LOS PLACERES DE LA BUENA MESA


“Nuestro alimento es muy bueno y muy abundante… nos prefieren más rollizas, más gordas. En consecuencia nos sirven cuatro veces al día; para desayunar, entre las nueve y las diez, nos dan siempre un ave con arroz, frutas frescas o compotas, té, café, chocolate; a la una se nos sirve el almuerzo: un sabroso potaje, cuatro entrantes, un asado, cuatro dulces; postres en cualquier estación. A las cinco y media se sirve la merienda: pasteles o frutas; la cena es sin duda excelente, se nos sirve cuatro platos de asado y cuatro postres; tenemos cada una de nosotras una botella de vino blanco, otra de tinto…La cena de los monjes se compone de tres platos de asado, de seis entrantes seguidos por una pieza fría y ocho postres, fruta, tres tipos de vinos, café y licores. A veces, nos sentamos las ocho a la mesa con ellos… Pasemos ahora a la satisfacción de los placeres de los frailes…” (Justine o los Infortunios de la Virtud, Marqués de Sade)

Para Donatien Alphonse François de Sade, más conocido por el título de Marqués de Sade, su filosofía de vida era la libertad extrema, sin las ataduras de la religión, la moral o las leyes, y cuyo único objetivo era la búsqueda del placer personal. Tuvo una vida rodeada por escándalos, lo cual parece ser agradaba y excitaba al Marqués y lo inspiraba para sus orgías y depravaciones. De su nombre nace el Sadismo. Hablar de depravación y comida sin mencionar a este hombre, recordado como el mayor de todos los decadentes es imposible. Para el Divino Marqués, llamado así por sus admiradores, la comida era muy importante, y lo demostraba en sus libros, ensayos, obras de teatro y escritos así como en su vida cotidiana. Pasó gran parte de su vida en la cárcel, y en las cartas que le enviaba a su esposa no dejaba de pedirle comida continuamente, un manjar, un postre, un antojo, eran su mayor ilusión para pasar el tiempo entre rejas.

El libertino marqués, usaba la comida para avivar los fuegos de su lujuria, y creía firmemente que la capacidad de las personas de comer, era un indicador de sus habilidades sexuales.
Un apetito se conecta con el otro, son cómplices en los placeres de la satisfacción, “Después de los placeres de la lujuria… no los hay más divinos que los de la mesa”.

Era bien conocido su uso de pócimas afrodisíacas, brebajes y toda clase de preparaciones, que desataran un desenfrenado placer entre sus amantes, en algunas ocasiones se deleitaba con postres, cremas, tortas, chocolate derretido, vinos y todo aquello que pudiera comer a su antojo, lamiéndolos, tocándolos, untándolos y degustándolos de sus cuerpos. Era tanta su locura y ambición por el placer, que en una ocasión, tentado por la prohibición que existía sobre este peligroso afrodisíaco, uso la cantárida o mosca española, dicen que alteraba la sensibilidad de la mujer hasta el punto que deseaba y aceptaba cualquier aberración, con las graves consecuencias de la muerte o enfermedad, fue acusado de sodomía y de intento de envenenamiento.

En una de sus cartas el marques pide a su mujer, que le envíe, cuatro docenas de merengues; dos docenas de chocolatinas, y no “esa porquería infame que le envío la última vez y que hizo pasar por golosinas” y ella obediente y dispuesta a satisfacer la adicción de su marido por los dulces, pide ayuda a las monjas de la Santa Trinidad, quienes eran famosas por preparar unos bizcochos dulces, conocidos como feddes, rellenos de mermelada y flan, y que tenían un aspecto similar al de las partes íntimas de una mujer. Eran los favoritos del Marqués.

En la obra de Sade hay también una estrecha relación entre la comida y la crueldad, en uno de sus libros, Los 120 días de Sodoma, describe la historia de un espléndido banquete donde el canibalismo y la lujuria se entremezclan, y sus protagonistas ebrios de placer, torturan, asesinan y literalmente se comen a sus amantes. Estos banquetes son el preludio de muchos actos de crueldad, y perversidad, que empiezan con una abundante comida llena generalmente terminaban degustando a las mujeres.

El Marqués de Sade, hombre dedicado a explorar, descubrir, y disfrutar de los placeres carnales, marcó la historia y volcó su desenfrenada pasión por la lujuria en muchos relatos eróticos, que fueron prohibidos por mucho tiempo.

Palabras de este obsesivo y lujurioso aristócrata:
-“Los instintos sexuales fijan y regulan casi la totalidad de las acciones humanas en una forma todavía más intensa que el propio instinto de la nutrición”
-“La abundancia de comida prepara bien para el amor, y mejor si es excitante”.
-“El desayuno debe ser abundante, pues ha de reparar los desgastes de la noche”
-“Las fuerzas prestadas por Baco y Ceres a Venus siempre benefician a la diosa de la lubricidad”.
-“Sin la embriaguez y la glotonería, el gozo no sería tan completo”

Fuente: El condimentario de Margarita.

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