EL EXTRAÑO IMBUNCHE.


El Imbunche o Machucho de la Cueva es un personaje antropomorfo contrahecho. Criado completamente desnutrido y mal alimentado. Tiene la pierna derecha quebrada y pegada a la espalda. De este modo se imposibilita su huida cuando pequeño, y más tarde se impide su alejamiento de la Cueva, de la cual es guardián.
Se trata de un niño regalado a la Mayoría por su padre brujo, o bien raptado del seno de alguna familia para destinarlo a la custodia de la Cueva. En su crianza se le suministra leche de "gata" (nodriza india); más tarde, carne de "cabrito" (párvulo) y, en su edad adulta, de "chivo" (individuo adulto).
El Imbunche no habla, sólo emite sonidos guturales, ásperos, muy desagradables. Su alimentación corre a cargo de los brujos. Unicamente en caso de escasear demasiado, se le permite salir en tres pies a buscarla en las inmediaciones. Durante estas pequeñas salidas va profiriendo sus alaridos, aterrorizando a cuantos lo oyen. De esta manera, nadie se atreve a mirarlo. Los únicos que pueden verlo sin peligro son precisamente los brujos.
Hay ocasiones en que el Imbunche debe salir a otros distritos. Esto sucede en los casos en que la Mayoría celebra reunión en una localidad distinta a su aquelarre habitual, o bien cuando debe indicar el domicilio de alguien a quien debe "tirársele un mal malo". Para cumplir tal misión se hace transportar en el aire entre dos brujos expertos en esta clase de vuelos tripulados.
La creencia en el Imbunche es una manera de explicar el desaparecimiento de muchachitos de sus hogares o de justificar la presencia de niños mal conformados, contrahechos algunos de ellos, por desgracia, verdaderos fenómenos congénitos, a quienes a veces se los mantiene semiocultos y a los cuales la jerga popular designa con el nombre de "naciones", es decir, fenómenos de nacimiento.
Es digna de hacer notar la evidente concordancia del papel encomendado al Imbunche, debido a su extraña con formación anormal, con las prácticas establecidas en la jerarquía de la religión incásica. Esta prefería, por ejemplo, para guardias de sus santuarios o templos, a individuos con alguna anomalía física visible.
"Entraban al servicio de los templos -dice Louis Baudin- todos los individuos que presentaban carácter singular, sea en su persona (epilépticos), sea en razón de circunstancias particulares de su nacimiento o de su vida (niños que habían sacado primero los pies al nacer o que habían sido paridos durante una tormenta; gemelos, estropeados de nacimiento; indios tocados por el rayo sin haber sido muertos). Se encuentra en esto la concepción que forma la base del culto a los huaca de que hemos hablado: la divinización de las anomalías"...
En la actualidad aún perdura, en cierto sentido, la creencia en el valor sobrenatural de las anormalidades, como puede apreciarse en la fe en el trébol de cuatro hojas; en la suerte atribuida al encuentro con jorobados, a las propiedades especiales de las hijas "huemas" (primogénitas) para fletas, a las bondades curativas de las piedras encontradas en el estómago de algunos animales, al poder milagrero de las animitas de personas fallecidas trágicamente, al augurio del gato negro, etc. Todavía es frecuente el dicho: "nació de pies".
Es muy probable que también este mismo principio haya influido en la veneración de las vacas sagradas de India, y del buey Apis, en Egipto. Como asimismo puede existir alguna relación con el viejo ritual etrusco, según el cual Rómulo trazó los contornos sagrados de Roma con cual iban uncidos un buey enteramente blanco y de igual color. ¿Qué de extraño tendría que el Imbunche fuese también una creación debida a este mismo principio de divinización de las anomalías en que está basada la fe en los "huaca"?
La superstición en torno a los seres anormales puede apreciarse en la reacción instintiva de miedo experimentada por los niños ante la presencia de individuos baldados. Lo mismo se observa ante una persona vestida en forma estrafalaria.
La Cueva, lugar secreto reservado a los Butas, para quienes la impunidad es imprescindible, a más de ser sitios estratégicos, necesita de un guardián más que un cancerbero. De ahí el aspecto terrorífico del Imbunche, privado del uso de la palabra y condenado a andar sólo en tres pies.

Fuente: Narciso García Barría, "El Imbunche", en Tesoro mitológico del archipiélago de Chiloé, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1989, pp.109-112. (extraído textualmente)

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