EL CALEUCHE. El barco de los brujos.



La leyenda del Caleuche o Buque Fantasma es una de las más difundidas. Todavía queda mucha gente que sigue creyendo en la existencia del misterioso Buque de Arte.

Se trata de un barco lindísimo en sentido superlativo, iluminado con profusión. En él tienen lugar fiestas y bailes fantásticos, al son de la música más maravillosa del mundo. Puede navegar indistintamente sobre la superficie como bajo el agua. Se provee de tripulación, para lo cual recoge a los incautos navegantes de las lanchas veleras, a quienes atrae con la poderosa sugestión melódica de su orquesta. También recoge a los náufragos.

Es el barco de los brujos. Surte de mercaderías a los comerciantes, con quienes ha celebrado contratos o "pau tos". Desaparece de la vista en forma inesperada e instantánea. Deja tras de sí un vago y extraño ruido de cadenas y los ecos difusos de una melodía cautivante y enervadora. Puede convertirse en un rústico tronco de árbol y varar en cualquier playa. Igualmente sus tripulantes tienen la facultad de autotransformación corporal a su antojo. Eligen de preferencia la forma de focas. De esta manera, pasan inadvertidos a los ojos de los profanos, sobre los arrecifes, en donde suelen tomar el sol plácidamente arrullados por la cadencia de las olas.

Según el doctor Lenz, la palabra "caleuche" se deriva del mapuche. De "caleutun": mudarse de condición, y de "che", gente. Sería entonces gente mudada de condición, transformada. Pero según Román vendría del araucano, "calül", cuerpo humano, y "che", gente.

Es la creación chilota más típicamente representativa de la vida isleña. Se ajusta muy bien a los hábitos marineros de los habitantes del archipiélago, y obedece a una realidad concreta, robustecida en la imaginación popular, a través de muchos años, con la presencia inesperada de las primeras expediciones marítimas, en los albores mismos de la conquista, llevadas a cabo por Francisco de Ulloa, Cortés Ojeda, Ladrilleros; con las incursiones de los corsarios holandeses a comienzos del siglo XVII; con las expediciones libertadoras de Freire en 1826; con las misiones científicas de Fitz-Roy y Darwin, en 1834; con la presencia de la escuadra chileno-peruana, en 1865; con las sangrientas correrías del pirata insular Juan Nancupel Norambuena, en este mismo siglo; y en nuestros días, con todos los barcos que aparecen en una punta y desaparecen al poco rato tras otra, dejando en las mentes una visión fugaz preñada de sugerencias fantásticas, como debieron dejarlas en épocas pretéritas las visitas esporádicas de los primitivos navegantes transoceánicos, venidos a estas costas en sus típicas y originales embarcaciones veleras con balancines a sus costados.

