PENÉLOPE Y ANTÍNOO


Penélope se esmera con la urdimbre del telar
-apenas si puede enhebrar la trama de su deseo.
Van sucediéndose primaveras y no regresa Odiseo,
si bien Troya no dista de Ítaca más que un pretexto.
Pretende Penélope apaciguar su vehemencia,
ese ardor impaciente que le asciende desde la ausencia.
De noche, evoca de Antínoo la boca
y se revuelca entre sábanas empapadas de abstinencia.
Penélope es aún tierna y muy hermosa:
custodia entre sus muslos aromas de jazmines y de rosas;
transpira diminutas puntas de diamante
más allá de donde el cuello pierde su nombre,
resbalando hasta la tersura nítida de sus senos,
se desprende de la túnica adherida a sus devaneos.
Las veladas se convierten en auroras,
en espías delatoras de sus anhelos;
se revuelca entre pétalos
del más osado de sus pretendientes
para sumergirse, luego,
en un baño concupiscente.
El mármol está impregnado de vahos
de esposa adolescente.

PRS®

J. W. Waterhouse : "Penélope and the suitors", 1912

Tomado del muro de Ramón Simó, siempre rico en arte. Gracias por compartir Ramón.

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