¡VIVA EL LIBERTINAJE!

Perpetrado por Oskarele

“Confunden la libertad con el libertinaje”. Cada vez que leo o escucho esta manida y muy española frase, sin que sepa muy bien por qué, visualizo para mis adentros al gran y desaparecido actor español José Sazatornil, “Saza” (el inolvidable protagonista de, entre otras muchas, “La Escopeta Nacional”, de Berlanga) pronunciándola. Me traslada a otros tiempos, a aquellos tiempos en los que, una vez rota la estaca, el pueblo, cansado y harto de tanta contención, estalló, tan lleno de rabia acumulada como de alegría desenfrenada.

Llámenme raro, vale, pero me imagino a Saza, y a su bigote, diciéndome eso. “Confundes la libertad con el libertinaje, muchacho”.

Pero resulta que, por desgracia, aun se sigue usando esta frase. Y más de lo que en un primer momento podríamos pensar, oiga. Y por más personas de las que un servidor, amante de la libertad y del libertinaje, había imaginado. Y, lo que es peor, la he escuchado y leído recientemente en boca y teclas de varias personas supuestamente liberales y progresistas. Luego os hablaré de esto. Ahora, como dijo el de Airbag, vayamos al concepto.

Dicen los de la RAE, que de palabras saben mucho, que la libertad es, entre otras cosas, esto:

1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
2. f. Estado o condición de quien no es esclavo.
3. f. Estado de quien no está preso.
4. f. Falta de sujeción y subordinación. “A los jóvenes los pierde la libertad”.
5. f. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.
6. f. Prerrogativa, privilegio, licencia. U. m. en pl.
7. f. Condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes.
8. f. Contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres.
(http://lema.rae.es/drae/srv/search?id=BCYeXUXxUDXX2qTTXaNd)

¿Y que sería el libertinaje? Pues esto, atentos:

1. m. Desenfreno en las obras o en las palabras.
2. m. Falta de respeto a la religión.
(http://buscon.rae.es/drae/srv/search?val=libertinajes)

¿Qué podemos deducir de estos conceptos?

Pues que los primeros que confunden libertad y libertinaje son los de RAE. Basta con ver la acepción número 8 del concepto de libertad y la primera del concepto de libertinaje. Por lo tanto, no andan tan lejos uno del otro.

Así pues, “Desenfreno en las obras o en las palabras” sería el libertinaje. Esto nos lleva, ineludiblemente, a una reflexión: la persona libertina sería la que no se frena, la que no se limita y no limita sus obras y sus palabras, dejándose llevar por su libertad, que, entendida al modo de estos listos de la RAE, sería una “contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres”.

O sea, el libertino sería alguien que, cual loco demonio de Tasmania, sin freno ni paracaídas, se lanza a vacio de la libertad, pasándose por ahí las leyes y las buenas costumbres y haciendo y diciendo lo que le de la real gana.

Pero, surge necesariamente una reflexión. ¿Cuáles son esas leyes? No se refiere la RAE a las leyes leyes, a la legalidad, sino a las leyes morales, a la moralidad, a la ética. A las “buenas costumbres”. ¿A las buenas costumbres? ¿Qué narices son las buenas costumbres? ¿Quién define lo que son las buenas costumbres? ¿Y en qué se fundamentan esas leyes morales que los libertinos, malísimos que son, no paran de contravenir desenfrenadamente?

Toc, toc. ¿Señores de la RAE, una ayudica por lo que valga? Defínanme “costumbre”:

1. f. Hábito, modo habitual de obrar o proceder establecido por tradición o por la repetición de los mismos actos y que puede llegar a adquirir fuerza de precepto.
2. f. Aquello que por carácter o propensión se hace más comúnmente.
3. f. p. us. Menstruo o regla de las mujeres.
4. f. pl. Conjunto de cualidades o inclinaciones y usos que forman el carácter distintivo de una nación o persona.

Pasemos de la tercera acepción (que no deja de ser curiosa, eso sí). Las buenas costumbres serían, siempre según estos doctos señores y señoras, los buenos hábitos, las buenas maneras de proceder establecidas por la tradición. Es decir, y volviendo al temita, el libertino es el atrevido y desenfrenado humano que tiene la poca vergüenza de osar no limitar su libertad, su obra y sus palabras, atentando gravemente, no contra las leyes legales, sino contra una serie de hábitos y maneras que, sin fundamento alguno más que la tradición y el uso, se han convertido en preceptos.

Buenas costumbres. Concepto difícil de definir en realidad, por lo altamente relativo y subjetivo de su contenido. Por ejemplo: para un gitano, una buena costumbre es hacer la prueba del pañuelo a una doncella gitana antes de casarse, para comprobar fehacientemente que mantiene intacta su flor (perdonen el uso de arcaísmos lingüísticos, la culpa es de Saza). O, otro ejemplo, para un talibán, una buena costumbre es que la piel de sus mujeres no vea la luz del Sol. En estos casos, el libertino sería el que, repito, desenfrenadamente, pasase de esto, y en nombre de la libertad, no quisiese someterse ni al bárbaro rito del pañuelo ni, al muchísimo más bárbaro, inhumano y cruel tema del burka.

Así que esto de las “buenas costumbres” no me vale. Las costumbres, como la moral, la ética o las leyes, son relativas y cambiables.

Os comentaba antes de dos ejemplos recientes de uso de esta singular coletilla. Uno de ellos, bastante reciente, se dio cuando un conocido empleó esta frase para referirse a un amigo que tiene una vida sexual abierta y liberal y que no se corta para nada en decirlo. Al tipo se ve que le molestaba que el otro ejerciera su libertad sexual, sin hacer daño a nadie, y que lo proclamase orgulloso. El otro ejemplo me tuvo a mí como protagonista: un ex sacerdote, que dejó el oficio por amor (lo que le honra), molesto ante mis opiniones exegéticas hacia sus libros sagrados, usó esta frase contra mí, queriendo decir con ello que no se puede usar la libertad para hablar de Dios. Y menos con él.

Se podría argumentar, para terminar, que el libertinaje se da cuando se sobrepasa este cliché tan extendido: “tu libertad termina donde empieza la mía”.

Volvemos a lo mismo. Si mi libertad, para que no se convierte en libertinaje, debe estar circunscrita, no solo a la tuya, sino a la de todos mis congéneres, no existe la libertad. Por supuesto que es un valor válido a modo aproximativo. Lo acepto. Pero no vale como fundamento último de la libertad.

Ni de coña.

En fin, que sean libres y libertinos, que según la RAE viene a ser lo mismo.

Que son dos días y uno lo pasamos durmiendo.

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