LA ESCUELA CÍNICA, PARTE 1/2. ANTÍSTENES, EL FUNDADOR


Perpetrado por Oskarele

El cinismo es una de las manifestaciones más radicales e interesantes de la filosofía griega… pero  también de las más incomprendidas.  Especialmente siempre me ha resultado atractiva esa unión inseparable y coherente entre filosofía y forma de vivir.  Los cínicos, ejemplo de praxis filosófica, y su escuela son un rara avis en el mundo del pensamiento. Vamos a ver un poquito sobre quienes fueron y en que pensaban.

La escuela cínica… Así se denominó, despectivamente, a una escuela de pensamiento fundada en Grecia en el siglo IV a. C. por Antístenes, y que tuvo un gran desarrollo durante los siglos III y IV a.C., y siguió en las grandes ciudades del Imperio Romano: Roma, Alejandría y Constantinopla hasta el siglo V. El nombre de la escuela proviene, por un lado, del gimnasio donde solía enseñar Antístenes,  llamado “Cinosarges”, lo que traducido, vendría a ser perro blanco o perro veloz.

Después, por el comportamiento publico de estos filósofos, fueron apodados “kínicos” (del griego κύων kyon, ‘perro’), ya que sus comportamientos se asemejaban al de los perros. Aunque al principio esta escuela fue llamada “escuela socrática menor”.

Antístenes, el fundador de este escuela, vivió entre el 444 a. C. y el 365 a. C. Nació en Atenas, aunque era hijo de un ciudadano ateniense y de una esclava tracia.

Este mestizaje le impedía conseguir la ciudadanía ateniense. Pero era una familia pudiente, lo que le permitió recibir una excelente formación académica, llegando a estudiar retorica con Gorgias. Pero un buen día se quedó prendado con las proclamas filosóficas de Sócrates, convirtiéndose en su discípulo y fundando una escuela en el santuario y gimnasio de Cinosargo, donde captó a muchos discípulos provenientes de las clases populares.

Antístenes se hizo íntimo amigo de Sócrates, tanto que estuvo presente en la muerte de éste, mientras discutían sobre la inmortalidad del alma y esperaban a que llegara el momento de beber el veneno que le causaría la muerte.

Su doctrina no quedó por escrito, aunque Diógenes Laercio afirma que si escribió varias obras, así que las referencias que tenemos de él son las de su escuela y la de sus discípulos, entre los que destaca Diógenes de Sinope, del que luego hablaremos.

Sócrates había enseñado y dicho muchas veces en sus discursos, que en la virtud consiste el bien real, verdadero y único del hombre.

Pues bien, Antístenes reinterpreta esta doctrina socrática, al considerar que la civilización y su forma de vida era un mal para el hombre, que obtenía la felicidad y el bien siguiendo una vida simple y acorde con la naturaleza.  En definitiva una vida asceta, en la que se desprecian las riquezas y las cosas materiales, necesidades innecesarias que, al ser extirpadas del deseo humano, hacen al hombre más feliz.

La libertad y la felicidad suprema del hombre consisten en su independencia de todas las cosas por medio de la vida virtuosa, y prueba de ello es que si Dios es perfectamente bueno y perfectamente feliz, es en razón de su absoluta independencia de todas las cosas.

Para adquirir la semejanza con Dios, en la cual consiste la perfección y felicidad del hombre, según la enseñanza de Sócrates, es preciso que éste se haga independiente de todas las cosas, como lo es la Divinidad. Y debe limitarse a satisfacer de una manera sencilla y natural las escasas necesidades que le impone la naturaleza.

El ideal del sabio se convierte, así, en la renuncia y limitación de toda necesidad humana.

La civilización, que aumenta las necesidades humanas, es, por lo tanto, un mal, y lo deseable es volver al estado de pura naturaleza y la renuncia al goce sensual, los bienes externos y el prestigio social.


Por supuesto, en este acto de negación de todo lo material y de la civilización, también se incluía un profundo desprecio hacia las normas, las instituciones, las costumbres y todo lo que representa una atadura para el hombre.

Su vestimenta se convirtió en símbolo de su pensamiento filosófico asceta y se convirtió en el uniforme de la escuela: vestía con un manto, un zurrón y un bastón. Prescindía de todo aquello que no pudiese llevar encima, con la intención de librarse de los caprichos de la fortuna y regir su propio destino.

Pero el máximo exponente de este pensamiento filosófico no fue el fundador de esta escuela, Antístenes, sino uno de sus súbditos, Diógenes, del que hablaremos en la siguiente entrega.

Y hubo otros cuantos, como Onesícrito (330 a. C.), discípulo de Diógenes que acompañó a Alejandro Magno en su expedición a la India y escribió narraciones sobre el conquistador a las que históricamente no se ha concedido valor; Crates de Tebas (326 a. C.), también discípulo de  Diógenes, casado con la también filosofa cínica Hiparquía de Tracia (se casó ante la amenaza de ésta de suicidarse si no accedía al matrimonio);  o Menipo de Gadara, filósofo cínico que, como Bion de Borístenes, presenta rasgos hedonistas.

Aquí tenéis más información de estos filósofos cínicos: http://www.cinicos.com/cinica.htm.

Mas info y fuentes por aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Ant%C3%ADstenes, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Cinismo, aquí: http://www.cinicos.com/antistenes.htm , aquí: http://www.cinicos.com/cinica.htm.

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