HUXLEY, “El bulldog de Darwin”


La relación de la ética-moral con la obra de Darwin fue importante, sobre todo por los enfrentamiento intelectuales que provocó entre los evolucionistas y los creacionistas.

No obstante, Darwin no busco esta confrontación, sobre todo si tenemos en cuenta que durante su viaje a bordo del Beagle mantuvo una posición ortodoxa en materia religiosa, citando incluso la autoridad de la Biblia en cuestiones de moral.

Sin embargo, los continuos estudios y descubrimientos que Darwin llevó a cabo durante sus viajes hicieron que cambiara su postura, hasta el punto de considerarse a sí mismo agnóstico. Así, El origen de las especies fue una de las obras más controvertidas en la historia de la ciencia.

Tras su publicación, multitud de artículos y comentario, tanto a favor como en contra, vieron la luz. Uno de los momento álgidos de la polémica se produjo el 30 de junio de 1860, en el Oxford University Museum, cuando el arzobispo W. Wilberforce -pro-creacionista- y T. H. Huxley, apodado el “bulldog de Darwin” por su incondicional apoyo a las teorías darwinianas, se enfrentaros en un debate intenso que acabó derivando en el dilema central: Ciencia vs. Religión.

El momento más álgido del debate se produjo cuando Wilberforce, sarcásticamente, inquirió a Huxley sobre si el hombre descendía del mono por parte materna o paterna. Huxley contestó:

“Si lo que se me pregunta es si prefiero por abuelo a un pobre mono o a un hombre dotado por naturaleza y con grandes influencias que utiliza esas facultades y esas influencias por el mero propósito de introducir el ridículo en una discusión científica seria, yo, sin dudarlo, afirmo que prefiero el mono”.

Las teorías darwinianas sobre la evolución del hombre fueron problemáticas porque chocaron con las teorías creacionistas admitidas por la Iglesia. Si bien en El origen de las especies, Darwin dedica parte de la obra a la evolución del hombre, fue con la obra La descendencia del hombre y la selección en relación al sexo con la que mayores problemas tubo, puesto que en ella se aplicaban las teorías evolutivas directa y exclusivamente al hombre, considerándolo igual a otras especies animales. A pesar de los quebraderos de cabeza que le ocasionaron los continuos enfrentamientos con otros científicos e instituciones que sus teorías ocasionaron, Darwin prosiguió sus investigaciones hasta el fin de sus días.

El conflicto fue tal que la Iglesia Católica, viendo el éxito de las teorías de Darwin, crea ad hoc instituciones de carácter científico-religioso como la Société Scientifique de Bruselas (1875) cuyo órgano de expresión fue la revista Questions Scientifiques cuyo objetivo era “combatir el racionalismo y el ateísmo con las ramas verdaderas de la ciencia”.

A pesar del rechazo inicial a las teorías evolutivas de Darwin, la Iglesia poco a poco fue aceptando un cierto evolucionismo limitado, incluso sólo específico y aplicable a ciertas especies entre las que no se encuentra el hombre, sin abandonar el creacionismo ni las coordenadas fijadas por la Iglesia católica.

Fuente: http://mural.uv.es/

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