QUE TENEMOS QUE HABLAR DE MUCHAS COSAS…

Perpetrado por Oskarele

Hace una semana que te fuiste, compañero. Y parece una eternidad. Te escribo esta carta para contarte como ha ido todo desde que no estás entre nosotros y para decirte alguna que otra cosa que no pude decirte en vida, por tiempo, olvido o dejadez. Y es que la muerte traidora y ladrona te llevó al infierno tan súbitamente que no tuve tiempo de despedirme, ni de decirte lo mucho que te quería y lo mucho que te iba a extrañar. Y es que, pese a que llevaba tiempo creciendo dentro de ti imparable y destructivamente, todos pensábamos que conseguirías pararla. Al fin y al cabo no estamos hablando de ningún cualquiera, sino de ti, Roberto Fort, que, como su apellido, fuiste fuerte hasta el final. Pero te pilló a traición la muy asquerosa y te llevó allí abajo…

Imagino que desde allí donde estás, calentico, junto a los nuestros, te habrás estado partiendo de risa observando la serie de disparates bizarros que han rodeado toda la parafernalia ritual que se produjo tras tu muerte. Y es que, pese a que todo ha salido bien, las cosas han sucedido como solamente podían sucederle a un ser tan especial, único y genuino como tú: un velatorio lleno de heavys en el dichoso Tanatorio que algún listo tuvo la genial ocurrencia de construir en el polígono donde se hace cada domingo el mercadillo. Y allí estábamos todos tus colegas y tu familia, destrozados, derrochando lágrimas, recordándote, mientras la gente iba el domingo por la mañana a comprar sandias y mientras las gitanas cantaban sus ofertas al personal. Imagínate el esperpento. Y tu allí, de cuerpo presente, a escasos metros de otro velatorio (de una señora mayor). Qué muerte esta…

Pero la cosa no queda aquí, tronco. Más tarde, el domingo por la noche, otra serie de circunstancias extrañas hizo que coincidiese tu misa de funeral con la entrada de la gente al cine de verano de tu pueblo y el mío… imagínate el bochornoso espectáculo: todos llorando tu perdida, mientras la calle se colapsaba de coches y de gentes que hacían cola para entrar al cine a ver “Los Vengadores”. Y tú allí, de cuerpo presente, en la cajica esa. Y eso después de un funeral absolutamente ridículo, con un cura sudamericano sustituto que debió aprender a leer en algún centro de desintoxicación o de disléxicos, del que seguramente también salió el extraño y esperpéntico monaguillo que, con la falta de respeto por bandera, tuvo los santos cojones de acompañar al cura vestido con bermudas de verano y chanclas… manda huevos Roberto. Ni que lo hubiesen hecho a posta.

Imagino que desde ahí abajo te habrás partido de risa viendo como las cosas, una vez más y como siempre, no salen nunca bien. Y es que así fue tu vida y así fue tu muerte: un manantial de despropósitos y de sinsentidos innecesariamente doloroso, pero, visto desde esa perspectiva cínica y grotesca con la que tú (y yo) vemos la vida, no deja de ser gracioso. Y es que Valle Inclán tiene a dos ejemplos del sentimiento esperpéntico de la vida en usted, querido, y en mí.
Las cosas que pasaron después fueron más normales: te quemaron como había sido tu deseo y tiraron tus cenizas (y las de la caja esa de madera) a la cala aquella de Cabo de Gata a la que tanto te gustaba ir con tu María. Me hubiese gustado ir, pero se trataba de algo de índole más familiar. Además, creo que no lo hubiese aguantado.

Y es que te echo de menos, compañero.

Te echo sorprendente y continuamente de menos. Cada cosa que veo me recuerda a ti: enciendo la play y veo entre los amigos no conectados a Demobru, el Nick con el que tantas horas jugaste conmigo al Gran Turismo o al Formula 1. Pongo la tele y sale alguna película que te gustaba. En el trabajo todo me recuerda tu presencia en otros veranos en los que curraste conmigo… y no hablemos de la cantidad de gente que me ve por la calle, me da el pésame y me pregunta por tu muerte, con sentencias tan estúpidas y poco gratificantes como: “Dios se lleva a los mejores a su vera” (“joder, pues ya se podía llevar a los políticos y a los abogados”, que dirías tú), o “al menos ha sido rápido”… o “no te preocupes, que no ha sufrido”… seguro que desde el infierno te habrás partido de risa viendo la cantidad de sandeces tranquilizadoras que dice la gente a los que, sabes bien, es imposible tranquilizar pues el dolor es tan grande que nada lo calma. Ni siquiera la marihuana que, por cierto, también me recuerda a ti.

De hecho casi que le empiezo a coger el gusto a esto: cada día tengo un montón de pequeños homenajes que te brinda el azar y la vida. Y siempre será así pues siempre te echaré de menos.

Terminar diciéndote que tu niña María está bien, que se ha portado como una campeona y que ha mostrado una fortaleza espeluznante y reconfortante para los demás, que temíamos no podría superar tu marcha. Y eso que ha llorado hasta quedarse sin lágrimas, desde que te pusiste malico del tó hasta el otro día que arrojó tus cenizas al mar. Y lo seguirá haciendo. Pero está y estará bien. Y siempre nos tendrá a nosotros para ayudarla y recordarte.

Nada más socio. Ah, bueno, se me olvidaba: decirte que espero cumplas aquella promesa que nos hicimos cuando niños (no hace tanto) en la que juramos que el primero que falleciese de los dos, de existir una vida más allá de la muerte y de ser posible cruzar el camino hacia esta vida, se le aparecería al otro. Eso sí, prefiero que sea por la noche, porque ya sabes lo que me jode que me jodan la siesta.

Un abrazo mu grande desde un infierno a otro. Recuerdos a los nuestros.

Te quiero.

1 comentario:

  1. Lo siento mucho, aunque detrás de mis palabras se encuentre la formalidad con la que crecí, pero es lo que siento y no quiero marcharme de esta página sin dejarlo escrito. No tengo la sangre fria para hacer que no leí y no decir que sentí, sería aún más hipócrita ...Deseo que tu deseo se cumpla, porque es el mejor de los deseos y que lo veas aparecer delante de ti, para abrazar ese adios que tanto añora tu corazón. Creo que en fondo, el adios no existe entre personas que se quieren tanto, aunque físicamente ya no estén entre nosotros. Xao!!!

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