EN UN AGUJERO VIVÍA UN HOBBIT… PARTE II.


Perpetrado por Oskarele

Peter Jackson ha hecho con el libro de Tolkien lo que le ha salido de sus neozelandesas posaderas. Pero no pienso criticar a esta película ni a cualquier adaptación cinematográfica de una obra literaria por ser poco fiel al original. Lo que no se puede ser es desleal. Y esta segunda parte de El Hobbit, “La desolación de Smaug”, no lo es. Me explico, antes de que me comiencen a lapidarme los frikis:

Elmyr de Hory (1906-1976) fue un húngaro que se convirtió en uno de los mayores falsificadores de cuadros de la historia y al que el gran director de cine Orson Welles le dedicó una película documental en 1973, F for Fake (Fraude se llamó por aquí). Aquel señor se dedicó durante años a pintar cuadros imitando a la perfección el estilo de Picasso, Matisse, Modigliani o Renoir, tanto que algunas de sus obras han sido «colocadas» en museos de gran importancia. En aquel documental de Welles, el propio Elmyr se planteaba por qué sus falsificaciones eran inferiores a las obras auténticas de los artistas que imitó: si de hecho, solo se diferenciaban en la firma, él, sin duda, también estaba haciendo arte. Exactamente el mismo arte que el de los pintores a los plagiaba. Se cuenta, incluso, que el propio Picasso llegó a dar por válida una obra de De Hory hecha en su estilo.



En fin, a lo que iba, y volviendo a la Tierra Media. Peter Jackson y su equipo de guionistas son una especie de versión pop, neozelandesa y con mucha pasta del Elmy de Hory este. Han hecho una obra de Tolkien cogiendo solo retales de inspiración de su clásica novelilla infantil (que nada tiene que ver con la epopeya dramática de El Señor de los Anillos). Han recreado a la perfección (a la falta de la tercera y última parte) el universo que planteaba el genio inglés en su obra, haciéndola, a la americana, más grande y más barroca. Claro que han tenido que tomarse licencias. De hecho el propio Jackson afirmó que habían cogido mucho material no notas de Tolkien, de apéndices y de demás material para darle forma a este proyecto…

Por otro lado, y sin destripar la peli, Jackson ha hecho un ejercicio de continuidad entre estas tres películas de El Hobbit y las tres de El Señor de los Anillos, continuidad que era mucho menos clara en las novelas… y me refiero simplemente a la aparición de determinados personajes que no deberían aparecer aquí, especialmente uno con forma de ojo de fuego…

De todos modos, el pecado, la herejía, la blasfemia incluso, ya estaba cometida desde la primera parte. Y entiendo que los admiradores de Tolkien, entre los que me incluyo, se rasguen las vestiduras. Pero, siendo racional e intentando librarme de prejuicios, siempre he defendido que no se pueden comparar obras realizadas con lenguajes diferentes, en este caso el literario y el cinematográfico. No se puede comparar porque no es lo mismo.

Solo sirve como juego intelectual o simplemente como curiosidad, pero no como fundamento para valorar la calidad de una película.

Dicho esto, la peli es maravillosa y mucho mejor que la primera parte.



Se podría decir que, como su antecesora, es demasiado larga y no mantiene el ritmo; se podría decir que han repetido la formula sin innovar en nada. Más de lo mismo, se podría decir. Seguro que leerán por ahí que Jackson ha repetido la formula sin innovar ni una coma respecto a las otras cuatro entregas de sus aventuras por la Tierra Media… Pero ¿Qué esperaban? ¿Una versión “Lars von Trier” de El Hobbit? Si hubiese cambiado el registro, el tono o la estética respecto a las otras pelis lo acusarían de traidor, como poco, y de falta de respeto, como mínimo. Y se podría decir, incluso, que es una delirante locura visual en la que la historia queda en un segundo plano a costa de una derroche orgásmico de efectos especiales, monstruicos y dinero gastado a manos abiertas.

Pero todo esto sería ser injusto decirlo pues estamos ante una experiencia absolutamente sublime y extraordinaria de lo que es, fue y será el Cine en estado puro, el Cine entendido como evasión de una realidad demasiado real. El Cine entendido como caída en picado hacia el puro espectáculo de la fantasía hecha realidad. El Cine entendido como diversión, como punto y aparte.

Como sueño.

Y es que Peter Jackson lo ha vuelto a hacer (y lleva varias). Ha vuelto a transportarnos, como por arte de magia (aunque en realidad gracias a ese volcán de talento que lleva dentro el neozelandés y gracias, ¿Cómo no?, a una hartá de millones de dólares que han puesto en el empeño). Jackson ha vuelto a convertirse en el alter ego cinematográfico del maestro J. R. R. Tolkien demostrando que comprende y ha hecho suya como pocas la obra del genial escritor inglés creador de todo este mundo de Magos, Elfos, Enanos y Anillos de Poder. Y ha vuelto a demostrar que está dispuesto a aportar a la historia la versión definitiva de las obras del Maestro… ¿Quién osará a volver a hacerlas después de estas espectaculares adaptaciones?

“El Hobbit 2”, en definitiva, es un autentico placer para los sentidos, tanto para los amantes de Tolkien, que somos legión, como para los no iniciados, que sin quererlo, o sin saberlo, son mas iniciados de lo que creen.

Una maravilla que no pueden dejar de ver, sean o no seguidores de la obra de Tolkien-Jackson.

Y están tardando…

P.D. No se pierdan a la bella Evangeline Lilly.


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