LA MASACRE DE SABRA Y CHATILA

Perpetrado por Oskarele

El 16 de septiembre de 1982, fuerzas falangistas libanesas (ultraderechistas cristianos) entraron a sangre y fuego en dos campamentos de refugiados palestinos, Sabra y Chatila, en el Líbano, con el vergonzoso permiso (y colaboración) de las tropas israelíes que en ese momento ocupaban Beirut (estamos en plena Guerra del Líbano) y que estaban dirigidas por el posteriormente presidente de Israel, Ariel Sharon, en aquel entonces ministro de Defensa. Una matanza cruel y bochornosa que se prolongó durante dos terribles días y que posteriormente fue calificada como genocidio por la ONU.

La cosa tiene miga: los falangistas libaneses estos son los miembros del Partido de las Falanges Libanesas, un partido político del Líbano fundado en 1936 por Pierre Gemayel, de ideología conservadora y defensores del cristianismo versión Iglesia Maronita (su lema es Dios, Patria y Familia). Lo curioso es que el tal Gemayel se inspiró en la Falange Española de José Antonio Primo de Rivera y en el fascismo italiano para crear un partido que en un principio pretendía luchar contra la colonización francesa del país, llegando a colaborar incluso con los los sunitas de Al-Nayyada. 




Además defienden un nacionalismo libanés como “gloriosos” descendientes de los fenicios... que cosas...

En los setenta, años después de la independencia del Líbano, Bashir Gemayel, hijo del fundador del movimiento, es el encargado de absorber a otras pequeñas milicias cristianas que, junto con Falange, constituirán la organización paramilitar Fuerzas Libanesas, que llegó a tener 80.000 seguidores y que se declaraban en guerra abierta contras las fuerzas palestinas en Líbano y las organizaciones locales que les apoyaban.

En 1982 Israel invade el país y fuerza la salida de este de la OLP (organización para la liberación de Palestina). Bashir Gemayel es elegido presidente con el apoyo israelí, pero cae asesinado antes de tomar posesión, el 14 de septiembre de 1982, junto a otros cuarenta miembros de su partido, a manos de un agente de inteligencia sirio que puso una bomba en la sede central de las Fuerzas Libanesas en Beirut.

Como el atentado había sido obra de fuerzas pro-palestinas, el ejercito israelí, comandado por Ariel Sharon, rodeó el 15 de septiembre los dos campamentos de refugiados palestinos, Sabra y Chatila, controlando las entradas y salidas del campo, para evitar problemas.

Al día siguiente, Ariel Sharon se reunió con unidades de las Fuerzas Libanesas para incitarlos a entrar en los campamentos para encontrar combatientes de la OLP y entregarlos a las fuerzas israelíes. Era 16 de septiembre y fue el comienzo de la masacre: lo que sucedió en realidad fue una masacre sistemática de palestinos, la inmensa mayoría ancianos, mujeres y niños, todos ellos indefensos, y que se prolongó durante más de 30 horas… sin tener en cuenta las violaciones, torturas y mutilaciones, así como los cientos de detenidos.

Y todo con la connivencia del ejército israelí, que no hizo nada para impedirlo.

La cifra precisa de muertos ha sido siempre objeto de disputas y oscila entre “varias decenas” según fuentes libanesas y judías, a 2.400, que proponen las fuentes palestinas y la Cruz Roja.



Pero el hecho fue una conmoción internacional, con numerosas protestas, por ejemplo, en Italia y Francia y con apercibimientos por parte de la ONU (que poco más hizo, como suele pasar con Israel)

En Israel hubo muchas movilizaciones exigiendo responsabilidades a su gobierno por la matanza, que efectivamente creó una comisión para investigar lo sucedido y redactar un informe que salió a la luz en 1983 y en el que se culpa a los cristianos falangistas, aunque critica duramente la indiferencia e imprudencia de algunos ministros y mandos militares, califica de negligencia grave la conducta del jefe del Estado Mayor, el general Rafael Eytan y, especialmente, considera que Ariel Sharón “faltó a sus obligaciones”, por lo que recomienda su dimisión o cese como ministro de Defensa… algo que hizo.

Pero fue elegido primer ministro de Israel en 2001 casi veinte años después, en los que ocupó varias carteras ministeriales.

Tras una visita de Sharon a la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo, se dio inicio a la Intifada de Al-Aqsa, que se atribuyó en un principio a dicha visita (la visita fue autorizada por Jibril Rajub, jefe de la Seguridad palestina en Cisjordania).

Sin embargo, una comisión internacional, la Comisión Mitchell, encargada de estudiar los orígenes de la Intifada, y de examinar los disturbios y la represión durante la visita de Sharon, llegó a la conclusión de que la visita no fue la razón del inicio de la Intifada de Al-Aqsa.

Manda huevos…

Por otro lado, el líder del Partido Falangista Libanes y máximo responsable de la matanza, Elie Hobeika, nunca fue acusado en un tribunal, ni en su país ni en Europa ni se le siguió asociando a Sabra y Chatila, lo cual le permitió ocupar el puesto de ministro en el gobierno libanés en la década de 1990, hasta que un atentado con coche bomba en Beirut le costó la vida en enero de 2002.

La imagen que acompaña al post, por cierto, fue tomada por Bill Foley, que trabajaba para la Associated Press y que se llevó el Pulitzer en 1983 por su serie de imágenes sobre las victimas y superviviente de la masacre en el campamento de Sabra.

Para terminar decir que en 2008 se estrenó una genial película de animación documental israelí, titulada “Vals con Bashir” (en hebreo ואלס עם באשיר - Vals Im Bashir), dirigida y escrita por Ari Folman, sobre el tema que estamos tratando y que ganó el Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa y el César a la mejor película extranjera entre otros premios, además de ser nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa y al BAFTA a la mejor película.

Absolutamente recomendable.

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