Cráneos de cristal 2/2. Indiana Jones, Eugene Boban y todo lo demás

bymoser

De nombrar una sola; Mitchell-Hedges; la calavera del destino
Frederick Mitchell-Hedges era un… difícil lo de ser, así en absoluto… un arqueólogo aficionado, se menciona, un famoso aventurero de profesión, preso y soldado con Pancho Villa, anécdota dudosa como tantas otras; un poco Indiana Jones, incansable buscador de la Atlantida, conductor incluso, con el tiempo, de un programa radiofónico de cierta notoriedad en los 30’ americanos, autor de 5 libros, donde sin embargo, curioso, nada dijo de aquello por lo q aun hoy se le recuerda; la dichosa calavera.

El 1 de enero de 1922, durante su estancia en la ciudad maya de Lubaantun, q él mismo dijo (falsamente) haber descubierto, encontrándose en compañía de su hija, fue advertido por esta, q precisamente tal día cumplía 17 años, de cierto reflejo, a lo lejos, bajo unas piedras. Se trataba del inédito cráneo de cristal; la extravagante pieza llevó a la comunidad indígena a postrarse ante lo q consideraban un objeto de gran poder obra de sus antepasados.

Hasta aquí la versión más “fanática” o fantasiosa; el cuento por excelencia; un acto de fe; una primera lectura del evangelio; la versión defendida por la niña hasta su reciente fallecimiento.
La coincidencia de la efeméride de Anna, la hija anunciadora, y el descubrimiento llevó más tarde a malpensar q tal vez, el mismo Frederick, una vez obtenido el craneo por según q medios, lo dispusiera todo para el feliz encuentro.

Pero incluso esta segunda lectura, más adulta del evangelio, resultará igualmente ingenua; Frederick obtuvo la calavera al menos 20 años después de lo declarado, vía subasta en Sotheby’s y por 400libras, según reza la factura; para mí, este extremo es imposible de contrastar pero parece haber sido suficientemente corroborado por la historiografía. De hecho, el cráneo aparece ya analizado y fotografiado en la revista Man, americana de corte científico, en 193yalgo. 


Lo cierto es q, ya mayor, el propio Frederick se mostró siempre reacio a hablar sobre la procedencia del cráneo; no le era posible revelarlo, decía.

Se sabe sin embargo, q con anterioridad fue propiedad de un tal Sidney Burney; conocido marchante de la época, un tipo importante, considerado en el oficio… quiero decir, no especialmente dudoso… quiero decir, q el hecho de q Frederick y su hija mintieran sobre el origen no deslegitima el misterio; al final sigue siendo, todavía, cuestión de fe la relevancia real, histórica o mágica, del raro objeto.

No ocurre igual con las calaveras expuestas en Londres y Paris y con la q queda en propiedad del Smithsonian, más allá de las dudas q despiertan una vez estudiadas y q algunos entienden son prueba suficiente para considerarlas falsificaciones modernas, su procedencia al menos, si resulta ser lo suficientemente torticera como para hacernos ser excepticos; las 3 cuentan con un mismo proveedor, un tal Eugene Boban, colaborador del gobierno mejicano, q no pocas veces comercio con falsificaciones.

Quedaría mucho por decir de los cráneos, no tanto de su realidad dudosa y evidente, sino de toda la leyenda y aura (literal y no) q a su alrededor han desplegado; historias como la de los vigilantes del museo británico q pidieron fuese tapada por las noches, asustados por incomprensibles sucesos; ruidos, luces y objetos q cambiaban repentinamente de lugar; el aura con la q la Mitchell-Hedges acompañó a un estupefacto observador durante toda una noche; repetidas referencias a supuestas visiones obtenidas a través de la contemplación de sus cuencas; observaciones de lugares y tiempos remotos, como si el inexplicable cuarzo en tan singular y macabra disposición poseyera capacidades de retención y mediumnidad..

Excentricidad intemporal, singularidad contracultural, como no podía ser de otra manera termina por convertirse en un fetiche newage, asidero de espiritualidades heterodoxas e instrumento canalizador de experiencias gnosticoartisticascaleidoscopicas.

Quedan muchas más historias q contar, sobre estos cráneos y todo lo demás, historias sin raíces o destino, historias q se alargan ad infinitum desde un punto medio inconcreto q no deja de dilatar, historias q rondan mi propia cabeza y guían mi vida; q como mi vida no terminan de concretar; pregunta sin respuesta, un misterio para no ser resuelto.

Hermanos en la estupefacción:
Para saber del destino
acariciad el cráneo
El aparente orden
es producto de los dados


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