Hay quienes atribuyen la invención del Caleuche a espejismos; otros a las incursiones de piratas y corsarios. Tal vez lo más probable sea lo afirmado por el capitán de alta mar señor Carlos de Caso, quien dice textualmente al respecto:
"Para nosotros fue siempre motivo de interés conocer el origen de la versión chilena, que tiene alguna semejanza con la de aquel capitán maldito del Holandés Volador, buque fantasma que ronda eternamente el Cabo de Buena Esperanza, sin poder doblarlo jamás porque no puede virar en redondo pues, según el decir, pierde tanto camino que lo que gana por un borde lo pierde por el otro. La carabela San Lemes -agrega el señor De Caso-, en enero de 1526, arrastrada por una furiosa tempestad, llegó a los confines de América del Sur, y descubrió el "acabamiento de la tierra", mérito que corresponde por entero a su capitán Rodrigo de Hoces. La última noticia que tenemos del bajel es la que nos proporciona Areyzaga, clérigo del patache Santiago, que perdió el contacto con ella a la altura del Golfo de Penas, en medio de una gran tempestad, el 10 de junio de 1526. Igual cosa nos relatan los otros cronistas de esa flota, que se desgaritó en esa latitud. Pero han quedado mudos testigos que revelan que esa nave se perdió en la parte occidental de la isla Byron, en el archipiélago de Guayeneco, donde años después se encontró la artillería de esta carabela, como único vestigio, restos que indudablemente corresponden a una nave metropolitana, por cuanto en ese tiempo las de la Mar del Sur no la portaban. Para los indios comarcanos, ese siniestro ha debido ser impresionante e inolvidable. Atacaron a los náufragos y éstos perecieron en sus manos.
"Posteriormente, en 1555, otra nave, esta vez el galeón de Juan Alvarado, que había salido de Valparaíso con destino a Valdivia, sorprendido por una gran tormenta, fue a parar al sur de las provincias de los coronados a "tierra nunca vista, y por no saberla, se perdió el dicho galeón". Sus tripulantes tuvieron encuentros con los naturales y con los restos del galeón hicieron un bergantín y se dirigieron a Valdivia.
"Tres años después, pasaban por la isla Byron el San Luis y el San Sebastián, de Ladrilleros y Cortés Ojeda. Fondearon en la bahía Nuestra Señora del Valle, hoy conocida con el nombre de Good Harbour, y tomaron ahí por fuerza dos indios para "lenguas" e intérpretes. Comunicándose por señas, uno de ellos delineó con carbón un fuerte, dando a entender que lo habían fabricado los españoles, pero Ladrilleros, que ignoraba estos siniestros, creyó que se referían a los náufragos de la capitana, del obispo Plasencia.
"Pasaron los años y vinieron a esta desolada región del Golfo de Penas, atravesando el istmo de Ofqui, los frailes misioneros que residían en la isla Caylín, que está en las inmediaciones de Quellón, y que, en la época a que nos referimos, era el último rincón de la Cristiandad.
"Estos misioneros, que venían a convertir a los gentiles, trajeron a Chiloé algunos calenches o caleuches, como les llamaban los demás, para referirse a ellos cuya etimología corresponde a "otra gente". Estos calenches o caleuches, que habitaban la comarca del Golfo de Penas, referían la llegada de esos buques misteriosos, y después de 1741 estuvieron de gran actualidad por haberse perdido allí otro navío, el Wager, de Anson, que los españoles llamaban Guelguel.
"Así comenzó a hablarse en Chiloé del buque misterioso de los calenches o caleuches. Al andar del tiempo, vino aparar simplemente en Caleuche. Nació esta leyenda importada desde el famoso Golfo de Penas y ha tenido por origen esa serie de desgraciados naufragios que comienza con el de la carabela San Lesmes"...

Hasta aquí la interesante y bien fundamentada interpretación del señor Carlos de Caso, que vendría a descifrar la incógnita acerca del origen de esta leyenda tan bien adornada por la tradición del archipiélago de Chiloé.
La transformación del Caleuche en un tronco cualquiera se explica por el hecho muy frecuente de la presencia de troncos varados en las playas de la noche a la mañana; y que desaparecen en igual forma repentina, arrastrados por las corrientes. A veces se les ve flotar entre dos aguas; llevando sobre sí algunos cuervos remolones. La fantasía recoge la curiosa visión y con ésos elementos simples el elabora mil conjeturas inverosímiles, reafirmando la vieja leyenda del Buque Fantasma. La aparición y desaparición de los mencionados troncos en las playas es simplemente consecuencia de las corrientes y mareas.

Se dice, además, que el Buque de Arte surte de mercaderías a ciertos comerciantes con los cuales mantiene "pautos". También esta imputación es un aditamento en cierto sentido atinado, pues en las islas muchos comerciantes se inician con unos cuantos paquetes de velas, unas pocas botellas de alcohol y uno que otro artículo más, y al cabo de poco tiempo se les ve ricos, dueños de establecimientos comerciales muy bien surtidos y transformados en personajes importantes. El hombre, según dicen, "arregentó" como por arte de magia con la protección del Caleuche, que le entregaba mercaderías en las afueras durante sus recaladas nocturnas.

Estas leyendas explican, por lo demás, la visión efímera y siempre renovada y fugaz de los barcos, a través de las angosturas de los canales interiores. Al mismo tiempo, sirve para justificar la desaparición de navegantes isleños, perdidos durantes sus arriesgados viajes, o la huida de los mocetones de la casa paterna, a quienes se les supone incluidos entre la exótica marinería del imponderable Buque de Arte: el misterioso Caleuche.

Fuente: Fuente: Narciso García Barría, "El caleuche", en Tesoro mitológico del archipiélago de Chiloé, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1989, pp.120-125.
Aportado por Mirta Lorenzo. Gracias!

1 comentario:

  1. fomeeeeeeeeeeeee...... no mentira ta mas o meno
    pero nesesito una cansion del caleuche

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