LA LEY SECA.

Perpetrado por Oskarele

La cosa venía de atrás, pero entre 1920 y 1933 la venta de bebidas alcohólicas estuvo prohibida en los Estados Unidos, como imagino mucho de ustedes sabrán, al menos por las antiguas películas de gánsteres de los años veinte. Y digo que la cosa venía de atrás porque determinadas organizaciones, como el famoso Movimiento por la Templanza, así como numerosos organismos religiosos, estaban criticando duramente el consumo de alcohol desde principios del siglo anterior, el siglo XIX. El alcohol era, según estos, el culpable de diversos males de la sociedad, que solo se solucionarían prohibiéndolo.

A estos, además, se unieron diversos intelectuales, liberales y progresistas, que consideraban a la bebida como algo que provoca atraso y pobre entre las masas obreras, que iban llenando las ciudades a principios del siglo XX.

Así, ya antes de la famosa Ley Seca, en muchos sitios consiguieron que se prohibiese totalmente el alcohol, casi siempre en pequeñas ciudades y pueblos.


Finalmente todo este clima anti-alcohol se manifestó en una resolución del Congreso yanqui a favor de una enmienda a la Constitución de los Estados Unidos (la XVIII) que prohibía la venta, importación, y fabricación de bebidas alcohólicas en todo el territorio. En enero de 1919 la enmienda fue ratificada por 36 de los 48 estados de la Unión, siendo susceptible de imponerse como ley federal (aplicable a todos los Estados).

En octubre del mismo año, se aprobó finalmente la Ley Volstead, que implementaba la prohibición dictaminada por la Enmienda XVIII, llamada así en honor a Andrew Volstead, el presidente del Comité Judicial de la Casa Blanca, que supervisó su aprobación. Esto dijo este señor a propósito de la nueva normativa:

“El demonio de la bebida hace testamento. Se inicia una era de ideas claras y limpios modales. Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos; los transformaremos en graneros y fábricas. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas del infierno.”

Curiosamente la Ley Seca (como se llamó popularmente a la Ley Volstead), no prohibía el consumo de alcohol, que se consideraba una libertad individual, aunque lo hacía imposible al prohibirse la fabricación, venta y transporte de bebidas alcohólicas. Ah, y también se permitía la venta para los rituales religiosos que todos conocemos…

Sobra decir, como todos sabemos, que el alcohol se continuó produciendo y distribuyendo de forma clandestina, lo que a su vez produjo un auge espectacular del crimen organizado, que lo vendía a precios altísimos. Así se explica que en unos pocos años las mafias que vendían alcohol ilegalmente amasaron fortunas enormes, lo que también explica los niveles tremendos de corrupción policial y administrativa. Y es que el pastel a repartir era enorme... un ejemplo más que conocido de este tema es el famoso Al Capone y su archienemigo, Elliot Ness, símbolos de una época, en un lado y otro del espejo de la prohibición.

Todo este tema de las mafias, que se peleaban entre ellas para controlar el mercado y contra la policía para dominarlo, hizo que la opinión pública cambiase. Había sido peor el remedio que la enfermedad y además no se había solucionado el problema del consumo, que no sólo subsistió, sino que ahora continuaba de forma clandestina y bajo el control de feroces mafias. Pero además el gobierno tuvo que gastarse una pasta para poder llevar a cabo la ley, tanto en efectivos policiales como en el mantenimiento de las cárceles (antes de la prohibición había 4.000 reclusos en todas las prisiones federales, pero en 1932 había 26.859)

Pero además se produjeron miles de muertes por consumo de alcohol casero adulterado con sustancias chungas...

Todo esto llevó a que en 1932 el Partido Demócrata incluyera en su programa electoral la derogación de la Ley Seca, y Franklin Roosevelt, su candidato, dijo que, de ser elegido presidente, derogaría las leyes que aplicaban la Ley Seca. Además, tras el crack del 29, el gobierno necesitaba nuevas formas de financiación, y los impuestos que les proporcionaría la bebida no eran pocos.

Así, tras ser elegido presidente, el 21 de marzo de 1933 Roosevelt firmó el Acta Cullen-Harrison que legalizaba la venta de cerveza que tuviera hasta 3,2% de alcohol y la venta de vino, siendo aplicable a partir del 7 de abril de ese mismo año, derogando la Ley Volstead. Meses después diversas convenciones estatales ratificaron la Enmienda XXI a la Constitución de Estados Unidos, que derogaba la Enmienda XVIII. La nueva enmienda fue ratificada el 5 de diciembre de 1933 por el Senado de EEUU.

¿Lo único bueno de la Ley Seca?

El Jazz

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