ADIVINA, ADIVINANZA


Bicho toma la palabra…

Desde tiempos inmemoriales, en cualquier lugar del planeta y en todos los estatus sociales, la adivinación ha acompañado al hombre en su devenir. Nunca más lejos de la realidad creer que esto son cosas de gente ignorante. Desde imperios que no movían un dedo sin consultar al augur, en el pasado, hasta el presente, se puede decir que no hay una capa social donde algunos de sus miembros no consulte algún medio de adivinación; desde presidentes de países, empresarios, científicos, si científicos y muchos importantes, y por supuesto las policías y "cias" de muchos países, en general todo tipo de personas.

No vamos a negar que hay mucho "listo" y lo contrario, que engañan y son engañados bajo el disfraz de la adivinación cuando el propósito de esta es sacarles los cuartos. Veamos un poco de forma somera como y que es esto:

Primeramente hay que reconocer que el Hombre presiente por alguna razón que esto es posible; es un presentimiento del que nadie se escapa, todo el mundo desea, se plantea o deja la puerta abierta a la posibilidad, es parte de un sueño, una ilusión y en el peor de los casos un divertimento. Todos, a lo largo del día hacemos de adivinos en alguna manera, todos nos atrevemos a decir o pensar lo que va a ocurrir en cuanto a acontecimientos sociales o personales, todos usamos esta muletilla en nuestros procesos de razonamiento y previsión....estamos hablando de la hermana pequeña de la adivinación, una extensión a nuestros procesos de lógica y razonamiento. Así que en primer lugar podemos pensar de la adivinación como un intento de captar en el tiempo (futuro) el resultado de una serie de eventos actuales. Así que es parter de nuestra cualidad de razonar, ver y preveer, mirar, indagar y adelantarse a.... veremos más adelante cual es la posible base de esto.

También tiene una función asistencial o de consejo. Muchas personas se encuentran con encrucijadas en sus vidas para las cuales necesitan consejo fuera de su ámbito; un punto de vista diferente que les ayude a tomar decisiones. Sus mentes o corazones han llegado a un punto de bloqueo sin salida y necesitan algo, una idea que no sea de su propio medio ambiente, algo fresco que le saque del colapso en el que se encuentran.

A veces las personas están sumidas en la desesperación, encerradas en un problema, en un camino sin salida, con sus ilusiones rotas y necesitan algo que les motive, que llene el vacío en el que se encuentran (algo muy humano), necesitan consejo y apoyo...entonces buscan algo que les de una motivación, una esperanza, algo que les levante el ánimo.

Todos sabemos que captamos muchas más cosas de las que somos conscientes; así que aunque no nos demos cuenta, las palabras, las emociones, los gestos de la cara, del lenguaje corporal, en fin, las diferentes expresiones son capaces de dar una información a la persona entrenada que pasan inadvertidas para el común de los mortales; estas personas han entrenado a su parte subconsciente para que les devuelva la información que captan sus sentidos y que habitualmente queda oculta en esas capas subconscientes de la mente y el corazón. Esta información no solo contiene la realidad actual sino el árbol de todo el proceso subsecuente de posibilidades a partir de los eventos actuales captados.

Pero hay más......mucho más, porque todos sabemos que no es necesaria la presencia del "adivino" para que la magia ocurra. Amigos míos, las vida no es lo que parece a nuestros ojos, ni por asomo. Esa separatividad que nos parece entre nosotros y el resto solo es una ilusión....no existe separación. En estos tiempos en los que la ciencia empieza a mirar este mundo sin vacio alguno, donde llegamos a esos campos donde la energía está difundida universalmente, donde se empiezan a entrever diferentes dimensiones que interactúan entre si, no es más que la parte más física de la película total. La adivinación realmente se basa en la existencia de otros planos de existencia "comunes" a todos, en los cuales quedan grabados todos nuestro quehaceres y los cuales pueden ser leídos por la persona que ha entrenado sus centros de percepción o sentidos internos; una especialización de eso que todos conocemos como "esto me huele a..." "esto me sabe a..." etc.

