Un poema en prosa de Edward Carpenter (de su libro Towards Democracy):


El Océano del Sexo
Mantener continente al gran mar. al gran océano del sexo, dentro de si,
Con el flujo y el reflujo que presiona sobre los lindes del cuerpo, los amados genitales,
Vibrando, estremeciéndose emocionalmente ante el estelar destello de los ojos de todos los
seres humanos.
Reflejando los Cielos y todas las Criaturas,
¡Cuan maravilloso! Apenas se acerca una figura, macho o hembra, un estremecimiento
lo atraviesa,
Tal como cuando en el acantilado que limita el borde de una laguna alguien se mueve y
entonces, en las entrañas del agua hay también movimiento,
Lo mismo ocurre en el borde de este Océano.
El esplendor de la forma humana, aunque débilmente delineada bajo los árboles o junto a la
orilla, lo agita violentamente con lejanas reminiscencias;
(Pero si las riberas del mar son fuertes y sólidas, ni débilmente ha de pasarlas);
Hasta que tal vez el contacto, la cercanía, el encanto de los ojos de alguien,
Estalle, incontrolable,
Oh maravilloso Océano del Sexo,
Océano de millones y millones de minúsculas formas humanas con apariencia de semillas, contenidas (si verdaderamente lo están) dentro de cada persona,
Espejos del universo mismo.
Templo sacro y recóndito sagrario de cada cuerpo,
Río-Océano que corre siempre a través del gran tronco y de las ramas de la Humanidad,
¡Del que. después de todo, sólo el individuo brota como una yema!
¡Océano que tan maravillosamente contenemos (si en realidad te contenemos), y que, sin
embargo, nos contienes!
A veces, cuando te siento y conozco dentro, y me identifico contigo,
Entiendo que yo también pertenezco a la progenie sin fecha de Cielo y Eternidad,

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