JUEGO DE TRONOS.



Con  Fulgen García al micro…

Pues resulta que la gente se lleva las manos a la cabeza y se rasga las vestiduras porque el marido de la Infanta -  y a la sazón Duque de Palma -, está presuntamente implicado en un posible caso de malversación de caudales públicos. Y el populacho se ha echado a las redes sociales (porque, a la calle, en este país es algo tabú), se ha liado la manta a la cabeza y exige que dé explicaciones. ¿Desde cuándo la nobleza, la realeza ha tenido que explicar al pueblo lo que hace o deja de hacer? ¿Acaso un poder directo de Dios debe justificar las decisiones de alguien que está por encima del bien y del mal? Este pequeño incidente no debe empañar la imagen y el buen trabajo realizado por la más alta de las instituciones españolas desde que fue designada por el anterior Jefe de Estado para sucederle. Hemos de reconocer que fue una gran elección: garantizaba la estabilidad política, aseguraba la entrada de España en las instituciones europeas y se abría el marco legal para que los padres de la patria (y algunas madres) pudieran optar a los sueldos vitalicios por el trabajo bien hecho. Entre esos trabajos, el más memorable que recordamos es la extraordinaria hazaña del Jefe de la Casa Real al atajar el golpe de Estado que nos hubiera devuelto al régimen anterior. De no haber sido por Él, por su intervención y su firmeza, por su saber estar y su campechanía, hoy estaríamos bajo un régimen totalitario de derechas, sin apenas derechos sociales y aislados de la tan necesaria globalización.

La familia Borbón, de tanta raigambre en España, tan española como la tortilla francesa, no puede ser tratada de manera vulgar o corriente. No se puede consentir que, como dijo el señor Matas el pasado domingo doce de febrero de 2012 en La Sexta, no necesiten sus empresas e ideas pasar por los filtros habituales. Son Reyes. Son sus hijas y yernos, y nuera, y nietos. Son de cristal, son lo que harán que España siga caminando libre y unida, en el destino universal bajo palio, son el cohesionador de este crisol de razas y culturas. El Rey, desde el mismo momento que asumió la corona, se convirtió en algo más que una figura: los que se atreven a insinuar que se enriquece con sus contactos, que trabaja más para él que para el país, que prefiere cerrar negocios privados antes que pensar en el bien común no lo conocen: no se dan cuenta de que su esfuerzo no está pagado por la asignación anual percibida de las arcas públicas. Como cuando dicen que la monarquía es cara… y que por eso hay que instaurar la república. ¿Qué pasa, que los presidentes de república jubilados no siguen gastando a costa del erario público? ¿Qué las familias de estos presidentes no siguen utilizando sus influencias para medrar? Creo que no debemos mover más las cosas de como están: los reyes son necesarios, la institución está más fresca y consolidada que nunca, y los ligeros deslices de los familiares allegados son, eso, deslices. Pecadillos de juventud. ¿Quién no haría lo imposible por defender a sus hijos y procurarles un futuro mejor? ¿Y por querer lo mejor para sus hijos, hemos de juzgarles? Qué país más ingrato con los que más y mejor han hecho por él. 

Y ahora Oskarele al micro…

Podría empezar por defender mis firmes principios republicanos y decir que cualquier forma de gobierno que se legitime en la herencia y en la sangre (en este caso azul) no es legítima, más que nada porque el pueblo no ha intervenido en su elección. Podría continuar diciendo que en el caso puntual de nuestro campechano monarca J.C. The first, la cosa es aún peor, pues fue elegido por otro tipo aun con menos legitimación que él, que también consiguió gobernar gracias a la sangre (en este caso roja). Podría continuar diciendo que este señor, aplaudido desde los altares de los “demócratas de toa la vida” como un “héroe de la democracia” por impedir un golpe de estado (por el que si alguien ha salido beneficiado ha sido él, y con esto no quiero decir ná….), ejerce de no ejercer, a modo de símbolo nacional como la bandera o el himno o Casillas. PLQHQ la monarquía… Y podría terminar comentando otro nuevo golpe, en este caso perpetrado por el yernísimo campeón de balonmano, el Excmo. Sr. Iñaki Urdangarin, duque consorte de Palma, que se ha forrado de mala manera gracias a ser quien es, marido de la princesita guapa, y a una serie de corruptos del oriente español que se encargaron de “desviar fondos”  públicos hacia no se qué empresas y rollos que tenía montao el duquesito con la sana intención de forrarse… y alguno dirá “¿Y qué tiene que ver nuestro querido monarca con lo que hagan sus vástagos políticos?”.  Pues resulta  que J. C. conocía estos hechos delictivos y en vez de mandar al balonmanista pa los juzgaos, lo mando pa Nueva York… así cualquiera.

Pero en vez de hablarles de todo esto, ni hablarles de lo caro que nos salen, ni de lo bien que se peina la reina, les voy a hablar de mi infancia… y mi infancia son recuerdos de una sierra a medio camino entre Andalucía y la tierra del Quijote. Recuerdo que en mis albores, de chiquitillo, subíamos mi madre y yo a la sierra a pasar los dominguicos, y me quedaba fascinado con un enorme vallado que delimitaba unas tierras bellísimas, llenas de pinicos y de riachuelos. Y recuerdo como una vez mi madre, zurda de pensamiento y republicana de corazón, me contó que aquellas tierras valladas pertenecían a la Casa Real. Y que nuestra majestad, J. C. se venía con sus amigotes y sus amiguitas a cazar entre gintonics y risas, algún fin de semana que otro y algún ciervo que otro.

Esto me marcó profundamente, porque por aquel entonces yo, ingenuo de mi, creía que el Rey, como heredero de una larga tradición endogámica de Borbones gabachos, podía disponer, como absoluto monarca que podía ser, de todas las tierras que quisiese. Faltaría más, para eso era su país. Pero mi madre me echó el mito abajo: me dijo que aquel coto de caza maravilloso, había sido un regalo que Franco, de cuya madre no quiero acordarme, había hecho a nuestro Rey en potencia.

 ¿Qué mi querido Rey, que acompañaba mis solitarias Nochebuenas con preciosos discursos improvisados, había sido colega de aquel otro, alter ego del diablo según mi zurda educación? ¿Qué no solo eso? ¿Qué lo había elegido para sucederle y dejarlo todo atado y bien atado?

No me lo podía creer. Y eso que no quería hablar de Franco…

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