Hay más; no podemos escaparnos de ser partes del universo, lanzados junto con la totalidad en un devenir universal, movidos por fuerzas que escapan a nuestra concepción actual; realmente caminamos y somos empujados con el resto del universo; cualquier acto presente o futuro, hasta el más nimio, es un proceso universal. De alguna forma podemos entender que la suma de todas las operaciones universales (en las cuales estamos incluidos) están lanzadas hacia un futuro marcado, con muy poco margen de variación. Sin lugar a dudas podemos pensar que el futuro del universo, y con ello el nuestro, está escrito; el presente que conocemos es el resultado lógico de procesos que empezaron en un pasado; así el futuro no es más que el resultado de las diferentes sumas de presentes (sus pasados). De alguna forma es el "futuro" el que tira del presente, ya que el futuro es el resultado de la posibilidad de expresión de lo que la realidad fue y es.

Dicho esto, la adivinación es posible para aquellos que se han entrenado en leer estos mecanismos ocultos.

El método es lo de menos, los hay que van desde lo más simple a los más complejos como el tarot, no es más que un medio para fijar la atención por parte del "adivino"; un medio de lenguaje subconsciente en el cual está entrenado.

No voy a escribir más, creo que con esto es suficiente para la mente despierta. Además y tras echar las cartas he visto que la mayoría de vosotros no me va a creer, así que para que seguir, jajajaja.

bicho. 


Oskarele, dando la réplica.

Imagino que mi contrincante dialéctico en esta ocasión, mi querido Bicho, habrá propuesto en su texto, publicado hace un ratico, una gran cantidad de argumentos a favor de la posibilidad de adivinar el futuro. Podría dedicarme a refutar una por una sus ideas, pero hacerlo sería entrar en un juego absurdo de reproches y de “y tú más” sin sentido. Así que voy a limitarme a exponer mis argumentos para intentar defender una idea que tengo tan clara como que existo. La idea, básicamente, es la siguiente: la adivinación del futuro no existe porque el futuro no existe. Se confunde adivinación con probabilidad de que un efecto probable suceda a una causa dada. Me explico:

"Fugit irreparabile tempus”, dijo el bueno de Virgilio, poeta romano del siglo I antes del nazareno. "El tiempo se va para no volver”, viene a querer decir. En definitiva, el tiempo o es pasado o no es nada. El presente es una entelequia, una ilusión. ¿Qué es el presente? Algo “es” solo durante un instante, pasando rápidamente a “fue”. Cuando Descartes dijo aquello de “Cogito ergo sum”, pienso luego existo, utilizaba ese presente ficticio para salir del circulo vicioso de la duda existencial, intentando demostrarse a si mismo con un argumento lógico que existía. Pero dos segundos después de haber dicho eso, ya no era valido: ya había pasado, ya era pasado. “Pensaba, luego existía”. En definitiva, el presente no es, sino que deja de ser.

Y no hablemos del futuro, lo que “será” pasado cuando sea.

Con todo este rollo quiero decir que el tiempo, entendido como una magnitud que permite medir la duración de los acontecimientos, es algo totalmente convencional, artificial, creado por el hombre para medir el devenir. El pasado no existe, sino que existió, y nunca va a volver a ser. El presente no existe porque inmediatamente pasa a ser pasado. Y el futuro no existe porque aun no es, y cuando es, deja de ser.

Como algo convencional, como algo “que resulta o se establece en virtud de precedentes o de costumbre”, según dice el diccionario de la RAE, el tiempo ha de ser necesariamente, para poder entendernos, una magnitud absoluta, con una escala idéntica para todos los observadores compuesta, básicamente, de estas tres cosas: pasado, presente y futuro.

Pero Einstein y su teoría de la relatividad rompieron con esta idea: dados dos observadores diferentes en movimiento relativo entre sí, en general diferirán sobre qué eventos sucedieron al mismo tiempo. Es decir, el tiempo depende del sistema de referencia donde este situado el observador y de su estado de movimiento. Entonces, si el tiempo es relativo, según la física relativista de Einstein, no existe el tiempo absoluto. Lo que para uno es presente para otro puede ser pasado según su sistema de referencia y su movimiento.

Para Einstein el tiempo existía, sí, pero como algo inseparable del espacio, como una especie de tejido en el que se apoya el universo. Es el famoso espacio-tiempo, y en parte considera al tiempo como una dimensión geométrica más. Pero esto no tiene nada que ver con lo que estamos hablando. Como dijo Woody Allen, “¿de qué me sirve a mí que el tiempo y el espacio sean exactamente lo mismo? En fin, si le pregunto a un tío qué hora es y me dice "6 kilómetros”…

Generalmente la razón humana ha captado el tiempo como el nexo causal de unión entre dos fenómenos. La causa por lógica ha de ser previa al efecto. Lo que une la causa con el efecto es el tiempo, por pequeño que sea.

