TRABAJAR DE LO SUYO

Perpetrado por Oskarele

Recuerdo cuando en mis años mozos de universitario de letras muchos de nuestros compañeros de clase miraban como bichos raros a aquellos que osábamos dudar sobre un futuro prometido. Recuerdo haber discutido más de una vez con algún iluso que pensaba que iba a “trabajar de lo suyo” cuando acabásemos el servicio estudiantil, algo que en el caso de mi carrera, Humanidades (antigua Filosofía y letras), era realmente una ilusión y una quimera. Una entelequia (pa esto me sirvió mi carrera, pa escribir palabros de estos…)

Había quien pensaba, incluso, que estudiar otras carreras, como Derecho, Psicología, Magisterio, Medicina o Empresariales, si les iba a asegurar conseguir un puesto de trabajo acorde con sus enormes esfuerzos académicos. Ingenuos. De hecho recuerdo que cuando yo entré en la uni, en el primer año de mi carrera éramos cincuenta y tantos, mientras que en primero de Derecho o Psicología eran más de doscientos. ¿Dónde demonios se iban a colocar doscientos nuevos abogados, psicólogos o maestros salidos cada año de esta factoría de frustrados que se llama Universidad en una provincia como la mía, Almería?

Recuerdo haberle dicho esto mismo a más de un colega que estaba totalmente convencido de que sus matriculas de honor y sus horas empleadas hincando los codos le iban a valer para conseguir un puesto en la Universidad o, aun más alocadamente, una beca de investigación para irse a desenterrar momias a Egipto. Pensaban que el esfuerzo académico tenía recompensa, sin darse cuenta que son unos cuantos elegidos los que consiguen finalmente currar “de lo suyo”.

Factoría de frustrados, oiga. Ni más ni menos. Que habrá muchos que si, absurdo es negarlo, pero son legión los que no. Los que después de tirarse años empollando el huevo de la carrera se han tenido que buscar la vida sacándose unas oposiciones para mercenario del estado (los que más suerte han tenido o más se lo han currado), trabajando de dependientes en el Mercadona, cortando césped o poniendo copas. Incluso conozco a alguno que acabó de concejal de mi pueblo.

Y es que en aquel momento, como ahora, creo que esto estaba pensado por los cerebros demoniacos que ostentan el poder. Cuanto más tiempo estuviésemos estudiando, más tiempo estaríamos sin buscar un empleo, sin inscribirnos en el INEM, sin tambalear las supuestas estadísticas de prosperidad que nos vendían en aquellos idílicos años noventa (visto desde el infierno de hoy en día). Sin darnos cuenta de que las letras no se comen y de que tarde o temprano nos tendríamos que enfrentar a la vida real.

Con esto no quiero decir, que conste, que no merezca la pena estudiar una carrera universitaria. Claro que merece la pena. Todo lo que sea aprender y formarse es positivo. Pero que nadie piense que con eso basta.

Y esto que os cuento son mis vivencias de hace más de una década, cuando España, engañada por el boom del ladrillo y por una supuesta bonanza económica (que años después se demostró que era más falsa que una moneda de 3 euros), ofrecía cierta esperanza de conseguir currarse un porvenir medio decentemente gracias a lo que habíamos estudiado.

Miedo me da de la situación actual de los muchachos universitarios de hoy en día: estudiando hasta los treinta y sin tener la más mínima formación laboral se enfrentarán, como lo hicimos nosotros, a salir a buscar trabajo y encontrar que todo son hostias. Trabajos de mierda, sueldos de mierda, precariedad absoluta y, por supuesto, ni de coña “trabajar de lo suyo”. Y eso el que consiga currar, porque España es el país de la UE con mayor tasa de paro juvenil. De hecho, hoy en día, es casi una traba para encontrar trabajo ser universitario.

Que habrá algunos que sí, oiga…

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