Diarios de un BMW rojo (LA OTRA MEDICINA-LA OTRA REALIDAD)


bymoser

De viaje; cuando despierto aun siguen botando la pelota los americanos en cuatro; es viernes, es sábado; pero yo tengo un coche nuevo, maduro pero potente, rojo también; almeria-madrid y hablar solo durante horas; mientras no amanece, mientras amanece también; adelante, todo recto; la persiana se levanta a las afueras; eternas, lenguas de asfalto, polígonos cuadrados, el dia como el fracaso sucede al sueño.

Es un bmw 320; las ventanillas cierran hasta arriba y tiene radio; por mi todo correcto; una vez dentro me pierdo, la ciudad todavía me puede, aun mandan los sentimientos, los terrados trocados, los broches alados, el insidioso aroma q desprende la magnificencia de todas las ruinas bélicas, intersticias, de la ibérica; apenas un par de giros, 10 minutos en círculo, dando vueltas; el seductor Madrid, como todos, un mentiroso caballero.

Una imagen basta, el símbolo adecuado; el herpes zoster se agarra a las costillas, creciendo en la horizontal, en círculo, una gráfica de muerte, final de todos los destinos. El fatal abrazo parasito se combate mediante la escritura de cierta letra china sobre el bicho, sobre el costillar. En pocos días el maldito desaparece y se restituye el individuo.

Primero fue el verbo.

Cuando la palabra era obra.

No solo habla el maestro, también alumnos impertinentes y atrevidos; al parecer cierto elemento presente en la tinta, con la q se tatua el símbolo, el mercurio creo, es un potente antiparasitario. Poco importa pues lo q digas, escribas lo q escribas, el bicho muere, así sea RITA.

El alumno sonrió, seguro en la medida en q sembraba para el resto la duda; así resulta con frecuencia la naturaleza de la vida, ambivalente, evidente y confusa; un estado de ánimo q diría Valdano; el maestro insiste; “la utilización de la palabra en la elaboración de la terapia”; recitar un determinado mantra mientras preparas unas gotas de bach; el poder de la voluntad, el sagrado cáliz del agua.

Con cierta frecuencia, los tratados de medicina china comprendían, en el pasado, además de los capítulos de fitoterapia y acupuntura otro dedicado a las oraciones según fuera el mal, la patología; hechicería; magia blanca; desearte lo mejor de todo corazón; una confesión inconfesable y una mano portadora de consuelo.

La palabra y la máquina de los deseos; el cuerpo; el punto de inflexión q doblega los resortes de lo correcto; la línea de fuga en el horizonte de la comprensión entrega la realidad al divino juego.

Ejemplo; nimio, en nada atractivo; tan insignificante como suficiente; verrugas; las cuentas, apuntas el numero en un papel, lo doblas y se lo entregas al curandero; le lee algo, lo quema con azufre blanco, lo mea o lo q sea; en cualquier caso, casi de inmediato, las grotescas se secan y desaparecen.

El método exacto se desconoce; la frase, oración o mantra, q pudiera proceder se mantiene en secreto; ciertos aspectos deben quedar en la sombra; la realidad es un acto de fe; para creer en la magia hay q ser ingenuos; porque somos tan imbéciles q para creer necesitamos del misterio.

“Mientras nosotros aprendemos taichí los amarillos van al gimnasio”; de vuelta al mundo de las conversaciones razonables me parece escuchar al maestro. Una última apreciación del alumno despierto hará precipitar definitivamente todas mis metafísicas abstracciones en el cínico concreto; “efectivamente, los practicantes de tai, cada vez más escasos, son cada día más valorados por los líderes del partido, pues no quieren para si, mas pulmones, hígados o riñones q los suyos; y lo obvio me hizo sonreir.

Poco después el Madrid ganaba en Barcelona al mesias y al profeta; la ciudad se cubría de éxtasis y mi vida de mujeres exóticas, acidhouse y geopolítica.

“De nuevo; el viaje y la vieja ciudad se terminan; el sueño de mi razón comienza a clarear; la lección concluye; el día se comió al día una vez más.”

De vuelta al ¿hogar?

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