LOS OMEYAS. 2/2. EL CALIFATO DE CORDOBA

Perpetrado por Oskarele

Como comentábamos en el artículo anterior, tras conquistar la península Ibérica en apenas siete años, ésta se convirtió en una provincia dependiente del Califato Omeya de Damasco, con capital en Córdoba y bajo el control de un emir (Emirato). Los musulmanes estaban divididos en tres grupos étnicos diferentes: los árabes, instalados en las ciudades, los bereberes, en las zonas rurales, y los sirios (omeyas), un poco por todos lados. Todos habían formado parte de las huestes invasoras, pero no se llevaban demasiado bien entre ellos y desde el principio se enfrentaron en guerras internas.

Por otro lado, como íbamos diciendo, el Califato omeya de Damasco cayó en el 750 a manos de los abasíes que además ordenaron la muerte de todos los omeyas. Solo se libró uno, Abderramán I (Abd al-Rahman I), que cinco años más tarde, en 755, llegó a Al-Ándalus, entrando por la granadina localidad de Almuñécar, y que gracias a los omeyas de la zona y el apoyo de los bereberes logró tomar el poder cordobés y proclamarse Emir en Córdoba en 756.

Esto tenía más importancia de lo que en un principio puede parecer: el último de los omeyas toma el poder en Al-Ándalus y se proclama emir, pero aun debía cumplir “ordenes” de sus superiores, los directores del Islam, los abasíes, que habían trasladado la capital a Bagdad, y los responsables de la muerte de toda la familia de Abderramán I.

Situación complicada como pocas.

En la práctica fue una independencia política, quedando solamente bajo la tutela de Bagdad en lo religioso.

Abderramán I gobernará durante treinta y pico años (hasta su muerte, en 788), y básicamente se dedicó a mantenerse en el poder, luchando contra un sinfín de opositores. Su hijo, Hisam I, se dedicará a lo mismo, además de reforzar el complejo administrativo del emirato independiente. Sin embargo, el verdadero organizador del emirato independiente fue Abderramán II, quien delegó los poderes en manos de los visires y logró una islamización muy rápida de la península, reduciendo considerablemente el número de cristianos en territorio musulmán (llamados mozárabes odhimmis). Gobernó entre el 822 y el 852.

Todas estas luchas intestinas entre omeyas, árabes y bereberes no cesaron en toda la historia del emirato independiente, lo que, por otro lado, dio pie a que en el norte los cristianos se reorganizasen y comenzasen a conquistar las tierras tomadas por los musulmanes.

A la llegada al trono de Abderramán III en 912, la decadencia política del Emirato era un hecho obvio y consumado. Los conflictos internos se habían hecho endémicos y este nuevo emir consiguió dar una estabilidad enorme a la zona, dentro de lo que cabe, que se mantuvo durante todo el siglo aproximadamente. Así logró consolidar el poder central y restablecer el orden interno y en parte fue gracias a su gran capacidad militar (como curiosidad mencionar la introducción de los saqalibah o eslavos, esclavos de origen europeo, con la intención de introducir un tercer grupo étnico y neutralizar así las continuas disputas entre árabes y bereberes.

Después de someter a la mayoría de los rebeldes, el viernes 16 de enero de 929 Abderramán III, a semejanza de sus antepasados, se proclamó Khalifa rasul-Allah (sucesor del enviado de Dios), formándose así el Califato de Córdoba, totalmente independiente del de Bagdad. Como califa no solo será líder político sino también jefe espiritual y militar.

Abderramán III murió en Medina Azahara a los 70 años, tras un reinado de cincuenta años, en el 961. Le sucede en el trono Alhakén II, su hijo, continuando la política de su padre y manteniendo la paz y la prosperidad en Al-Ándalus. De hecho no sólo sostuvo el apogeo al que llegó el califato con su padre, sino que con él alcanzó su máximo esplendor, ya que este señor fue un califa inteligente, ilustrado, sensible y extremadamente piadoso.

Pero una hemiplejia precipitó los acontecimientos: tras quince años en el trono, en todo el esplendor, sufrió esta dolencia, y viendo próxima su muerte nombró heredero a su hijo, Hisham II, al acceder al trono siendo menor de edad (solo diez años), se convirtió en una marioneta utilizada con astucia por Almanzor (Muhammad Ibn abi-Amir), un visir ambicioso y fanático religioso con ansias de poder y sus partidarios.

Desde el 981 Almanzor acaparó todo el poder efectivo, mientras que el califa se acabó convirtiendo en una figura decorativa (me suena a mí esto de reyes decorativos….), además destacó por meterse en decenas de campañas militares que, si bien afianzaron las fronteras, tuvieron consecuencias en la estabilidad interna. La continuidad del Califato se hizo inviable y comenzó su decadencia.

A partir de entonces el califato cordobés entra en barrena. Se suceden en apenas 20 años seis califas omeyas y tres hammudies, mientras Al-Ándalus se irá poco a poco fraccionando, formándose las posteriores Taifas, pequeños reinos independientes, más o menos.

El califato fue abolido en 1031, y con él terminó la dinastía que forjó la identidad política de Al-Ándalus y que lo convirtió en un referente cultural en los siglos X y XI. 

De hecho ese es el gran legado de los omeyas: Abderramán III no sólo hizo de Córdoba el centro neurálgico de un nuevo imperio musulmán en Occidente, sino que la convirtió en la principal ciudad de Europa Occidental, rivalizando a lo largo de un siglo con Bagdad y Constantinopla, las capitales del Califato Abasí y el Imperio bizantino, en poder, prestigio, esplendor y cultura. Según fuentes árabes, bajo su gobierno, la ciudad alcanzó el millón de habitantes, que disponían de mil seiscientas mezquitas, trescientas mil viviendas, ochenta mil tiendas e innumerables baños públicos.

Pero además los califas omeyas, especialmente Abderramán III y Alhakén II, fueron grandes impulsores de la cultura: crearon decenas de bibliotecas por todo el territorio (la de Córdoba llegaría a tener más de 400.000 volúmenes), fundaron una universidad en Córdoba, una escuela de medicina, y varias de traductores. Además hicieron grandes obras arquitectónicas, como la remodelación de la Mezquita de Córdoba o la construcción de Medina Azahara. Incluso, bajo la tutela de los primeros califas omeyas surge una gran cantidad de intelectuales, filósofos y científicos del calibre de Ibn Masarra, Ibn Tufail, Averroes y el judío Maimónides, aunque los pensadores destacaron, sobre todo, en medicina, matemáticas y astronomía.

Foto: Oskarele

Mas info y fuentes por aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Califato_Omeya, aquí:http://es.wikipedia.org/wiki/Emirato_de_C%C3%B3rdoba, aquí:http://es.wikipedia.org/wiki/Abderram%C3%A1n_III, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Alhak%C3%A9n_II y aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Califato_de_C%C3%B3rdoba.

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