada de eso. Las confiterías de toldos rayados, las aromáticas casas de Té inglés, la actualidad edilicia deslumbrando su ansiedad visual. El pedacito de cielo filtrándose entre las ramas, traspasando el monstruo de ciudad enajenada de restricciones.
Y así todos los días, una hora hasta las seis, en que sube con Jacinta que lo baña, lo perfuma y le prepara su papilla tricolor. Cerca de las ocho, llega mamá y entonces sí, lo toma en brazos, le sonríe, lo mira, lo ve igual al retrato imponente de su abuelo paterno y se acuerda de lo cansada que está, y pide entonces a Jacinta que lo acune, que ya es tarde para él, que mañana será un nuevo día. Abre las bolsas de la exquisita casa de ropa para bebes.
La etiqueta acartonada cuelga de la prenda mediante una cinta de terciopelo impresa con el termino "Petit". El enterito celeste de algodón peruano es su talle, esta vez no se equivocoó. Necesita ropa de media estación. Tomás esta creciendo rápido, dice, piensa, mientras lo ve alejarse apoyando sus mejillas en el hombro de su nana. La mirada somnolienta en el futuro ya escrito, en el presente que no deja librado nada al azar. Esta tan cansada.
Y Ramiro que no llega. Y ya son casi las diez y no la llamó en todo el día. Y como andarán las cosas por la empresa. Y qué cansada está. Y qué raro que no llega. Le pedirá a Jacinta que le prepare algo, o quizás, que se lo acerque en la bandeja a la cama, para prender la tele y distenderse. Una vez, claro, que Jacinta duerma al bebé y le de la mamadera azucarada de la noche. Y así, termina el día, y al siguiente, todo vuelve a empezar.
A las ocho a la oficina, a las ocho vuelta a casa. El cansancio, el shooping, el bebé y Ramiro que no llega.
Y el proyecto de familia se desmaya en un cajón, debajo de la hoja de la libreta esa, firmada el día del civil, el día en que se anotó a Tomás como individuo, el día en que todo cobro una legalidad tan importante como sus apellidos, como sus costumbres, como sus ambiciones, como sus vínculos, como sus valores, como su dignidad politicamente correcta, como su ceguera importada de París.
El día en que se olvidaron el sentido en otra parte.
Coni Salgado
http://depupilasyconjurosalatinta.blogsp
Definición de Candidato: Persona que obtiene dinero de los ricos, y votos de los pobres, con la promesa de proteger a unos de los otros.
Un poco de HUMOR!
Definición de Candidato: Persona que obtiene dinero de los ricos, y votos de los pobres, con la promesa de proteger a unos de los otros.
Definición de Candidato: Persona que obtiene dinero de los ricos, y votos de los pobres, con la promesa de proteger a unos de los otros.
PANTERAS NEGRAS
Perpetrado por Oskarele
En octubre de 1966, dos universitarios afroamericanos de la Universidad de Merrit (Oakland, California), fundaron el Black Panther Party (el Partido Pantera Negra), más conocido, posteriormente, como Los Panteras Negras. Los dos fundadores fueron Huey P. Newton y Bobby Seale, que podemos ver en la imagen de arriba y que, influidos por las ideas de Malcolm X, y afectados por su asesinato, decidieron crear este grupo de autodefensa del pueblo negro, en el que, haciéndose eco de sus derechos constitucionales como estadounidenses, reclamaban el derecho a poseer armas.
Según el Partido Panteras Negras, se llamaba Partido, “porque nace con vocación de actuar, de intervenir, de dar soluciones concretas y posibles” y Panteras Negras por la naturaleza de la pantera que “no es atacar a alguien en primer lugar; pero cuando es atacada y acorralada, responde ferozmente y sin piedad a su agresor”…
Se centraron, aparte de en la organización de protestas, en acciones sociales, entre las que destacan el programa de desayuno para niños, la habilitación de clínicas gratuitas para la población y la lucha contra las drogas, pues las consideraban como un arma de alienación. Además impartían clases gratuítas de derecho y economía, autodefensa y primeros auxilios.
Pero el FBI lo consideró uno de sus objetivos principales y consiguió cargárselos a base de infiltraciones, arrestos, asesinatos y mentiras. Lo típico.
En la década de 1970 el partido caerá en numerosas escisiones y enfrentamientos, quedando reducido e inoperante.
En su caida tuvo que mucho que ver la introducción en los barrios de la Heroina barata, procedente de Vietnam... pero esa es otra historia, que algún día contaremos.
Mas info por aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Partido_Pantera_Negra, aquí: http://translatetherevolt.blogspot.com/2009/09/una-breve-historia-del-partido-de-las.html, aquí: http://www.izquierdasocialista.org.ar/cgi-bin/elsocialista.cgi?es=145¬a=19, aquí: http://www.ladinamo.org/ldnm/articulo.php?numero=28&id=711.
LA JODIDA TORTÍCOLIS.
Perpetrado por Oskarele
Supongo que alguna vez habéis padecido está molesta dolencia. Se trata de un incomodo y doloroso espasmo de los músculos del cuello, que obliga a mantenerlo torcido, con la cabeza inmóvil o a solo girarla hacia un lado.
