EL CALOR DILATA LOS CUERPOS

© Fulgencio S. García

Esa mañana hacía muchísimo calor, así que decidí darme un baño en el agua helada de aquel río para reducir mi temperatura. Al tumbarme húmedo en la hierba me noté un poco más grande y caliente que antes de remojarme. La toalla no tapaba la vergüenza mínima, las manos crecían, los pies se convertían en basamentos de hercúleas columnas. El asfixiante calor me estaba convirtiendo en una masa amorfa. Cada vez más grande, más alto, más lejos. Sentía algo extraño, un ligero picor primero, una tensión extraordinaria después. Las fibras de mi cuerpo se separaban velozmente y, a mayor distancia entre átomos, mayor velocidad de escape. Hasta que reventé. Un big bang de andar por casa expulsó fuera de mi órbita todas mis partículas elementales. Y fui consciente del destino de cada una de ellas, de la interacción con las otras fuerzas y partículas. Y en mi constante expansión en las cuatro dimensiones pude rememorar, en todos y cada uno de mis infinitos "yos", mi infancia, juventud y madurez, hasta llegar al punto de no retorno que fue ese verano de dos mil diez después de un baño en el río, en Garoña.

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