Metáfora de nuestra situación política.


(Osk: De un amigo que se niega a revelar su identidad)

Hoy en la linea, mientras los higados pasaban rabiosos e implacables bajo mis ojos rojos por el sueño, he recordado viejos tiempos. Los voy a contar aunque he dudado hacerlo.

Allá por el 2005, estuve un verano trabajando como socorrista en la comunidad de una chica que a posteriori se convirtió en mi amada esposa. Se llama “Los Chocolates”. Es un pequeño estado de cafres (no todos), con leyes propias y unas doscientas casas repletas de gente.

La piscina es una ele, con 50m por 25, es decir... enorme. Ni que decir tiene que controlar aquello en las horas punta era una actividad estresante, máxime cuando la presión por parte de los directivos para que se aplicaran las normas era cada vez mayor. Y las normas eran el colmo. A saber: No tirarse de cabeza, ni bomba, no jugar a la pelota, no introducir en el vaso objetos flotantes ni accesorios de buceo o natación, etcetcetc.....Trabajamos dos por turno.

Un Sábado de agosto teniendo que echar la tarde, sentado en la silla viendo llegar la gente con las toallas, llego mi compañero de trabajo. Un futbolista de tercera con las piernas depiladas, aficionado a chulear por la playa con bañador rojo y gafas de sol, con el que me reía mucho y que resulto ser un puto genio.
El tío se sentó a mi lado, echo un vistazo y visionando lo que nos esperaba me dijo con voz queda:
Esta tarde, tenemos que controlar esto, estoy cansado y no quiero tonterías, pero tenemos que hacerlo los dos juntos, no hay que dejar pasar ni una. Venga, una vez cada uno...
Estaba tan convencido que no pude negarme.

Aquella tarde, empezamos a afanarnos como abejas en primavera... “...eh tu, no vuelvas a tirarte de cabeza... oye, dame esa pelota... chaval, hay que ducharse primero... nena, no salpiques y tápate los pechos... y así todo el rato...”

A la media hora ocurrió lo impensable... Aun con la adrenalina lubricando cada junta celular, uno sentado al lado del otro, mi compañero me dijo:
Ya esta, ya podemos echar la siesta...

Efectivamente, Una piscina con mas de cien personas bastante asalvajadas, en menos de media hora la habíamos convertido en un coloquio tranquilo de personas civilizadas. La gente se hablaba bajito con media cabeza metida en el agua como los cocodrilos, y probablemente se contaban lo hijoputas que eran los socorristas. Otros se largaban aburridos a su casa o a la playa. Pero los que se quedaban, al meterse en el agua... bajaban por las escaleras.

Yo estaba estupefacto, no podía creer que hubiera sido tan fácil hacer aquello y menos con medidas tan estrictas, pero allí estaba El silencio, un sábado de agosto en “Los chocolates”.
Pero entonces mi miedo hizo sonar la alarma. Recordé que había un hombre capaz de mandar aquella maravilla a la mierda en menos tiempo del que habíamos tardado en crearla.

Rabia un Ruso con el que yo ya había tenido varias rencillas. El tío solía llegar, pasaba de largo la ducha, se subía encima del muro de la depuradora que estaba a un metro de altura y separado por otro metro del borde del agua, y se lanzaba temerariamente de pua. Que sacrilegio.

Yo sabia que si aparecía, haría lo mismo de siempre y no tendríamos mas argumentos, a parte de los que ya habíamos aportado, ante un tío que hacia según sus propias palabras, lo que le daba la real gana. Las miradas se girarían unanimemente hacia los dictadores para ver como eran capaces de castigarlo, y al vernos impotentes, todos, poco a poco al principio, pero de la manera mas loca al fin, provocarían en la piscina la mas grande revolución del verano.
Pero no apareció, y la tarde acabo plácidamente.

¿ Habéis pillado la metáfora? Basta ya de susurrar como cocodrilos en la piscina, o basta ya de quejarse gritando desde el jardín. Qui hacen falta un par de rusos o tres que se meen en la cara de nuestros políticos. Eso es mucho mas licito de lo que hacen ellos y cuenta con el apoyo popular, y por eso no hay peligro.

Próximamente... “Como mearse en la cara de los políticos”.

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