LOS CÁTAROS. ANTECEDENTES: ZOROASTRO, ORFEO, MITRA Y OTROS DUALISMOS


Perpetrado por Oskarele

A mediados del siglo X surge en Europa Occidental un movimiento religioso que un par de siglos después llegará a tener una enorme fuerza en el sur de Francia, en el Languedoc, zona de mitos y leyendas. Con un punto de vista dualista sobre la divinidad y un rechazo absoluto del mundo material se convirtieron en un referente de una nueva forma de llevar a cabo un proyecto religioso… lo que terminó, ¿Cómo no?, enfrentándoles a la Iglesia Católica que los condenó como herejes y que los exterminó violentamente en lo que se conoce como la Cruzada Albigense. Como era de esperar estos señores no podían faltar en esta sección nuestra de Queridos Herejes, así que vamos a dedicar una serie de textos a esta fascinantes historia… comenzando por los orígenes.

Comencemos por una idea clave: el dualismo.

Desde el principio de los tiempos se ha hecho una asociación interesante entre la idea de Bien y la divinidad. La búsqueda de lo divino se hacia buscando el bien. Pero surge entonces el problema del origen del mal: si Dios representa el Bien absoluto por un lado, y si es el creador de todo, por otro, ¿Cómo pudo crear el mal? ¿Procede del mismo creador? Esto, en principio es un callejón sin salida que las religiones politeístas solucionaban sin problemas, pero que las monoteístas no terminaban de explicar.

Hasta que surge la idea de dualismo que básicamente quiere decir que toda idea general trae consigo su contrario: el bien y el mal, la verdad y el error, la eternidad y el tiempo, el deber y el derecho… y esta idea, aplicada al tema de Dios, surge también desde tiempos remotos, cuando algunos grandes filósofos dudaron de que Dios se encontrase en el origen de los términos opuestos de este dualismo.


Surge así, cinco o seis siglos, aproximadamente, antes de Cristo, una nueva religión, en la zona del Irán actual (al oeste del Indo y al este de Mesopotamia), el mazdeísmo, liderada por Zoroastro (del que hemos hablado por aquí) que rendía culto a una divinidad llamada Ahura Mazda. La doctrina de esta religión consiste, básicamente, en la idea de que existe un conflicto permanente entre el Dios de la Luz (Ormuzd) y el Dios del Mal (Ahrimán), ambos “hijos” de Mazda. Este dualismo implica, significativamente, una actitud moral: los humanos, con sus acciones, toman parte en esta batalla, favoreciendo a uno u otro antagonista.

Lo curioso es que en este dualismo mazdeísta, el mal, encarnada por Ahrimán, es un producto (un hijo) de la divinidad superior, una emanación necesaria, al igual que el bien. El absoluto no puede existir solo, so pena de no ser nada. Eso sí, al final de los tiempos el bien, representado por Ormuzd, acabará triunfando…

Pues bien, el mazdeísmo, intelectualizado y ennoblecido por el bueno de Zoroastro, se hace evidente tiempo después en Grecia con el Orfismo, una corriente religiosa relacionada con Orfeo, cantor y trágico viajero del Más Allá, que propone una nueva forma de ver la vida y la muerte de los hombres. Se tratará de una secta de personas errantes, alejados del bullicio de las polis, centrados en sus pensamientos y en sus libros sagrados y al mismo tiempo practicantes de sus ritos mistéricos y de un peculiar ascetismo (con preceptos estrictos como el no comer carne ni derramar sangre animal o vestir telas de lino). Los órficos, en definitiva, dejaron una larga huella en varios textos, pero también importantes ecos en muy diversos autores, especialmente en algunos filósofos, especialmente por una idea genial: la interpretación del ser humano como un compuesto de cuerpo (mortal, mero vestido, prescindible) y alma (inmortal y esencial). Al morir el alma se libera del mundo material y va al más allá a recibir sus premios o sus castigos, que pueden incluir algunas reencarnaciones o metempsicosis en otros cuerpos (y no sólo humanos), hasta lograr su purificación definitiva y reintegrarse en el ámbito divino.

Entre los filósofos griegos que bebieron de estas fuentes órficas se encuentras algunos de los más grandes y trascendentes, como Platón (que afirma su creencia en un alma perdida, que ha descendido del reino de la luz y que aspira regresar a él), Sócrates (que experimente su propia naturaleza dual con su particular daemon y que diserta también sobre la inmortalidad del alma) y especialmente Pitágoras y su secta de iniciados, que practican muchos de los ritos órficos y que se hace eco de todas sus ideas sobre el alma y el dualismo.

Por otro lado, el culto de Mitra, un dios solar con origen también en Persia, se difundió por Europa en la época del imperio romano, aunque adaptado a su manera, agregándoles características que no tenía en su principio. Este culto, que dará origen al mitraísmo y que competirá con el incipiente cristianismo en sus primeros siglos, es de nuevo una forma de dualismo, formado alrededor de la pareja divina Mitra y Varuna, complementarios aunque opuestos.

Puestos a buscar antecedentes del catarismo en el dualismo antiguo podemos, incluso, aventurar que el budismo, como herencia cultural de otras formas anteriores, aporta ideas dualistas que influirán en el posterior desarrollo del dualismo: el mundo visible, según el Buda, es Maya, pura ilusión, del que hay que desapegarse para acabar fundiéndose con el Nirvana inmóvil, un “mundo” más allá de la materia.

Sea como sea, todas estas tradiciones dualistas influirán en el cristianismo posterior, como veremos en la siguiente entrega.

Mas info y fuentes por aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Zoroastro, aquí:http://es.wikipedia.org/wiki/Orfismo, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Orfeo, aquí:http://es.wikipedia.org/wiki/Mitra_(dios_romano)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada