EDITORES DE NUESTRA VIDA.


En la vida de cada persona pasan cosas bellas, reconfortantes, estimulantes, que se convierten, al final del día, en la noticia más importante. A veces se trata de pequeños actos, aparentemente sin relevancia. Otras veces son hechos que todos quienes rodean a esa persona registran. De la misma manera suele haber episodios dolorosos, frustrantes, generadores de tristeza, que, en el balance de la jornada, son lo peor de lo vivido. Es así para millones de personas (para todas las que existen, en realidad). Esos hechos de orden personal que tiñen y dan significado a la vida de tantos seres, no suelen estar en los noticieros, en los diarios, en los medios en general.
Quiero decir que las noticias de veras significativas para cada uno de nosotros no se publican. Y sin embargo son ellas las que van dibujando el sentido de nuestra vida. Los medios nos proponen su propio menú. Tanto los oficialistas como los opositores, los independientes o los “militantes”. Si aceptamos de manera acrítica esa agenda de noticias, si creemos que lo importante es lo que nos dicen que es importante y prioritario, acabaremos por vivir según ojos, pensamientos y prioridades ajenas, muchas veces lejanas (cuando no opuestas) a las necesidades de nuestra vida real, de nuestros sentimientos, de nuestras tareas, de nuestra alma.
Antes de empezar el día con la programación de otro, preguntate cómo te sientes hoy, cuáles son tus necesidades, qué te pide tu corazón, qué te propones hacer en este día para dejar una huella (por leve que sea) en el mundo. Esa es tu propuesta. Luego vendrá el imponderable (eso que llaman azar) y dirá lo suyo. Y por último echale una mirada a las noticias mediáticas y quedate con aquellas que de veras hagan una diferencia trascendente.
Las cosas que importan a las personas que honran su propia vida no son los “falsos positivos”, ni los grotescos capitanes de cruceros, ni las internas asesinas de los dirigentes y los barras bravas futboleros, ni el último dogma inmoral de los “mercados”, ni las preocupaciones de unos empresarios siempre genuflexos o unos sindicalistas siempre corruptos, ni las vidas vacías de unos zánganos encerrados en una casa prostibularia a la espera de ser “nominados”, ni las grotescas peleas de un grotesco jurado y los grotescos participantes de un grotesco programa de televisión que alguna vez se recordará con la vergüenza que hoy no se siente. No son esas las noticias que importan y que darán forma al balance final de tu vida.
Las verdaderas noticias, las felices y las dolorosas, solo pueden ser editadas por cada uno de nosotros en el final y en el comienzo de cada día, bajo nuestra responsabilidad.

S.Sinay.

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