Ciertamente es molesto, sobre todo para dormir, pero no grave (cuando se trata de Tortícolis en sí, no de cualquier otra dolencia cervical).
Vamos a ver un poco sobre esta dolencia y sobre los remedios para calmarla o curarla.
La tortícolis viene a ser una distonía (contracciones musculares prolongadas, generalmente involuntarias) en que los músculos del cuello, particularmente el músculo esternocleidomastoideo, se contraen involuntariamente y hacen que se incline la cabeza.
La causa más frecuente de esta dolorosa contracción muscular suele ser una mala postura durante el sueño (lo típico, cuando te quedas dormido en el sofá con el cuello torcido), pero hay otras causas, como algún movimiento brusco del cuello que produzca una lesión traumática (lo que viene a ser un latigazo en el argot médico), o determinadas lesiones musculares innatas, o, incluso, puede ser provocado por un estado de ansiedad o estrés. Y por supuesto por no descansar lo suficiente.
Es curioso esto ya que, parece ser, según determinados estudios, la fatiga, el cansancio, puede inhibir la síntesis de una movida llamada colinesterasa, una enzima que se ve que se dedica a desactivas la acetilcolina, una sustancia empleada por las neuronas para hablar entre ellas y usada por los ligamentos motores de la medula espinal. Así, se acumula acetilcolina, al no inhibirse su producción, provocándose una incesante actividad de los músculos, que a su vez llega a contracturas y distonías.
Pero vamos, que la causa principal viene a ser una mala postura o un mal movimiento.
¿Los síntomas? Los que lo hayáis padecido alguna vez los sabréis, pero vienen a ser dolor de los músculos del cuello del hombro o de la espalda, imposibilidad de girar la cabeza hacia un lado (por lo general se mantiene torcida hacia el contrario), tensión en los músculos del cuello, cefaleas... y muchas mala hostia…
Lógicamente el tratamiento dependerá de las causas, pero en general, lo básico es descansar los músculos del cuello (a ser posible con un collarín cervical), aplicar calor o ultrasonidos, y un buen masajico por un fisio. La acupuntura es bastante eficaz con este tipo de dolencias, en muchas ocasiones provocadas por un desequilibrio muscular, que este tipo de medicina es capaz de corregir muy positivamente. También puede ayudar enrollarse el cuello con una bufanda o una toalla, que hacen más fácil soportar la cabeza erguida, repartiendo la presión por los lados.
Y paciencia, mucha paciencia, porque en realidad se cura solo, pero hay que darle tiempo.
Para el dolor, aparte de paciencia, se suelen emplear algún tipo de calmante o relajante muscular confeccionado con alguna droga.
Una vez que la movilidad se recupera, si es muy importante realizar estiramientos de los músculos afectados, algo que, además, puede ser una eficaz manera para prevenir posteriores recaídas.
Este tipo de dolencias, además, son muy comunes en la gente que trabaja con ordenadores, ya que mantienen durante horas posturas similares, con la vista fija en el monitor, y con escasa movilidad cervical, siendo un grupo de riesgo bastante frecuente… lo digo por experiencia…
Mas info y fuentes aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Tort%C3%ADcolis, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Diston%C3%ADa, aquí: http://www.tuotromedico.com/temas/torticolis.htm, aquí: http://www.dmedicina.com/enfermedades/musculos-y-huesos/torticolis, aquí: http://remedios-caseros.mujeres-hoy.com/maneras-de-curar-la-torticolis.html.
WOODY ALLEN. Escritor que hace peliculas (Annie Hall, 1977)
"Y recordé aquel viejo chiste, aquel aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: Doctor, mi hermano está loco cree que es una gallina.
Y el doctor responde: ¿Pues por qué no lo mete en un manicomio? Y el tipo le dice: Lo haría, pero necesito los huevos.
Pues, eso más o menos es lo que pienso sobre las relaciones humanas, saben, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos"
WOODY ALLEN. Escritor que hace peliculas (Annie Hall, 1977)
CIENCIAS OCULTAS: ENERGÍAS TELÚRICAS.
Por Bicho
Desde tiempos inmemorables el ser humano ha sabido conjugar las energías cosmotelúricas y la construcción, para crear sus centros sagrados. Hay lugares que nos encantan, que subyugan, donde se desearía permanecer eternamente, como hay horas felices que nos gustaría que duraran siempre. Recorrer un sitio atractivo o sentir la presencia de un soplo en un lugar sagrado, es un crecimiento para el alma del buscador.
El estudio de la geobiología, energías telúricas, radiestesia, etc. es un mundo apasionante, que ya desde antiguo era tenido en cuenta a la hora de construir un templo, una casa, resolver problemas de salud, encontrar agua, así como algunas actividades mágicas. Hablar de estos temas, es hablar de la relación del hombre, la tierra y el cosmos.