Pues bien, muchos vendedores de humo y defensores de la idea de que el futuro se puede adivinar se agarran a estas dos ideas claves: que el tiempo existe como una dimensión más, y por lo tanto, en teoría, se puede viajar por él (que me digan cómo) en todas sus manifestaciones (pasado y futuro) y que las relaciones causa-efecto pueden hacernos prever el mañana desde el hoy.

El ejemplo paradigmático es la extraña creencia de que la configuración de los astros influye en nuestra forma de ser, de pensar y de estar, y que, calculando como es la configuración futura de esos astros, podemos predecir cosas. Sin duda una relación causa-efecto equivoca.

Es cierto que desde la más remota antigüedad los humanos han querido y creído vislumbrar el futuro, amparándose siempre en las relaciones causales. En el antiguo Egipto los faraones amenazaban al pueblo con que el Nilo no crecería si no pagaban tributos y hacían caso a su excelente persona. Claro, ellos sabían, gracias a sus sacerdotes matemáticos, que el Nilo cada año, en primavera, crece por el deshielo que inundan sus afluentes. Pero claro, eso el pueblo no lo sabía, y se lo vendían como anticipación del futuro. De hecho es lo que hacían.

El problema reside, a mi entender, en que se confunde adivinar el futuro con intuir, en base a la realidad presente (la causa), una serie de posibilidades futuras (el efecto). Cuando plantamos una semilla sabemos que en potencia contiene un árbol en su interior y que es posible que si toda va bien se acabe convirtiendo en un árbol. Pero igual no. No podemos asegurar que una semilla llegue a ser un árbol, aunque si podemos proponerlo como hipótesis estadística probable.

Y para eso no hacen falta ni bolas de cristas, ni posos de infusiones, ni antiguas cartas esotéricas ni abrir un pollo en canal y ver sus vísceras.

Para eso, simplemente, hacen falta dos cosas: la experiencia, que nos lleva a ver que hechos similares suelen tener efectos similares (que conste el empleo de la forma verbal “suelen”), y la estadística, que establece la posibilidad que hay de que una causa tenga un efecto determinado.

Pero muchos confunden su dominio de ambas cosas (experiencia y estadística), junto con una gran capacidad intuitiva, con estar dotados de un metafísico don que les permite ver el futuro. Confunden adivinar el futuro con plantear una hipótesis posible sobre cómo se van a desarrollar los tiempos venideros respecto a la situación actual. Y claro que unos tendrán mayor capacidad que otros para ello, pero no es un don innato, es algo a lo que el conocimiento puede ayudar… y las vísceras de animales muertos no.

El problema final, como seguramente ha planteado Bicho en su texto, es que la gente necesita creer que el futuro se puede prever. Todos tenemos miedo al “¿Qué pasará?, y sería cojonudo, de verdad, que se pudiese adivinar. Por eso hay gente que cree en la adivinación. Lógico. Pero el que la gente crea no quiere decir que sea. Y mucho menos si tenemos en cuenta la cantidad de parafernalia metafísica y bizarra que rodea a los adivinos mercenarios. Lo cierto es que, sea como sea, desde el amanecer de los tiempos, el ser humano se ha empeñado en predecir el futuro.

Por otro lado, los grandes adivinos de la historia, personajes como Nostradamus, Edgard Cayce o Parravicini, encumbrados por los cultos New Age a los altares de la precognición, no dejan de ser terriblemente ambiguos y poco claros en sus visiones, dando pie a interpretaciones tan diversas, y siempre a posteriori, que no valen de nada. De poco vale predecir el futuro si no puedes explicarlo claramente. Igual es que no explicarlo claramente es un subterfugio cojonudo para justificar los fallos y para abrir la ventana de la especulación.

Esto es algo muy común en estas prácticas: si se acierta, se anota el tanto. Si no, se guarda en un cajón. A posteriori, en definitiva, solo se recuerdan los aciertos que, seguramente, no rompen nunca la barrera de la posibilidad estadística de acertar. Es decir se acierta porque siempre se acierta y porque los fallos se obvian.

Y todo esto sin tener en cuenta el fraude, que lamentablemente en estos temas abunda como la mala hierba o los políticos. Claro que muchos de estos “profesionales” se lo creerán y no mentirán, pero eso no quiere decir nada.

También los curas creen que existe Dios.

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