LA GUERRA


Mientras los hombres —decía Juan de Mairena—no sean capaces de querer la paz, es decir, el imperio de la justicia (la que supone una orientación metafísica y un clima moral que todavía no existen y que, acaso, no existan nunca en Occidente), una liga entre naciones para defender la paz a todo trance, es una entidad perfectamente hueca y que carece de todo sentido. Es algo peor. Es el equívoco criminal que mantienen los poderosos, armados hasta los dientes, para conservar la injusticia y acelerar la ruina de los inermes o insuficientemente armados. Cuando alguno de ellos grite:“¡Justicia!”, se le contestará con un encogimiento de hombros, y si añade: “Pedimos armas para defendernos de la iniquidad”, se le dirá cariñosamente: “Paz, hermano. Nuestra misión es asegurar la paz que tú perturbas, reducir la guerra a un mínimum en el mundo. Nosotros no daremos nunca armas a los débiles; procuraremos que los exterminen cuanto antes”.

Antonio Machado. (Sevilla, 26 de julio de 1875 – Colliure, 22 de febrero de 1939)

Notas inactuales a la manera de Juan de Mairena - VII. En “La Vanguardia” (27-3-1938). PrC, pág. 2437.

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