LA QUERELLA ICONOCLASTA


Perpetrado por Oskarele

También en el ámbito bizantino, como las dos últimas herejías que os he comentado en esta sección, se dio un curioso fenómeno en los siglos VIII y IX que tendrá una gran trascendencia en el cristianismo posterior. Se trata de lo que se conoce en el mundillo (sic) como “Querella Iconoclasta”, que acabará provocando un cisma entre las Iglesias de Oriente y Occidente.

La movida viene a ser la siguiente: existían dos
interpretaciones diferentes e irreconciliables, los iconódulos y los iconoclastas. Los primeros eran partidarios de la adoración de imágenes, frente los otros, que consideraban idolatría cualquier veneración a figuras que representen a la divinidad, exceptuando solamente a la cruz.

Sobra decir que ambos acusaban a sus contrarios de herejes.

La cosa empieza en el 726, año en que el emperador bizantino León III (717-741) suprimió el culto a las imágenes de los santos, de los ángeles, de Cristo y de la Virgen. En el 730 ordenó destruir las imágenes, y además depuso a Germán, patriarca de Constantinopla (y posteriormente Santo), por no secundar su actitud, completando el control del patriarcado sobre todo el territorio imperial, lo que producía inevitablemente un alejamiento con respecto a la Iglesia latina, que siempre se opuso al radicalismo de los iconoclastas.

Esta época iconoclasta duró hasta 783, cuando fue restablecido por el II Concilio de Nicea. Pero no fue fácil, pues los iconoclastas contaron con una ferviente oposición por parte de los iconódulos: pa empezar el citado San Germán, patriarca de Constantinopla, depuesto por el emperador, continuando con San Juan Damasceno, los cuales, con sus escritos, no sólo refutaron la acusación de idolatría lanzada contra la Iglesia, sino que explicaron además la legitimidad y la naturaleza del culto a las imágenes. Pero otros muchos obispos orientales lo condenaron.

Finalmente, como decíamos, en el II Concilio de Nicea, el año 787, se definió la legitimidad del culto a las imágenes y se condenó el error iconoclasta en estos términos:

“Decidimos restablecer, junto a la Cruz preciosa y vivífica de Cristo, las santas y venerables imágenes: o sea, las imágenes de Nuestro Señor Jesucristo, Dios y Salvador, la de Nuestra Señora Inmaculada, la santa Madre de Dios, la de los honorables ángeles y de todos los píos y santos personajes, puesto que más se pensará en ellos a través de las imágenes que los representan y más, aquellos que los contemplan, se sentirán excitados al recuerdo y al deseo de imitarlos; decidimos rendirle un homenaje y adoración de honor, no ese culto de latría que proviene y que compete sólo a Dios, sino de honor, ese honor y veneración que se presta a la Cruz preciosa, a los santos Evangelios y a los objetos sagrados; decidimos también encenderles incienso en su honor y encenderles velas, como era costumbre entre los antiguos cristianos. Puesto que el honor rendido a la imagen se traspasa al prototipo que representa y el que venera la imagen venera la persona que la imagen representa”

Pero la cosa no duró mucho: entre el 815 y el 842 hubo una segunda fase iconoclasta, promovida por el emperador bizantino León el Armenio (813-820) y continuada por Miguel el Balbuciente (820-821) y por Teófilo (829-842). El caso es que la cosa fue motivada por una serie de derrotas militares que fueron vistas como prueba del descontento divino por haber vuelto a honrar las imágenes…

Puso fin a esta fase la emperatriz Teodora, viuda de Teófilo,

A Miguel le sucedió su hijo, Teófilo, que murió dejando a su esposa como regente de su heredero menor, Miguel III. Teodora movilizó a los iconódulos y proclamó la restauración de las imágenes en 843, con la condición de que Teófilo no fuera condenado. Y así el primer domingo de cuaresma del año 843 fue solemnemente celebrada en Santa Sofía de Constantinopla la primera fiesta de las imágenes o fiesta de la Ortodoxia, que todavía dura hoy en la Iglesia oriental.

En realidad detrás de todo este supuesto debate teológico existía una intencionalidad política clara: el enfrentamiento por la hegemonía entre los emperadores bizantinos, que apoyaron la iconoclastia, y la Iglesia de Roma junto al patriarcado de Constantinopla, que apoya el culto a las imágenes. También se ha señalado que mientras en Asia Menor los iconoclastas constituían la mayoría, en la parte europea del Imperio eran más predominantes los iconódulos.

Imagen: Una simple cruz: ejemplo de arte iconoclasta en la iglesia de Hagia Irene(Santa Irene) de Constantinopla.


Más información y fuentes por aquí: los libros “Herejes y maldito en la historia”, de Agustín Celis Sánchez (Ed. Alba Libros, 2006) e “Historia oculta de los papas”, de Javier García Blanco (Ed. Akasiko, 2010).
Webs: http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_bizantino#La_querella_iconoclasta, aquí:http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/contextos/833.htm, aquí:http://www.mercaba.org/Herejia/iconoclastas.htm, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Iconoclasia


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