LOS ASHÁNINKA (CAMPAS)


Los asháninka viven en torno a los ríos Apurímac, Tambo, Pango, Pachitea, Ucayali, Ene, Perené, Urubamba Pichis, en el centro de Perú; y en el entorno del río Envira, Brasil. Se establecen en comunidades de unas veinte familias, cada una de ellas formada por una pareja y una media de cinco hijos. La posición social de los miembros depende de su capacidad para la obtención de comida.
La esperanza de vida de estos indígenas oscila entre los 25 y 45 años. Entre sus tradiciones se encuentra la de pintar sus rostros con tintura proveniente del achiote o urucum, con representaciones que simbolizan alegría o tristeza. El trabajo comunal se halla repartido: los hombres cazan, pescan, y se encargan del cultivo y construcción de viviendas; las mujeres, a su vez, cuidan a los hijos, se encargan de los tejidos y de la elaboración y transformación del alimento.

Las casas consisten en un tejado de hojas de palma sostenido por cuatro o seis pilotes de madera unidos con lianas, sin paredes, aunque los aleros del techo suelen colgar a pocos centímetros del suelo. Es espacio se reparte en una zona de madera para dormir y reunirse y una zona en la que las mujeres cocinan y mantienen el fuego encendido.
Visten túnicas largas, de color marrón rojizo (kitarensi), lo que les distingue de otros indígenas de la zona, que han absorbido las vestimentas urbanas o bien siguen utilizando los taparrabos. Los matrimonios se establecen fuera de la comunidad, a la que dan gran valor, el cual demuestran en sus mingas o actividades comunes. Sus ceremonias religiosas más importantes se asocian a los ritos de pubertad de los muchachos/as.
Han desarrollado un productivo sistema de cultivo, consistente en utilizar tres campos a la vez. En el más reciente cultivan vegetales de ciclo corto, en el segundo, yuca, su alimento principal; y, en el tercero, el más debilitado, plantas árboles de los que aprovechan el fruto y atraen la caza.

Su dios del Sol, es conocido como Pawa; pero también veneran al espíritu Inka. Este, según la leyenda, les enseñó a usar el arco y las flechas, pero fue capturado por el hombre blanco, a quien tuvo que revelar sus secretos para que consiguieran dominar el mundo. Sin embargo, algún día, una gran riada hará que Inka regrese con los Asháninka para enseñarles todo lo que reveló a los hombres blancos.

El pueblo Asháninka (unas 20000 personas) está formado por gentes pacíficas, aunque su historia nos demuestra que saben hacer sonar los tambores de guerra. En un tiempo remoto lucharon al lado de los incas contra los extranjeros blancos, y, en uno más cercano, cuando los integrantes del Sendero Luminoso asesinaron a uno de sus más importantes jefes, se armaron y constituyeron flancos infranqueables para la guerrilla. Iniciaron programas de ayuda a los desplazados, de rescate de indígenas secuestrados y de retorno a sus comunidades desalojadas. Su capacidad organizativa es uno de los principales factores que ha conseguido que este pueblo sobreviva, mostrándose firmes incluso contra el gobierno.

Hoy en día su territorio sigue siendo esquilmado por las petroleras, madereras, guerrillas..., pero este pueblo, que ha conocido el destierro y la esclavitud, se mantiene firme y organizado para enfrentarse al avance de la civilización, integrándose en programas sanitarios y cursos de capacitación, pero sin perder la esencia de la cultura que representan.

Fuente: Wikipedia.

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