¿LIBERTAD DE EXPRESIÓN? ¿EXPRESIÓN DE LIBERTAD?

¿LIBERTAD DE EXPRESIÓN?
Con Fulgen García al micro:

Libertad de expresión. Pues mira, según para quién y dónde. No entiendo esa manía absurda de que todos podamos hablar de todo donde nos dé la gana. Sin fijarnos si el foro en el que estamos, bien por casualidad o por causalidad, es el apropiado para nuestras ideas (caso de tener ideas propias, claro). Libertad de expresión. No la veo tan importante, ni tan necesaria. Quizá esté sobrevalorada. Vamos a ver, ¿podemos permitir que un energúmeno o que un analfabeto diga lo que piensa en- pongamos por caso- el Congreso de los Diputados? ¿Dejaríamos que un miembro del pueblo llano, una persona sin más formación que la que la vida le haya dado, exprese sus deseos y anhelos en un foro culto y civilizado, normalizado y reglado? No. Rotundamente no. No debe ponerse la miel en la boca del asno ni la posibilidad de hablar en público, de reclamar un absurdo derecho en boca de la gran masa del pueblo. Ahora bien, otro considerando es si los foros en los que esa persona va a hablar son de miembros que le sean afines a sus ideas, ideologías o cualquier otra cosa. Ejemplos tenemos todos los días: ¿habla un ministro de Economía de la Sanidad, por ejemplo? No. Pues entonces, ¿por qué ha de hablar un religioso en un foro de ateos? ¿O un nazi en un foro de judíos? Hay que limitar la entrada, poner barreras, parcelar. No dejar que una idea que no nos sea cómoda irrumpa en nuestra pequeña y estructurada mente. Por un momento pensemos: si dejamos que alguien sea capaz de poner en duda lo que siempre hemos defendido con fervor por aportar nuevos datos y puntos de vista, ¿no nos estará quitando una parte de nosotros? Y al contrario, si entra en contacto con una realidad distinta a la suya, ¿no será capaz de pensar y actuar y evaluar de manera distinta sus actos?

Por eso me siento honrado y capaz de decir que no, no se debe permitir la libertad de expresión total y absoluta en todos los foros y a todas las personas. Llegaríamos a un caos inabarcable. Lo mejor, y más práctico, es tener divididas a las personas por sectores afines, y no dejarles entrar en contacto unos con otros, para evitar trasvases estériles. Si lo pensáis bien, creo que me daréis la razón, dejaréis de estar tan pendientes de las ideas nuevas, os centraréis exclusivamente en vuestro mundo, en lo que seáis capaces de manejar y no en tanta ansia absurda de conocimiento. Si existen las clases sociales, ¿por qué moverlas? ¿Por la curiosidad de unos pocos? Excusa fútil. Si existe la parcelación de las opiniones, ¿por qué contrastarlas? ¿Por afán de conocimiento?

Concluyo, de momento, en que la mejor libertad de expresión es aquella que no se invoca ni se reclama, esto es: el silencio.

¿EXPRESIÓN DE LIBERTAD?
Perpetrado por Oskarele

La pregunta es esta: ¿ha de tener límites la libertad de expresión? El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Está claro ¿No?

Pero la cosa no es tan sencilla. ¿Se pueden acoger a la libertad de expresión actitudes y pensamientos racistas, machistas, violentos o intolerantes? En definitiva, y volviendo al principio, ¿Hay que limitar la libertad de expresión?

Creo que sí, pero también creo que la libertad de expresión solo puede estar limitada cuando entre en conflicto con otras libertades y derechos más importantes, entre ellos la libertad de pensamiento y el derecho a la vida.

Partiendo pues de esta idea os pongo un ejemplo. El otro día expulsamos de esta página a un tipo que orgulloso y altanero lanzaba “heil Hitlers” por doquier. Eso no lo podemos tolerar, pues el hecho en si de ser nazi y apoyar esta barbaridad supone una falta de respeto a la humanidad por los crímenes cometidos por aquellos criminales, de los que no se arrepienten, por cierto, y fue apercibido en un primer momento. Lejos de disculparse o de reconocer que este no era el foro apropiado para difundir su propaganda, se apoyó curiosamente, en la libertad de expresión. El colmo del despropósito: ¿un nazi apoyándose en la libertad de expresión? ¿Me dejaría un nazi exponer mis ideas antirracistas y libertarias en un foro dirigido por nazis? ¿Me dejarían exponer mi pensamiento en un país dirigido por nazis?

Sin duda, no.

Ahora bien: Si censuramos su postura política y ponemos por encima de la libertad de expresión nuestras ideas, ¿Qué nos diferencia de ellos?, pues muy sencillo: su discurso se basa en el odio y solo tiene como consecuencia el daño, pero el mío no.

Ese creo que es el límite de la libertad de expresión (que no de la libertad de pensamiento, que sobra decir puede ser universal e ilimitada, ya que al fin y al cabo no se puede controlar). El limite está en el punto en el que lo que decimos se convierte en un discurso amparado en el odio y/o que pueda causar daño a otros humanos. Si no fuese así tendríamos que permitir que hubiese medios con imágenes pornográficas de menores, o medios en las que se llame al exterminio de los judíos, o musulmanes, o católicos, o negros, o medios en los que se apela a actitudes machistas o sexistas. Todas estas cosas, aun amparándose en la libertad de expresión, atentan contra principios aun más básicos, como es el derecho a la vida y el derecho a la libertad y a la igualdad.

Dicho esto, que quede claro que siempre y cuando no entre en conflicto con estos otros derechos, la libertad de expresión ha de ser respetada, entendiendo siempre que parte de este derecho es respetar la expresión de las ideas con las que no estemos de acuerdo, ya sean religiosas, morales o políticas. Y por otro lado que la libertad de expresión ha de ser lo más amplia posible, sin incumplir nunca lo dicho, ya que es necesaria para romper con los límites de lo políticamente correcto y el zeitgeist del momento.

“Si no creemos en la libertad de expresión para la gente que despreciamos, no creemos en ella para nada”, dijo el bueno de Noam Chomsky. Y cuánta razón tenía.

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