¿LENGUAS MUERTAS?


De "lengua muerta" el latín no tiene nada. Veamos, por ejemplo, expresiones son usadas en Derecho. ¿Quién puede decir que nunca oyó hablar de hábeas corpus? ¿O de que una Cámara legislativa no se reunió por falta de quórum? El latín está en nuestra vida cotidiana cuando enviamos un curriculum vitae, cuando pensamos en una posgraduación lato sensu o cuando ponemos una posdata a una carta. Esta lengua calificada como "muerta" está presente en las tecnologías modernas, como en la fecundación in vitro o en el fax (abreviatura de fac simile, que significa "haga de manera semejante"). Muchas palabras que nos llegan del inglés vienen en realidad del latín, como el horrendo anglicismo deletear, del verbo to delete¸ que a su vez proviene del latín deleo, que significa destruir, como en Delenda est Cartago.

El latín está tan entrañado en nuestra lengua que hasta se confunde con ella: ídem es latín, así como grosso modo, per cápita o etcétera y hasta la expresión alias, cuando decimos "Joselo, alias José Luis". Está entrañado en el español en palabras y expresiones como a priori, alter ego, Homo sapiens, lapsus, modus vivendi, statu quo, sui generis, Aedes aegypti.

Por tanto, la cuestión no es aprender o no el latín. Él ya convive con nosotros pues es el alma de nuestra lengua. Con el latín, vemos que las irregularidades y las temibles excepciones de las gramáticas no son ni irregularidades ni excepciones. Todo adquiere una lógica más diáfana y previsible. Si sabemos bastante latín habremos ampliado nuestro horizonte lingüístico y esto nos destacará de los demás. Y así queda contestada la pregunta de aquel que quería mejorar su posición social.

Pero no sólo del latín se ha hecho nuestra lengua: algún conocimiento de griego nos permite vislumbrar muy de cerca aquello que Platón llamaba "la verdad de la palabra", esto es su origen, su étimo, como decían los griegos. Así, la palabra comer viene del latín comedere, lo que en gramática histórica se puede indicar así: comedere > comer. O sea que el étimo de comer es comedere, que en latín significa "comer junto con otras personas". Muchas palabras que conocemos guardan relación directa con otras desde el latín, pero a veces es preciso ponerlas una junto a otra para tener una sorpresa: volare, por ejemplo, es el verbo latino para volar, apenas perdió la e final. Y el radical latino vol- aparece en otras palabras; cuando decimos que el alcohol es un líquido volátil queremos decir que puede volar, evaporarse.

Aquila aparece en la palabra española águila, con el cambio de la q por g, igual que en aqua > agua, pero el radical latino aquil se mantiene en nuestra lengua en aquilino.

El radical de dominus (señor) se ve fácilmente en dominar, dominio, dominación, condominio. Pero con el paso de los siglos algunas palabras se desgastan y se tornan poco reconocibles. Domina (señora), se convirtió en doña y su diminutivo popular dominicella en doncella. También el adjetivo dominicus "del señor", nombre que Constantino atribuyó al primer día de la semana se convirtió en domingo.

La palabra stella llegó a nosotros como estrella, pero la raíz original podemos reconocerla en el nombre de un conjunto de estrellas, constelación, y en el de un viaje entre las estrellas interestelar. El verbo ver en latín es video y podemos ver cómo la palabra latina reaparece en vidente (el que ve), evidente (aquello que todo el mundo ve) o en los aparatos de video. El verbo latino audio es oír en español, pero la raíz original se mantiene en toda una familia de palabras que incluye audición, auditivo, audífono, etc.

El marinero en latín es nauta, que revive en astronauta y cosmonauta¸ marineros que navegan los astros o el cosmos.

....y mucho más. Buscar en la etimología de las palabras que usamos habitualmente nos puede hacer pasar un buen rato, además de aprender y la más de las veces sorprender.

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