Pensando en los objetivos del amor:


Para la ciencia, que estudia la vida, como si estuviera aparte de ésta, la finalidad del amor consiste en la continuación de la vida. Para ser más exactos, el amor es un eslabón en la cadena de hechos que mantienen el curso ininterrumpido de la vida. Y la fuerza que atrae
mutuamente a los dos sexos actúa en bien de la propagación de la especie y es creada por las
formas mismas de la propagación de ésta.
Pero si consideramos al amor desde este punto de
vista, tendremos que admitir que de esta fuerza hay mas de la necesaria. Precisamente en esto radica la clave de la verdadera esencia del amor. De esta fuerza hay más de la necesaria, infinitamente más. En realidad, a los fines de la propagación de la especie se utiliza solamente una pequeña parte de esta fuerza del amor inherente a la humanidad.

¿Adonde se dirige pues, la parte principal de esa fuerza?
Sabemos que nada puede desaparecer. Si existe energía, ésta debe transformarse en algo. Y si
sólo una fracción insignificante de la energía se dirige hacía la creación del futuro por medio
del nacimiento, la parte restante deberá dirigirse también hacia la creación del futuro, pero por
otros medios. En el mundo físico conocemos muchos casos en los que la función directa es cumplida por una fracción extremadamente pequeña de la energía que se gasta, mientras la mayor parte de esta energía parece desperdiciarse inútilmente.
Por supuesto, esta parte mayor de energía no desaparece, no se esfuma, sino que produce otros resultados, muy distintos de la función directa.

Tomemos una vela común. Debe dar luz. Pero da mucho más calor que luz. La luz es la
función directa de la vela, el calor es la función indirecta, pero hay más calor que luz. Una vela es un horno adaptado para que ilumine. A fin de dar luz, la vela debe arder. La combustión es la condición necesaria para obtener luz de una vela; no se puede prescindir de la combustión. Pero esta misma combustión produce calor. A primera vista, parece que el calor que la vela produce se desperdicia improductivamente y que, a veces, es incluso
superfluo, desagradable y molesto: si una habitación es iluminada con velas se vuelve demasiado calurosa. Pero lo concreto es que la luz que se obtiene de una vela sólo se debe a su combustión: a lo que el calor produce y a la incandescencia de los gases que se desprenden.
Lo mismo se aplica al amor. Decimos que sólo una parte insignificante de la energía del amor se dirige a crear la progenie; la mayor parte parecen gastarla los padres en sus emociones personales. Pero es así como esto debe ser. Sin este gasto, no podría obtenerse lo principal.
Sólo debido a estos (a primera vista) resultados colaterales del amor, debido a todo este
torbellino de emociones, sentimientos, agitaciones, deseos, pensamientos, fantasías y creaciones interiores, sólo debido a la belleza que crea, el amor puede cumplir su función directa.
Además, y tal vez esto sea lo que más importe, la energía superflua de ningún modo se desperdicia sino que se transforma en otras formas de energía. Y podemos determinar cuáles son.
Hablando genéricamente, la significación de los resultados indirectos puede ser mucho más importante que la significación de los resultados directos.

Nosotros podemos determinar cómo la energía del amor se transforma en instintos, en el poder de las ideas, en la fuerza creadora en diferentes planos de vida, en imágenes artísticas, en canciones, sonidos,
música y poesía. Y podemos imaginar fácilmente la misma energía que se transforma en
intuición de orden superior, en consciencia superior que nos abrirá un mundo misterioso y "milagroso".
En toda la naturaleza viva (y tal vez hasta en la que consideramos muerta) el amor es una
fuerza que incita la actividad en las direcciones más variadas.

En primavera, con el primer despertar de las "emociones" del amor, los pájaros empiezan a cantar y a construir nidos. Naturalmente, un positivista tratará de encontrar una explicación
sencilla a todo eso...el canto es para atraer a las hembras o a los machos, etcétera. Pero ni
siquiera un positivista podrá negar que se necesita mucho más que este canto para "la
propagación de la especie".
Por supuesto, para un positivista, el "canto" es sólo "accidental", sólo un "derivado". Pero, en realidad, este canto puede ser la función principal de la especie
dada, el significado de su existencia, la finalidad que la naturaleza tenía en vista al crear esta especie. Y este canto no se necesita para atraer a las hembras, sino para alguna armonía general de la naturaleza que nosotros sólo a veces sentimos vagamente.
Así, vemos que lo que aparece como una función colateral del amor, desde el punto de vista
de un individuo, puede servir de función principal de la especie.
Prosigamos: los polluelos no están todavía allí; de ellos no hay siquiera vestigios. Empero, ya están preparadas las "casas" para ellos. El amor concitó una sed de actividad. El instinto gobierna esta sed de actividad porque es conveniente desde el punto de vista de la especie. El trabajo comienza en el primer despertar del amor. Un mismo deseo crea tanto una generación nueva como las condiciones en las que esta nueva generación ha de vivir. Un mismo deseo despierta actividad creadora en todas las direcciones, produce el apareamiento para el nacimiento de la nueva generación, y la hace construir y crear para la generación futura.

Lo mismo lo vemos en los hombres. El amor es una fuerza creadora. Y la fuerza creadora del
amor no se manifiesta en una dirección sino en muchas variadas direcciones. Tal vez esto sea
por esta fuerza del amor, de Eros, que la humanidad sea incitada a cumplir su función principal, que no conocemos y sólo a veces sentimos oscuramente.

Voluptuosidad: para quienes, vistiendo cilicio, desprecian al cuerpo, es aguijón y picota
maldita como "el mundo" por todos los mundanos: pues se burla y engaña a todos los
maestros de la confusión y del error.
Voluptuosidad: para la chusma es el fuego lento en que se asa; para toda la madera
carcomida, para todos los trapos apestosos, es horno siempre listo de lujuria y salacidad.
Voluptuosidad: para los corazones libres, inocentes y libres, es el dichoso jardín de la tierra,
la rebosante gratitud del futuro al presente.
Voluptuosidad: dulce veneno sólo para los mustios, pero gran cordial para los de voluntad leonina y un reverentemente conservado rey de los vinos.
Voluptuosidad: el feliz prototipo de una felicidad mayor y de la esperanza suprema. Pues para muchos está prometido un matrimonio, y más que un matrimonio...
Para muchos, lo que es más extraño para sí de lo que el hombre para la mujer: ¿y quién comprende totalmente cuan extraños son el hombre y la mujer entre sí?.

Del Tertium Organum (Ouspensky).

bicho.

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