La Geobiología es una ciencia que recoge conocimientos ancestrales y profundos de la sabiduría tradicional y, junto a recientes investigaciones científicas, centra su interés en las relaciones entre los seres vivos y las energías que emanan de la tierra, las que provienen de las radiaciones cósmicas y las generadas por la actividad humana. La influencia de las radiaciones, ya sean naturales (radiaciones cósmicos-terrestres) o artificiales (campos eléctricos, electromagnéticos, microondas,...) las cuales pueden incidir en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, degenerativas, sobre el sistema nervioso central y el sistema inmunológico.
Abarca temas tan amplios como el exhaustivo examen del terreno a edificar o la correcta elección de los materiales, procurando evitar todos aquellos que produzcan toxicidad, sean radiactivos o revistan cierta peligrosidad a corto o medio plazo para los moradores de las viviendas. Se trata de un intento de añadir a los aspectos técnicos, de diseño y de calidad más clásicos, todos aquellos que estén vinculados con un mayor confort biológico, a fin de conseguir una mayor calidad de vida y correcta salud global.
El dolmen de Mazariegos (provincia de Burgos) (el nombre viene de un pueblecito a cuyas tierras pertenece el dolmen pero que fue deshabitado, hoy en día no existe) actualmente de Cubillo por pertenecer ahora a este.
El período más extenso de megalitismo se localiza en el sudoeste ibérico, donde abarca aproximadamente desde 4800 a. C. hasta 1300 a. C., comprendiendo los períodos neolítico y calcolítico.
Cuando al dolmen se le añade un pasillo (como es este caso) que lo conecta con el exterior se le llama sepulcro de corredor, cuya cámara puede estar construida con ortostatos (grandes losas) mediante una falsa cúpula hecha con lajas de piedra.
Prototipo del sepulcro de corredor, este espectacular monumento funerario, que fue levantado hace más de cinco mil años, consta de una cámara con doce ortostatos -gigantescas piedras hincadas en la tierra- y un pasillo, de 10 metros de largo, formado también por losas. Incluido, como todo el foco dolménico burgalés, dentro del megalitismo atlántico, el dolmen de Cubillejo encierra en su interior una serie de grabados rupestres que representan de forma esquemática varias figuras animales y un signo de tipo solar. El megalito aparece enmarcado por los relieves de Peñalara.
Cuando lo desenterraron se comprobó que era una tumba múltiple con 12 enterramientos.
Allí está aquel recuerdo de nuestros antepasados, en una tranquila llanura a la que los lugareños de Mazariegos llaman por el extraño nombre de Domenestecum. Los de Cubillejo conocen el lugar con el nombre de Puente Menostecum. El dolmen está justo en la raya entre ambos pueblos.
Mazariegos desapareció, ya no existe el pueblo del famoso herrero del que dicen que de tanto machacar se le olvidó el oficio. Alguno de sus descendientes se afincaron en el vecino Cuevas de San Clemente, también al pie de la carretera de Burgos a Soria.
Volviendo al dolmen de Cubillejo, con sus 5.000 años a cuestas y la particularidad de tener en uno de los grandes bloques de piedra, grabados esquemáticos, con grabados de equinos y un sol. Permaneció prácticamente bajo tierra, apenas sobresalía el extremo de algún bloque, hasta el año 1978 en que fue excavado y estudiado. Se gastaron unos duros en adecentar un poco el terreno circundante y hasta la fecha...
La capacidad de imaginar, y con ella, de crear y usar símbolos a acercado al hombre a mundos sutiles en cuanto a percepción; desde antiguo los humanos (por lo menos algunos) han percibido un "algo" un "más allá" relacionado con la muerte, el espíritu y la madre naturaleza y lo han plasmado en sus zonas de convivencia como cuevas o monumentos funerarios.
En el caso de este tipo de monumentos funerarios se da algo muy especial, coinciden con cruces de líneas Hartman. Estas líneas son en realidad líneas de fuerza o energía telúrica del planeta, energía vital.
Estos puntos se han considerado tan importantes que a lo largo de la historia las diferentes órdenes constructoras de templos usaban o partían de estas localizaciones para levantar los templos religiosos, como (por poner dos ejemplos) la Catedral de Santiago de Compostela o San Bartolome de Ucero con su piedra iniciática.
Así que dispuestos a conocer esto un poco más a fondo nos acercamos, varillas en mano, a este lugar.
Tras reconocer la zona y comprobar las posibles fallas o riachuelos internos así como la dirección que llevan sus aguas pasamos al interior del dolmen a hacer unas comprobaciones.
Como no hay nada que supere la experiencia, lo mejor es ponerse manos a la obra y ver que pasa en este sitio, donde este tipo de energía es tan intensa (realmente funciona en todos los sitios pero no con tanta intensidad.
Una de las cosas más llamativas o impactantes es la carga vital que se recibe, algo que ya habíamos comprobado en ese mismo sitio con personas ajenas a estos conocimientos, ni sugestionadas ni sugestionables.
La carga vital es tan intensa que no me extraña que enterraran ahí a sus muertos, no se si para resucitarlos o darles un empujón vital para que sigan su camino con la fuerza de la vida, el hecho está ahí y solo es cuestión de practicar un poco ya que no es nada difícil o complicado. Es como hacer de canal para las fuerzas tanto celestes como terreas,... Sintiendo.
En L.V.X.
Bicho
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