ALGO PARA RECORDAR...ALGO PARA RESPONDER.


Las coincidencias significativas nos rodean. Sólo se trata de estar atentos y leerlas. Ellas siempre nos recuerdan algo.

Durante 17 de los últimos 22 años Aung San Suu Kyi no pudo salir de su casa en Rangún, la ciudad más poblada de Myanmar (ex Birmania). Ganadora en 1991 del Premio Nobel de la Paz, fue el emblema de la resistencia contra la dictadura militar que depredó ese país entre 1962 y 2011. El pasado domingo, 1 de abril, La Dama, como le dicen, ganó un escaño en el Parlamento y seguirá ahora desde allí su lucha por la democracia y la libertad. Las armas para esta victoria son las mismas que usaron sus dos grandes referentes: Mahatma Ghandi y Nelson Mandela. Principios sólidos, valores innegociables, responsabilidad, constancia, actitud coherente, honestidad y violencia cero. Otra vez se comprueba que quien tiene un para qué encuentra un cómo. Un para qué es eso que da sentido a una tarea, a una lucha, a una vida.

Al tiempo que Aung San Suu Kyi ganaba su escaño, se daba a conocer en Francia un texto de Albert Camus (uno de los grandes hombres morales del siglo XX) que había sido acallado por la censura. Está escrito 72 años antes, en 1939, y debía publicarse en Le soir républicaine, diario que él dirigía en Argelia, entonces colonia de una Francia sombría, arrodillada ante el nazismo. En ese texto Camus (con su estilo luminoso, honrando cada palabra de las que usaba) defendía la libertad de expresión y proponía a periodistas e intelectuales una actitud de resistencia basada en cuatro pilares: la lucidez, el rechazo, la ironía y la obstinación. Lucidez para comprender la situación, para no cegarse por el odio, para no dar nada por perdido. Rechazo para oponerse a lo que llamaba “la marea creciente de imbecilidad” de los necios, los oportunistas, los corruptos y los genuflexos. Ironía para decir aquello que había que decir y que (carentes de la inteligencia y la sabiduría que es necesario para descifrar una ironía) los opresores no entenderían. Y obstinación para que los obstáculos, las amenazas y las persecuciones, aun las más severas, no desalentaran el espíritu.

Los cuatro medios propuestos por Camus, guiaron no sólo sus pasos sino los de Aung San Suu Kyi, los de Gandhi, los de Mandela (aunque no se conocieran entre ellos). Los cuatro vivieron para ver el final de la opresión al cabo de un camino difícil, a menudo doloroso, siempre dador de sentido a sus vidas y a las de quienes actuaron como ellos, o con ellos.

Hay momentos oscuros en la vida de las sociedades, en los que la debilidad, la imbecilidad, el facilismo, la cobardía, la conveniencia inmoral, captan seguidores con más facilidad que la integridad, el esfuerzo, la responsabilidad, la honestidad y todos aquellos valores que requieren riesgos, renuncias y una clara hoja de ruta existencial. En esos momentos se nos presenta, en el orden personal, una pregunta ineludible: ¿cómo responderemos, cuál será nuestra actitud, de qué modo resistiremos para honrar a los valores que abrazamos? Hay quienes responden mirando hacia otro lado. Es una respuesta. Y tiene sus consecuencias. Otros lo hacen como La Dama de Myanmar, como Ghandi, como Mandela, como Camus y como tantos otros que, desde el anonimato cotidiano, no se rindieron, no se rinden.

S.SINAY.

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