diábolos


En el libro de Macabeos 1, 36 (texto griego) se encuentra la palabra diábolos con el significado de ‘adversario’, ‘enemigo’. También en algunas ocasiones incluye el sentido de ‘acusador’ o el de ‘calumniador’Job 1:8-12. La palabra griega diábolos ("calumniar") es diaballein: día (a través) + ballein (arrojar).

Los traductores del Antiguo Testamento al griego, en el siglo III, sustituyeron el hebreo Satán por el griego diábolos. Otras versiones plantean que la palabra diablo, devil, djofull, divell, con todas sus variantes, no tiene por qué haberse derivado de diábolos, aunque el uso de esta variante podría deberse a un juego de palabras similar al que convirtió al dios canáneo Ba'al Zebûl (literalmente "el señor príncipe") en Baal Zabut ("el señor de las moscas"), el actual demonio Belcebú.

Esta versión plantea que la palabra diablo se deriva del Proto-Indo-Europeo *deiwos, adjetivo que significa "celestial" o "resplandeciente", una derivación Pre-Indoeuropea de la raíz *diw o "resplandecer", relativa sobre todo al cielo diurno. Otra posibilidad más remota es la raíz *diiv, o "jugar".

La raíz *deiwos generó no sólo la palabra divel o teufel en lenguas de Europa del Norte, que son equivalentes al diablo de éste idioma; también derivan de ella el griego theos, el lituano dievas, el germano Tiwaz, el latín antiguo deivos y el latín moderno Deus. De esta misma raíz proviene la palabra dios.

Lo mismo ocurre con el nombre de "Satán" el adversario, en realidad de la ignorancia, no de dios alguno.

Seguramente no hay punto alguno en que se vea de un modo tan manifiesto a qué absurdos extremos pueden conducir las erróneas interpretaciones de ideas y doctrinas primitivas. El Satán de la teología occidental, con todo el horror dogmático de tal ficción, es hijo de una interpretación viciosa que ha desfigurado por completo uno de los conceptos más ideales y profundamente filosóficos del pensamiento antiguo. No sería mayor problema si no fuese por todos aquellos que fueron ajusticiados o por la cantidad de modelos erróneos con los que se han llenado nuestras memorias culturales.

bicho.

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