MONOFISISMO

Perpetrado por Oskarele

En el artículo anterior os comentamos la historia de Nestorio, ajusticiado como hereje por sus ideas heterodoxas sobre el nazareno, acusado por los monofisitas alejandrinos liderados por el “malvado” Cirilo de Alejandría (responsable ideológico de la muerte de Hipatia). Pues bien, estos mismos defensores del monofisismo (defensores de la idea de una única naturaleza divina para Cristo: la unicidad entre la persona humana y la divina), acabaron siendo condenados y no lograron hacerse con la hegemonía de la Iglesia dentro del Imperio Bizantino.

En realidad fue por motivos políticos: Alejandría pillaba bastante lejos de la capital del imperio, Constantinopla. Los monofisitas eran partidarios de un imperio federalista, organizado en torno a ciudades casi independientes. Sus contrarios, en cambio, querían centralismo. Además, la supremacía alcanzada por los seguidores de Cirilo en el Concilio de Éfeso en 428 se había conseguido gracias a varios trapicheos e irregularidades, como comentamos en el post anterior. Pero el problema seguiría existiendo y tendría una nueva activación cuando, tras la muerte de Cirilo, el abad alejandrino Eutiques (378-454) lleva al extremo las ideas de aquél al afirmar además que, después de la Encarnación, la humanidad de Cristo es en esencia distinta a la nuestra.

Esta nueva postura obliga a la celebración, en 449, de un nuevo concilio en Éfeso presidido por Dióscoro, sucesor de Cirilo, quién, negándose a admitir a los legados del papa León I y a los teólogos antioquenos más importantes, logra que se reconozca el monofisismo como la doctrina oficial de la Iglesia.

Era necesaria la celebración de un nuevo Concilio para establecer un dogma definitivo y, de camino, solucionar el tema federalista. Y fue el conocido como Concilio de Calcedonia en 451, al que asistieron dos personas interesantes e importantes: El nuevo emperador bizantino, Marciano, que veía peligrar con el monofisismo la estabilidad del imperio, y el nuevo Papa, Leon I (el Magno), hombre enérgico y combatiente, que tampoco estaba dispuesto a ver peligrar la supremacía de la Iglesia de Roma en Constantinopla.

Así pues, en este concilio quedará fijada de modo definitivo la formula que aclaraba la cuestión cristológica de la compleja naturaleza del nazareno. Este es el texto principal de las decisiones del concilio:

“Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado [Hebr. 4, 15]; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres.

Así, pues, después que con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, ni sentirla, ni enseñarla a los demás.”

La formula estaba muy lejos las tesis nestorianas, pero también de las tesis monofisitas de Cirilo y su súbdito Dióscoro, que será depuesto. Así pues se condenará como herética la doctrina monofisita y a sus seguidores y establecerá los cuatro adverbios que establecen la ortodoxia tanto frente a los herejes monofisitas: "inconfuse" e "inmutabiliter", como a los herejes nestorianos: "indivise" e "inseparabiliter".

Desterrado de Constantinopla, el monofisismo de extenderá por territorios cercanos, como Egipto, Armenia, Palestina, Etiopia o Siria, todos ellos ocupados por los musulmanes en el siglo VII. Aun así pervivirá en comunidades aisladas, recibiendo influencias islamistas, convirtiéndose en una heterodoxia cristiana con ecos mahometanos. El caso más curioso puede que sea el de Egipto, donde el monofisismo derivó en la formación de la Iglesia Copta, una iglesia nacional egipcia que tiene su propio rito, su propio dialecto y hasta su propia escritura… pero eso es otra historia.

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Más información y fuentes por aquí: los libros “Herejes y malditos en la historia”, de Agustín Celis Sánchez (Ed. Alba Libros, 2006) e “Historia oculta de los papas”, de Javier García Blanco (Ed. Akasiko, 2010)

Webs: http://es.wikipedia.org/wiki/Monofisismo, aquí: http://www.mercaba.org/Mundi/4/monofisismo.htm, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Calcedonia, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Di%C3%B3scoro_I_de_Alejandr%C3%ADa

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