CALOR DE HOGAR.


© Fulgencio S. García.

 “Señora, ¿puedo retirarme?”. La señora de la casa, estirada hasta en el carácter, subió el termostato hasta la treintena. Sentada en su sofá y vestida con camiseta de tirantes,  sudaba. Le dirigió una mirada vaga y vacía. “Puedes retirarte Leopolda”. La muchacha reverenció y salió del comedor. Las tres y media. Era la hora de volver a casa. Se quitó el delantal, la cofia y los zuecos, y se puso el abrigo raído que la semana pasada le habían dado en la parroquia. Enero; la señora, descalza y con su proyecto de camiseta, quemaba calorías y dinero sin tasa. Qué cosas.

Antes de salir buscó en el patio de luces y recordó que la bolsa que quería la había dejado esa mañana bajo el radiador, en la cocina. Allí seguía. La tocó y sopesó su contenido. Sería suficiente. Ahora había que salir rápido; si no, el encargo perdería su efectividad. Respiró hondo -una, dos, tres-,  y abrió la puerta. El rellano la abofeteó con su frío de cementerio abandonado. Bajó saltando de tres en tres los escalones, atravesó el zaguán como golondrina de primavera y corrió nieve a través. Apretaba la bolsa contra su pecho y sonreía al pensar en su bebé. Llegó a su gélida morada y ni se quitó el abrigo. Sus otros hijos y su marido la esperaban, ilusionados, ansiosos. El vaho se condesaba en cada beso. No se entretuvo, corrió hacia el dormitorio y allí estaba el bebé, dormido bajo tres mantas. Acercó la bolsa abierta a los mofletes helados. Un tibio soplo rozó sus sueños. “Bueno”, les dijo, “mañana correré más y podré traerles a todos un poco del calor del hogar de la señora”.

Emitido en ORM en el programa “El fin de semana: Pura coincidencia” el 21/01/2012:
http://www.orm.es/servlet/rtrm.servlets.ServletLink2?serv=BlogPortal2&METHOD=DETALLEALACARTA&cat=5&idBlog=-1&idCarta=102&orden=1&orden2=1&ofs=0&texto0=&texto1=Calor+de+hogar&buscar=BUSCAR&mOd=15199&autostart=RADIO

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