UN TAL JESÚS. UNA PEQUEÑA BIOGRAFÍA INTRODUCTORIA, PARTE 3. LA PASIÓN DE CRISTO.

Perpetrado por Oskarele

Entramos en un periodo de trascendental importancia en la vida del nazareno, siguiendo con lo narrado con las únicas fuentes biográficas que tenemos, los escritos de sus propios seguidores, los evangelios. Se trata de lo que se conoce como Vida Dolorosa, un periodo de una sola semana (la Semana Santa), que terminará con su muerte… o no, porque según estos textos, en un giro absolutamente perturbador de la historia, nuestro protagonista termina resucitando… al tercer día.

La movida empieza en realidad un poco antes: 

Jesús, en compañía de los suyos, partió hacia Betania, una pequeña aldea situada en la falda oriental del Monte de los Olivos, a unos 2,5 km al este de Jerusalén, donde vivían Lázaro, Marta y María, colegas suyos a quienes Jesús visitó en varias ocasiones más. Y fue precisamente porque se entero de la agonía de Lázaro y de su pronta muerte. Fue, según los textos, dispuesto a resucitarlo. Y efectivamente así fue, pues se produjo la espectacular resurrección de su amigo Lázaro (Jn 11, 39-44).

Aunque, curiosamente, este milagro acabaría costándole la vida.

Los fariseos y los sumos sacerdotes del templo, miembros del Sanedrín (especie de cuerpo judicial-religioso judío), se enteraron del supuesto prodigio, convocaron una reunión y decidieron la muerte de Jesús: “Si le dejamos así, todos creerán en él: y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación. Y Caifás, uno de ellos, sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda. Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo pontífice de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación: Y no solamente por aquella nación, más también para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban derramados. Así que, desde aquel día consultaban juntos de matarle” (Juan 11, 45-53).


Jesús estaba ahora en busca y captura.

Y como claro desafío al destino, Jesús no huye, si no que se lanza a la boca del lobo, entrando un domingo, a lomos de un asno, para que se cumplieran las palabras del profeta Zacarías (“He aquí que tu rey viene a ti, manso y montado sobre un asno”, Zc 9:9), otro ejemplo más de profecía autocumplida en esta historia. El caso es que fue aclamado por una multitud, según Lucas y Juan, como rey.

Al día siguiente (lunes, supuestamente), se produjo la famosa expulsión de los mercaderes y a los cambistas del templo (estaban en plena Pascua Judía, y el número de turistas era muy alto..) Y no solo eso: durante los siguientes días Jesús retó en muchas más ocasiones al Sanedrín, predicando en el propio Templo, sin atreverse estos a detenerlo.

Los textos narran algo sumamente interesante a continuación: Jesús, que sabe que va a morir, convoca para la noche del jueves la cena pascual (cuando en realidad la pascua judía comenzaba al día siguiente), a sabiendas de que al día siguiente no la va a poder celebrar. Se trata de la famosa Ultima Cena, en la que se despidió de sus discípulos y anuncio que uno de ellos lo iba a traicionar. En efecto, Judas Iscariote, ya le había traicionado.

Tras la comida, se fueron a rezar al famoso huerto de Getsemaní, donde, finalmente, en plena noche, será arrestado, gracias a que Judas, según la tradición por 30 piezas de plata, informó al Sanedrín de donde estaban. Y se produjo la famosa escena del beso de Judas…

Sus seguidores, tras una mínima resistencia, huyeron.

Comienza a partir de entonces un proceso “judicial”, en el que el Sanedrín intentará por todos los medios condenar al nazareno, incluso presentando testigos falsos. ¿Por qué? Pues, entre otras cosas, por atreverse a afirmar que era el hijo de Dios y el Mesías. Durante aquella primera noche se produjeron las tres famosas negaciones de Pedro que, reconocido como discípulo de Jesús por los sirvientes, le negó tres veces como le había profetizado su maestro.

La movida está en que el Sanedrín no podía ejecutar la condena (aunque sin condenarlo, como efectivamente hizo) sin el consentimiento de la autoridad romana, en este caso el procurador, Poncio Pilato. Así que a la mañana siguiente se lo llevan y Pilato, que tras interrogarle no lo encuentra culpable. Y mostrándose cauto y temiéndose problemas con los judíos, decide pasar la pelota al tetrarca de Galilea y Perea, la jurisdicción del nazareno, Herodes Antipas, que se encontraba en aquel momento en Jerusalén celebrando la Pascua.

No le interesó demasiado el caso, se burló de Cristo, y le paso el relevo de nuevo a Pilato.

El procurador romano, por un lado no quería condenar al nazareno, pero por otro lado temia que el pueblo se le levantase si no accedía a lo que pedía el Sanedrín, así que le dio una oportunidad inédita: era tradicional en la fiesta de la Pascua liberar a un reo, y el procurador vio en esto la oportunidad de salvar al nazareno, al que consideraba un pobre hombre. Así le dio a elegir a una muchedumbre congregada entre Jesús y Barrabás, un delincuente común, según algunos, o un independentista palestino (zelote), según otros.

Sea como sea, el pueblo pidió que se liberase a Barrabás, y que Jesús fuese crucificado.

Pilato se lavó simbólicamente las manos para expresar su inocencia de la muerte de Jesús.

A partir de aquí comienza la terrible agonía, bastante detallada en los evangelios, que conduce al nazareno hacia su muerte. Fue torturado, ridiculizado (le pusieron un manto rojo y una corona de espinas, burlándose de aquello de que era el Rey de los Judíos) y obligado a llevar él mismo la cruz hasta el Golgota (en arameo, ‘lugar del cráneo’), aunque por el camino le echó una mano Simón de Cirene.

Y finalmente fue crucificado.

Entre dos ladrones.

Encima de su cabeza pusieron el famoso cartel con el motivo de su condena: “Este es Jesús, el rey de los judíos”, que a menudo en pinturas se abrevia INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, literalmente ‘Jesús de Nazaret, rey de los judíos’).

Hacia el mediodía, supuestamente, de aquel Viernes de Pascua, pronunció sus últimas palabras, según Mateo y Marcos, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Allí presentes estaban varios de sus discípulos, aunque no se sabe muy bien cuáles. Eso sí, todas las versiones coinciden en que estaba la Magdalena.

Jesús había muerto… pero no tardaría en regresar, como veremos en el siguiente capítulo de esta serie…



Más info y fuentes por aquí: los libros “Historia de las religiones”, de Jorge Morales de Castro, ed. Libsa, 2009. Y “El nuevo testamento”, de Varios Autores… info de la web: aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Jes%C3%BAs_de_Nazaret, aquí: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/jesucristo.htm, aquí:http://www.mercaba.org/Cristologia/boff_infancia_J.htm, aquí:http://www.iglesia.org/articulos/jesus_bio1.php, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Barrab%C3%A1s

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