AQUELLAS PREGUNTAS, ESTA RESPUESTA…


“¿Cómo hemos de actuar en un mundo sin Dios ni significado?”, se preguntaba Albert Camus en su cuaderno de notas hacia 1942, hace setenta años, en una Francia que, bajo el régimen de Vichy, encabezado por el mariscal Philippe Petain, se postraba vergonzosamente ante el nazismo. Eran tiempos oscuros, sin un mañana visible. El autor de “El extranjero”, “El mito de Sísifo”, “El hombre rebelde” y “Calígula”, era un hombre moral. Sabía que la moral no se inyecta desde afuera, que es una responsabilidad personal e intransferible, que no se predica (eso es de moralistas), sino que se vive. Se vive a todo riesgo. La respuesta a su propia pregunta está, de puño y letra, en aquel mismo cuaderno: más que nunca, decía Camus, se trata de la solidaridad entre los seres humanos. Ser solidarios, honrar los valores humanos esenciales, ejercer el propio oficio sin renunciar a ello ni a los principios y saber que la remuneración puede ser, en tiempos así, “la cárcel o la muerte”. En medio del absurdo, en esta actitud encontraba Camus el sentido de su hacer y de su vida.
Guardando las distancias y las diferencias, aquella pregunta puede glosarse. ¿Cómo hemos de actuar hoy y aquí, en nuestras circunstancias?.(…)

Una encuesta de TNS Gallup conocida en estos días dice que el 54% de quienes se inician en tareas solidarias voluntarias son jóvenes de entre 18 y 24 años. La mayoría de ellos dona su tiempo libre, sus fines de semana. En el suplemento “Comunidad”, del diario “La Nación”, se da cuenta de la cantidad de personas de bajos recursos y de diferentes edades que inician microemprendimientos exitosos con apoyo solidario de estos jóvenes y basados en su tenacidad, compromiso y responsabilidad. (…)

Todos ellos resisten. Todos ellos hacen política. No agitan banderas, no salen a acallar a nadie con gritos ofensivos y patoteros, no buscan la ventaja rápida de un subsidio tramposo. No actúan como barras bravas. Hacen política.

Hacer política es ocuparse de los espacios físicos y simbólicos de la “polis” (es decir de la comunidad, y por lo tanto comunes) para mejorarlos, transformarlos y convivir creativa y fecundamente en ellos, para enriquecerlos desde la diversidad. Afortunadamente los corruptos, los inmorales, los cobardes y los oportunistas no han arrasado a estas personas. No hay allí negocios rápidos (tampoco hay elecciones a la vista). Acaso olfatean que en esos cotos no hay caza. No son cotos, son reservorios morales, espacios de resistencia creativa, yacimientos de esperanza, fogatas orientadoras en medio de la noche cerrada.

Acaso algunos de ellos sepan de Camus y acaso muchos no. Qué importa. Actúan moralmente en donde reina la inmoralidad. Hacen lo que se debe. Empiezan por donde es necesario. Por abajo. Por el lugar en el cual se está, en el que se vive y se convive, en la vida de cada día. Y vislumbran allí el sentido de cada una de esas vidas.

Sinay.

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